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FANNY CANO: Por ESTO Dejó Una Carta Antes de Subir al Avión… Sabía Que No Volvería

Y en 1963, con apenas 19 años consiguió su primer estelar en la pantalla grande como pareja romántica de Cantinflas en la película Entrega inmediata. Tú probablemente recuerdas esa época. ¿Recuerdas ir al cine con tu familia? ¿Recuerdas las marquesinas? ¿Recuerdas los nombres que brillaban en las carteleras? Y de pronto, en medio de todos esos nombres que ya conocías, apareció uno nuevo, uno que nadie había escuchado antes.

Fanny Cano, en 1963 hizo cinco películas. Cinco en un solo año, tres más al año siguiente. Y de pronto el nombre de Fanicano estaba en todas partes. El diario Excelsior la llevó en primera plana de espectáculos con un titular que la perseguiría hasta la tumba, la mujer más hermosa de México. Esa frase, esa frase que para cualquier otra actriz habría sido un regalo, para ella fue una condena.

Porque lo que el público y la industria vieron en Fanicano fue exactamente lo que ella no quería que vieran, su cara, su cuerpo, nada más. Su hermano Francisco, décadas después lo diría con una claridad que duele. Fanny era muy distinta a lo que se pudiera pensar de ella. No le interesaban los lujos, era más espiritual.

Algunas veces, mientras crecíamos, vi como a ella le daba pudor ser tan hermosa. No era que no se gustara, solo que sentía que los demás solo la veían como una cara o un cuerpo, pero a nadie parecía importarle lo que sintiera o pensara, y ella era mucho más que una cara bonita. Le daba pudor ser tan hermosa.

Recuerda esa frase, es la frase que explica toda esta historia. Desde el primer día en la cafetería de la UNAM hasta la última mañana en el aeropuerto de Barajas. Pero en 1965 Fanny Cano estaba a punto de entrar en un mundo que la convertiría en leyenda. Un mundo que tú conoces muy bien, un mundo que entraba en tu sala todas las noches, se sentaba contigo y no se iba hasta que tú apagabas la televisión.

El mundo de las telenovelas mexicanas era la época de telesistema mexicano, lo que después se convertiría en Televisa. Era la época en la que la televisión era en blanco y negro, las historias duraban meses y las actrices se convertían en parte de la familia de cada hogar mexicano. Era la época de los grandes productores como Valentín Pimstein y Ernesto Alonso.

Hombres que decidían quién existía y quién desaparecía en el mundo del espectáculo mexicano. Un contrato con telesistema mexicano significaba fama, dinero, tu nombre en las revistas, pero también significaba que tu imagen, tu tiempo, tu vida entera le pertenecían al sistema. Tú hacías lo que el productor decía, interpretabas el papel que te daban y si te quejabas, había 100 actrices esperando en la puerta para ocupar tu lugar.

En 1965, Ernesto Alonso la eligió para la mentira, una telenovela que se convirtió en fenómeno. Ahí compartió créditos con Julisa y con Enrique Lizalde. Y ahí empezó algo que marcaría toda su carrera, la frustración, porque Afani la seguían encasillando en papeles de símbolo sexual, de mujer fatal, de cuerpo bonito, sin profundidad.

Y ella quería más, mucho más. Pero lo que vino 3 años después lo cambió absolutamente todo. Lo que vino en 1968 no solo cambió la carrera de Fanny Cano, cambió la televisión mexicana para siempre y cambió la forma en que tú veías a las mujeres en tu pantalla. Porque en 1968 llegó Rubí y Rubí lo destruyó todo, incluyendo a la mujer que la interpretó.

Valentín Pimstein, uno de los productores más poderosos de telesistema mexicano, tenía entre manos una historia que nadie se había atrevido a llevar a la televisión. Una historieta escrita por Yolanda Vargas Dulce, la llamada Reina de las Historietas, publicada en la revista Lágrimas, Risas y Amor, la historia de una mujer llamada Rubí.

Y Rubí no era como ninguna protagonista que la televisión mexicana hubiera visto antes. Rubí era pobre. Rubí era hermosísima y Rubí era absolutamente malvada, sin escrúpulos, sin remordimiento, obsesionada con el dinero y la posición social, capaz de traicionar a su mejor amiga, una joven dulce llamada Maribel, que tenía una parálisis por poliomielitis, robarle al novio, humillarla, llamarla coja infeliz en su propia cara.

y no sentir absolutamente nada. Nadie había visto algo así en una telenovela. La protagonista no era la heroína, la protagonista era el monstruo. Y Valentín Pimstein necesitaba una actriz que pudiera ser ese monstruo con tanta naturalidad que el público la odiara y la amara al mismo tiempo. Eligió a Fanny Cano y tú la viste.

Tú la viste en tu televisor en blanco y negro. Tú viste a esa mujer de ojos enormes mirando a la cámara. con una sonrisa que daba escalofríos. Tú te sentaste en tu sala, probablemente al lado de tu mamá o de tu hermana y dijiste, “Esta mujer es terrible.” Pero no pudiste dejar de verla. Nadie pudo. Rubí se estrenó en 1968, dirigida por Fernando Wagner, producida por Pimstein y protagonizada y antagonizada por Fanny Cano.

A su lado estaba Nirma Lozano como Maribel, Antonio Medellín como Alejandro, Carlos Fernández como César. 53 episodios que cambiaron las reglas de lo que una mujer podía ser en la pantalla. Y aquí es donde empieza la grieta invisible que recorre toda esta historia. Porque la mujer que interpretaba al personaje más cruel de la televisión mexicana era en la vida real exactamente lo contrario.

Años después, Irma Lozano, la actriz que interpretó a Maribel, la amiga a la que Rubí destruía en cada escena, reveló algo que nadie fuera del set sabía. Y esto que Irma Lozano contó es tan importante que te lo voy a guardar para más adelante. Es la tercera cosa que te prometí. Y cuando la escuches vas a entender por qué Fanicano no era la mujer que todos creían.

Lo que sí te puedo decir ahora es esto. El éxito de Rubí fue aplastante. Fue tan grande que la historia se adaptó al cine en 1970. Y décadas después, Televisa la volvió a producir dos veces más. En 2004 con Bárbara Mori y en 2020 con Camila Sodí. Pero ninguna de esas versiones tuvo lo que tuvo la original.

Ninguna tuvo a Fan y Canano. En 1970 llegó Yesenia, otra producción de Valentín Pimstein, otra historia de Yolanda Vargas Dulce, esta vez en color. Esta vez Fanny era una joven gitana enamorada de un soldado. De nuevo con Irma Lozano. De nuevo un éxito que conquistó a todo México. Y en 1974 vino Muñeca.

Y Muñeca es la telenovela que más revela sobre quién era fanicano de verdad. Porque Muñeca no era un melodrama de ricos y pobres. Muñeca fue la primera telenovela mexicana de denuncia social. La historia de una joven que vive en un cinturón de miseria, que lucha por sacar adelante a los suyos, enfrentándose a un magnate despiadado que quiere demoler sus viviendas para construir un edificio de lujo.

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