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NOÉ HERNÁNDEZ: CONFESÓ ANTES DE MORIR POR QUÉ LA FEDERACIÓN LO QUERÍA MU3RT0

Don Erasmo le regaló un primer par de tenis de marca Panam el día de su cumpleaños número 12. El niño durmió con esos tenis abrazados al pecho durante las primeras siete noches. Pero hay algo que esa madrugada del cumpleaños número 12, el niño Noé Hernández, no le dijo a don Erasmo Sánchez, algo que llevaba guardado desde hacía 4 meses, algo que iba a marcar para siempre la relación entre el niño y el deporte de la marcha.

Vamos a regresar a eso. A los 16 años, Noé Hernández ya había ganado siete campeonatos nacionales juveniles de marcha 20 km. La Federación Mexicana de Atletismo lo seleccionó por primera vez para representar a México en un torneo internacional, Los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Ponce, Puerto Rico. En noviembre de 1993.

El joven Noé llegó al aeropuerto internacional Benito Juárez de la Ciudad de México con una mochila negra deportiva regalada por Don Erasmo, dos camisetas blancas, un pantalón de mezclilla, un cepillo de dientes y americanos que la madre Antonia Valentín había juntado durante 6 meses vendiendo tacos de canasta en el paradero del metro Pantitlán.

Era la primera vez que el joven Noé Hernández salía del Estado de México. La primera vez que se subía a un avión, la primera vez que veía el mar, en Ponce ganó la medalla de oro juvenil. Regresó al aeropuerto Benito Juárez con la medalla colgada del cuello dentro de la misma mochila negra y dentro del taxi colectivo que lo llevó desde la terminal norte hasta el bordo de Sochaca.

sentado al lado del chóer, lloró durante 47 minutos seguidos sin poder explicarle al chóer por qué. A los 22 años, en 1999, Noé Hernández firmó por primera vez una beca olímpica con la Comisión Nacional del Deporte, 6,800 pesos mexicanos al mes. La firma fue dentro de las oficinas de la Federación Mexicana de Atletismo en una calle de la colonia Roma de la Ciudad de México con dos personas adultas presentes.

presidente de la federación en aquel momento, un hombre de 51 años llamado Mariano Lara Tigerina y un funcionario más joven, exmaratonista, que estaba siendo entrenado para sustituir al presidente Mariano Lara dos años después. Ese hombre más joven con un saco gris oscuro de marca Hugo Boss, una corbata color azul marino y un reloj Cartier Tank solo en la muñeca izquierda se llamaba Antonio Lozano Pineda.

Guarda ese nombre, Antonio Lozano Pineda. que 16 años después de esa firma, el mismo Antonio Lozano Pineda iba a ser detenido por agentes federales en el aeropuerto internacional Benito Juárez de la Ciudad de México, sentenciado por peculado por la Fiscalía General de la República por el desvío de 4,800,000 pesos de fondos federales destinados a atletas mexicanos y la firma que ese mismo hombre puso en 1999 sobre el contrato de beca olímpica de Noé.

Hernández iba a ser la primera de 14 traiciones documentadas que la federación cometió en silencio contra el medallista olímpico durante los siguientes 14 años de su vida, pero lo peor todavía no había llegado. A los 22 años, Noé Hernández ya era considerado el favorito absoluto de México para los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Pero el favorito real, el atleta al que la Federación Mexicana de Atletismo le había puesto todo el dinero, todos los entrenadores, todos los patrocinios.

Era otro marchista mexicano, un hombre de 30 años llamado Bernardo Segura. Bernardo Segura entró a los Juegos Olímpicos de Sydney con el favor absoluto de la federación, con un patrocinio millonario de la marca Adidas, con un departamento propio en la Ciudad de México pagado por la Comisión Nacional del Deporte.

Mientras tanto, Noé Hernández viajó a Sydney compartiendo cuarto con otros tres atletas mexicanos dentro de la Villa Olímpica, sin patrocinio personal, sin un peso en la cuenta de la familia, llevando dos camisetas blancas y un pantalón de mezclilla dentro de la misma mochila negra deportiva que Don Erasmo le había regalado 7 años antes.

La final de los 20 km marcha se disputó el 22 de septiembre del año 2000 dentro de la pista del estadio Olímpico de Hambush en Sydney, Australia, frente a 84,000 espectadores. Bernardo Segura entró en primer lugar a la meta. Noé Hernández entró en segundo lugar 128 m detrás de Bernardo Segura.

Bernardo Segura levantó los brazos, besó el suelo y tomó el teléfono de un funcionario del Comité Olímpico Mexicano para llamar al presidente Ernesto Cedillo dentro de Los Pinos y celebrar la medalla de oro olímpica. Pero Bernardo Segura en ese momento no sabía algo que el árbitro principal de la prueba, un alemán de 52 años llamado Wolf Gang Niesner, ya había decidido 7 minutos antes que Bernardo Segura había sido descalificado por triple infracción de la regla de contacto con el suelo en los kilómetros 14, 16 y 18. El árbitro alemán había

levantado la tarjeta roja sin que el atleta mexicano lo viera. Bernardo Segura cruzó la meta sin saber que había sido descalificado y 14 minutos después de la celebración, un funcionario de la Federación Internacional de Atletismo se acercó al atleta mexicano dentro del túnel de salida del estadio y le comunicó la noticia.

Bernardo Segura perdió la medalla de oro y la medalla de plata olímpica de los 20 km marcha del año 2000 pasó a Noé Hernández. A las 11:47 minutos de la noche, hora de México, el medallista olímpico de Plata entró a la cabina telefónica de la Villa Olímpica de Sydney. Marcó el número de la única cabina telefónica del barrio Sochiaca, atendida por una mujer de 62 años llamada doña Eulalia Pérez.

Doña Eulalia caminó cuatro cuadras hasta la vecindad de la familia Hernández y minutos después, la madre Antonia Valentín y la hermana mayor Juana ya estaban del otro lado del teléfono. La conversación duró 3 minutos y 47 segundos. La transmitió en vivo Televisa Deportes con el comentarista José Ramón Fernández, conduciendo desde el estudio.

La madre Antonia Valentín le dijo al hijo con la voz cortada por el llanto, una sola frase de 11 palabras exactas transmitida en vivo a 32 millones de mexicanos. Hijo, saliste adelante con la miseria que yo te daba. Esas 11 palabras que la madre Antonia Valentín pronunció esa noche jamás se cumplieron, ni una sola de ellas, porque el medallista olímpico de plata jamás logró sacar a la familia Hernández Valentín de la pobreza extrema del bordo de Sochaca.

El medallista olímpico regresó de Sydney al aeropuerto internacional Benito Juárez con la medalla de plata colgada del cuello dentro de la misma mochila negra deportiva. Lo esperaban 14 funcionarios de la Federación Mexicana de Atletismo y un grupo de periodistas con cámaras de televisión.

El presidente Mariano Lara Tigerina le puso un brazo encima del hombro derecho frente a las cámaras de Televisa Deportes. Le prometió en cadena nacional un patrocinio a Adidas para los próximos 4 años. Un departamento propio en la Ciudad de México pagado por la Comisión Nacional del Deporte y una beca mensual de 12,000.

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