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El día que cinco maestros de Wing Chun desafiaron a Bruce Lee en Hong Kong y el Gran Maestro Ip Man dio su veredicto definitivo

El distrito de Kowloon, en Hong Kong, alberga pasajes y edificios que custodian los secretos mejor guardados de la historia de las artes marciales. En marzo de 1967, la sede de la Asociación de Wing Chun, ubicada en el tercer piso de un viejo edificio que funcionaba como escuela desde 1923, se convirtió en el escenario de una de las reuniones más tensas y trascendentales de la época. En ese espacio, impregnado del aroma a aceite de linimento y con un suelo de madera pulido por generaciones de practicantes, se citó a un joven y ya polémico Bruce Lee.

La convocatoria había llegado tres días antes al apartamento de sus padres: una nota escrita a mano con un lenguaje respetuoso pero un mensaje directo y tajante. Los maestros senior de la asociación requerían su presencia para discutir formalmente el rumbo de sus recientes enseñanzas en Occidente. Lee acudió a la cita vestido de manera deliberadamente sencilla, con pantalones oscuros y una camisa blanca común, dejando de lado el uniforme tradicional. Al cruzar el umbral, se topó con un semicírculo integrado por cinco hombres mayores de 50 años, todos portando sus trajes clásicos de Wing Chun. Bruce reconoció de inmediato a cuatro de ellos; eran los superiores que habían corregido sus posturas y refinado sus movimientos durante su adolescencia. El quinto miembro, cuya identidad exacta desconocía, irradiaba una autoridad y antigüedad que imponía un respeto reverencial.

El ambiente estaba cargado de una solemnidad electrizante. Además de los exa

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