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ELBA ESTHER GORDILLO: Se Casó con el Abogado 41 Años Menor… Y Su Hija Jamás Volvió a Hablarle

Nadie sabía quién era realmente. Recuerda esa fecha, 23 de abril de 1989. Es el día en que nació la maestra como figura nacional y es también el día en que, sin que nadie lo supiera, empezó a construirse la arquitectura del desastre que iba a estallar 24 años después. Para entender quién era esa mujer, hay que volver a Comitán. Chiapas, 1945.

Un pueblo del sur de México, frío, con casas de adobe, camino sin asfaltar. La niña Elba Ester nació en una familia de clase media rural, hija de un agrónomo y una maestra. Perdió a su padre siendo muy pequeña. Su madre, pues según la propia Elva Ester contó en sus memorias décadas después, trabajó hasta la extenuación para mantener a la familia.

La niña Elva Ester creció con dos convicciones que nunca la abandonaron. La primera, que una mujer sola con hijos en el México rural de los años 50 estaba destinada a ser aplastada. La segunda, que para escapar de ese destino había que pelear por cada centímetro de poder que se pudiera conseguir. A los 18 años se casó por primera vez con un profesor llamado Arturo Montelongo Martínez. Era 1963.

Con él tuvo a su hija Maric Cruz. A ese nombre vas a volver. A ese nombre vas a volver muchas veces en esta historia. En 1970, Elva Ester se mudó al municipio de Nezaalcoyotl en el Estado de México, uno de los lugares con más pobreza urbana del país en esa época. Ti ciudad Neza. En esos años era casi un campamento humano, calles sin asfalto, casas construidas con lámina y cartón, agua que llegaba en pipas cuando el gobierno se acordaba.

Y ahí, en ese escenario, empezó su doble vida. De día era maestra de primaria. Daba clases a niños que llegaban descalzos, que no tenían desayuno, que vivían en casas donde se filtraba el agua cuando llovía. De noche empezó a militar en el PRI y a subir los peldaños del sindicato. Era inteligente, rápida, ambiciosa.

Tenía memoria para los nombres, para las fechas, para los favores. Se hizo notar entre los líderes seccionales del Estado de México. En 1971 se casó por segunda vez, ahora con Francisco Arriola Urbina. Pero el matrimonio duró lo que duran las ambiciones cuando se vuelven más grandes que la vida privada.

Poco los años 70 en México fueron los años del hecheverrismo y del populismo priista. Los años en que los sindicatos oficiales eran la herramienta política más importante del régimen. Elbaester aprendió en esos años tres cosas que iba a usar durante el resto de su carrera. La primera, cómo mover a miles de personas a un evento sin que parezca un acarreo.

La segunda, ¿cómo conseguir que una comisión sindical te firme lo que necesitas sin leer el documento? Y la tercera, la más importante, cómo construir lealtades personales que sobrevivan a los cambios de gobierno. Para finales de los años 70, ya era secretaria general de la sección que agrupaba a los maestros del Valle de México.

Cuando Salinas la subió al Poder Nacional en 89, ella llevaba más de una década operando en el corazón mismo del aparato sindical. Osalinas no puso a una subordinada ingenua, puso a una mujer que llevaba 10 años aprendiendo a pelear por dentro. Para finales de los años 80, Elva Ester ya era diputada federal, líder seccional y pieza menor dentro del tablero mayor.

Tenía apenas 44 años cuando Salinas la nombró. Y esa es quizá la decisión política más importante que tomó el salinismo en materia sindical. Porque al colocar a Elva Ester Gordillo al frente del SNTE, Salinas creyó que estaba poniendo a una subordinada maleable, fácil de controlar, una mujer sin base propia que iba a deberle todo.

Se equivocó. se equivocó profundamente. En menos de 3 años, Elva Ester ya tenía su propia red, sus propios diputados, su propio partido interno, sus propios ingresos. Y cuando Salinas quiso removerla en 1994, descubrió que ya no podía. Guarda ese dato en la memoria, porque eso es lo que en política se llama un error fatal, darle demasiado poder a alguien creyendo que va a seguir siendo dependiente.

El poder, cuando se usa con habilidad, cambia al que lo recibe antes de que el que lo dio se dé cuenta. Durante los años 90, bajo la presidencia de Cedillo, Elva Ester Gordillo consolidó una maquinaria que nunca antes había existido en el sindicalismo mexicano. Cada maestro del país pagaba una cuota mensual al SNTE.

Esa cuota se descontaba directamente de su nómina sin que el maestro pudiera oponerse. El SNTE recibía mes tras mes una cantidad de dinero que nadie auditaba, que nadie cuestionaba, que no rendía cuentas a nadie. Se estima que entre 1989 y 2013 te emovió más de 60,000 millones de pesos en cuotas sindicales. 60,000 millones.

ni una sola auditoría externa en todo ese tiempo. Y al frente de ese río de dinero, una mujer que durante esos años se compraba bolsos hermés, cirugías plásticas y casas en el extranjero. Pero antes de entrar en los lujos, quiero que te detengas un momento en una historia muy concreta, una historia que casi no se cuenta.

Quiero que recuerdes un nombre. Iraní Contreras Aragón, una niña de Oaxaca. En 2009, la familia de irí participó en una rifa que organizó el SNT Edelva Ester Gordillo. Se llamaba Por nuestras escuelas, hagamos la tarea. El boleto costaba 100 pesos. Había 59 camionetas Hammer modelo H, tres de ese año para rifar, cada una con un valor de 41,900.

Iraní ganó una. La familia se emocionó. Salieron en los periódicos. Les tomaron fotos al lado del monstruo negro de 3 toneladas. Cuando la emoción bajó, la madre de iraní, Irma Aragón Pérez, se dio cuenta de un detalle. Esa camioneta necesitaba 32 galones de gasolina para llenar el tanque y ellos no tenían ni para el desayuno.

Irma Aragón Pérez salió en los medios a explicar lo que iba a hacer. iba a vender la camioneta, iba a usar el dinero para comprar un terreno y construirle una casa a su hija, porque esa familia vivía en un cuarto prestado. Esa era la realidad de los maestros rurales mexicanos en 2009, una familia a la que le regalan 41,900 y lo primero que hace es venderlo porque no tiene donde vivir.

Mientras tanto, en San Diego, California, no a la mujer que había organizado esa rifa compraba en la tienda Neyman Marcus. Bolsos que costaban más de lo que Iraní Contreras Aragón iba a recibir por vender la Hammer completa. Recuerda ese nombre, Iraní Contreras Aragón. Vas a volver a escucharlo. Porque lo que pasó con Iraní y su madre Irma no fue una excepción, fue la regla.

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