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JOAO MALECK: el “VERDUGO” al volante… Sangre, impunidad y el dinero que COMPRÓ su libertad

Grábate esto porque van a importar más adelante. Dummalek [música] llegó a ser incluido en el libro Niños futbolistas, escrito por el periodista chileno Juan Pablo Meneces, quien viajó por varios países del mundo identificando a los [música] talentos más prometedores de su generación en busca del próximo gran jugador latinoamericano.

Que un periodista especializado en fútbol juvenil con alcance internacional lo incluyera en ese registro. dice algo sobre el tipo de talento que este niño proyectaba desde muy pequeño. Su infancia en Guadalajara no fue de privaciones extremas, pero tampoco de lujos acumulados. Jean Claude había dejado el fútbol profesional activo y trabajaba en lo que podía para sostener a su familia.

Juan creció en la realidad de una familia de clase media baja en una ciudad latinoamericana donde el fútbol en la calle, en la cancha del barrio, en el parque cerca de casa, era la actividad natural después de la escuela y durante los fines de semana. y Juo con el físico que fue desarrollando desde niño, con la combinación de su estatura, su agilidad y esa zurda que respondía de manera completamente natural a lo que la cabeza pedía, destacaba siempre en cualquier partido informal, en cualquier cancha pública, contra cualquier grupo de niños

de su edad o incluso mayores. Con 12 años. En 2011, el niño entró a las fuerzas básicas del Club Deportivo Guadalajara, las Chivas, el equipo más querido de México, la institución que tiene como política histórica utilizar únicamente jugadores mexicanos, que desde su fundación ha producido algunos de los más grandes futbolistas que ha dado este país, que en sus categorías formativas ha visto pasar a generaciones enteras de chavos con sueños, llegar a las fuerzas básicas de Chivas siendo un niño niño sin apellido conocido, sin

padrino dentro de la institución, sin un linaje de futbolistas de élite que lo respaldara. Eso ya era un logro real. Los scouts del rebaño sagrado ven a cientos de niños cada año y seleccionan a una fracción mínima. Julek, que estaba en esa fracción, pasó 2 años en la cantera rojiblanca. Dos años de formación, de adaptación a la disciplina de un club profesional, de entender que el talento natural necesita estructura para convertirse en algo real y sostenible.

Dos años de entrenamientos con metodología, de juegos contra otros niños igualmente talentosos, de la presión constante de saber que cualquier tropiezo puede significar el final de la oportunidad. Y entonces, sin una explicación pública, sin un motivo que los directivos de Chivas quisieran detallar ante nadie, lo dejaron ir. Así ocurren las canteras.

Los niños entran, los evalúan constantemente con una frialdad que los adultos que los cuidan a veces no entienden. Y a los que no alcanzan el estándar que el club necesita en cada posición y cada categoría, se les dice que busquen otro camino. Sin explicación alguna, dicen quienes estuvieron cerca de ese momento. Para Juan con 14 años ese rechazo pudo haber sido definitivo.

Muchos niños con talento real no superan ese primer golpe institucional. Se rinden, buscan otra actividad, viven el resto de sus vidas pensando en lo que pudo haber sido si la cantera hubiera apostado por ellos un poco más. Ese camino existe para cientos de chavos que pasaron por sistemas formativos del fútbol mexicano y salieron sin continuidad.

Juan no tomó ese camino, o al menos eso es lo que la narrativa posterior indica. La segunda oportunidad llegó en 2014 de la mano de un nombre que en ese momento resonaba con mucha fuerza en el fútbol mexicano, Marco Fabián de la Mora. El volante tapatío que brillaría años después en elct Frankfurt de Alemania, que marcaría un golazo en el Mundial 2018 contra Alemania en el estadio Luzniki de Moscú, que en 2014 ya era figura reconocida.

Su padre, Marco Antonio Fabián Vázquez, había construido una relación cercana con la madre de Juan durante esos años y juntos, padre e hijo Fabián abrieron una academia de fútbol en Guadalajara. No era un espacio de entretenimiento de fin de semana, era una academia con metodología real, con enfoque en el desarrollo técnico y táctico de jóvenes, con el objetivo concreto de preparar chavos para que pudieran competir en el fútbol profesional.

Y ahí llegó Joao Malek con 15 años buscando la segunda oportunidad que las Chivas no le habían dado. En esa academia no tardó en demostrar lo que tenía. 12 meses, un año, fue todo el tiempo que necesitó para que los ojeadores del Santos Laguna lo identificaran durante una visoria y lo llevaran a Torreón, al club de la comarca lagunera, que en esa época era uno de los proyectos deportivos más sólidos de México en materia de canteras y desarrollo de jóvenes talentos.

[música] Y aquí viene la primera revelación que te prometí. Esta es la primera, el retrato real y en cifras de quién era Joa Malek antes del accidente. Porque los medios en 2019 te dieron el nombre y el titular del caso, pero no siempre te dieron los números que explican por qué México había apostado tanto por este chico durante dos o tres años antes de que todo se cayera a pedazos.

En su primer torneo con Santos Laguna en la categoría sub-17, Joan Malek anotó siete goles en 21 partidos. Siete goles con 16 años, recién llegado al club y eso lo llevó a la final del campeonato nacional de esa categoría, donde Santos enfrentó al club de fútbol Pachuca en una serie de ida y vuelta. El marcador global de esa final fue 6 a 3 a favor de Santos Laguna.

Juan anotó en la final de ida, campeón con 16 años en su primer torneo con la nueva cantera. Al torneo siguiente sus números mejoraron. 14 goles en 23 partidos. Un promedio de más de medio gol por partido en una de las categorías formativas más competidas de México. Santos llegó de nuevo a la final, esta vez también contra Pachuca y esta vez cayó subcampeón.

Pero los 14 goles hablaban solos. Un delantero que mantiene ese promedio en la sub-17 de Santos Laguna, uno de los clubes con las canteras más exigentes del país. No es un talento ordinario. La Federación Mexicana de Fútbol lo notó. Los técnicos de las elecciones menores lo convocaron. Joan Malek empezó a vestir la camiseta verde de México en categorías sub17 y sub18.

y quienes trabajaban en las selecciones menores de la Femex Foot en ese periodo lo describían como uno de los delanteros más interesantes de su generación. físico imponente para su edad, buena lectura del juego, zurda, educada y precisa, capacidad de generar peligro tanto desde dentro del área como desde posiciones exteriores, lo que en el lenguaje del fútbol moderno se llama un delantero centro completo y entonces llegaron los europeos a buscarlo.

Escucha esto. Mientras Juan jugaba con Santos Laguna y acumulaba convocatorias a la selección, el porto de Portugal atravesaba un periodo de relación muy particular con el fútbol mexicano. El equipo de los dragones tenía en esa época una especie de autopista construida hacia las canteras [música] del fútbol azteca.

Miguel Layun había jugado ahí, Diego Reyes también. Héctor Herrera era figura en el primer equipo. Raúl Gudiño había llegado al filial. Los ojeadores del Porto sabían perfectamente cómo navegar el mercado mexicano. Conocían sus tiempos, sus dinámicas, sus precios, sus jugadores clave en categorías formativas. Y en las categorías sub17 y sub18 de México, el nombre que más se repetía en las libretas de los scouts europeos que visitaban los torneos nacionales era el de Joao Malek.

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