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Farah Diba: Lo Tenía Todo… y lo Perdió en una Noche

 En un Irán donde las niñas son educadas para el matrimonio, para el silencio, para la obediencia.” Sob Diva le dice a su hija que puede ser lo que quiera, que el mundo es suyo, que no hay límites. Fara tiene 9 años cuando su padre muere. La noticia llega como un rayo. Sorab Diva fallece de una enfermedad que se lo lleva en poco tiempo.

 El mundo de la pequeña Fara se desintegra. De un día para otro pasa de ser la hija adorada de un militar, respetado a ser una niña sin padre en un país donde eso significa vulnerabilidad, donde eso significa que las puertas que antes se abrían ahora se cierran, donde eso significa que el futuro que su padre le prometió de pronto parece una fantasía.

 La situación económica se complica. Su madre, Faridé, no se derrumba. se levanta con una determinación feroz que Fará nunca olvidará. Faride trabaja, busca ayuda de familiares, reorganiza las finanzas y sobre todo se asegura de que Fará siga estudiando. La educación dice Faridé, es lo único que nadie te puede quitar. Fara absorbe esa lección como una esponja, la absorbe y la convierte en motor.

 En el Liceo Juana de Arco de Teerán, una institución francesa que educa a las hijas de la élite iraní, Fara empieza a brillar. No es solo inteligente, es carismática. Es capitana del equipo de basketbol. Es alta, atlética, con unos ojos oscuros que transmiten al mismo tiempo dulzura y una determinación de acero.

 Sus compañeras la recuerdan como alguien diferente. No por arrogancia jamás fue arrogante, sino por una presencia, una manera de caminar por los pasillos que hacía que la gente volteara a verla. tenía eso que los franceses llaman charisme, una concide, y ese carisma iba a cambiar el destino de todo un país. Hay un detalle que casi nadie menciona y que dice mucho.

 En el liceo, Fara no solo destaca en deportes y estudios, participa en actividades culturales, organiza eventos, habla en público sin ningún miedo. Sus profesoras francesas notan algo especial en ella, una madurez que no corresponde a su edad. La muerte de su padre la hizo crecer demasiado rápido. Le quitó la inocencia, pero le dio algo a cambio, una fuerza interior que ninguna circunstancia podría destruir.

 O al menos eso es lo que ella creía en ese momento. Cuando termina el liceo, Fara toma una decisión que sorprende a todos. Quiere estudiar arquitectura, no literatura, no pedagogía, no enfermería. las carreras que se esperaban de una joven iraní de buena familia en los años 50, arquitectura y no en Teerán, en París. Su madre la apoya sin dudarlo.

 Su tío materno ayuda con los gastos. Y en 1957, a los 18 años Fara Diva llega a la ciudad luz con una maleta, un sueño y el recuerdo de un padre que le dijo que el mundo era suyo. París la transforma. La joven iraní descubre un mundo que no sabía que existía. Estudia en la Ecoled Architecture, rodeada de estudiantes de todo el mundo.

 Camina por los boulevares del barrio latino. Se sienta en los cafés donde Sartrey y Boward debatían sobre la libertad. Visita el Luvre y se queda horas frente a las obras maestras. Come baguets baratas en su pequeño departamento de estudiante. Es feliz. Por primera vez la muerte de su padre, Fará siente que su vida tiene un rumbo, que está construyendo algo propio, que no es la hija de nadie ni la protegida de nadie.

 Es fará, simplemente Fara, pero no sabe que ese rumbo está a punto de dar un giro que ningún libro de arquitectura podría haber diseñado. ¿Desde dónde nos estás viendo? ¿Estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen y aquí es donde el destino interviene con esa precisión cruel que tiene cuando quiere cambiar la vida de alguien para siempre.

 En 1959, durante una recepción oficial de la embajada iraní en París, una de esas cenas formales donde los diplomáticos beben vino y hablan de política, Faradiva conoce al sha de Irán. Mohamad Reslabi tiene 40 años, es el monarca más poderoso de Medio Oriente y está buscando esposa. No cualquier esposa. Necesita una mujer que le dé un heredero varón.

 Sus dos matrimonios anteriores han fracasado precisamente por eso. La princesa Fauzia de Egipto, su primera esposa, le dio una hija Shahnas, pero no un hijo varón. El matrimonio terminó en divorcio después de años de frialdad y distancia. Soraya Esfandiari Bactiari, su segunda esposa, a quien el Sha amó con una pasión que todos los cortesanos reconocían, no pudo tener hijos.

 Los médicos le dijeron al Sha que la culpa no era de Soraya, pero la dinastía necesitaba un heredero. El divorcio fue devastador para ambos. Se dice que el Sha lloró cuando firmó los papeles. Se dice que Sorayan nunca se recuperó del todo y entonces aparece Fara. Tiene 21 años. Es alta, elegante, con un porte natural que no necesita joyas para impresionar. Habla francés con fluidez.

Estudia arquitectura, no es una princesa. No viene de la realeza. Es en muchos sentidos una mujer moderna, una mujer del futuro. Y el Sha queda fascinado. Pero aquí hay algo que los cuentos de hadas no mencionan. Fara no se enamora instantáneamente del Sha, lo respeta, lo admira. Pero el amor, el amor verdadero, vendrá después con el tiempo, con las noches en vela compartidas, con los hijos, con las crisis, con la vida real.

 Lo que Fara siente en ese primer encuentro es algo diferente. Es la sensación de que su destino acaba de tocar a la puerta y ella decide abrir. Lo que sucede después es un torbellino que dura apenas semanas. Las presentaciones formales, las visitas al palacio, las conversaciones supervisadas por cortesanos que evalúan cada gesto, cada palabra, cada sonrisa de la joven candidata.

 Los servicios de inteligencia investigan su familia hasta tres generaciones atrás. Los médicos la examinan para confirmar que puede tener hijos. Fara soporta todo con una dignidad que impresiona incluso a los más escépticos. El 21 de diciembre de 1959, Fara Diva se casa con el Sha de Irán en una ceremonia que paraliza al mundo. El palacio de Golestán, con sus espejos, sus mosaicos dorados y sus techos pintados que cuentan historias de reyes antiguos, es el escenario de una boda que parece sacada de las 100 y una noches. El vestido fue diseñado por Yve

Saint Laurent, un sueño de seda blanca bordada con hilos de plata y diamantes que pesaba varios kilos. La tiara que llevaba, la famosa tiara nupsial Palabi, contenía piedras preciosas que pertenecieron a generaciones de emperatrices persas, diamantes, esmeraldas, rubíes engastados en platino, una constelación de fuego sobre su cabello oscuro.

 Los invitados incluían a la realeza europea, a diplomáticos de 50 países, a celebridades de Hollywood. Las calles de Teerán estaban decoradas con banderas y flores. Multitudes se agolpaban en las aceras para ver pasar la caravana nupsial. La radio transmitía la ceremonia en directo. Los periódicos del mundo entero publicaron la fotografía de Fara con su vestido blanco y su tiara deslumbrante.

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