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Lalo Mora: Lo Que Le Hacía a Sus Fans Era ASQUEROSO

Y por un momento, mientras pelabas papas o tendías la ropa, esa voz te acompañaba como si te entendiera. Eso era Lalo Mora en tu vida, no un artista en una pantalla, una compañía. El grupo nunca fue solo de él. A su lado estuvieron desde el principio nombres que la gente del norteño todavía recuerda. Javier Ríos en el acordeón.

que venía de tocar con otro grupo grande, Eliud López, Homero de León. Entre todos armaron ese sonido ágil, bailable que cambió el norteño para siempre. Pero el que se llevaba los reflectores, el que firmaba las fotos, el que salía primero en los carteles era Lalo, siempre Lalo. La canción Mi casa nueva los disparó al estrellato y de ahí ya no bajaron en toda la década.

Grababan disco tras disco, giraban sin parar, cruzaban a Texas, a California, a todo el suroeste de los Estados Unidos, donde los paisanos que se habían ido a trabajar la tierra los esperaban como quien espera un pedazo de su pueblo. Los jornaleros que recogían cosechas en los valles fronterizos llamaban a las estaciones de radio pidiendo sus temas una y otra vez, como si oír Laurita Garza en una bocina lejana los acercara un poquito a casa.

Y en 1993, cuando ya era leyenda, Lalo Mora tomó una decisión. Se separó que había fundado para irse de solista. firmó con una disquera grande. Grabó sus propios discos. Sacó temas como El preso de Nuevo León, Amor de Paso, el canto de un vaquero y se quedó para siempre con la corona. El rey de mil coronas, ya completamente solo en el centro del escenario, sin nadie que le hiciera sombra.

Guarda esa imagen. Un hombre acostumbrado a que todo el escenario fuera suyo, a que nadie le dijera que no, a que el público le perdonara todo con tal de oírlo cantar. Para entonces, Lalo Mora ya era el rostro y la voz del grupo. Le decían el rey de mil coronas. Y el apodo le quedaba porque en el mundo del norteño él mandaba.

Cantaba a ambos lados de la frontera, llenaba palenques en Texas, en California, en todo el noreste mexicano. Las familias que cruzaban el desierto buscando trabajo en las cosechas llamaban a las estaciones de radio para pedir sus canciones tres veces por turno. Y aquí es donde tú entras en la historia, porque tú no lo conociste como una figura lejana de la farándula.

Tú lo conociste de cerca. A lo mejor lo pusiste en una fiesta de 15 años. A lo mejor lo bailaste con tu esposo cuando todavía eran novios. A lo mejor su voz salía de la cocina de tu mamá un domingo cualquiera mientras el sol entraba por la ventana y olía a café. Para ti, Lalo Mora era casi de la familia. Su voz vivía en tu casa como vive la de un pariente querido.

Y por eso esto duele, porque el hombre que ponía esas canciones de amor y de respeto, el que cantaba sobre mujeres traicionadas con una voz que parecía entenderlas, era el mismo que 30 años después le metería la mano a una muchacha que solo quería una foto. mismo. En el norteño se construyó una figura muy particular, el ídolo del pueblo, el hombre rudo, sentimental, mujeriego, que tomaba, que conquistaba, y al que todo se le perdonaba porque cantaba bonito y porque venía de abajo.

Esa figura tenía permiso para casi todo. y la industria, la prensa, el público, todos aprendieron a mirar para otro lado cuando ese permiso se pasaba de la raya. A ese mecanismo, a esa costumbre de perdonarle todo al ídolo que vino del barrio, vamos a regresar varias veces, porque ahí está la respuesta a la pregunta más incómoda de toda esta historia.

¿Cómo fue posible que pasara delante de todos durante años y nadie hiciera nada? La mujer de Pico Rivera, la del seno, la del video. Ella es la primera de muchas. No sabemos su nombre y está bien que no lo sepamos porque ella no eligió ser parte de esto. Solo quería una foto con su ídolo. Pero su cara, esa cara de desconcierto y dolor que se quedó congelada en el video, es la cara de todas las que vinieron antes y de todas las que vinieron después.

Mírala bien en tu memoria, porque a esa cara vamos a regresar al final. Lo que casi nadie sabe es que apenas unos días antes de que estallara el peor de los escándalos, a Lalo Mora le entregaron un reconocimiento oficial, no en una cantina, no entre amigos, en uno de los lugares más solemnes de México. ¿Y quién se lo entregó y qué fecha exacta fue? Lo cambia todo.

14 de julio de 2021. El Senado de la República de México. Mármol, banderas, fotógrafos. Ese día la Cámara Alta del País le entregó a Lalo Mora un reconocimiento por su trayectoria. Junto a él, otro grande del género, Eliseo Robles. Aplausos, sonrisas, un diploma por su contribución a la música ranchera que traspasó fronteras.

Cinco días después, exactamente cinco, empezaron a circular los primeros videos de aquel verano. Lalo mora besando en la boca a sus fans afuera de un bar en Aguascalientes, en plena pandemia, sin cubrebocas, sin sana distancia, metiéndoles la mano por debajo de la blusa a algunas de ellas. Piensa en ese orden.

Primero, el honor del Senado. 5co días después los videos. El país oficial lo premiaba con una mano, mientras con la otra en los estacionamientos y en los escenarios pasaba lo que estaba pasando. Y nadie conectó las dos cosas. Nadie regresó a quitarle el diploma. Nadie en el Senado salió a decir una palabra. Así de bien aceitada estaba la máquina.

Porque ese es el mecanismo del que te hablé. En el mundo del espectáculo regional, al ídolo del pueblo se le perdona casi todo. Y mientras más viejo, más querido, más intocable, más fácil le resulta esconderse detrás de una frase, el viejito travieso, el abuelito coqueto. Así lo presentaban algunos programas entre risas, como si lo que hacía fuera una gracia y no una agresión.

y no era el primero. Por esos mismos años, otro icono enorme de la música mexicana, Vicente Fernández, fue captado tocándole un pecho a una fan durante una foto. La joven después dijo a los medios que se sintió violentada y enojada. A Vicente también medio mundo lo defendió. También a él se le justificó con eso de que así eran los hombres de antes.

Ahí está el patrón. Lo que pasaba era más grande que un hombre. Era una costumbre de toda una industria que aprendió a reírse de algo que a una mujer la hacía sentir sucia. Antes de seguir, quiero que pares un momento conmigo. Quizá tú también sabes lo que es que un hombre se tome una confianza que nadie le dio, una mano que se queda donde no debe, un abrazo que dura unos segundos de más y esa sensación de no saber si hacer un escándalo o quedarte callada para no incomodar.

La mayoría de las mujeres de tu generación aprendieron a quedarse calladas porque en aquella época a una mujer que hablaba la señalaban. Le decían problemática, exagerada, conflictiva y aprendía rápido que era más seguro callarse. Lo que les pasó a estas fans es exactamente eso, pero multiplicado, grabado y con miles de personas viéndolo y aplaudiéndolo.

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