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GUILLERMO PÉREZ: el ídolo DESTRUIDO por el sistema… el asqueroso ENGAÑO del taekwondo

Empezó a imitar las patadas en el patio de su casa. lanzaba golpes al aire sin ninguna técnica, sin ningún entrenador, sin ningún tatami, [música] solo el instinto de un niño que había encontrado algo que le encendía algo por dentro. A los 5 años, sus padres lo llevaron a practicar taekwondo formalmente en Uruapan instrucción del profesor J.

Jesús Álvarez Silva. Y aquí hay algo que importa destacar porque define el tipo de historia que es esta. Los comienzos no fueron fáciles. Guillermo Pérez no fue un prodigio que arrasó desde el primer día de entrenamiento. Hubo derrotas tempranas, hubo momentos donde lo que lo sostenía en el tatami era más el carácter que la técnica.

El talento estaba ahí, pero el talento solo no basta. El trabajo constante, la voluntad de volver al día siguiente después de perder. Eso es lo que separó a Guillermo Pérez de los miles de niños mexicanos que empiezan en algún deporte y lo dejan cuando el camino se pone difícil. Grábate esto. A los 10 años de edad, Guillermo Pérez ganó su primer torneo estatal en Michoacán, el primer trofeo real.

La primera validación de que lo que estaba haciendo tenía un resultado concreto y medible. Ese triunfo le abrió la puerta para competir a nivel nacional y en esa primera competencia nacional, el niño de Michoacán se fue a casa con la medalla de bronce, no con el oro, con el tercer lugar.

Eso también es parte de la historia. El camino a Beijing empezó con un bronce nacional a los 10 años, no con victorias fáciles ni con caminos despejados. Para 1990, con 11 años, Guillermo se consagró como campeón infantil de México. Ahí empezó a consolidarse en el taondo de manera más seria. El talento ya no era solo potencial, ya se había materializado en resultados, pero el sistema deportivo mexicano no lo estaba identificando todavía como un atleta de proyección olímpica.

Era un campeón infantil estatal y nacional. Y eso era suficiente para seguir entrenando, pero no suficiente para que las puertas grandes se abrieran. 5 años después, en 1995, Guillermo Pérez hizo su primer viaje internacional como atleta. Ota, Canadá. Su primera competencia fuera de México. Tenía 16 años y trajo el segundo lugar.

Subió al podio en su debut internacional. Para cualquier atleta de 16 años, ese es un resultado que habla de que hay algo real. Un año después, [música] 1996, el abierto estadounidense de Tae Condó, una competencia con participantes de más de 60 países. Guillermo Pérez, 17 años, primer lugar, campeón. ganándole a atletas de seis continentes, [música] siendo un adolescente de Michoacán que había empezado a patelar al aire en el patio de su casa imitando a Bruce Lee.

Aquí viene el dato que muy poca gente conoce y que define en profundidad la historia de Guillermo Pérez. Escucha esto. Desde los 16 hasta los 20 años de edad, Guillermo Pérez intentó entrar a la selección nacional de taikwondo 4 años. 4 años llamando a la puerta de la estructura oficial del deporte mexicano. 4 años de intentos y no entró. El sistema no lo incorporaba.

Un atleta que ya estaba ganando torneos internacionales siendo adolescente, que ya había demostrado resultados concretos fuera de México y la selección nacional no abría la puerta. ¿Por qué? Las razones exactas no están documentadas de manera pública, pero el patrón es uno que se repite en el deporte mexicano con una frecuencia que debería ser vergonzosa.

Los atletas de provincia, los que no tienen el apellido correcto, ni el entrenador correcto, ni la conexión institucional correcta, muchas veces tienen que trabajar el doble para que el sistema los vea. [música] Guillermo Pérez era un chico de Michoacán que ganaba torneos, pero eso no era suficiente para que la burocracia deportiva le abriera las puertas.

4 años de rechazo. Para la mayoría de las personas eso es más que suficiente para abandonar cualquier sueño deportivo. Los gastos, el sacrificio de la familia, [música] la pregunta constante de si tiene sentido seguir invirtiendo tiempo y energía en algo que el sistema [música] oficial no reconoce. Para Guillermo Pérez, esos 4 años fueron suficientes para seguir construyendo solo.

En 1999 tomó [música] una decisión que cambió el rumbo de su carrera. Se mudó a Puebla para entrenar con el equipo olímpico de Taondo. Dejó Taretán, dejó Uruapan, dejó Michoacán. se instaló [música] en una ciudad nueva sin las redes familiares y sociales que te sostienen en tu lugar de origen y se entregó a la preparación de tiempo completo con la estructura que había podido encontrar.

Esto habla del tipo de atleta que era Guillermo Pérez. No esperaba que el sistema lo levantara, no esperaba que alguien lo descubriera y le tendiera la mano. Él mismo creaba las condiciones [música] para crecer. identificó dónde estaba el nivel que necesitaba y se fue hasta allá. Los primeros años de la primera década del 2000 fueron de construcción progresiva.

En 2004, Guillermo Pérez viajó a Madrid para participar en el campeonato mundial. Terminó en el noveno lugar. No es el resultado de un campeón. Es el resultado de alguien que está aprendiendo a competir al nivel más alto del mundo, que está midiendo la distancia entre donde está y donde necesita estar.

que está acumulando la experiencia [música] que ningún entrenamiento puede reemplazar. Cada derrota era información. Cada competencia internacional era una lección sobre técnica, sobre ritmo de combate, sobre presión mental, sobre los pequeños detalles que en el taeondo de alto rendimiento determinan si el árbitro levanta tu mano o la del otro.

Piensa en eso un momento. Desde los 5 años hasta los 25, 20 años de trabajo constante, de bronces y platas y novenos lugares, de aprender en cada derrota, de construir sin que el sistema mayor te mirara. Ese fue el camino real de Guillermo Pérez hacia Beijing. Y entonces llegó 2007 y todo cambió. El campeonato mundial de tawondo de 2007 se celebró en Pekín, la misma ciudad, el mismo país, el mismo escenario donde un año después se disputarían los Juegos Olímpicos, [música] como si el destino hubiera decidido que Guillermo Pérez

necesitaba conocer ese lugar antes de conquistarlo. Llegó a la final del campeonato mundial. Su rival fue el español Juan Antonio Ramos, uno de los mejores de su categoría en ese momento. El combate fue cerrado. Guillermo Pérez perdió. Se quedó con La Plata, subcampeón del mundo en la categoría de 58 kg. Grábate esto, es importante.

Subcampeón mundial en 2007 en Pekín. Un año después campeón olímpico en Beijín. El mismo escenario, la misma ciudad. Como si la plata de 2007 hubiera sido el ensayo general de lo que vendría. Ese resultado lo colocó entre los candidatos serios para representar a México en los Juegos Olímpicos de 2008, pero todavía le faltaba ganarse el boleto en territorio nacional.

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