El transcurrir de la historia universal está plagado de relatos construidos meticulosamente desde las esferas del poder con el único propósito de sepultar legados y aniquilar símbolos populares. En la Argentina de mediados del siglo XX, la figura de María Eva Duarte de Perón, conocida universalmente como Evita, sembraba un pavor tan denso en las clases dominantes y en los estamentos militares que ni siquiera su temprana y dolorosa muerte a los treinta y tres años logró apaciguarlo . Tres años después de que dos millones de personas colapsaran las gélidas calles de Buenos Aires para llorar ante su féretro, un golpe de Estado militar derrocó a su esposo, el presidente Juan Domingo Perón . Los nuevos gobernantes de facto se toparon entonces con una realidad insoportable: Evita seguía viva en el fervor de los barrios obreros . Para destruir un culto que consideraban una amenaza directa, era imperativo ensuciarla, y para lograrlo, decidieron reescribir la intimidad de la residencia presidencial utilizando como peón a una adolescente de catorce años llamada Nelly Rivas .
Durante décadas, biografías, documentales de corte académico y artículos periodísticos replicaron al unísono el mismo escándalo de depravación moral . Según la narrativa oficial dictada por la autodenominada Revolución Libertadora, Nelly Rivas habitaba la Quinta de Olivos comportándose como la dueña absoluta del lugar y compartiendo la alcoba del mandatario de cincuenta y siete años, mientras el país conmemoraba el luto por la “Jefa Espiritual de la Nación” . Existían actas solemnes, fechas precisas y un severo expediente tramitado por el Tribunal Superior de Honor del Ejército Argentino, catalogado con el número ochenta y tres . Sin embargo, detrás de la inercia de esta verdad oficial que manchó para siempre la reputación de Per
ón y la memoria de Eva por asociación, se escondía una de las operaciones de falsificación documental y violencia institucional más infames de la historia contemporánea .

Para comprender el calado del pánico que motivó semejante confabulación, resulta indispensable retroceder a los orígenes de la mujer que desafió los cimientos de la élite argentina. Nacida en el humilde y remoto pueblo pampeano de Los Toldos en 1919, Eva arrastró desde la infancia el estigma de ser una hija legítimamente desestimada, una “hija natural” a la que la familia patricia de su padre dejó esperando de pie en la puerta durante su velatorio . Aquella fractura social determinó su existencia. Dotada de una determinación inquebrantable, huyó a Buenos Aires a los quince años con una maleta vacía de recursos pero colmada de aspiraciones artísticas . En la radio encontró un refugio y una voz, transformándose en una líder sindical radial mucho antes de cruzarse en el camino del coronel Juan Domingo Perón durante un festival benéfico en el Luna Park en 1944 .
El ascenso de la pareja presidencial en 1946 reconfiguró por completo el mapa político y social del país austral, desatando la furia de los sectores conservadores y las damas de la Sociedad de Beneficencia . Al verse rechazada por la rancia aristocracia de apellidos compuestos que controlaba la caridad pública, Eva fundó su propia institución social en 1948 . En un lapso menor a cuatro años, la Fundación Eva Perón edificó una red colosal de hospitales, hogares de tránsito y escuelas de policlínica que manejaba un presupuesto gigantesco a escala industrial, gestionado en persona por la propia primera dama en extenuantes jornadas de dieciséis horas continuas . Paralelamente, su impulso feroz consolidó la ley de sufragio femenino en 1947, permitiendo que millones de mujeres votaran por primera vez .
No obstante, mientras el mito crecía y las multitudes aclamaban su postulación a la vicepresidencia de la República en agosto de 1951, una tragedia médica silenciosa se gestaba en el cuerpo de Eva . Un diagnóstico avanzado de cáncer de cuello uterino fue detectado por los médicos, quienes, en un acto de flagrante paternalismo médico, decidieron notificar la letal verdad al presidente Perón antes que a la propia paciente . Su cuerpo fue intervenido mediante una histerectomía radical practicada por un cirujano estadounidense traído en el más absoluto secreto, operándola bajo los efectos de la anestesia sin que ella pudiera siquiera verle el rostro o brindar su consentimiento informado . El relato oficial debía sostenerse por cuestiones de estabilidad política . El 1 de mayo de 1952, visiblemente debilitada y pesando escasos treinta y siete kilos, Eva compareció por última vez en el balcón de la Casa Rosada arropada por un abrigo oscuro; debajo de las telas se ocultaba un complejo armazón de metal ortopédico que la sostenía erguida mientras la morfina anestesiaba un dolor intolerable .
Tras el fallecimiento de Evita el 26 de julio de 1952, el peronismo perdió su eje místico, lo que facilitó el advenimiento del golpe militar de septiembre de 1955 . Instaurada la dictadura de la Revolución Libertadora, los generales iniciaron una cruzada obsesiva para purgar la memoria colectiva: confiscaron los activos de la fundación, intervinieron los sindicatos y promulgaron el insólito decreto ley 4161, que tipificaba como delito penado con prisión la simple mención del nombre de Eva Perón en público o la exhibición de sus retratos . No obstante, ante la ineficacia de las prohibiciones legales para extirpar la devoción popular de los hogares obreros, la junta militar recurrió al espionaje y la manipulación judicial para urdir una farsa moral irreversible .
Nelly Heider Rivas, una humilde joven oriunda de la provincia de Chubut, había llegado a Buenos Aires e ingresado a la Unión de Estudiantes Secundarios en 1953 . Aquella organización promovía actividades recreativas y deportivas en los predios de la Quinta de Olivos, un beneficio común en la época . Motivada por una amiga con la inocente promesa de ver películas gratis, la adolescente pisó la residencia presidencial en agosto de 1953, trece meses después del deceso de la primera dama . Tras el derrocamiento de Perón, el Tribunal Militar capitaneado por el general Carlos Vonderbecker vio en la presencia de la menor la oportunidad idónea para estructurar una infamia judicial .
El expediente difundido profusamente por la dictadura recogía espeluznantes declaraciones de los mayordomos, mozos y valets de Olivos, detallando supuestas escenas de cama e intimidades impropias . Sin embargo, la verdad histórica permaneció enterrada hasta que el abogado e historiador Ignacio Clopet localizó el expediente original, debidamente foliado, sellado y firmado, descubriendo una realidad diametralmente opuesta . En las actas auténticas, los empleados declaraban unánimemente que Perón brindaba a la joven un trato estrictamente paternal o de padrino, que ella pernoctaba en una habitación independiente y que jamás se presenció conducta deshonesta alguna . Alguien en los despachos de la dictadura había reescrito a mano alzada las actas completas, falsificando las rúbricas de los testigos para fabricar un escándalo internacional que invalidara éticamente la obra social del peronismo y el sufragio femenino, manchando la memoria de Evita por mera proximidad histórica .
La atrocidad de la maniobra militar no se limitó al papel . Bajo el hipócrita pretexto de salvaguardar la integridad de la menor de edad, el régimen dictatorial arrestó a Nelly Rivas y la confinó durante doscientas dieciocho noches en el funesto asilo correccional de mujeres San José, una prisión destinada a la detención de prostitutas callejeras y delincuentes comunes . Allí, la adolescente fue sometida a palizas sistemáticas, vejaciones físicas y humillaciones morales crudas que le provocaron la pérdida de tres piezas dentales y la sumieron en un estado de desespero tan hondo que contempló el suicidio . Paralelamente, sus progenitores fueron encarcelados en la prisión de Villa Devoto bajo cargos infundados de complicidad, mientras turbas antiperonistas asaltaban a su madre en la vía pública para tusarle el cabello a la fuerza y expoliar sus bienes personales junto a las cartas privadas que conservaba .

Al recuperar la libertad gracias a la porfía de un abogado de extracción radical, Nelly Rivas emergió con el cuerpo y el espíritu destrozados, obligada a contraer matrimonio prematuro a los diecinueve años para guarecerse bajo la emancipación legal . El engranaje del Estado y la historiografía oficial continuaron tratándola de manera implacable como la manceba del dictador prófugo . Nelly falleció en la indigencia el 28 de agosto de 2012, recluida en el olvido más absoluto; proscrita por los peronistas que la juzgaban un elemento incómodo para la pulcritud de su relato doctrinario, y desechada por los antiperonistas una vez consumado el rédito de la difamación original . Su tumba en Buenos Aires carece de placas o conmemoraciones que dignifiquen el atroz sacrificio personal que se le impuso para dirimir una contienda política ajena .
Por su parte, el ensañamiento militar con el cuerpo embalsamado de Eva Perón incluyó su secuestro clandestino de la sede sindical, un periplo de desaparición forzada de dieciséis años y su sepultura bajo una identidad falsa en un camposanto anónimo de Milán, Italia, antes de ser restituido a Perón durante su exilio en Madrid . Al final, la colosal conjura judicial y propagandística capituló ante el paso del tiempo. Aunque lograron quebrantar la existencia de una niña inocente en el asilo San José, los decretos condenatorios y las actas adulteradas terminaron arrastrados al basurero de la historia . Hoy en día, la cripta de la familia Duarte en el cementerio de la Recoleta permanece perpetuamente cubierta de flores frescas depositadas por las nuevas generaciones, demostrando que las estructuras de metal, los expedientes fabricados y las mentiras oficiales son incapaces de sepultar definitivamente la verdad cuando esta anida en las fibras más profundas de un pueblo .