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Niña desapareció en un crucero en 2004 10 años después su hermano encontró su Facebook

Las familias confiaban en que los espacios turísticos, en especial aquellos orientados a familias con niños, contaban con medidas de seguridad adecuadas. Esta confianza, que posteriormente se mostraría ingenua, era parte integral de la mentalidad social de la época. El crucero Caribbian Princess zarpó del puerto de Puerto Vallarta el domingo 14 de marzo de 2004 a las 6:30 de la tarde.

El barco operado por Princess Cruces tenía capacidad para 3080 pasajeros y 100 tripulantes. Los Castillos habían reservado un camarote interior en la cubierta ocho, el cual, aunque no tenía ventana al mar, era lo que podían permitirse con su presupuesto. El primer día transcurrió con normalidad. La familia exploró el barco.

Eduardo se maravilló con el centro de videojuegos, mientras Esperanza quedó fascinada con la piscina para niños y el área de actividades infantiles llamada Kids Club. Dolores había documentado meticulosamente cada instante con su cámara digital Kodak, una inversión que había hecho específicamente para este viaje. La rutina del segundo día 15 de marzo empezó normalmente.

Según el testimonio de Dolores registrado en el informe policial, la familia desayunó en el buffet principal cerca de las 8:30 de la mañana. Esperanza se había mostrado particularmente entusiasmada porque habían anunciado actividades especiales para niños esa tarde, incluyendo una búsqueda del tesoro pirata que iniciaría a las 2 de la tarde.

Después del desayuno, la familia se fue a la cubierta superior para tomar el sol. Eduardo se quedó en la piscina principal leyendo una revista de automóviles que había comprado en el barco, mientras Alejandro y Dolores se relajaban en las tumbonas bajo una sombrilla. Esperanza jugó en la piscina para niños bajo la supervisión directa de su madre hasta aproximadamente las 11:15 de la mañana.

A esa hora, según los testimonios posteriores, Esperanza le pidió permiso a su madre para ir al baño. Dolores le indicó que fuera al baño de la cubierta nueve, que estaba a solo dos niveles de distancia y que ya había utilizado en varias ocasiones. La niña conocía perfectamente el trayecto y había demostrado ser responsable en sus desplazamientos por el barco durante el día anterior.

Dolores aguardó aproximadamente 10 minutos antes de empezar a inquietarse. Conocía a su hija y sabía que Esperanza nunca tardaba más de 5 minutos en el baño, especialmente cuando había actividades de su interés esperándola. A las 11:30 de la mañana, Dolores le pidió a Eduardo que fuera a buscar a su hermana.

Eduardo revisó sistemáticamente los baños de la cubierta nueve. preguntó a las señoras de la limpieza si habían visto a una niña con las características de esperanza, y luego amplió su búsqueda a las cubiertas contiguas. A las 11:45 de la mañana regresó con sus padres sin haber hallado ningún rastro de su hermana.

La búsqueda familiar se intensificó de inmediato. Alejandro se dirigió a la recepción del barco, mientras Dolores y Eduardo peinaron metódicamente todas las áreas públicas accesibles para niños. A las 12:15 del mediodía, cuando fue evidente que Esperanza no estaba en ninguno de los lugares lógicos donde podría encontrarse, Alejandro reportó oficialmente la desaparición a la seguridad del crucero.

El protocolo de seguridad del Caribbe Princess, según los documentos que más tarde se harían públicos durante la investigación, exigía una respuesta inmediata ante la desaparición de un menor. A las 12:30 del mediodía se activó el código Amber interno del barco, lo que significaba que todos los tripulantes debían suspender sus actividades no esenciales y participar en la búsqueda.

La primera fase de la búsqueda involucró a 45 tripulantes, revisando sistemáticamente todas las áreas públicas del barco, restaurantes, salas de juego, tiendas, teatros y todos los espacios recreativos. Paralelamente, el equipo de seguridad revisó las grabaciones de las cámaras de vigilancia del horario comprendido entre las 11 de la mañana y las 12:30 del mediodía.

Una de las primeras pistas importantes surgió de las cámaras de seguridad. Las grabaciones mostraban claramente a esperanza caminando sola por el pasillo de la cubierta 9 a las 11:18 de la mañana dirigiéndose hacia el área de los baños. Sin embargo, las cámaras no cubrían específicamente el interior de los baños, ni el pasillo posterior que comunicaba con las áreas de servicio del barco.

A las 2:15 de la tarde, cuando la búsqueda inicial no había arrojado resultados, el capitán del barco, James Morrison, tomó la decisión de contactar a las autoridades marítimas mexicanas. El barco se encontraba en ese momento a unas 95 millas náuticas al suroeste de Cozumel, en aguas mexicanas. La investigación técnica reveló un detalle inquietante.

Existía una ventana de aproximadamente 12 minutos entre las 11:18 y las 11:30 de la mañana, durante los cuales Esperanza no aparecía en ninguna cámara de seguridad y tampoco había sido vista por ningún pasajero o tripulante que pudiera recordarla específicamente. El protocolo marítimo requería que el barco se mantuviera en su posición actual hasta que llegaran las autoridades mexicanas.

A las 4:30 de la tarde, una embarcación de la Secretaría de Marina arribó al crucero con un equipo de investigación especializado en desapariciones en Alta Mar. Durante las siguientes 8 horas, mientras el barco permanecía detenido en medio del océano, se efectuó la búsqueda más exhaustiva en la historia de Princess Cruises.

Hasta esa fecha, cada camarote del barco fue inspeccionado, cada área de servicio fue revisada y se entrevistó a todos los pasajeros y tripulantes que habían estado en las cubiertas 8, 9 y 10 lapso en cuestión. Los investigadores marítimos encontraron algo que añadió una nueva dimensión al misterio. En el área de servicio, detrás de los baños de la cubierta nueve, había una puerta de acceso que conducía a los pasillos de trabajo de la tripulación.

Esta puerta, que normalmente debía estar cerrada con llave, había sido encontrada sin seguro durante la búsqueda inicial. La investigación formal comenzó cuando el crucero retornó a Puerto Vallarta en la madrugada del 16 de marzo. Las autoridades mexicanas, lideradas por el agente del Ministerio Público Federal, Ricardo Salinas, establecieron un centro de operaciones en las instalaciones portuarias.

Lo primero que llamó la atención de los investigadores fue la meticulosidad con la que se había llevado el registro de pasajeros y tripulantes. Cada persona que había abordado el barco tenía documentación completa, incluyendo pasaporte, identificación mexicana y, en el caso de los tripulantes, historial laboral y verificación de antecedentes.

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