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ERIKA BUENFIL: Su Hijo Tenía un Abuelo PRESIDENTE. Nunca Lo Miró a la Cara

Erika contó después en su entrevista con Jordi Rosado en 2021 lo que pasó. Le pareció demasiado joven. La diferencia de 12 años la incomodaba. estaba interesada en otra persona. Lo rechazó dos veces, tres veces, las que hicieron falta, hasta que una noche, ya cansada de la insistencia, le dio su número de teléfono y empezó lo que ella misma describió como una relación corta, muy corta, pero lo suficientemente larga para cambiarle la vida.

Aquí entra el tercer personaje en escena y es importante que retengas su nombre. Rebeca Sa Cárdenas, periodista de TV Azteca o nacida el 9 de mayo de 1972 en Culiacán, Sinaloa. Eresada de Ciencias de la Información y Comunicación en la Universidad de Monterrey. Cédula profesional 2, 371,745. Expedida por la Secretaría de Educación Pública en 1996.

Trabajaba en TV Azteca noreste en el área de ventas y después se mudó a Ciudad de México en el año 2000 para hacer la sección las 7 del 7. A inicios de 2004 era corresponsal de Azteca América en Estados Unidos, donde encabezaba el noticiero matutino junto a José Martín Sáo. Una periodista impecable, formal, con apellido del norte, con currículum sólido.

La novia presentable. Anota esa palabra. Presentable. Es una palabra que vas a necesitar más adelante. Rebeca Saent y Ernesto Cedillo Junior se conocieron en febrero de 2004 en Ciudad de México en la inauguración del restaurante Baoba del que él era socio. Las fuentes son consistentes en este punto. El flechazo fue inmediato.

Empezaron a salir a mediados de febrero. Mayo ya eran novios, pero un noviazgo discreto, un noviazgo de los que no salen en revista, un noviazgo entre el hijo del expresidente y una periodista de Azteca que cuidan su imagen porque ambos saben que cualquier salida pública es noticia. Esa relación en mayo de 2004 ya tenía 3 meses.

Ahí encaja el dato que todavía no sabes. Porque mientras Junior salía con Rebeca en Ciudad de México, en otra esquina del mismo país, seguía teniendo encuentros esporádicos con Erika Buenfield. Erika no sabía que Junior tenía una novia formal o la relación entre ellos había sido intermitente desde finales de 2003.

Se veían cada dos o tres semanas, a veces en Acapulco, a veces en Ciudad de México. La actriz pensaba que era un romance de ratos libres, sin compromiso, sin promesas, pero también sin secretos. Lo que no sabía era que el muchacho que la besaba en Acapulco le había pedido a otra mujer en Ciudad de México que se quedara a vivir en su departamento.

La mecánica del privilegio masculino mexicano funcionaba así y todavía funciona. Aquí es donde entra el primer personaje secundario que necesitas conocer y es alguien que tu espectadora seguramente recuerda. Jaime Camil, el hijo de Jaime Camil Garza, productor de cine, dueño del gran hotel de la Ciudad de México y de una de las fortunas más sólidas del país.

Jaime Camil, hijo, del actor que había debutado en la fea más bella y que se había vuelto galán de Televisa. un amigo cercano de Erika Wenfil, un amigo que tenía un yate en Acapulco y que un fin de semana de mediados de mayo de 2004 decidió organizar una fiesta privada a bordo. Guarda la fecha exacta. 15 de mayo de 2004.

Sábado. Es la fecha que la periodista Erika Roa, ex editora adjunta de la revista A quién, reveló años después en una conversación pública con el periodista Alberto Tavira. Es la fecha que cambió todo y es también la primera de las cuatro cosas que te prometí al principio de este vídeo.

Aquí viene lo primero que te prometí. Pero antes de contártelo, quiero que te pongas un momento en los zapatos de ella, porque quizá tú también has estado alguna vez en una relación que empezó divertida, sin presión, sin promesas y se convirtió de la noche a la mañana en el hecho que iba a definir el resto de tu vida.

Erika se metió a ese yate pensando que iba a ser una noche más. Salió del yate embarazada. No lo supo esa noche, lo supo tres semanas después. Aquella noche del 15 de mayo de 2004, en la bahía de Acapulco, Jaime Camil reunió a un grupo de amigos a bordo del yate familiar. La música, el alcohol, las luces reflejadas en el agua negra, el horizonte de hoteles que parpadeaban a lo lejos.

Erika Buenfil llegó con sus amigos. Junior llegó por separado. Se reencontraron a bordo. Nadie en la fiesta sabía que él tenía novia desde hacía tres meses en Ciudad de México. Erika tampoco lo sabía. Lo que pasó esa noche fue lo que pasa en miles de fiestas privadas de gente con dinero todos los fines de semana en este país.

Salieron a navegar. La fiesta se prolongó y en algún momento de esa madrugada, en uno de los camarotes inferiores, mientras el yate se mecía con la marejada, fue concebido el niño que iba a llamarse Nicolás de Jesús Buenfil López. La frase exacta que la periodista Erica Roa pronunció al narrar este episodio fue: “Ahí concibieron a Nicolás en el yate al baibén de las olas.

Suena casi averso. Lo que vino después no. Tres semanas más tarde, ya de regreso en el set de corazones al límite en San Ángel, Erika empezó a sentirse mal por las mañanas. Una fatiga distinta, un mareo seco al despertar. Se cuidaba con anticonceptivos. Llevaba años con un tratamiento médico controlado que su ginecóloga le había prescrito, pero unas semanas antes había hecho un ajuste de dosis y ese ajuste mínimo fue suficiente para que el método fallara.

A una persona del equipo de vestuario, fue la primera en notarlo. Erika no podía abrocharse el pantalón de la escena del lunes. La señora del vestuario, una mujer mayor que había trabajado en Televisa toda su vida, le sugirió en voz baja que se hiciera una prueba. Erika se la hizo en su casa y cuando vio las dos rayas, lloró.

lloró de miedo, de terror, de preguntarse cómo iba a contárselo a un hombre 12 años menor que ella, que apenas conocía, con quien había tenido tres o cuatro encuentros sin compromiso. Se lo contó primero a su madre, María Marta. Y María Marta, aquella regiomontana firme, le dijo lo que solo una madre dice cuando una hija de 41 años le dice que está embarazada.

que adelante, que ese niño iba a llegar bendecido, que ella iba a estar al lado siempre. Anota ese nombre también. María Marta López es la madre de Erika. Es la única persona que la sostuvo durante los 9 meses siguientes. Y es además la mujer que va a aparecer otra vez al final de esta historia, dos años después.

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