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Humberto mariles: el HÉROE que MATÓ por un CLAXON… la PUDRE de los 60 KILOS de HEROÍNA

Y para un muchacho de 14 o 15 años que venía del norte del país sin madre y con un padre que había depositado en esa institución la responsabilidad de darle forma, el colegio militar era el mundo entero. Ahí Humberto Mariles descubrió los caballos o más precisamente ahí los caballos lo descubrieron a él. La escuela de caballería del colegio militar tenía sus propios [música] establos, sus propias tradiciones, sus propios rituales de formación de jinetes [música] que venían de décadas de historia del ejército mexicano. Y el joven Mariles,

que llegó como cadete y que fue asignado a ese entorno por las decisiones administrativas que los colegios militares toman sobre sus estudiantes, encontró en el caballo algo que nada de lo que había encontrado antes podía compararse. La equitación tiene una dimensión que otros deportes no tienen. Requiere que el atleta y el animal sean simultáneamente dos seres distintos [música] y una sola unidad de movimiento.

No es como el atletismo, donde el cuerpo del atleta es el único [música] instrumento. No es como la natación, donde el agua es el medio, pero no el compañero. En la equitación, el caballo tiene su propia voluntad, su propio miedo, sus propias fortalezas y debilidades. Y el jinete que llega al nivel de élite no es el que domina el caballo por la fuerza, es el que aprende el idioma del animal y logra que ese idioma coincida con lo que el jinete necesita que el animal haga.

Mariles aprendió ese idioma de una manera que sus compañeros en la escuela de caballería identificaron desde temprano como excepcional. No era solo que montara bien, era que los caballos respondían de manera diferente cuando él estaba en la silla, que la comunicación entre el jinete y el animal tenía una fluidez que en otros tardaba años en construirse y que en él parecía natural desde los primeros meses de entrenamiento. Escucha esto.

En la Escuela Militar de Aplicación, donde Mariles continuó su formación después del colegio, coincidió con hombres que después también formarían parte del equipo olímpico de 1948. José María Inchaustegui, Joaquín Solano Chagoya, Ramiro Rodríguez Pala Fox, una generación entera de jinetes militares mexicanos que se formaron juntos y que construyeron entre sí la competencia y la camaradería que los llevaría a Londres.

Y en los años 30 y 40, antes de los Juegos Olímpicos, Mariles ya era una figura conocida en los circuitos de equitación internacionales. [música] Compitió en el Madison Square Garden de Nueva York, donde la alta sociedad americana que seguía el deporte lo vio montar y quedó impresionada. viajó a Europa, acumuló victorias en competencias que no eran los Juegos Olímpicos, pero que eran el tipo de preparación que los Juegos requieren.

[música] Exposición al nivel de competencia internacional, a los estilos de los jinetes de otras escuelas, a los obstáculos y las condiciones que los organizadores europeos consideraban desafíos adecuados para los mejores del mundo. También fundó en los años 40 la escuela del ejército mexicano, una institución que transformó la manera en que el ejército mexicano entendía la equitación de alto rendimiento, que introdujo métodos de entrenamiento rigurosos y que preparó no solo al equipo de 1948, sino a las generaciones de jinetes

militares que vendrían después. Eso, la fundación de una escuela que produjo lo que produjo es parte del legado de Mariles que el escándalo posterior ha tendido a oscurecer. [música] Y entonces llegó Arete. Aquí viene la primera revelación que te prometí. A principios de 1948, el equipo mexicano estaba en preparación para los Juegos Olímpicos de Londres, los primeros que se celebraban después de la Segunda Guerra Mundial.

Mariles había estado entrenando con otro caballo llamado Resorte, que era rápido, pero no era seguro en los altos. Y en algún momento de ese proceso tuvo contacto con Arete. Arete era un alzán, un caballo de pelaje castaño rojizo y tenía algo que lo hacía poco atractivo para cualquier programa de equitación de élite.

Era ciego de un ojo, un caballo [música] tuerto en la equitación de saltos, donde la percepción del espacio y la profundidad son fundamentales para que el animal calcule correctamente la distancia y la altura de cada [música] obstáculo. Tener un ojo que no funciona es una desventaja que la mayoría de los entrenadores consideraría descalificadora [música] para el nivel olímpico.

Mariles lo vio diferente, montó arete [música] y sintió algo que resorte no le había dado, potencia en los saltos. Una confianza del animal al acercarse a los obstáculos que compensaba la limitación visual de una manera que Mariles entendió antes de que cualquier análisis técnico pudiera confirmárselo y decidió que Arete era su caballo para Londres.

El problema era que Arete no le pertenecía. Era de Casimiro Jin, familiar del empresario Emilio Azcarragán. Y convencer a Casimiro Jin de prestar su caballo para los Juegos Olímpicos requería una negociación que Mariles no podía ganar solo [música] con su influencia. Necesitaba ayuda desde arriba y la encontró.

El presidente Manuel Ávila Camacho intercedió personalmente para convencer a Jin de que prestara el caballo. El presidente de la República moviéndose para que un jinete militar pudiera montar a un caballo tuerto [música] en los Juegos Olímpicos. Eso dice algo sobre el nivel de respeto y de influencia que Mariles ya [música] tenía en 1948.

No era solo un jinete, era un militar ascendido, una figura que había construido relaciones en los niveles más [música] altos del poder mexicano a través de sus años de servicio y de sus victorias en los circuitos internacionales. Y esas relaciones le permitían mover al presidente de la República en una gestión que para cualquier otro atleta hubiera sido imposible.

Con arete garantizado, el equipo mexicano partió hacia Europa para la gira previa a los juegos. Y en esa gira, en una carta que Mariles escribió desde Vichi, Francia a Casimiro el 9 de julio de 1948, dijo algo que define perfectamente la relación que había construido con el animal.

Creo que arete es el mejor caballo que he montado y creo también, sin duda alguna, que es el mejor de todos los que he visto por acá. Piensa en ese momento. Un jinete mexicano en Bichí, Francia, en julio de 1948, escribiéndole a quien le prestó su caballo tuerto para decirle que ese caballo ciego de un ojo es el mejor del continente europeo.

Y la gira confirmando esa evaluación. Pero entonces llegó el obstáculo más inesperado de toda la preparación. Y no fue un obstáculo de los [música] que se saltan en la pista, fue un obstáculo político. Un grupo de generales opositores amariles dentro del ejército mexicano que tenían sus propias razones para no querer verlo triunfar en el escenario internacional convencieron al presidente Miguel Alemán que para entonces ya había reemplazado a Ávila Camacho, de que el equipo mexicano no tenía posibilidades en los Juegos

Olímpicos de Londres, que el dinero y el esfuerzo que el gobierno había invertido en mandarlos a Europa iba a resultar en un fracaso que avergonzaría a México ante el mundo. alemán, convencido por esos argumentos, ordenó el regreso del equipo a México. El embajador de México en Roma, Luis de Ochimal, informó a Mariles que tenía instrucciones para que el equipo volviera inmediatamente, que había incluso una orden de aprensión contra él por desacato a la autoridad y deserción.

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