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María Rubio: The Only Thing That Defeated Mexico’s Most Feared Villain

Catalina nunca perdió el ojo. Nunca. El ojo lo tenía perfectamente sano debajo del parche. No había ninguna herida, [música] no había ningún hueco, no había nada roto debajo de aquella tela negra. Pero te voy a ser honesto, lo verdaderamente inquietante [música] no era eso. Yo cuando lo descubrí no me quedé con que el ojo estuviera sano, [música] me quedé con otra cosa.

Me quedé pensando, ¿para qué decide una mujer llevar un parche [música] durante años tapando un ojo que no le pasa nada? ¿Te lo imaginas? ¿Para qué? Y cuando entendí la razón, te prometo que me pareció mucho peor para hacer daño, para eso, para destrozar por dentro, poquito a poco, a su hijastro. Catalina se inventó que [música] aquel niño le había sacado el ojo para que el padre, su marido, viviera con la culpa y prefiriera al otro hijo, al de ella.

montó la mentira entera, hizo creer a la familia que se había quedado tuerta, se puso el parche y dicen que hasta tenía preparado un ojo falso [música] disecado para enseñarlo si hacía falta y que nadie dudara nunca de su versión. Para que te hagas una idea de lo frío que era el personaje, un niño crece creyéndose culpable de haber dejado tuerta a su madrastra.

carga con esa culpa años toda su infancia, [música] toda su juventud y resulta que nunca fue verdad, que la herida no existió jamás, que todo aquel [música] peso que el muchacho llevó encima, todo ese rechazo que sufrió de su propio padre, fue una invención [música] fría de una mujer que solo quería asegurarle la herencia a su otro hijo.

Esa es la clase de maldad que María tenía que poner en [música] pie cada día. No la del monstruo que grita, la del monstruo que sonríe y [música] te deja vivir con una culpa que ni siquiera es tuya. Un parche que no tapaba una herida, un parche que tapaba un chantaje. ¿Te das cuenta de lo retorcido que es eso? El miedo que daba Catalina Krill no venía de que fuera una mujer que gritara o que pegara.

venía de que era capaz de sostener una mentira cruel durante años con una calma total, con una sonrisa amable para manipular a la gente que vivía bajo su mismo techo. Por eso daba tanto miedo de verdad, porque era el tipo de maldad que no se ve venir, [música] la que te trata con dulzura mientras te está hundiendo. Y había un detalle que le hacía todavía más [música] inquietante, uno que a lo mejor tú notabas de niño sin saber explicarlo.

El parche de Catalina no era siempre el mismo, cambiaba de color. Iba a juego con la ropa que llevaba, con la escena, [música] con su estado de ánimo aquel día. Lo habían pensado así a propósito a los que hacían la novela, Un parche distinto para cada momento importante, de modo que aquel ojo tapado que ya daba escalofríos se volvía además un aviso.

Cuando cambiaba de color algo iba a pasar. Imagínate lo que es eso para una familia mexicana [música] en 1986, sentada después de la cena, viendo como aquella mujer elegante se prepara para destrozar a alguien y el parche le combina con el vestido. Y si te fijas bien en lo que te estoy contando, hay algo todavía más inquietante en todo esto.

Porque para que un parche te dé miedo de verdad, para que se convierta en el símbolo del mal de toda una época, tiene que haber detrás una actriz capaz de hacerte creer cada gesto, una mirada de un solo ojo que [música] diga más que 1000 palabras, un silencio que te ponga la piel de gallina y eso, ese trabajo invisible que hace que una mentira de telenovela parezca la cosa más real del mundo.

ponía ella cada [música] día sin que tú desde tu sillón te pararas a pensar ni un segundo en la mujer que había debajo. Y aquí [música] está lo que a mí me dejó pensando. Toda esa frialdad, toda esa elegancia [música] para mentir sin que se le moviera un músculo de la cara. Toda esa maldad con buenos modales la ponía [música] una actriz, una mujer de carne y hueso que se metía cada mañana en la piel de semejante personaje.

Lo sostenía durante horas de grabación y luego [música] se quitaba el parche, se iba a su casa y volvía a ser otra persona completamente [música] distinta. Y aquí viene una cosa que cuando la leí no me la creía. Te prometo que tuve que comprobarla. Catalina Krill le salió tan creíble, tan de verdad, que la gente empezó a confundir a la actriz con el personaje en la vida real y no de broma.

Cuentan que durante un par de años María Rubio tuvo un problema muy concreto en su propia casa. No encontraba quien quisiera trabajar con ella. Las empleadas no querían entrar a servir [música] en casa de Catalina Krill. Les daba miedo. Una mujer de verdad en su hogar, de verdad, pagando el precio de haber hecho tan bien a una [música] mujer que no existía.

El personaje se le había metido hasta la cocina. ¿Y quién era esa mujer cuando se [música] quitaba el parche? Pues era casi lo contrario de Catalina. Y para entenderlo de verdad, tenemos que irnos muy atrás, [música] mucho antes del parche, mucho antes de la fama a cuando María Rubio era una niña, una niña que para empezar ni siquiera se crió donde tú te imaginas, lo contrario de Catalina.

Y aquí fue cuando me llevé la segunda sorpresa de toda esta historia, porque la mujer más mexicana de la televisión, la cara de su país, la que era México entero para millones de personas, pasó 10 [música] años de su infancia fuera de México. 10 años en otro continente, [música] en mitad de una guerra. Te cuento desde el principio.

María de Jesús Rubio Tejero nació el 21 de septiembre de 1934 [música] en Tijuana, allá en la frontera en el norte. Era hija única. Su padre era diplomático y hombre de negocios. [música] Así que la familia tenía con qué vivir. No fue una niña de la pobreza. Pero ser hija única de un diplomático tiene una cosa, que tu vida entera se mueve donde manda el trabajo de tu padre.

Y el trabajo de su padre la llevó muy [música] lejos. Siendo todavía pequeña, María viajó con sus papás a España a visitar a los [música] abuelos que eran de allá. Un viaje en principio de esos de ir, ver a la familia y volver. La maleta hecha para unas semanas, pero mientras [música] estaban en España estalló la guerra civil española y de un día [música] para otro volver a México se volvió imposible.

Se cerraron los caminos, los barcos, [música] las fronteras, todo se complicó. Una familia que había ido de visitas se encontró de pronto atrapada en un país en guerra, sin poder regresar a casa. ¿Y sabes cuánto duró aquello? No fueron unos meses, no fue un año, fueron 10 años. [música] 10 10 años viviendo en San Sebastián, en el norte de España.

María dejó de ser una niña pequeña y se hizo casi una [música] muchacha allí en un país que no era el suyo, hablando como se hablaba allá, con las costumbres de allá, con los recuerdos de allá, lejos del país donde había nacido y que apenas conocía, volvió a México con 13 años. 13. piénsalo un momento.

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