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Ava Gardner: La mujer que Sinatra nunca pudo controlar… y así terminó

Nunca ha salido de Carolina del Norte y Virginia. El tren cruza el país durante días paisajes que cambian por la ventana, montañas que nunca había visto, desiertos que le parecen de otro planeta. llega con una maleta pequeña de cartón, un vestido que su madre le hizo con tela comprada en oferta y terror absoluto que la hace sentir náuseas.

Los estudios MGM en Colver City son como una ciudad dentro de una ciudad. Enormes hangares que son sets de filmación, calles falsas que parecen Nueva York o París o el viejo oeste, cientos de personas moviéndose con propósito actores, técnicos, directores, secretarias. Aba nunca ha visto nada así. Hace una prueba de pantalla.

Es un desastre absoluto. Está tan nerviosa que las manos le tiemblan. Apenas puede hablar. Su acento sureño es tan fuerte, tan cerrado, que los ejecutivos de Nueva York y los ángeles apenas la entienden. Suena como si tuviera canicas en la boca, dicen. Lee líneas de un guion que le dan. Las palabras salen mal. Tropieza.

Se olvida de dónde estaba. Claramente no puede actuar. Pero cuando los ejecutivos ven el footage de la prueba en la sala de proyección, con las luces apagadas y su rostro enorme en la pantalla plateada, algo sucede. La cámara la ama. No es solo que sea hermosa. Hollywood está lleno de chicas hermosas. Es algo más.

La forma en que la luz captura su rostro, la vulnerabilidad en sus ojos, el contraste entre su timidez y esos pómulos que podrían cortar vidrio. No puede actuar, dice un ejecutivo. No importa, dice otro. Mira esa cara. Le dan un contrato de $50 a la semana. Para Aba, que creció comiendo lo que su familia podía cultivar, $50 a la semana es una fortuna imposible.

MGM la pone en el sistema de estrellas. Es una fábrica. Literalmente toman chicas bonitas y las convierten en producto. Clases de adicción 5co días a la semana con un coach que la hace repetir frases una y otra vez hasta que su acento se suaviza. The rain Spa in the plane. Repite hasta que las palabras pierden significado.

Clases de actuación donde le enseñan cómo pararse, cómo sentarse, cómo inclinar la cabeza para que la luz capte sus pómulos. No le enseñan a conectar emocionalmente con un personaje, le enseñan a verse bien haciéndolo. Clases de baile, de canto, de cómo caminar con tacones altos sin tambalearse. La estudian como si fuera un problema matemático.

Su rostro desde todos los ángulos bajo diferentes luces. ¿Qué colores la favorecen? ¿Qué peinados funcionan mejor? Toman cientos de fotos de prueba experimentando con maquillaje, con iluminación. con la posición de su cabeza. Y Aba obedece todo porque no sabe qué más hacer, porque está aterrada de que si no obedece la mandarán de vuelta a Carolina del Norte.

Los primeros dos años en Hollywood son ejercicio de frustración, papeles tan pequeños que son básicamente decoración. La chica bonita en el fondo del bar, la secretaria que trae café. Líneas como Más café, señor, que podría decir cualquier persona. MGM la usa en pósters más que en películas, su rostro vendiendo películas donde apenas aparece.

Pero Aba está completamente sola en Hollywood, 18, 19 años. Vive en un apartamento pequeño que MGM le alquila. Un estudio con cama plegable y una cocina del tamaño de un armario, sin familia, sin amigos reales. Las otras actrices jóvenes compiten con ella por papeles, no son amigas. Come sola en la cafetería del estudio, va al cine sola los domingos, escribe cartas a su madre que nunca sabe exactamente qué decir y entonces conoce a Mickey Rooney.

Mickey Rooney en 1941 es una de las estrellas más grandes de Hollywood. 22 años, famoso desde que era niño. La serie de Andy Hardy, Babes in Arms con Judy Garland, ganando más dinero que casi cualquier otro actor en el estudio. Carismático, energético, gracioso, el tipo de persona que llena una habitación solo con entrar. Ve a caminando por el lote del estudio un día y queda completamente obsesionado.

La corteja con intensidad que aterra y emociona a Aba en partes iguales. Flores que llenan su pequeño apartamento. Llamadas telefónicas constantes. Aparece sin avisar en su puerta con cenas de restaurantes caros. La lleva a fiestas donde conoce a estrellas que solo ha visto en pantallas. Clark Abel, John Crawford, Spencer Tracy y Aba, que está sola y perdida en Hollywood, que nunca ha tenido un novio real, que sigue siendo básicamente la niña tímida de Carolina del Norte bajo todo el maquillaje y las clases de MGM, se

enamora o cree que se enamora. Es difícil saber la diferencia cuando tienes 19 años y alguien te hace sentir importante por primera vez en tu vida. Se casan el 10 de enero de 1942. Ella tiene 19 años. El 22 es boda grande en una iglesia con prensa y fotógrafos y MGM orquestando todo como publicity stunt.

La luna de miel dura aproximadamente dos semanas. El matrimonio real dura poco más de un año. Porque Mickey Rooney tiene un problema que Aba no vio cuando lo conoció, que estaba oculto bajo todo el encanto y las flores y la atención. es completamente incapaz de serle fiel a alguien. Tiene aventuras con actrices, con extras, con coristas, con camareras, con básicamente cualquier mujer que le preste atención. Aba lo descubre.

Por supuesto que lo descubre. Lápiz labial en camisas, llamadas telefónicas que Mickey cuelga cuando ella entra al cuarto, rumores que le llegan de amigos bien intencionados. Cuando lo confronta, él primero lo niega. Luego lo admite, pero dice que no significa nada. Luego la culpa a ella es demasiado insegura, demasiado celosa, demasiado aburrida en casa.

Aa, que ya es naturalmente insegura, que no confía en su propio valor, empieza a creerlo. Tal vez es culpa de ella. Tal vez si fuera más interesante, más inteligente, mejor actriz, mejor en la cama, [carraspeo] Mickey no necesitaría buscar en otro lado. Se divorcian en mayo de 1943, 20 años, divorciada. Y Aba aprende algo que llevará el resto de su vida como cicatriz invisible.

No importa qué tan hermosa seas, los hombres te van a lastimar de todas formas. Pero hay algo más que aprende, algo más peligroso, más tóxico. Aprende que tal vez se merece que la lastimen, que hay algo fundamentalmente mal con ella que hace que los hombres necesiten buscar en otro lado.

Cuando alguien te dice repetidamente que eres demasiado, demasiado insegura, demasiado celosa, demasiado sensible, demasiado demandante, eventualmente empiezas a creerlo. Eventualmente internalizas que el problema no es que te lastimen, sino que provocas que te lastimen. Si esta historia te está resonando, si reconoces estos patrones en tu propia vida o en mujeres que conoces, suscríbete al canal.

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