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GLORIA TREVI: Lo Que Andrade Les Hacía a las Niñas Mientras TODO México la Veía Cantar

GLORIA TREVI: Lo Que Andrade Les Hacía a las Niñas Mientras TODO México la Veía Cantar

26 de noviembre de 2025. Un hombre de 70 años aparece en YouTube. Lleva cubrebocas, lentes de sol y el pelo lleno de canas. Se graba desde lo que él mismo describe como un bellísimo rincón de nuestro planeta, sin decir dónde está. sonríe detrás de la tela que le cubre la boca y dice con una voz que suena a quien acaba de despertar de una siesta larga y placentera.

Estoy muy contento, muy contento, porque ya en unas horas viene el estreno de mi nuevo material, mis nuevas canciones. Anuncia un disco de 12 canciones. Lo titula La luna no ha cambiado nada y cierra el video con una frase que a cualquiera le parecería inofensiva si no supiera quién es el hombre que la pronuncia.

Aquí ustedes van a sentir ese cariño, ese afecto por la música, por nuestra vida a por la existencia. Ese hombre se llama Sergio Gustavo Andrade Sánchez. Nació en Cuatzacoalcos, Veracruz. Fue condenado por los delitos de rapto, violación agravada y corrupción de menores. Cumplió 7 años y 10 meses en la cárcel. Las víctimas que lo denunciaron eran niñas.

Tenían 12, 13, 14, 15 años cuando él empezó a violarlas. Algunas quedaron embarazadas. Una fue sentenciada a 500 latigazos con cable. Otra fue obligada a abandonar a su bebé, recién nacido en un orfanato de España. Otra más escribió un libro para contar lo que vivió y la industria del espectáculo la trató como si fuera una mentirosa buscando fama.

Y ahora, 27 años después de que todo salió a la luz, este hombre aparece en internet diciendo que está muy contento y que quiere que sintamos cariño por la vida. Pero lo que hace esta historia distinta a cualquier otra que hayas escuchado sobre Sergio Andrade no es lo que él hizo. Es quien lo ayudó a hacerlo.

Es el nombre que tú conoces, el nombre que tú cantabas, el rostro que tú veías en tu televisión, el nombre que hoy llena estadios de 22,000 personas. Porque la historia del clan Trevi Andrade no es solo la historia de un depredador que capturaba niñas, es la historia de cómo una industria entera, productores, televisoras, disqueras, programas de espectáculos, miró hacia otro lado durante más de una década porque el negocio era demasiado bueno para hacerse preguntas.

Y es la historia de una mujer que entró a esa máquina siendo una niña, que fue destruida por ella y que, según los testimonios de las otras víctimas, terminó convirtiéndose en la pieza más eficaz del engranaje. E se llama Gloria de los Ángeles, Treviño Ruiz. Tú la conoces como Gloria Trevi. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron de esta historia.

Primero, lo que Sergio Andrade les hacía a las niñas dentro de lo que él llamaba su academia de talentos, el sistema de tortura psicológica, física y sexual que mantenía funcionando mientras todo México cantaba pelo suelto. Segundo, lo que Gloria Trevi hacía cuando Andrade le ordenaba traer a las nuevas niñas y por qué las propias víctimas la señalan como la reclutadora que las convenció de entrar al infierno.

Tercero, el juez que la absolvió en 2004 no tenía título profesional para ser juez y ahora trabaja como parte de su equipo de defensa. Y cuarto, en marzo de 2026, Argentina acaba de reabrir el caso contra ella, una contra Andrade y contra Mary Boquitas, mientras Andrade lanza un disco desde algún lugar del mundo como si nada hubiera pasado.

Y Gloria llena un estadio en Los Ángeles celebrando su cumpleaños. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas revelaciones, pero para entender cómo fue posible que todo esto ocurriera delante de millones de personas y nadie hiciera nada, necesitas conocer primero el mundo que construyó a esta mujer. Porque esta historia no empieza el día que todo se derrumbó, empieza mucho antes.

empieza en un estudio de grabación de la ciudad de México a mediados de los años 80, cuando un productor que el mundo del espectáculo llamaba El señor Midas conoció a una niña de 15 años que quería ser estrella y empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión. Tú, para entender lo que pasó, hay que entender primero quién era Sergio Andrade antes de que el mundo supiera lo que era, porque no apareció de la nada.

No era un desconocido. Era uno de los productores musicales más respetados de México. Había estudiado piano en el Conservatorio Nacional de Música. Había producido discos para lucero. Sí, la lucero que tú conoces. la de electricidad, la que vendió más de un millón de copias con el disco que él le produjo cuando ella era adolescente.

Había trabajado con Yuri, con César Costa, con Crstal. Todo lo que Andrade tocaba se convertía en oro. Por eso lo llamaban el señor Midas. Las disqueras lo buscaban. Las familias le llevaban a sus hijas con la esperanza de que él las convirtiera en la próxima gran estrella de la música mexicana. Y él las recibía, las evaluaba, las seleccionaba.

Recuerda esa palabra, seleccionaba. La vas a necesitar para entender el final. Su hermano mayor, Eduardo Andrade Sánchez, era político del PRI, exdiputado federal, exsenador. La familia Andrade no era cualquier familia. Tenían conexiones, tenían poder, tenían acceso. Sergio se movía por la industria del entretenimiento mexicano de los 80 y 90 como alguien intocable.

Nadie le hacía preguntas. Nadie cuestionaba por qué un hombre de más de 30 años vivía rodeado de adolescentes. Nadie se detenía a pensar por qué las niñas que entraban a su academia de talentos dejaban de tener contacto con sus familias. El negocio funcionaba, los discos vendían, las giras llenaban. Y en la industria del espectáculo mexicano de esa época, eso era lo único que importaba.

Quizá tú recuerdas esa época ni quizá tuviste alguna de esas niñas en la televisión y pensaste que estaban viviendo su sueño. Quizá tú compraste los discos que ellas grabaron. Quizá hasta quisiste que tu hija o tu sobrina tuviera esa oportunidad. No te culpo. Nadie podía ver lo que pasaba detrás de las cámaras.

Pero hoy sí se puede y hoy te lo voy a contar. Ahora piensa en la Ciudad de México de 1982. Una niña de 14 años, flaca, con una energía que no le cabía en el cuerpo, viaja desde Monterrey con su mamá para participar en un concurso del programa X2 de Televisa. El concurso busca a la doble de Chispita, el personaje de la niña Lucero.

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