Posted in

ESTEBAN LOAIZA: el “MULA” de las Grandes Ligas… La FORTUNA de Jenni y los kilos de COCAÍNA

Fue en ese año, específicamente durante una presentación en Mazatlán, Sinaloa, donde el destino le puso enfrente a la mujer que cambiaría su vida y paradójicamente aceleraría su ruina. Ella era Jenny Rivera, la diva de la banda, una fuerza de la naturaleza que movía millones de dólares y corazones con la misma facilidad. Escucha esto.

Lo que empezó como un romance de cuento de hadas entre dos iconos mexicanos terminó siendo el prólogo de un expediente criminal. El 8 de septiembre de 2010, el mundo del espectáculo y el deporte se fusionaron en una boda fastuosa en el rancho Homingbird Nest en Simi, California. Piensa en eso un momento. 800 invitados, un despliegue de seguridad digno de un jefe de estado y un costo que superó los cientos de miles de dólares.

Esteban llegó vestido de gala, pero bajo el traje de novio se escondía un hombre cuyo rendimiento en el diamante estaba en [música] caída libre. ya no era el as de los White Socks, ahora era el esposo de una estrella que brillaba más que él. En el vestuario de las Grandes Ligas, algunos compañeros empezaron a apodarlo de forma cruel pero reveladora.

Lo llamaban la garrapata. Se decía que Esteban no solo se había enamorado de la mujer, sino del imperio económico que Jenny había construido con sudor y lágrimas. Grábate, esto es importante. Mientras Jenny trabajaba sin descanso en giras, programas de televisión y negocios, Esteban se dedicaba a administrar una fortuna que ya no crecía.

Los contratos millonarios se habían terminado. Su último gran cheque en la MLB fue con los Dodgers en 2008 por un monto de 6,5 millones. Pero después de eso, el silencio administrativo se apoderó de su carrera. empezó a vivir de las rentas y según rumores que circulaban en el círculo íntimo de la familia Rivera de las cuentas de su esposa.

Se dice que Jenny, una mujer extremadamente astuta para los negocios, empezó a notar discrepancias en sus finanzas personales. Nunca se comprobó legalmente un robo, pero la semilla de la desconfianza estaba plantada. La atención en la mansión de Encino, California, se volvió insoportable. No era solo el dinero, era el choque de dos egos monumentales.

Esteban, acostumbrado a ser el centro de atención en estadios de 50,000 personas, ahora era el marido de Jenny. Escucha esto. La frustración de un atleta que ve su ocaso profesional suele derivar en comportamientos erráticos. Loa empezó a rodearse de personas que no pertenecían al mundo del béisbol ni al de la música banda.

Eran sombras que aparecían en las fiestas de la mansión, hombres que hablaban poco y observaban mucho. En ese entorno de lujos excesivos y amistades dudosas, se gestó lo que muchos consideran la traición más grande en la historia del espectáculo mexicano. A mediados de 2012, el matrimonio era un cadáver que caminaba. El 1 de octubre de ese año, Jenny Rivera presentó la demanda de divorcios citando diferencias irreconciliables.

Pero lo que la prensa descubrió después fue un escándalo que fracturó a la familia para siempre. Surgió el rumor, nunca confirmado oficialmente, pero sostenido por el distanciamiento público de Jenny, de que Esteban mantenía una relación inapropiada con su propia hijastra, Yanni Chiquis Marín. Se dice que Jenny revisó las grabaciones de las cámaras de seguridad de su habitación y lo que vio la llevó a borrar a Esteban de su vida y de su testamento en un solo movimiento. Imagínate el impacto.

El hombre que México adoraba por su brazo de oro ahora era señalado como el responsable de romper el vínculo sagrado entre una madre y su hija. Piense en eso un momento. Esteban Loaisa estaba perdiendo su reputación, su matrimonio y su acceso a la fortuna de los Rivera en un abrir y cerrar de ojos. La presión mediática era asfixiante, [música] pero lo peor aún no había llegado.

El 9 de diciembre de 2012, un avión se estrelló en la sierra de Iturbide, en Nuevo León, llevándose la vida de Jenny Rivera. En ese instante, Esteban quedó atrapado en un limbo cruel. Por un lado, era el viudo legal. Por el otro era el paria que la diva había despreciado antes de morir. No se le permitió asistir al funeral.

La familia Rivera le cerró las puertas de forma definitiva. Grábate esto. En ese momento, Esteban Loaisa se quedó solo con una fortuna personal que se desvanecía y una deuda moral que el público mexicano no estaba dispuesto a perdonar. Sin el respaldo económico de Jenny y sin un equipo de Grandes Ligas que quisiera contratar a un veterano de 41 años con un historial personal tan tóxico.

Loisa regresó a su origen. Volvió a la frontera, pero no regresó como un héroe. Se instaló en una zona de San Diego, cerca de su natal Tijuana. Y ahí es donde las sombras del narcotráfico finalmente lo alcanzaron. Se dice que las deudas acumuladas por su estilo de vida de Playboy retirado superaban su capacidad de pago. Necesitaba dinero rápido, el tipo de dinero que solo el crimen organizado puede ofrecer a quienes ya no tienen nada que perder.

Escucha esto que te voy a contar ahora. En los círculos de inteligencia de la DEA en San Diego, el nombre de Esteban Loaisa empezó a aparecer en reportes de vigilancia. Ya no lo seguían los scouts de béisbol, sino agentes federales que notaban movimientos extraños en sus propiedades. Loa el hombre que alguna vez fue el segundo mexicano con más victorias en la historia de las Grandes Ligas, solo detrás de Fernando Valenzuela con sus 126 triunfos.

Ahora estaba siendo analizado como un eslabón logístico para los cárteles. Pasó de estudiar los bateadores rivales a estudiar las rutas de patrullaje de la policía fronteriza. Grábate este detalle. La transición de ídolo a criminal no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso de degradación lenta.

Esteban empezó a frecuentar lugares donde la ley no entra. Se le veía en peleas de gallos clandestinas, en casinos donde las apuestas no tienen límite y en compañía de personajes que manejaban efectivo en bolsas de deporte. La adrenalina que antes se encontraba en la novena entrada de un juego empatado, ahora la buscaba en la transgresión de la ley. Se sentía intocable.

Pensaba que su fama lo protegería de cualquier sospecha. “Soy Esteban Loaisa”, debió pensar mientras aceptaba las primeras tareas de transporte de sustancias. Lo que no sabía es que para los cárteles un ex [música] deportista famoso no es más que una herramienta desechable, un mula [música] de lujo que distrae la atención hasta que deja de ser útil.

Este es el momento donde la historia de Esteban Loaisa deja de ser una crónica deportiva para convertirse en un expediente forense. Piensa en el contraste. El hombre que acumuló 126 victorias profesionales estaba a punto de sufrir la derrota más amarga de su existencia. Sus 2,142 entradas lanzadas en las mayores no le servirían de nada frente a lo que estaba por venir.

Read More