Catalina nunca perdió el ojo. Nunca. El ojo lo tenía perfectamente sano debajo del parche. No había ninguna herida, [música] no había ningún hueco, no había nada roto debajo de aquella tela negra. Pero te voy a ser honesto, lo verdaderamente inquietante [música] no era eso. Yo cuando lo descubrí no me quedé con que el ojo estuviera sano, [música] me quedé con otra cosa.
Me quedé pensando, ¿para qué decide una mujer llevar un parche [música] durante años tapando un ojo que no le pasa nada? ¿Te lo imaginas? ¿Para qué? Y cuando entendí la razón, te prometo que me pareció mucho peor para hacer daño, para eso, para destrozar por dentro, poquito a poco, a su hijastro. Catalina se inventó que [música] aquel niño le había sacado el ojo para que el padre, su marido, viviera con la culpa y prefiriera al otro hijo, al de ella.
montó la mentira entera, hizo creer a la familia que se había quedado tuerta, se puso el parche y dicen que hasta tenía preparado un ojo falso [música] disecado para enseñarlo si hacía falta y que nadie dudara nunca de su versión. Para que te hagas una idea de lo frío que era el personaje, un niño crece creyéndose culpable de haber dejado tuerta a su madrastra.
carga con esa culpa años toda su infancia, [música] toda su juventud y resulta que nunca fue verdad, que la herida no existió jamás, que todo aquel [música] peso que el muchacho llevó encima, todo ese rechazo que sufrió de su propio padre, fue una invención [música] fría de una mujer que solo quería asegurarle la herencia a su otro hijo.
Esa es la clase de maldad que María tenía que poner en [música] pie cada día. No la del monstruo que grita, la del monstruo que sonríe y [música] te deja vivir con una culpa que ni siquiera es tuya. Un parche que no tapaba una herida, un parche que tapaba un chantaje. ¿Te das cuenta de lo retorcido que es eso? El miedo que daba Catalina Krill no venía de que fuera una mujer que gritara o que pegara.
venía de que era capaz de sostener una mentira cruel durante años con una calma total, con una sonrisa amable para manipular a la gente que vivía bajo su mismo techo. Por eso daba tanto miedo de verdad, porque era el tipo de maldad que no se ve venir, [música] la que te trata con dulzura mientras te está hundiendo. Y había un detalle que le hacía todavía más [música] inquietante, uno que a lo mejor tú notabas de niño sin saber explicarlo.
El parche de Catalina no era siempre el mismo, cambiaba de color. Iba a juego con la ropa que llevaba, con la escena, [música] con su estado de ánimo aquel día. Lo habían pensado así a propósito a los que hacían la novela, Un parche distinto para cada momento importante, de modo que aquel ojo tapado que ya daba escalofríos se volvía además un aviso.
Cuando cambiaba de color algo iba a pasar. Imagínate lo que es eso para una familia mexicana [música] en 1986, sentada después de la cena, viendo como aquella mujer elegante se prepara para destrozar a alguien y el parche le combina con el vestido. Y si te fijas bien en lo que te estoy contando, hay algo todavía más inquietante en todo esto.
Porque para que un parche te dé miedo de verdad, para que se convierta en el símbolo del mal de toda una época, tiene que haber detrás una actriz capaz de hacerte creer cada gesto, una mirada de un solo ojo que [música] diga más que 1000 palabras, un silencio que te ponga la piel de gallina y eso, ese trabajo invisible que hace que una mentira de telenovela parezca la cosa más real del mundo.
ponía ella cada [música] día sin que tú desde tu sillón te pararas a pensar ni un segundo en la mujer que había debajo. Y aquí [música] está lo que a mí me dejó pensando. Toda esa frialdad, toda esa elegancia [música] para mentir sin que se le moviera un músculo de la cara. Toda esa maldad con buenos modales la ponía [música] una actriz, una mujer de carne y hueso que se metía cada mañana en la piel de semejante personaje.
Lo sostenía durante horas de grabación y luego [música] se quitaba el parche, se iba a su casa y volvía a ser otra persona completamente [música] distinta. Y aquí viene una cosa que cuando la leí no me la creía. Te prometo que tuve que comprobarla. Catalina Krill le salió tan creíble, tan de verdad, que la gente empezó a confundir a la actriz con el personaje en la vida real y no de broma.
Cuentan que durante un par de años María Rubio tuvo un problema muy concreto en su propia casa. No encontraba quien quisiera trabajar con ella. Las empleadas no querían entrar a servir [música] en casa de Catalina Krill. Les daba miedo. Una mujer de verdad en su hogar, de verdad, pagando el precio de haber hecho tan bien a una [música] mujer que no existía.
El personaje se le había metido hasta la cocina. ¿Y quién era esa mujer cuando se [música] quitaba el parche? Pues era casi lo contrario de Catalina. Y para entenderlo de verdad, tenemos que irnos muy atrás, [música] mucho antes del parche, mucho antes de la fama a cuando María Rubio era una niña, una niña que para empezar ni siquiera se crió donde tú te imaginas, lo contrario de Catalina.
Y aquí fue cuando me llevé la segunda sorpresa de toda esta historia, porque la mujer más mexicana de la televisión, la cara de su país, la que era México entero para millones de personas, pasó 10 [música] años de su infancia fuera de México. 10 años en otro continente, [música] en mitad de una guerra. Te cuento desde el principio.
María de Jesús Rubio Tejero nació el 21 de septiembre de 1934 [música] en Tijuana, allá en la frontera en el norte. Era hija única. Su padre era diplomático y hombre de negocios. [música] Así que la familia tenía con qué vivir. No fue una niña de la pobreza. Pero ser hija única de un diplomático tiene una cosa, que tu vida entera se mueve donde manda el trabajo de tu padre.
Y el trabajo de su padre la llevó muy [música] lejos. Siendo todavía pequeña, María viajó con sus papás a España a visitar a los [música] abuelos que eran de allá. Un viaje en principio de esos de ir, ver a la familia y volver. La maleta hecha para unas semanas, pero mientras [música] estaban en España estalló la guerra civil española y de un día [música] para otro volver a México se volvió imposible.
Se cerraron los caminos, los barcos, [música] las fronteras, todo se complicó. Una familia que había ido de visitas se encontró de pronto atrapada en un país en guerra, sin poder regresar a casa. ¿Y sabes cuánto duró aquello? No fueron unos meses, no fue un año, fueron 10 años. [música] 10 10 años viviendo en San Sebastián, en el norte de España.
María dejó de ser una niña pequeña y se hizo casi una [música] muchacha allí en un país que no era el suyo, hablando como se hablaba allá, con las costumbres de allá, con los recuerdos de allá, lejos del país donde había nacido y que apenas conocía, volvió a México con 13 años. 13. piénsalo un momento.
Es la edad en la que una ya está casi formada, en la que ya tienes tu manera de hablar, tus gestos, tu [música] forma de ver el mundo. La niña, que un día sería el rostro más mexicano [música] de la pantalla, volvía a su propia tierra, sintiéndose en parte una extranjera, una mexicana que había aprendido a hacerlo [música] de lejos.
Ponte un momento en la piel de esa muchacha. Llega a un país que es el suyo por nacimiento, pero que casi no recuerda. tiene en la cabeza 10 años de otra cosa. Las calles de San Sebastián, el mar del norte, otra manera de decir las palabras, los [música] abuelos, una guerra de la que se hablaba en voz baja y de pronto la sueltan en México y le dicen, “En el fondo, esta es tu casa, esta eres tú.
” Y ella tiene que aprender a ser de aquí. Tiene que ganarse su propio país, hacer lo suyo de adulta como quien aprende un papel. A lo mejor por eso años [música] después supo interpretar como nadie a mujeres que escondían algo que no eran del todo lo que parecían, porque ella misma había tenido que construirse por dentro de niña, lejos de donde le tocaba.
Y había algo más, algo del cuerpo. Y aquí está la parte que cuesta. Cuando María tenía apenas 4 años, le encontraron un problema en el corazón. Y no uno cualquiera, el corazón se le había agrandado [música] antes de tiempo, le había crecido demasiado para su edad. Eso en una niña de 4 años significaba una cosa muy concreta y muy dura.
No podía hacer [música] vida normal, no podía corretear como los demás y no pudo ir a la escuela hasta los 9 años. 5 años sin colegio, sin compañeros de clase, sin patio. Aprendió a leer y a escribir en su propia casa. Ella sola encerrada mientras los otros niños estaban afuera. Ella misma lo contó de mayor con una frase muy simple y muy honesta que no pudo hacer lo que cualquier niño común hacía.
[música] Imagínatela. Una niña con el corazón demasiado grande, aprendiendo las letras sola en una casa, en un país que no era el suyo, [música] mientras al otro lado de la ventana había una guerra. Fíjate qué manera de empezar una [música] vida. Una niña atrapada en un país que no era el suyo, en mitad de una guerra que no entendía y con un corazón que le fallaba desde los 4 años.
De ahí [música] salió María Rubio. No de ningún Palacio de Villana, no de ninguna [música] casa de gente fría y poderosa. De ahí, de una infancia de distancia, [música] de guerra ajena y de salud frágil. Si te paras a pensarlo, [música] hay algo casi conmovedor en que esa niña terminara siendo la mujer más temida de la televisión de su país, como si la vida le hubiera dado de mayor todo el poder y la frialdad que de pequeña no tuvo.
Cuando por fin se asentó en México y creció, estudió y descubrió pronto lo que de verdad quería hacer, actuar. Y aquí hay un detalle que para mí lo dice todo sobre ella. María no quería ser estrella. Te lo digo porque lo dijo ella misma años después con todas las [música] letras. Decía que nunca le había importado ser la estrella, ni salir la primera en los carteles, ni tener el primer crédito en pantalla, lo que ella quería era ser actriz, actuar toda su vida.
Y según sus propias palabras lo había conseguido y de la mejor manera que sabía [música] eso en un mundo lleno de gente que se moría por ser la cara grande del cartel. Era casi raro. María quería el oficio, no la fama. Quería actuar, no [música] brillar. Empezó en el teatro en los años 50 y de ahí pasó a la televisión que en México estaba justo empezando a hacerse enorme.
Y aquí es donde su historia se pone interesante, de verdad, porque María Rubio, antes del parche, antes de Catalina, antes de que [música] un país entero se aprendiera su cara, tuvo toda una vida y toda una carrera que hoy casi nadie recuerda. [música] Toda una vida. Y para una mujer que solo quería actuar, lo que le esperaba era una trampa preciosa y terrible a la vez, porque iba a conseguir justo lo que soñaba y eso mismo se le iba a poner en contra de la forma [música] más inesperada.
Suscríbete si tú también creciste pensando que Catalina Krill era una de las mujeres más malas que habías visto nunca. Porque hoy vamos a descubrir algo muy distinto. ¿Quién era de verdad la mujer que se quitaba el parche al llegar a casa? Aquí en el precio de ser cada semana contamos historias así, historias de mujeres que pagaron precios que nadie vio.
Y aquí viene lo bueno. Antes de Catalina Krill, María Rubio fue muchísimas mujeres, y te lo digo casi literal, fue tantas que cuesta [música] llevarles la cuenta. A lo largo de los años, en el cine y sobre todo en la televisión, María interpretó [música] a decenas y decenas de personajes distintos. Fue Sara, fue Elena, fue Úrsula, fue Carolina, un hombre [música] detrás de otro, década tras década, papel tras papel, hizo telenovelas que a lo mejor tú recuerdas haber visto de joven o que veían tu mamá y tus tías por las tardes con la plancha
al lado. Trabajó con casi todo el mundo del medio. Coincidió con Angélica María, con Lucía Méndez, con Verónica Castro, con tantas de las grandes de la época. estuvo en novelas que sonaban en todas las casas con títulos que a ti quizá te traigan un recuerdo de golpe. Y yo me [música] acuerdo perfectamente de cómo eran aquellas tardes, a lo mejor tú también.
La televisión encendida a una hora fija, sagrada, que no se tocaba la casa [música] oliendo a comida. Y aquella voz de las telenovelas de fondo, mientras se planchaba, [música] mientras se cocía, mientras se preparaba la cena para cuando llegaran los demás, las mujeres de la casa no se sentaban a verla del todo. Fíjate, casi nunca [música] tenían tiempo de sentarse.
La veían de oído, de reojo, levantando la vista de lo que estaban haciendo cuando la cosa se ponía interesante. Y María Rubio estaba ahí en aquellas tardes, en aquella voz de fondo durante años y años acompañando a mujeres que ni siquiera sabían su nombre, pero que la habrían reconocido al instante.
Era de esas actrices que están siempre, que aparecen en una novela y en otra y en otra, que el público quiere ver, aunque muchas veces no se sepa bien su nombre. Una de esas mujeres que sostienen una historia desde [música] dentro que le dan verdad a todo sin necesidad de ser nunca la protagonista que sale en la portada de la revista.
Hizo de buena, hizo de madre [música] sufrida, hizo de señora elegante, hizo de mala también alguna vez [música] que se le daba de maravilla. Pero ninguno de esos papeles, ni uno solo en todos aquellos años de trabajo constante se le quedó pegado al nombre para siempre. ni uno, hasta que llegó octubre de 1986. Y aquí está el detalle [música] que más me sorprendió de toda su historia y mira que esta historia tiene de todo.
Pero esto me pareció increíble. María Rubio no fue la primera opción para Catalina Krill. No la buscaron como una gran estrella. El personaje le llegó casi de rebote. Te cuento cómo fue, [música] porque es buenísimo. El escritor de la novela, un dramaturgo llamado Carlos Olvos, andaba buscando [música] a la actriz para su villana y resulta que el personaje no se lo había sacado de la nada, se [música] había inspirado en una vieja película británica de 1968 en la que una gran actriz de Hollywood, Bet Davis, hacía de una viuda siniestra
que llevaba [música] un parche en el ojo y manipulaba a sus hijos con una crueldad escalofriante. De ahí venía la idea, de ahí venía el parche. Y mira qué cosa más curiosa, porque tiene su Miga, el personaje que iba a convertirse en el más mexicano de todos, en el que un país entero sentiría como suyo, venía en realidad de una película inglesa y de una actriz de Hollywood, igual que María, que era el rostro de México, y se había criado en España.
Como si toda esta historia [música] estuviera hecha de cosas que vienen de fuera y terminan siendo de aquí más de aquí que nada. Cuando llegó el momento de elegir a la actriz mexicana que diera vida a aquella mujer, alguien [música] soltó el nombre de María Rubio y lo soltó casi por casualidad, acordándose de que la había visto hacer de villana en una novela anterior, algo así como María Rubio, claro, [música] la que hacía de suegra mala, ¿te acuerdas de ella? Y le dieron el papel, el papel de su vida. Y ella aquel día no
tenía ni idea porque cuando María se metió en la piel de Catalina Krill, pasó algo [música] que no había pasado con ninguno de los 100 personajes anteriores. Algo se encendió, aquella frialdad elegante, aquella manera [música] de hablar bajito y dar más miedo que cualquier grito. Aquella mujer, capaz de cualquier cosa con la sonrisa puesta y el peinado perfecto, le salió tan verdadera que el público no la pudo olvidar nunca más.
De repente, después de toda una vida siendo muchas mujeres, María Rubio se convirtió en una sola Catalina Krill y se convirtió en algo más que un personaje. ¿Te das cuenta? Se convirtió [música] en parte del lenguaje de la calle. La gente empezó a usar [música] su nombre para señalar a las mujeres manipuladoras de la vida real.
Es una Catalina Crill, se decía, de la [música] suegra difícil, de la jefa retorcida, de la vecina que enredaba a todos. Hubo frases del personaje que se quedaron en la boca de todo el mundo, que la gente repetía imitando aquella voz fría y elegante. Una villana de telenovela se había metido en la forma de hablar de un país. Eso no lo logra un papel cualquiera, eso lo logra [música] una interpretación que toca algo muy hondo.
Y déjame que te cuente una cosa que pasó durante aquella grabación, porque dice mucho de la clase de gente que era la que hacía de protagonista buena una actriz llamada Diana Bracho contó años después que en mitad de la telenovela [música] a ella tuvieron que operarla de urgencia, algo serio, y que a los 5 días ya estaba de vuelta en el set grabando [música] porque no quería dejar tirado el proyecto 5 días.
Esa era la entrega que le ponían todos aquella historia rara en la que nadie de arriba confiaba. Trabajaban como si supieran [música] en el fondo que estaban haciendo algo que iba a quedar. Y había otra cosa curiosa [música] en aquel rodaje. Cuentan los que estuvieron que el escritor y el director, los dos hombres que estaban detrás de toda aquella maldad tan elegante, eran en realidad de un humor finísimo y muy negro, que se reían entre ellos mientras escribían las escenas más terribles, las más retorcidas de Catalina. piénsalo al revés un segundo.
La villana más temida de México nacía entre risas, [música] en una mesa de trabajo de la mano de gente que se lo estaba pasando en grande inventando maldades. Porque eso es el oficio. Al final lo que en tu casa teaba la sangre [música] en el estudio era talento, juego y carcajada.
Y en medio de todo aquello, María poniéndole a la villana [música] una verdad que daba escalofríos. Y vaya, así quedó. Y aquí es donde la historia se pone rara, porque tú pensarías que convertirte en inolvidable es lo mejor que le puede pasar a una actriz, ¿verdad? Trabajar toda la vida y por fin dar con el papel que te mete en la historia de la televisión para siempre, el que la gente va a recordar dentro de 40 años. Pues sí.
Y no te explico por qué. Porque es el segundo [música] gran misterio de esta historia. Después de cuna de lobos, María Rubio se hizo famosísima de la noche a la mañana. La reconocía todo el país, no podía caminar tranquila por la calle, había llegado a lo más alto que pueda llegar una actriz y entonces empezó a pasarle una cosa rarísima.
Ya nadie la llamaba para hacer otra cosa. Le ofrecían trabajo, claro que sí, pero todo era lo mismo. Otra villana parecida, otra mujer fría y manipuladora, [música] otra catalina con otro nombre y otro vestido. Como si después de aquel parche [música] para los productores de México, María Rubio ya solo pudiera hacer una cosa en el mundo, [música] como si toda aquella actriz capaz de hacer de 100 mujeres distintas se hubiera reducido de golpe a un solo personaje.
Habiendo sido decenas de mujeres a lo largo de su vida, de pronto el mundo solo la dejaba ser una y ella no quiso. Y esto para mí es de lo más [música] valiente que hizo en toda su vida y casi nadie lo cuenta cuando habla de ella. María Rubio decidió por su propia voluntad apartarse. Si lo único que el medio le iba a ofrecer era repetirse a sí misma una y otra vez, hacer la misma villana hasta [música] cansar, prefería no hacerlo.
Prefería irse y se alejó de la televisión. ¿Sabes cuánto tiempo? Casi 10 años. 10 años fuera de la pantalla. Y no en un mal momento, ojo, en lo más alto, cuando era la actriz más reconocida del país. ¿Cuándo podría haber trabajado sin parar y haber ganado todo el dinero que quisiera solo con repetir el personaje que la gente le pedía? Lo dejó.
lo dejó [música] por voluntad propia, porque trabajar repitiéndose, traicionando lo que ella entendía por ser actriz le parecía peor que no trabajar. Imagínate la fuerza de carácter [música] que hace falta para eso, estar en la cumbre con todo a tu favor y decir, “No, así no.” La mujer que en pantalla hacía cualquier cosa con tal de no [música] perder su poder en la vida real renunció al suyo por no traicionarse a sí misma.
Y piensa en lo que son 10 años, no es un berrinche de unas semanas, no es decir que no a un papel concreto que no te gusta. Son 10 años de tu vida profesional, [música] los que para mucha gente serían los mejores, los más rentables, viéndolos pasar desde fuera. 10 años en los que otras actrices ocupaban los lugares que habrían sido suyos.
10 años de ver tu propia cara en las reposiciones de cuna [música] de lobos, mientras tú en tu casa habías decidido que preferías el silencio antes que repetirte. Hay que tener las cosas muy claras por [música] dentro para sostener una decisión así tanto tiempo. Hay que saber muy bien [música] quién eres más allá de lo que el mundo quiere que seas.
Y aquí, fíjate, la villana y la mujer no se podían parecer menos. Catalina Krill habría [música] hecho lo que fuera por seguir arriba. María Rubio se bajó sola por dignidad. No volvió hasta 1995, [música] casi una década después en una telenovela que se llamó Imperio de Cristal. Y la vida, que a veces muy guazona, le tenía preparada una ironía.
Cuando por fin volvió, volvió otra vez de villana. Era más fuerte que ella o más fuerte que el público, que ya no la quería ver de ninguna otra cosa. El parche se la había tragado porque eso es lo que tiene un personaje así de grande. Te lo da todo y te quita [música] algo a cambio.
Te hace inmortal, pero te encierra en una sola cara para siempre. María Rubio se pasó el resto de su carrera siendo, a ojos de todos la mujer del parche. [música] Daba igual lo que hiciera, daba igual cuántas mujeres distintas hubiera sido antes, [música] daba igual su talento enorme para todo lo demás para México. Ella era Catalina.
Y esto no es algo que yo me imagine ni [música] que deduzca, es algo que dijo ella misma con sus palabras y que cuando lo leí me dolió un poco. María Rubio, ya mayor, llegó a decir esto, que [música] la gente la había borrado del todo, que se habían olvidado de María Rubio, que parecía que en 40 años de [música] carrera no hubiera hecho otra cosa que a Catalina Cre. Léelo otra vez despacio.
La gente me borró totalmente. No lo dice una mujer resentida, lo dice una actriz que había sido [música] 100 mujeres distintas, que había dado su vida entera al oficio desde los años 50 y que al final tenía la sensación de que todo aquel [música] trabajo, toda aquella entrega había quedado tapado por un solo parche, como si las otras 99 mujeres que interpretó [música] no hubieran existido jamás.
Eso es lo que de verdad tapaba el parche al final. No, un ojo a ella entera. Y aquí va una cosa que conviene que tengas en la cabeza, aunque todavía no toque del todo. Aquella mujer que en la pantalla aguantaba lo que fuera, que no había desgracia que la tumbara, que se reponía de todo con la misma frialdad, [música] esa imagen de mujer indestructible se le iba a quedar pegada también a ella, a la María de verdad.
Todo el mundo daba por hecho que una mujer así, con ese carácter, podía con cualquier cosa que le echara la vida. Y casi era [música] verdad, casi hubo una excepción, una sola. Pero a eso llegaremos. A María Rubio le pasó eso, pero a la bestia con un país entero pegándole [música] una sola etiqueta durante el resto de su vida, a ojos de todos.
Pero detrás de la villana, [música] en su casa, lejos de las cámaras, había una vida que el público no veía y había sobre todo una persona, una sola persona que iba a ser al final de [música] todo la más importante de su historia, la que de verdad importaba. Antes de seguir, hazme un favor y escríbeme aquí abajo.

¿Tú con quién veías cuna de lobos? ¿Con tu mamá, con tu abuela, con las vecinas que se juntaban en una casa? Me encanta leer esos recuerdos porque seguro que muchos de los que estamos aquí [música] los tenemos parecidos, cada uno en su rincón. Aquí hago una pausa para darte las gracias por llegar hasta aquí. Significa que compartes conmigo esta manera de recordar a las mujeres [música] que marcaron una época.
En el precio de ser tenemos muchas historias que merecen ser contadas [música] y solo tienen sentido si tú nos acompañas. Suscríbete y quédate. Te decía que detrás de la villana había una mujer y esa mujer fuera de las cámaras no se parecía en nada a lo que tú imaginarías. María Rubio tuvo una vida personal larga [música] y a su manera llena.
estuvo casada con un hombre llamado [música] Luis Reyes de la Masa y según contó ella misma fueron [música] unos 40 años de matrimonio. 40 años que se dicen rápido, pero que es casi toda una vida. Al final terminaron separándose, sí, pero ella siempre habló de él con respeto. Dijo que había sido un buen hombre [música] y un excelente padre y que simplemente las circunstancias de la vida los habían ido llevando por caminos distintos después de tantos [música] años juntos.
sin rencor, sin escándalo, sin sacar trapos sucios. Lo contó con esa dignidad serena de la gente que sabe cerrar las cosas en paz sin convertir su dolor en espectáculo. Y de aquel matrimonio nacieron sus hijos, dos, una hija Adriana y un hijo [música] Claudio. Acuérdate de Claudio porque a ese hijo vamos a volver y la historia entera va a girar alrededor de él.
María era, según los que la conocieron de cerca, una mujer de carácter fuerte, autoritaria, decidida, de las que saben perfectamente lo que quieren y no se andan con rodeos. En eso a lo mejor sí se parecía un poco a sus villanas y [música] por eso las hacía también, pero había una diferencia enorme, una que lo cambia todo.
María era una mujer profundamente de fe. Decía, sin que le diera ninguna vergüenza, que lo más importante de su vida era Dios por encima de la fama, por encima del dinero. y decía una frase que a mí me parece preciosa, [música] una frase que la retrata entera, que ni el dinero ni la fama habían podido nunca comprar su felicidad.
para que lo pienses un segundo. La mujer que interpretó al personaje más obsesionado con el poder y la herencia y el dinero de la historia de la televisión mexicana, la que en pantalla era capaz de cualquier cosa por una fortuna, [música] era en la vida de verdad una mujer que decía en voz alta que el dinero no compraba nada de lo que de verdad importa.
Lo contrario de Catalina otra vez, una y otra vez. Cuanto más sabes de ella, más lejos te queda el personaje. Y hay algo en esto que a mí me parece casi hermoso, si lo piensas, que una mujer pasara su vida laboral metiéndose [música] en la piel de personas que no creían en nada bueno, que solo querían poder y [música] dinero y venganza, y que al volver a su casa, al quitarse el maquillaje, lo que la sostenía fuera justo lo contrario.
fe, la familia, la idea de que lo importante [música] no se compra. Hace falta ser muy fuerte por dentro para hacer eso durante décadas, para visitar cada día el alma de gente [música] terrible y no quedarte a vivir ahí, para volver siempre a ser tú. Y siguió actuando. Claro, porque para ella, ya te lo dije, actuar [música] no era un trabajo del que jubilarse.
Era lo que había elegido hacer con su vida. Siguió haciendo telenovelas. se convirtió con los años en la gran señora del oficio, la primera actriz a la que las nuevas generaciones miraban [música] con respeto y un poquito de miedo reverencial. Una de esas figuras que cuando entran a un set todo el mundo se endereza hizo de todo un poco en sus últimos años.
Incluso participó ya mayor en programas donde se recreaban historias reales de otras [música] mujeres, prestándole su cara y su oficio a vidas que no eran la suya. Y hay una cosa de aquella época que a mí me parece de las [música] más bonitas que se pueden decir de una persona, una actriz, compañera y amiga suya, llegó a llamarla públicamente su maestra de vida, no de actuación, de vida.
Eso no se lo gana cualquiera. Eso no te lo dan por ser famosa ni por hacer bien de villana. Eso te lo [música] gana quién debajo de toda la fama y todo el personaje. Fue de verdad buena persona con la gente que tenía cerca su maestra. Y así fue llegando María Rubio a sus últimos años. mayor, respetada, querida por sus compañeros, con sus hijos cerca, el cuerpo ya cansado, eso sí, en su última etapa, la salud le empezó a fallar y necesitaba ayuda para moverse, para respirar, para las cosas de cada día, pero entera por dentro con su fe
intacta, con su carácter de siempre, con su familia alrededor y y fíjate hasta dónde llegaba su manera de ser. Pasados los 80, todavía le seguían llegando ofertas para trabajar. Seguían queriéndole en pantalla, pero ella no aceptaba [música] y por una razón muy suya, no quería salir haciendo de anciana en silla de ruedas.
No quería que [música] la última imagen que el público guardara de ella fuera la de una mujer vencida por el cuerpo. Prefería [música] quedarse en casa. La misma mujer que se había bajado de la cumbre a los 50 por no repetirse, [música] a los 80 se retiraba de la pantalla por no mostrarse disminuida, dignidad de [música] principio a fin.
Parecía que la historia iba a terminar como terminan las historias de las grandes señoras que han vivido mucho y han vivido bien, en paz, despacio, rodeada de los suyos. Pero no terminó así. Y aquí está la parte que más me costó saber y la que de verdad explica toda esta historia, porque lo que pudo con María Rubio, [música] al final de todo no fue ninguno de los enemigos que tuvo en la pantalla, no fue ninguna venganza de telenovela de esas [música] que ella misma tramaba como Catalina.
No fue el tiempo, ni la edad, ni [música] el cuerpo cansado. ¿Te acuerdas de que te dije que te acordaras de Claudio, su hijo? [música] En el otoño de 2017, una tarde Claudio iba por la carretera y aquella tarde en la carretera lo cambió todo. Hubo un accidente y Claudio, que estaba en plena vida, lleno de proyectos y de futuro, [música] se fue. María Rubio perdió a su hijo.
Y aquí no hay mucho que yo te pueda explicar porque no [música] hay explicación posible. Es la pérdida más grande que puede vivir una madre. Es el orden natural de [música] las cosas dado completamente la vuelta. Un hijo no se va antes que su madre. No debería. Eso rompe algo dentro que ya no se vuelve a colocar en su sitio nunca más.
Una amiga muy cercana a ella contó después una escena de aquellos días que a mí, “Te voy a ser honesto, se me quedó clavada dentro. La leí y tuve que parar un momento. Estaban en el velorio de Claudio y María, deshecha, rota por completo, le dijo a su amiga una sola frase. Le dijo que la que tendría que haberse ido era ella, ella que ya era mayor, no su hijo que estaba en la plenitud de la vida.
Esa frase no la dice la villana [música] del parche, no la dice la mujer de carácter de hierro que hacía temblar un set entero. [música] Esa frase la dice una madre rota. Solo una madre rota. Imagínatela un momento si puedes y si te atreves. La actriz que [música] durante décadas había interpretado a mujeres que sobrevivían a todo, que salían adelante de cualquier desgracia, que se levantaban de lo que fuera, que [música] nunca, nunca se rendían sentada en aquel velorio sin una sola fuerza, deseando en voz alta haberse ido ella en lugar de su hijo.
Porque resulta que [música] la villana indestructible de la pantalla, la que en la ficción no había enemigo capaz de tumbarla, [música] en la vida real tenía un punto exacto donde se rompía entera y ese punto era su hijo. [música] ¿Te acuerdas de lo que te decía hace un rato? Que todo el mundo daba por hecho que una mujer con ese carácter podía con cualquier cosa, que era de hierro, que se reponía de todo como sus personajes? [música] Pues aquí está la excepción, la única, la cosa con la que no pudo. Resulta que
aquella mujer de carácter de acero, la que se había bajado sola de la cumbre por dignidad, la que había criado a sus hijos, trabajado 60 años [música] y plantado cara a todo, tenía, como todas las madres, un sitio en el alma sin ninguna defensa, un sitio donde no había parche que valiera, ni personaje que la protegiera, ni carácter [música] de hierro que aguantara.
Ese sitio era Claudio. María nunca se recuperó de aquello. Su salud, que ya venía delicada, se vino abajo del todo, como si el cuerpo [música] después de un golpe así ya no encontrara ninguna razón para seguir aguantando. Los que estuvieron cerca de ella en aquellos meses lo dijeron sin rodeos. Lo de su hijo fue lo que la llevó.
No fue otra cosa, fue eso. [música] Y apenas 4 meses después, en marzo de 2018, María Rubio se fue también, se apagó despacio sin ruido, como si después de Claudio el cuerpo ya solo estuviera esperando [música] 4 meses, apenas lo que dura un invierno. El tiempo justo de no poder con la ausencia, 4 meses después, su nieta la despidió [música] con seis palabras que lo dicen todo mejor de lo que yo podría decirlo.
Dijo que se había ido tranquila [música] y que estaba con su papá, con su papá. Y fíjate en todo lo que cabía dentro de esa [música] mujer. La villana más temida de México, la mujer del parche, la que asustaba a un país entero con solo aparecer en pantalla. La que tuvo el valor de apartarse 10 años por no traicionarse, la que decía que [música] el dinero no compraba la felicidad, la niña que se crió en una guerra ajena con el corazón frágil. Todo eso era ella.
Y al final, después de todo, no pudo con lo único que de verdad importaba. No la venció ningún enemigo, ni ninguna [música] intriga, ni el tiempo. La venció el amor a un hijo. Y este fue el precio que pagó María Rubio [música] por ser quien fue. Hay algo que se me quedó dando vueltas con toda esta historia y te lo dejo a ti de corazón porque a mí no me toca [música] decidirlo ni quiero.
Durante años todo un país vio a María Rubio y vio a una mala. Vimos un parche, vimos una villana, vimos a alguien a quien tener miedo, a quien insultar en la calle, a quien reducir un personaje. [música] La dejamos en eso, en la mala de la novela, en un truco de un ojo que ni siquiera estaba herido.
Y resulta que detrás había una niña atrapada en una guerra [música] que no era la suya, con un corazón que le fallaba. Una actriz que renunció a lo más alto por no traicionar [música] lo que creía. una mujer de fe que decía que el dinero no compra nada que valga la pena, una maestra para sus compañeros y al final de todo una madre que no pudo sobrevivir a perder a su hijo.
Todo eso estaba [música] ahí todo el tiempo debajo del parche y nosotros durante años solo vimos a la mala. A lo mejor por eso me gusta tanto pararme a contar [música] estas historias, porque me da la sensación de que con muchas de estas mujeres hicimos lo mismo. Las vimos por una sola cosa, las dejamos en un papel, en un escándalo, en una etiqueta y nunca nos paramos a mirar lo que había debajo.
¿Y tú cómo recuerdas a María Rubio? ¿Cuál fue la primera vez que la viste con ese parche y te dio, reconócelo, un poquito de miedo? ¿En qué cuarto estabas? ¿Quién tenías al lado? cuéntamelo aquí abajo con tu escena, la tuya, la que se te venga ahora mismo a la cabeza, porque yo tengo la sensación de que muchos la conocimos igual, una noche cualquiera delante de la tele, mientras una madre, una abuela o [música] alguien de la familia veía aquella novela del parche y nos mandaba a callar hasta que terminara el
capítulo. Y si todavía no estás suscrito, suscríbete ahora porque aquí en El precio de Ser seguimos haciendo algo que cada [música] vez hace menos gente. Pararnos un rato para recordar a mujeres que [música] marcaron a millones de personas, aunque muchas veces nadie llegara a entender del todo lo que estaban viviendo por dentro.
[música] Cuídate mucho y quédate cerca porque todavía quedan muchas mujeres que merecen ser miradas otra vez sin gritos, pero sin miedo.