Y ahí en el Sea Itati no solo aprendió a actuar, ahí conoció al primer gran amor de su vida. Y aquí, comadre, aquí empieza lo bueno, porque antes de Eduardo Santa Marina, antes de Carlos Alberto Cruz, antes incluso de Cristian Castro, hubo un hombre que casi se convierte en el primer esposo de Itatí Cantoral y ese hombre la marcó para siempre.
Su nombre era Alexis Ayala y Tati tenía 16 años. Alexis Sayala tenía 25, una diferencia de 9 años. Pero a esa edad, esos 9 años eran un abismo. Ella era prácticamente una niña. Él era un hombre hecho y derecho. Se conocieron en una fiesta del Sea. Y Tati lo vio entrar y se quedó paralizada.
Era hermoso, ha contado ella misma. La nariz como esculpida, ojos claros grandotes. Fue muy guapo. No podía creer lo guapo que era. Y se enamoró del modo en que se enamora una niña de 16 años. Con todo, con la vida entera. El noviazgo duró 3 años, tr años intensos. 3 años en los que Alexis iba a la casa cantoral a cenar con la familia.
3 años en los que doña Itatis le hacía pastel a su yerno porque se veía buen muchacho. Y llegó el momento. Alexis Ayala le pidió matrimonio a Itatí y ella dijo que sí, sin pensarlo. Yo también me quería casar con él, ha contado. Tuve hasta vestido de novia y todo. Tenía el vestido comprado, comadre.
El vestido colgado en su closet, las invitaciones casi listas, la iglesia casi reservada. Pero entonces intervino don Roberto Cantoral, el gran compositor, el padre amoroso, el hombre que la conocía mejor que nadie. Y don Roberto le dijo a su hija las palabras que cambiaron el rumbo de su vida.
¿Cómo crees si es una niña? Eso le dijo Aitati. Y le habló también a Alexis y se opuso. Se opuso firmemente y la boda no se hizo. Y Tati ha bromeado con esto muchas veces. Gracias a mi papá, no, porque si no ya tendría 18 divorcios. Dijo entre risas. Pero detrás de la broma hay una verdad enorme. Don Roberto Cantoral protegió a su hija.
Le evitó un matrimonio prematuro que probablemente habría destruido a las dos personas. A los 18 años comadre, mientras su carrera empezaba a despegar, los médicos le encontraron un padecimiento grave a Itatí. La tuvieron que operar y Itatí salió adelante sola, joven, con la fuerza que le había heredado su mamá argentina y campeona de judo. Ese susto la marcó.
la hizo entender que la vida es frágil, que el tiempo no espera. Y la siguiente oportunidad llegó en 1991, cuando el productor Emilio la Rosa la incluyó en el elenco de muchachitas. Después vino La Pícara soñadora, protagonizada por Mariana Levi. Después, De frente al Sol, después dos mujeres, un camino.
Y Tatí estaba en cada telenovela, estaba subiendo y entonces llegó el papel que la cambiaría para siempre. El papel que la convertiría en leyenda, el papel que también se convertiría sin que ella lo supiera todavía en la traición número cinco de su vida. María la del Barrio, 1995, comadre y Tati Cantoral tiene 19 años. 19.
Es prácticamente una niña que apenas está empezando a entender lo que es la vida adulta y Televisa la convoca para audicionar para el papel antagónico de una nueva telenovela protagonizada por Talía y Fernando Colunga. La telenovela se llamaba María la del Barrio. Era una nueva versión de Los ricos también lloran.
El productor era nada menos que Valentín Pimstein y la directora era Beatriz Sheridan, la mismísima Beatriz Sheridan. Una mujer rigurosa, exigente, perfeccionista, conocida por sacar lo mejor de cada actor, pero también por ser implacable en el set. Y Tati hizo la audición, la hizo bien. Le dieron el papel de Soraya Montenegro, la villana principal.
Y aquí, comadre, aquí empieza la traición número cinco. Y Tati llegó al primer día de grabación, nerviosa, pero entusiasmada. A su lado estaba Talía, ya en la cima de su carrera. Y Tatí no era nadie comparada con Talía y ella misma lo ha dicho. Yo no era nadie, nadie al lado de Talía confesó en una entrevista con Jordi Rosado, pero quería hacerlo bien.
Quería que su papá Roberto se sintiera orgulloso y grabó las primeras escenas y se fue a su casa pensando que había hecho un buen trabajo. Al día siguiente, Beatriz Sheridan le dijo lo que ningún actor joven quiere escuchar. No, te vamos a volver a repetir todas las escenas. Y no fue una vez, comadre. Fueron 15 días, 20 días, 15 a 20 días de regresar al set y repetir las mismas escenas una y otra vez.
Yo, como era chica, tenía 19 años, ha contado Yatí. Dije, nací para eso. Seré pésima actriz porque me están regresando todas las escenas. Pero eso no fue todo. Le cortaron el cabello. Cinco veces le cortaron el cabello, comadre. Le cambiaron el corte, le cambiaron el color, le pintaron un lunar postizo en la cara para que se viera mayor.
Y ella, ¿qué podía hacer? Era una niña. Yo, si opinaba, me sacaban. Dijo Itatí. Así de simple. Si abría la boca, la despedían. Entonces se cayó y aguantó y obedeció. y volvió a su casa todas las noches llorando. Yo llegaba a mi casa llorando y le decía a mi mamá, “Es que es sobreactuado, es que es superfingido, es que ya no puedo más, es que de aquí ya no me van a volver a hablar para nunca nada.
” Imagínate la escena, comadre. Itatí Cantoral, 19 años, agotada, abrazada a su mamá y Tati Suki en la sala de su casa llorando, llorando porque sentía que estaba haciendo el ridículo más grande del mundo. Pero cuando María, la del barrio, salió al aire, México entero enloqueció. Pero no por Talía, no por Fernando Colunga. México entero enloqueció por Soraya Montenegro, por la villana, por esa mujer que decía cosas tan exageradas que se convirtieron en frases inolvidables.
liciada esa frase, la frase que se convirtió en meme 30 años antes de que existiera el internet. La frase que hasta el día de hoy en 2026 sigue siendo viral. La frase que todo el mundo conoce. Y Tati no se podía creer lo que estaba pasando. Su personaje, Soraya Montenegro, era tan popular que cuando la telenovela la mató por primera vez, el público pidió que la resucitaran.
La resucitaron, comadre. La villana resucitó. ¿Cuándo habías visto algo así? Esa fue la traición número cinco. La traición del sistema que exprime a las jóvenes actrices hasta que las parte. La traición del primer set profesional que casi destruye su autoestima. La traición que la convirtió en leyenda, pero a costa de su salud mental.
Pero algo bueno también pasó en María la del Barrio, porque ahí en ese set, Itati Cantoral encontró a la mejor amiga de su vida. Esa amiga que hasta el día de hoy sigue siendo su comadre del alma. Esa amiga era Talía. Sí, la mismísima Talía, la que en pantalla era su enemiga mortal, la que en la vida real se convirtió en la madrina de sus gemelos.
Pero antes de los gemelos, antes de Eduardo Santa Marina, antes de todo, hubo un detalle. Un detalle que Itatí escondió durante años y que finalmente confesó en 2026. Un detalle que involucra al hijo de la mismísima Verónica Castro. Sí. Y comadre, a Cristian Castro. Era 1999 y Tati Cantoral llevaba 2 años de novia con Eduardo Santa Marina, un actor guapísimo que estaba haciendo carrera en Televisa.
Habían sido pareja en la telenovela Salud, Dinero y Amor. Se habían enamorado, se habían comprometido en silencio. Pero entonces, un día, Eduardo Santa Marina le dijo a Itatí dejó congelada. No estoy seguro si realmente estoy enamorado de ti. Sí. Así sin más. Después de 2 años, Eduardo le pidió tiempo, le pidió un descanso y se fue de la vida de Itatí.
Itatí se quedó destrozada, pero ella era una mujer que no se quedaba llorando en su cama. Y 15 días después de que Eduardo Santa Marina la dejó, llegó el teléfono. Doña Itatisi entró al cuarto de su hija y le dijo, “Hija, adivina quién te habló.” Era Cristian Castro, el cantante, el hijo de Verónica Castro, el intérprete de azul y volver a amar, el cantante más cotizado del momento en México.
Cristian quería que Itatí fuera la modelo del videoclip de su nueva canción Volver a amar, que iban a grabar en Miami. Itati aceptó. Voló a Miami con su mamá, doña Itauki de Chaperona. Y ahí en Miami las cosas cambiaron. Llegó Cristian a donde estaban todas las personas parado con unas flores. Ha contado Itatí. Yo supernerviosa.
Cristian Castro estaba enamorado, profundamente enamorado. La invitó a cenar con su familia. Su mamá, Verónica Castro recibió a Itatí con los brazos abiertos. Verónica padrísima. Hicimos el video y empezamos a tener un leve romance. Pero pasaron cosas, comadre, pasaron cosas importantes. Cristian la besó y Aitatí esos besos la marcaron para siempre.
Tanto que 30 años después, en 2026, Itatí confesaría algo brutal sobre esos besos. Dijo, “Si ya te ves a Cristian, nunca lo olvidas. No sé quién lo habrá enseñado.” Esa frase encendió las redes sociales por días enteros. Cristian estaba tan enamorado que tomó una decisión. iba a casarse con Itatí Cantoral y como el caballero que es, fue a hablar con don Roberto Cantoral.
Fue a la sociedad de autores y compositores y le pidió a don Roberto la mano de su hija. Don Roberto llamó a Itatí. Hija, ¿qué traes? Me vino a ver Cristian Castro para pedirme una canción y me fue a pedir tu mano que se quiere casar contigo. Y Tati estaba en shock. Imagínate, comadre. Verónica Castro como suegra, Cristian Castro como esposo.
La realeza de Televisa unida con la realeza de la música mexicana sería el matrimonio del siglo. He midado, he midado, he midado. Pero entonces, en plena grabación de la telenovela Infierno en el paraíso, sucedió algo que ninguna telenovela hubiera imaginado. Y Tati estaba en el foro, lista para grabar una escena.
Llevaba puesto su audífono, el apuntador, ese aparatito por donde le pasan los diálogos. De repente, por el apuntador escuchó una voz. No era la voz de la asistente de dirección. No, era la voz de Eduardo Santa Marina. ¿Te quieres casar conmigo? Eso le dijo por el apuntador en medio del foro con todo el equipo escuchando. Y Tati no se podía creer lo que estaba pasando.
Eduardo, el que la había dejado 15 días antes, el que ahora sabía que ella andaba con Cristian Castro. Eduardo había venido al foro de Televisa con un anillo de compromiso en la mano para arrebatársela a Cristian. El foro se prendió. Bajó Eduardo. Nos abrazamos, recordó Itatí. Llevó a su nana con el anillo de compromiso y me dice, “Dime que no andas con Cristian Castro.
necesito que te cases conmigo ya mañana porque te vas a arrepentir. Y aquí, comadre, aquí está la traición número tres. Aquí está el sabotaje del siglo. Y Tati dijo que sí. Dijo que sí en ese mismo instante y la boda se organizó en menos de 48 horas. Una boda exprés. El viernes 17 de septiembre de 1999, Eduardo Santa Marina le pidió matrimonio en el apuntador.
El sábado 18, los preparativos. El domingo 19, la boda. Y Eduardo no se separó de Itatí. Se quedó en su casa, durmió en su casa, la acompañó a todos lados porque tenía miedo, comadre. Tenía miedo de que Itatí se arrepintiera. tenía miedo de que Cristian Castro llegara y se la llevara. Los invitados a la boda fueron pocos pero selectos.
Carmen Salinas estuvo ahí, Armando Araiisa también. Cristian Castro no se enteró hasta días después cuando llamó a Itatí para invitarla a Las Vegas y ella tuvo que decirle por teléfono, “Cristian, ya me casé.” Cristian Castro recibió la noticia con dolor, pero con respeto. Se alejó, le deseó lo mejor y se fue. Eduardo Santa Marina e Itatí Cantoral se convirtieron en cuestión de meses en la pareja más comentada de México.
Eran jóvenes, eran guapos, eran famosos, estaban en todas las portadas. Y para que todo fuera perfecto, en julio de 2001 llegaron al mundo José Eduardo y Roberto Miguel Santa Marina, los gemelos. hermosos, sanos, idénticos a su papá. Pero el cielo comadre dura poco, especialmente cuando estás casada con un actor de telenovelas en el apogeo de su carrera.
En 2003, Eduardo Santa Marina empezó a grabar una telenovela que se llamaba Velo de novia. Su coprotagónica era una actriz hermosa, joven, talentosa, una actriz llamada Susana González. Y aquí, comadre, aquí entra la traición número cuatro. Al principio, Itatí no sospechaba nada. Ella misma acompañaba a Eduardo a las grabaciones.
Le llevaba la comida hecha por ella misma, hasta que un día Eduardo le dijo que ya no quería que lo acompañara. Le llevaba la comida hecha por mí y él ya no quería, ha contado Itatí. Ya andaba con la Susana González, la empleada de Televisa que repartía los camerinos fue quien le destapó la verdad a Itatí. Esa mujer, una empleada anónima, se acercó a Itatí en un pasillo y le dijo con vergüenza, pero también con cariño.
Ay, señora, yo ya no sé ni qué decirle. Se meten al camerino. Ya todos aquí lo saben. Se meten al camerino. Cuatro palabras que destruyeron la vida de Itatí Cantoral. Y el chóer de Eduardo también confirmó la traición. Le contó a Itatí que era cierto que su esposo no estaba siendo fiel. Y Tatí se quería morir literalmente.
Yo lloraba con mi mamá y le decía, “Me voy a morir.” Ha contado. Me decía mi mamá, “Se te va a pasar, te vas a reír de esto.” Yo decía, “¿Qué hago? Voy con quien sea. Imagínate, comadre.” Y Tatí cantoral con dos gemelos pequeños. Y ahora se enteraba de que su esposo, el padre de sus hijos, el hombre con quien se había casado de manera exprés, rechazando a Cristian Castro, ese hombre andaba con otra en el camerino mientras ella estaba en casa con los bebés.
Fue para mí dolorosísimo porque mis hijos estaban chiquitos, ha confesado Itatí. Estaba muy compenetrada con Eduardo y juraba que jamás me iba a divorciar de él. Decía, “¿Cómo voy a ser una madre soltera y mis hijos sin su papá? Fue mi primer golpe durísimo enfrentarme al mundo real. Pero la traición no fue solo de Susana González, la traición fue de Eduardo también.
Aunque y hay que ser justas, comadre. Y Tati también hizo algo. Y Tati también empezó a salir con otro hombre, con un actor que se llamaba Gabriel Porras. Lo confesó después. Ya estábamos separados, ya estábamos mal. Yo me adelanté porque empecé a salir con otra persona que se llama Gabriel Porras, pero Itatí ha explicado que ese romance con Gabriel Porras fue un salvavidas, una manera de no ahogarse en el dolor del divorcio.
Yo presiono a Eduardo con lo del divorcio. Firmamos y yo terminé mi relación con porras porque él supo que nunca lo quise. Lo agarré como salvavidas. El divorcio se firmó en 2004 y Tati Cantoral salió de ese matrimonio con dos gemelos en los brazos. 30 años cumplidos, el corazón hecho pedazos y una sensación de muerte interior.
Eduardo Santa Marina, mientras tanto, siguió su camino. Conoció a Mairín Villanueva en la telenovela Yo amo a Juan Querendón en 2007. Se enamoraron, se casaron en 2009 y siguen juntos hasta hoy. Y mira qué cosas tan curiosas tiene la vida comadre. La hija que Mairín y Eduardo tuvieron juntos, la pequeña Julia, terminó yendo al mismo colegio que la hija que Itatí tuvo con su segundo esposo.
Una se llama Julia y la otra María y Tatí. Y se hicieron mejores amigas sin que sus papás las presentaran. Hasta hoy son como hermanas. Y comadre, antes de seguir, déjame preguntarte algo. Si tú estás viendo este video desde Estados Unidos o desde México, escríbeme en los comentarios desde qué ciudad nos acompañas hoy.
Yo leo todos los comentarios, todos. Y me encanta ver de dónde están viéndonos mis comadres. Desde Los Ángeles, desde Houston, desde Chicago, desde Guadalajara, desde Monterrey, desde Tijuana, desde donde estés, escríbeme. Y mientras tanto, no te muevas, porque la historia de Itatí Cantoral apenas está empezando. Faltan dos traiciones más y la última te va a romper el corazón.
Después del divorcio de Eduardo en 2004, Itatí se quedó con dos hijos pequeños y un corazón hecho añicos. ¿Qué hizo? Se dedicó a sus gemelos. se dedicó a trabajar, se dedicó a sanar. Pasaron 2 años y entonces, en 2006, mientras grababa la telenovela La Viuda de blanco en Telemundo, conoció a un hombre, un productor, un señor de buen corazón, generoso, atento, un hombre que estaba detrás de cámaras y que se enamoró perdidamente de la villana más amada de México.
Su nombre era Carlos Alberto Cruz y aquí, comadre, aquí entra la traición número dos. Carlos Alberto Cruz no era actor, no era famoso, no era el típico galán de telenovela, era un coordinador de producción y precisamente por eso Itatí pensó que era el indicado. Después de Eduardo Santa Marina, después del drama del camerino y Tati quería algo distinto.
Quería estabilidad, quería paz, quería un hombre que no estuviera rodeado de actrices todo el día. Se casaron el 31 de julio de 2008. Una boda hermosa, sobria, llena de amor. Y Tati tenía 33 años. Y en octubre de ese mismo año, el 9 de octubre de 2008, nació la tercera hija de Itatí, una niña preciosa con los ojos de su mamá, una niña que iba a ser la luz de la familia.
Su nombre era María Itatí Cruz Cantoral. María Itatí, la pequeña, la consentida, la hija que Itatí siempre había soñado tener. Porque Itatí, comadre, después de dos hijos hombres, quería una niña, quería una hija que se le pareciera, quería revivir en alguna forma la relación tan especial que ella había tenido con su mamá y Tati Suki.
Y María Itatí llegó y trajo paz y trajo alegría. Hasta tuvieron a una madrina muy especial para la primera comunión de María y Tatí, una mujer que ya era amiga cercana de Itatí. Esa madrina era Gloria Trevi. Sí, comadre, la mismísima Gloria Trevi. Pero, comadre, mira lo que pasa cuando una mujer se casa por segunda vez con la ilusión de que ahora sí va a ser para siempre.
Mira lo que pasa cuando una mujer pone todo de su parte y la otra persona no. Y Tati lo dijo con sus propias palabras. Hice muchas cosas para mantener ese matrimonio. Él al final no. 11 años pasaron. 11 años. Y durante esos 11 años algo dentro de Itatí se fue muriendo poco a poco. No fue una traición rápida como con Susana González.
No fue un golpe seco, fue un desgaste, un desgaste lento. Utilicé todos los métodos para mejorar una relación matrimonial, ha contado Itatí. Mi hijo Eduardo me hizo entender. Mamá, ya tú ya hiciste todo. Su hijo Eduardo, el gemelo, que entonces tenía como 16 o 17 años, le dijo a su mamá lo que ningún hijo debería tener que decirle a su madre. Le dijo, “Mamá, ya hiciste todo.
Suéltalo.” Eat lo escuchó. y entendió. “Fui valiente”, dijo Itati, “porque no es fácil tomar una decisión así.” Y dije, “Mi vida ya está consumida, ya me siento muy triste, ya no quiero salir a ningún lado. Estaba muy triste, lloraba todos los días. Así quiero pasar el resto de mi vida. Lloraba todos los días, comadre, todos los días.
Una mujer que había sido la villana más fuerte de la televisión mexicana. una mujer que había hecho llorar a millones de televidentes como Soraya, Montenegro. Esa mujer lloraba todos los días en su casa. El 16 de febrero de 2018, Itatí Cantoral hizo lo que ninguna mujer quiere hacer dos veces en su vida. hizo un anuncio público.
Esta vez no fue una rueda de prensa, fue un tweet corto, digno, con la dignidad que solo una mujer educada como ella podía tener. Con mucha enteza y honestidad quiero comunicar a toda la gente que a lo largo de mi carrera me ha demostrado siempre su cariño, que Carlos y yo hemos decidido disolver nuestro matrimonio. Publico este texto para evitar rumores y suposiciones. 11 años.
11 años se acabaron con esas palabras. Y aquí, comadre, aquí pasó algo que muchas mujeres entenderán. Y Tati no terminó el matrimonio con paz, lo terminó con odio. Sí, con odio. Ella misma lo ha confesado siempre los divorcios. Bueno, en mi caso, que soy tan viseral, obvio, te divorcias y lo odias. Por eso te divorciaste. Lo odio.
No lo quiero volver a ver. Lo odio, no lo quiero volver a ver. Esas fueron sus palabras sobre Carlos Alberto Cruz, el padre de su hija, María y Tatí. Pero comadre, mira qué cosas tan bonitas tiene la vida. Pasó el tiempo y la pequeña María y Tatí empezó a hacer preguntas, empezó a decir cosas, empezó a recordarle a su mamá que esa persona a la que odiaba era su papá.
De repente sale una persona que te dice, “Esa persona a la que tú odias la amaste algún día y es mi papá. ¿Cómo lo vamos a resolver?”, contó Itatí. Y gracias a esta mujer que es tan hermosa, a esta niña María Itatí fue la que me ha ido enseñando a reconstruir esta relación con su padre Carlos. Y reconstruyeron la relación por la hija, por María y Tatí.
Hoy en 2026, Itatí y Carlos Alberto Cruz son buenos amigos. Asisten juntos a los eventos importantes de la vida de su hija. Pero esa paz, comadre, esa paz tardó años en llegar. Y durante esos años, Itati Cantoral sufrió la pérdida más grande de su vida, la pérdida que la dejó sin piso. El 7 de agosto de 2010, un sábado caluroso de verano, Toluca, Estado de México, en el hospital de Toluca, el corazón de Roberto Cantoral García dijo basta.
75 años. 75 años de música, de canciones, de gloria se apagaron en una madrugada. Don Roberto Cantoral murió y con él se fue una era completa de la música mexicana. Murió el compositor de El Reloj, murió el compositor de la barca, murió el compositor de El triste y el preso número nueve. Murió el presidente de la sociedad de autores y compositores.
Murió el hombre que había impedido el matrimonio de su hija con Alexis Ayala cuando ella tenía 16 años. Murió el hombre al que Cristian Castro le había pedido la mano de su hija. Murió el padre amoroso que había acompañado a Itatí a cada éxito y a cada fracaso. Itati lo recordó después llorando. Me recuerdan tanto a mi papá que me hicieron llorar porque mi papá escribió muchas canciones con su único hermano que era Antonio.
El sufrimiento es fuerza en el creador. Y mira qué cosa más hermosa, comadre. La canción El triste, esa canción inmortal que José José hizo famosa, esa canción que ha hecho llorar a generaciones enteras. Esa canción la compuso Roberto Cantoral después de la muerte de su hermano Antonio, el dolor convertido en arte. Y Tati tenía 35 años cuando perdió a su papá.
Los gemelos tenían nueve, María y Tatí. La pequeña, tenía menos de 2 años. Estaba en plena vida adulta. Estaba en pleno matrimonio con Carlos Alberto Cruz y de repente ya no estaba el papá, ya no estaba el hombre al que siempre podía llamar para pedir consejos. Pero la vida sigue, comadre. Y 10 años después, en agosto de 2020, justo cuando el mundo entero estaba paralizado por la pandemia, llegó el otro golpe, el golpe que Itatí pensó que no iba a poder soportar.
Doña Itatisi de Cantoral, la mamá, la Argentina hermosa, la campeona de judo, la mujer que había abrazado a Itatí cuando lloraba después de los rodajes de María, la del barrio, la consentidora, la cómplice. Doña Itatí se contagió del virus que paralizó al mundo y estuvo 30 días, 30 días enteros, internada en un hospital de la Ciudad de México, la familia entera rezando, los hijos turnándose para acompañarla por video, porque por la pandemia no podían entrar a verla.
Y Tati, desesperada, los gemelos preocupados, María y Tatí, que ya tenía 11 años, preguntando todos los días por su abuela. Y al cabo de esos 30 días, doña Itatis pareció salir adelante. Superó la enfermedad. Los médicos dijeron que estaba mejor, pero sus pulmones ya no eran los mismos y un infarto se la llevó el 28 de agosto de 2020.
Mi mamá nos tuvo a tres, primero hombres y ella fue la chiquita que llegó como mujer. Siempre fue la consentida y tenía una relación con mi madre muy muy especial”, dijo José Cantoral entonces. y nunca se pensó en este momento. Y Tati lo dijo en su Instagram con palabras hermosas, “Gracias mamá por hacer de nosotros la mejor de las familias.
” Y se rompió. Se rompió por dentro porque a los 45 años ella era huérfana. Huérfana de los dos padres, sin papá, sin mamá, sola con sus tres hermanos, sus tres hijos y sus recuerdos. Las crónicas describen aquellos meses oscuros como el momento más duro de su vida, más duro que el divorcio de Eduardo Santa Marina, más duro que el divorcio de Carlos Alberto Cruz, más duro que todo.
Pero comadre, había algo todavía. Había una traición más, una traición que estaba esperando, una traición que vendría años después cuando Itatí pensara que ya había sufrido todo lo que una mujer podía sufrir. Una traición que la haría sacar las garras como nunca antes. Una traición que la convertiría ante los ojos de toda mi audiencia en la madre más feroz que ha producido la televisión mexicana.
Quédate, comadre porque la traición número uno es de las que te van a partir el alma. Agosto de 2025, Itati Cantoral está promocionando una serie nueva. Se llama Doctora Lucía, una serie con Marimar Vega y Ana Layevska. Y Tati está vestida elegante, está sonriente, está hablando con los reporteros sobre su personaje y de repente, en medio de la entrevista, un reportero le pregunta sobre la maternidad, sobre cómo está cuidando a su hija menor María y Tatí, que para ese entonces ya tenía 16 años, pero la había acompañado a ese evento. Y
entonces y Tati Cantoral hizo algo que ningún relacionista público le habría aconsejado hacer. Y Tati Cantoral abrió su corazón y lo que confesó frente a las cámaras hizo que México entero se quedara con la boca abierta. “Tuvo un maestro que le puso la mano en la pierna”, dijo Itati con voz firme, pero los ojos llenos de algo que era mezcla de furia, miedo y dolor.
“Un maestro conocido, pero no voy a decir el nombre porque le dije, “No te quiero volver a ver.” Y si no, a toda la prensa le voy a decir quién eres. Comadre, comadre, párate y escucha esto porque lo que Itatí estaba contando era brutal. Su hija María y Tati había estado tomando clases de música en línea con un maestro famoso, un maestro reconocido en el ambiente artístico, un maestro que, según Itatí dejó saber, era el exesposo de una amiga muy conocida, famosa, sin nombrarlo, sin acusarlo legalmente, pero dejando claro que ella y Tatí sabía
exactamente quién era, las clases eran en línea por video. María y Tatí. En aquel momento tenía 14 años. Era una adolescente de 14 años aprendiendo música, cantando para preparar una interpretación de La Guadalupana, una canción religiosa dedicada a la Virgen de Guadalupe. Y un día el maestro fue a la casa de Itatí físicamente en persona para un ensayo presencial.
Mientras estaban ensayando esa canción religiosa, mientras la niña de 14 años cantaba con su voz dulce de adolescente sobre la Virgen Morena que protege a México, el maestro le puso la mano en la pierna a María y Tatí. Le puso la mano en la pierna a mi hija mientras estábamos ensayando lo de la Guadalupana, contó Yatí.
Yo dije, “Esto es de la Virgen de Guadalupe porque si no yo no lo hubiera visto.” Él le daba clases en línea y en ese momento, obviamente lo saqué de mi casa. Sí, comadre. Itatí cantoral, la villana más famosa de México. Esa mujer en la vida real se levantó como una loba, como una mamá osa defendiendo a su cachorro y echó a ese hombre de su casa.
“Obviamente lo saqué de mi casa”, repitió Itatí. Y esas palabras, esas palabras tan simples encierran todo el carácter de Itatí cantoral. No hubo gritos, no hubo escándalo público, no hubo demanda, hubo algo más poderoso. Y Tatí le dijo a ese hombre que se fuera, que nunca volviera y que si volvía a acercarse a su hija, ella sí soltaría su nombre a toda la prensa de México.
Y ese hombre, comadre, ese hombre famoso, ese exesposo de una amiga conocida, se fue. Se fue con la cola entre las patas. Hace tenera. Pero la parte más dolorosa del relato vino después, porque María y Tatí, la niña de 14 años, le dijo algo a su mamá que rompe el corazón. Ay, mamá, qué exagerada.
Si no pasó nada, me la puso para recargarse. Imagínate, comadre, una niña de 14 años, una niña inocente que confiaba en su maestro, una niña que pensaba que ese hombre adulto era una figura de respeto y autoridad. Esa niña le dijo a su mamá que no exagerara, que no pasaba nada, que solo se había recargado. Pero Itatí, comadre, y Tati sabía.
Y Tati entendía y Tati había vivido toda su vida en el medio del espectáculo y sabía perfectamente que ese recargarse no era inocente, que cuando un hombre adulto le pone la mano en la pierna a una niña de 14 años, no se está recargando, está cruzando una línea y esa línea en la casa de Itatí Cantoral jamás se cruza.
Gracias a Dios, yo estuve ahí”, contó Itatía, con lágrimas en los ojos. Y entonces Tatí hizo lo que toda mamá tiene que hacer. Y Tatí le explicó a su hija. Le explicó que eso no es normal, que eso no se permite, que eso es exactamente cómo empiezan las situaciones más graves. Le explicó que su mamá la cuida porque sabe lo que es el mundo.
Cuidemos a nuestros adolescentes y a nuestras adolescentes y sigamos cuidándonos a nosotras mismas. Porque a esta edad, aunque ustedes crean que ya estoy cacheteada, también he tenido propuestas abusivas”, dijo Itatí. “Yo siempre pongo el alto. Ahora que me digan qué valiente es, pues no, obviamente con temor, pero logro decir, no, yo siempre pongo el alto.
” Esa frase, comadre, es la mejor lección que Itati Cantoral le ha dado a México en 30 años de carrera. Mejor que liciada, mejor que cualquier escena de telenovela. Es la lección de una madre. Una madre que protege a su hija. Una madre que pone el alto, una madre que sabe que el alto es lo único que la separa a una de convertirse en víctima.
Después de esa entrevista, México estalló. Las redes sociales se llenaron de comentarios. Todo el mundo quería saber el nombre del maestro. Todo el mundo quería saber quién era esa amiga famosa cuyo exesposo había hecho eso. Todo el mundo apoyaba a Itatí, pero también, comadre, también hubo gente que la criticó, que la acusó de generar morvo, que le pidió que diera el nombre del maestro o que se callara.
Y entonces, en septiembre de 2025, Itatí salió a aclarar, a poner el alto otra vez. No, mi hija nunca tuvo ningún abuso dijo Itatí en otra entrevista. Eso se hizo un chisme, algo que no sucedió. Simplemente quise poner un ejemplo de que yo soy una madre sobreprotectora y que me paso a veces porque estoy detrás de mi hija y quiero, como todas las mamás, que no le pase nada a mi hija y que nadie le haga daño.
Soy una madre sobreprotectora. Esas son las palabras de Itatí Cantoral en septiembre de 2025. Y comadre, ¿sabes qué pienso yo? Yo pienso que mejor sobreprotectora que negligente, mejor exagerada que arrepentida. Mejor una mamá que pone el alto a tiempo que una mamá que llora después por no haber visto las señales.
Pero la pregunta que se quedó en el aire, la pregunta que sigue dando vueltas hasta el día de hoy en 2026 es esta: ¿Quién es ese maestro? ¿Quién es esa amiga famosa muy conocida, cuyo exesposo se atrevió a poner la mano en la pierna de una niña de 14 años? Itatí nunca lo ha dicho, nunca lo dirá, porque Itatí, comadre sigue siendo una mujer de palabra.
Y le dijo al maestro, si te alejas, no diré tu nombre. Y el maestro se alejó y por eso Itatí nunca lo dirá. Pero el maestro, donde quiera que esté sabe que Itatí lo sabe y eso le debe quitar el sueño todas las noches. Hoy, en este junio de 2026, Itati Cantoral tiene 51 años. Tiene tres hijos. Los gemelos Eduardo y Roberto, ya hombres hechos y derechos, viven sus propias vidas.
Eduardo Suki, que cambió su apellido en honor a su abuela argentina, está empezando carrera como galán de telenovelas. María y Tatí, la pequeña, ya tiene casi 17 años. Vive con su mamá, estudia, crece, aprende lo que es ser mujer en este mundo con la guía de una mamá que ya pasó por todo. Una mamá que casi se casó con Alexis Sayala, una mamá que casi se convierte en nuera de Verónica Castro, una mamá que se casó tres veces y se divorció tres veces.

Una mamá que perdió a sus dos padres y aprendió a vivir como huérfana. una mamá que sacó de su casa al hombre que se atrevió a tocar a su niña. Y Tati está soltera, se ha declarado soltera y en estos últimos meses ha empezado a coquetear públicamente con Cristian Castro. Sí, comadre. El mismo Cristian de los 90, aquel cantante que le pidió la mano a Roberto Cantoral en la Sacm, aquel que la besaba en Miami, aquel que se enteró por teléfono que ella ya se había casado con Eduardo Santa Marina.
Dicen que donde hubo fuego cenizas quedan dijo Itatí en marzo de 2026 lanzando coqueteos directos al hijo de Verónica Castro. Y México se preguntó, ¿será que 30 años después el destino los va a juntar otra vez? ¿Quién sabe, comadre? ¿Quién sabe? Lo que sí sabemos es que Itati Cantoral, esa niña que lloraba en su casa después de grabar María, la del barrio, esa niña que casi se casa a los 18 con vestido y todo, esa niña que se convirtió en la villana más amada de México, esa mujer hoy es una matriarca, una sobreviviente, una madre
que sabe que en esta vida lo único que importa de verdad es proteger a tus hijos. Las cinco traiciones, comadre, repasémoslas. La cinco fue Beatriz Sheridan, la productora de María, la del barrio, que la hizo llorar a los 19 años. La cuatro fue Susana González, la otra mujer en su primer matrimonio.
La tres fue Eduardo Santa Marina, que saboteó su romance con Cristian Castro y luego la engañó. La dos fue Carlos Alberto Cruz, el segundo esposo. Esos 11 años de matrimonio que se le consumieron poco a poco. Y la uno, la peor de todas, la más reciente, fue el maestro de música que se atrevió a poner la mano en la pierna de su hija de 14 años.
Ese hombre famoso cuyo nombre y tatí nunca dirá, pero que vive con el miedo de que lo diga. Y por encima de todas esas traiciones, comadre, está el dolor más grande, los padres. Roberto Cantoral, ese gigante de la música, ese hombre que la salvó del matrimonio con Alexis Ayala, Itatisuki, la Argentina campeona de judo, la consentidora, la madre del alma, los dos enterrados, los dos en el cielo, mirando a su hija seguir caminando.
Pero Itati Cantoral, comadre, no se rinde. Itati Cantoral hoy es conductora de un reality llamado Tentados por la fortuna en Azteca 1. Itati Cantoral hoy sigue trabajando en teatro, en cine, en televisión. Y Tati Cantoral hoy es la matriarca de la familia Cantoral junto a sus hermanos José, Roberto Junior y Carlos. Porque eso es lo que hacen las mujeres como Itatí, las mujeres como nuestras mamás, las mujeres como tú, comadre, que estás viendo este video, caemos, nos rompemos, pero nos levantamos una vez y otra y otra y otra, porque las mujeres
mexicanas estamos hechas de algo que no se rompe. Estamos hechas de las canciones de Roberto Cantoral, estamos hechas del judo de Itatisuki. Estamos hechas del amor de nuestros hijos. Y como decía la mamá de Itatí cuando ella lloraba, “Hija, se te va a pasar y te vas a reír de esto.” Y se le pasó y se rió y aquí está a los 51, más fuerte que nunca.
Si esta historia te marcó comre, si te tocó el corazón, si te recordó a alguien de tu propia familia, a tu prima, a tu hermana, a tu mamá, a ti misma, compártela en WhatsApp con tu comadre, con esa amiga que sabes que también ha pasado por todo, con esa cuñada que necesita escuchar que sí se puede salir adelante, con esa hija a la que quieres recordarle que ponga el alto cuando alguien quiera tocarla sin permiso, comparte este video, que llegue lejos, que llegue a quien lo necesite.
Suscríbete al canal si todavía no lo has hecho, dale like, deja tu comentario diciéndome cuál de las cinco traiciones te impactó más y nos vemos en el siguiente video donde te voy a contar otra historia, otra mujer, otra fama destruida. Hasta entonces, comadre. Cuídate mucho y siempre pon el alto.
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