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Fui el MÉDICO de PAQUIRRI y la noche antes de morir me confesó algo que me DESTROZA

 Isabel Pantoja llevaba ya un tiempo siendo parte de su vida. Todo el mundo lo sabía o casi todo el mundo. Era una de esas relaciones que estaba en boca de todos, pero que nadie entendía del todo. Desde fuera, yo la había visto con él en un par de ocasiones. Era una mujer de mucha personalidad, eso se notaba desde lejos.

De esas personas que ocupan mucho espacio en una habitación, aunque no digan nada, y Pakirri, que también ocupaba espacio, parecía achicarse un poco cuando ella estaba cerca. Eso me llamó la atención desde el principio, pero no era asunto mío, o eso creía yo. Esa noche en el bar del hotel, Pakirri me miró y me dijo algo que no he olvidado en 40 años.

 Me dijo, “Doctor, yo quiero esa mujer, pero hay algo que no cuadra y no sé si soy yo el que no cuadra o es la situación entera.” Le pregunté qué quería decir y entonces me contó algo. me contó que semanas antes había tenido una conversación con ella que lo había dejado descolocado, una conversación sobre dinero, sobre los contratos, sobre quién decidía qué en su vida profesional y me dijo textualmente que había salido de esa conversación con la sensación de que él era el torero, sí, pero que las decisiones importantes las tomaba otra persona y eso le

molesta. Le pregunté. se quedó callado un momento y luego dijo, “Me molesta no saber si me molesta porque tengo razón o porque tengo miedo de tenerla. Eso me lo dijo él.” Con esas palabras, un hombre que se enfrentaba a toros de 500 kg me estaba diciendo que tenía miedo de mirar de frente algo que estaba pasando en su propia casa.

 ¿Usted entiende lo que le estoy diciendo? ¿Entiende el tamaño de eso? Yo le escuché, le hice algunas preguntas y llegué a una conclusión esa noche que no le dije a él porque no era mi lugar, pero que llevo pensando desde entonces. Aquel hombre estaba atrapado, no en la plaza, que ese era el único sitio donde era completamente libre, [música] atrapado en su vida, en las expectativas, en las dependencias que se habían ido creando alrededor de él, como una red que parecía de oro, pero que pesaba como el plomo.

 Y lo que me contó después, ya entrada la madrugada, eso sí que no me lo esperaba. Eso cambia todo lo que usted cree saber sobre lo que pasó en Pozo Blanco. Pero antes de llegar ahí, necesito contarle algo sobre los días anteriores, sobre lo que pasó en el entorno de Paquirri esas últimas semanas, porque hay una conversación que tuvo [música] lugar, una conversación de la que yo me enteré de manera indirecta, pero de la que tengo testimonio, que explica muchas cosas que siempre quedaron sin explicar.

 Me lo contó una persona que trabajaba cerca de él, una mujer que llevaba años en ese mundo y que lo vio todo desde dentro. me lo contó meses después de Pozo Blanco, cuando ya todo había pasado y el dolor ya había bajado un poco de temperatura, aunque nunca desaparece del todo. Eso le digo yo. Esta mujer me dijo que en las semanas previas a Pozoblanco hubo una discusión, una discusión seria sobre los contratos de esa temporada, sobre compromisos que Paquirri había firmado y que algunos de su entorno no querían que cumpliera y que él se negó a romperse.

dijo que un hombre de palabra cumple lo que firma, le cueste lo que le cueste. ¿Y sabe usted qué le contestaron? Le contestaron que él era el nombre en el cartel, pero que había otras personas cuya carrera también dependía de las decisiones que él tomara. Eso se lo dijeron a él, a Paquirri, y él siguió adelante.

 Fue a Pozo Blanco, cumplió y yo, que lo había escuchado la noche anterior, hablar de retirarse, de empezar de nuevo, de irse quizás a vivir una vida más tranquila con sus hijos. Yo que lo había visto esa noche con una vulnerabilidad que poca gente le conoció jamás, tuve que ver al día siguiente cómo lo sacaban de la plaza en Andas. No me voy a extender en eso.

 Hay cosas que uno no describe porque las palabras hacen daño y porque no es necesario. Pero lo que sí voy a contar es lo que pasó después, en las horas siguientes, en el hospital. Y lo que pasó en ese hospital es algo que muy poca gente sabe y que explica por qué durante todos estos años me callé. Porque me lo pidieron.

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 Me lo pidieron de manera muy clara. Y yo, que soy médico antes que cualquier otra cosa, respeté ese silencio durante mucho tiempo, demasiado. Pero mire usted, tengo 78 años. Ya he enterrado a mis padres, a mi mujer, a dos amigos íntimos y he llegado a la conclusión de que el silencio no siempre protege a quien creemos que protege.

 A veces solo protege a los que tienen algo que esconder. En el hospital, en esas horas, yo estaba presente y llegaron personas, personas con mucho peso, con mucho nombre, con mucha presencia. y la manera en que se movieron por aquel pasillo, la manera en que hablaban entre ellos en voz baja, la manera en que se organizaron las cosas con una rapidez que a mí me pareció extraña dado el estado emocional que todos fingíamos tener.

 Eso me quedó grabado y una de las cosas que me quedó grabada es algo que escuché, algo que no iba dirigido a mí, pero que escuché porque estaba allí y porque a veces los pasillos de los hospitales tienen una acústica que la gente no calcula. Bien. cuando cree que habla en privado. Lo que escuché esa tarde en ese pasillo, lo guardo todavía y se lo voy a contar.

Pero antes necesito que entienda algo sobre cómo funciona ese mundo, el mundo de los famosos, de los toreros, de las cantantes, porque hay un mecanismo que funciona siempre igual y que mucha gente no ve porque lo confunde con amor o con lealtad. Y ese mecanismo es el que explica a lo que escuché esa tarde.

 ¿Ha visto usted alguna vez cómo se cierra un círculo alrededor de alguien cuando esa persona ya no puede hablar? ¿Ha visto cómo de repente aparece gente que antes estaba en segundo plano y pasa al primero? ¿Ha notado como las versiones de lo que pasó se unifican muy rápido, demasiado rápido? Antes de que nadie haya tenido tiempo de procesar nada.

 Yo lo vi esa tarde y lo que escuché encajaba exactamente con lo que Paquirri me había dicho la noche anterior, que había algo que no cuadraba, que no sabía si el problema era él o la situación entera. El problema no era él. Lo supe esa tarde con certeza, en el pasillo del hospital, dos personas que no voy a nombrar por respeto, aunque usted probablemente las reconocería si las viera, estaban hablando de los contratos.

 de los derechos, de lo que pasaría ahora con la imagen, con los compromisos, con ciertas cosas que estaban firmadas y que ahora había que renegociar. Eran las 3 de la tarde. Pakirri llevaba muerto menos de 2 horas. Eso fue lo que escuché. Eso es lo que llevo 40 años cargando. Y si usted me pregunta por qué no lo conté antes, le voy a contestar con honestidad.

 Porque tuve miedo, porque soy médico y porque en ese mundo la discreción es la primera condición para que te dejen acercarte. Y porque hubo un momento, unos meses después de Pozo Blanco, en que alguien me hizo entender de manera muy educada, pero muy clara, que lo que yo había visto y oído aquella tarde era mejor que se quedara donde estaba.

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