Posted in

Once segundos en Texas: El día que un gigante de 132 kilos discriminó a Bruce Lee en la puerta de un bar y recibió una lección de física inolvidable

La noche del viernes 13 de noviembre de 1970, la famosa Sixth Street de Austin, Texas, bullía con la energía habitual del fin de semana. Entre las luces parpadeantes de la zona se alzaba el Lone Star Saloon, un emblemático bar situado estratégicamente entre una casa de empeños y una tienda de ropa vaquera, cuyo letrero de neón con la silueta del estado de Texas y una estrella en el centro servía de faro para la clase trabajadora local. Adentro, el ambiente era espeso: el humo de cigarrillo casi se podía cortar con un cuchillo, el suelo de madera centenaria estaba empapado de cerveza derramada y el aroma a carne asada flotaba desde la cocina. Unas setenta personas —trabajadores petroleros, camioneros, constructores y peones de rancho— abarrotaban el lugar hombro con hombro mientras la rocola tronaba con la música de Merle Haggard. En ese entorno, el valor de un hombre se medía de forma sencilla: cuánto peso podías levantar y qué tan fuerte sabías golpear.

Custodiando la entrada principal se encontraba un auténtico titán de la zona. Todos lo llamaban “Bull” (El Toro), aunque su nombre real era Marcus Yushin McKenna. A sus 38 años, Bull era una figura mitológica en la noche de Austin: medía 1,96 metros de altura, pesaba 132 kilogramos, lucía una barba entrecana que le llegaba al pecho y sus brazos tenían el diámetro de las piernas de un hombre promedio. Exmarine y antiguo trabajador de plataformas petrolíferas, Bull operaba bajo una filosofía muy clara destilada tras décadas de peleas en los campos tejanos: el tamaño era la variable fundamental en cualquier conflicto físico. Para él, cualquiera que pesara menos de 90 kilos o midiera menos de 1,80 metros no representaba una amenaza real. En sus seis años trabajando como portero para el dueño del local, Dutch Harmon, Bull acumulaba un récord impecable de 82 expulsiones, 82 confrontaciones y cero derrotas. Su método jamás había fallado: una advertencia verbal y, si no había respuesta, cerraba el espacio, envolvía al rival con sus masivos brazos capaces de levantar 180 kilos en banca y lo arrojaba de cabeza al pavimento.

Read More