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En medio de criminales… Bukele descubre a un estudiante inocente

El corazón de Daniel latía con fuerza en su pecho y lo único en lo que podía pensar era, “Mi madre me está esperando. Mi padre no sabe dónde estoy. ¿Cómo he acabado aquí?” Pero nadie oía sus gritos. Cuando se cerraron las pesadas puertas de Zecot, el mundo de Daniel se redujo de repente. Los gritos que resonaban entre los gruesos muros de hormigón, el chirrido de las puertas de hierro y los pasos firmes de los guardias, todo era aterrador.

Sin embargo, él solo era un estudiante que volvía a casa desde la escuela. Cuando lo empujaron a su celda, se sentó en la cama con el uniforme roto y moretones en la cara. Se cubrió el rostro con las manos desesperado, y susurró, “No soy culpable.” Pero nadie lo escuchó. Las lágrimas brotaron de sus ojos y la cálida voz de su madre resonó en sus oídos.

Esa noche para Daniel el significado de la libertad parecía tan simple como el abrazo de una madre, pero también tan lejano. Pasaron varias semanas. Una mañana se escucharon pasos pesados en los pasillos d

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