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EL CASO QUE CONGELÓ CHILE: FAMILIA, VIAJE Y UNA DESAPARICIÓN INEXPLICABLE

Roberto había llevado el auto a revisar en un taller mecánico de confianza el 8 de julio. El mecánico, don Héctor Parra, un hombre de 58 años que llevaba más de 30 trabajando en el mismo local de avenida Pajaritos, declaró más tarde a la PDI que el vehículo estaba en perfectas condiciones. Le cambié el aceite, revisé los frenos, las luces, todo.

Ese auto podía llegar a Puntaaren Arenas sin problemas. Don Héctor recordaba perfectamente esa revisión porque Roberto le había comentado mientras tomaban un café en el taller que estaba ansioso por este viaje. Era la primera vez en 3 años que iban a poder hacer unas vacaciones de verdad como familia. El sábado 13 de julio por la noche, Roberto cargó el auto.

Los vecinos lo vieron bajando maletas, bolsas de supermercado, juguetes de Sofía. La señora Marta Contreras, que vivía en el departamento de al lado, recuerda haberlo saludado. Le pregunté si ya estaban listos para el viaje y él me dijo que sí, que estaban entusiasmados. Se veía contento, relajado. Me dijo, “Nos vemos en una semana, vecina.

Esas fueron sus últimas palabras conmigo. La familia se levantó temprano el domingo 14 de julio a las 6:43 de la mañana, las cámaras de seguridad del edificio registraron a los 4 saliendo al estacionamiento subterráneo. Roberto vestía una chaqueta de North Face azul marino, jeans y zapatillas. Claudia llevaba un abrigo beige, pantalones negros y botas.

Los niños iban con sus mochilas escolares adaptadas para el viaje. En las imágenes se los ve charlando. Sofía ríe por algo que dice su hermano. Es la última vez que alguien en ese edificio los vería. Parteron exactamente a las 7:02 de la mañana, según el registro de salida del portón automático del edificio. La temperatura en Santiago era de 4 gr con cielo nublado, pero sin lluvia.

Roberto tomó la ruta 5 sur, la principal autopista que conecta Santiago con el sur de Chile. Es un camino que él conocía bien. Lo había recorrido decenas de veces en viajes laborales. La primera parada documentada fue en Angostura a las 7:51 de la mañana. El peaje electrónico Tag registró el paso del vehículo.

43 minutos después, a las 8:34, pasaron por el peaje de Pelequen. Todo normal hasta ese momento. 13 minutos más tarde, a las 8:47 llegaron a la estación de servicio COPEC de San Fernando. Las imágenes de esa parada son cruciales en la investigación. Roberto baja del auto con movimientos tranquilos, sin prisa.

Inserta la manguera en el estanque mientras Claudia abre la puerta trasera y ayuda a Sofía a bajarse. Matías sale por su cuenta, estirándose como quien lleva una hora sentado. Los tres entran al minimarket mientras Roberto termina de cargar. Son exactamente las 8:49 de la mañana. En el interior del minimarket, las cámaras muestran a Claudia comprando bebidas, snacks, una revista de crucigramas.

Matías escoge un sándwich de la sección refrigerada. Sofía mira los dulces, pero su madre le dice que no con la cabeza y la niña acepta sin berrinche. Son escenas absolutamente cotidianas. Pagan en efectivo 23,000 pesos. La cajera Javiera Muñoz, de 24 años, los recordaría después. La señora era amable. Me dijo que iban a Puerto Varas.

Le comenté que era lindo y ella sonrió. Los niños se veían bien, normales, nada extraño. A las 8:56 de la mañana, los cuatro suben nuevamente al rap. Roberto ajusta el espejo retrovisor. Claudia le dice algo que las cámaras no captan, pero que la hace reír. Matías ya está con audífonos puestos mirando por la ventana.

Sofía abraza un peluche pequeño, un conejo rosado que llevaba a todas partes. A las 8:58, el auto sale de la estación de servicio y gira hacia la ruta 5 sur, dirección sur. Esa fue la última vez que alguien los vio con certeza. Lo que debería haber seguido era simple: continuar por la ruta cinco sur, pasar por Curicó, Talca, Chillán, Los Ángeles, Temuco, Osorno y finalmente llegar a Puerto Varas.

Un trayecto de aproximadamente 12 horas comparadas. El GPS del teléfono de Roberto, según los registros posteriores de la compañía telefónica, marcó su última ubicación a las 9:23 de la mañana en un punto de la ruta 5 sur. entre San Fernando y Chimbarongo, exactamente en el kilómetro 137. Después de eso, nada, silencio absoluto. El peaje siguiente en San Fernando Sur nunca registró el paso del vehículo.

Tampoco lo hizo ningún otro peaje en toda la ruta. El tag de Roberto, que funcionaba perfectamente, simplemente dejó de marcar. Los teléfonos celulares de Roberto y Claudia se apagaron casi simultáneamente entre las 9:23 y las 9:31 de la mañana. No hubo más llamadas, no hubo más mensajes, no hubo más señales de GPS, era como si la tierra se los hubiera tragado en ese momento.

Por supuesto, nadie sabía que algo malo había ocurrido. Patricia, la hermana de Claudia, esperaba un mensaje confirmando que habían llegado bien a la cabaña. Los dueños de la cabaña en Puerto Varas esperaban que llegaran a hacer el checkin a las 208 horas. Los colegas de Roberto asumían que estaba disfrutando de sus vacaciones.

Los profesores del colegio donde estudiaban los niños ni siquiera pensaban en ellos. Era periodo de vacaciones, pero en algún lugar de la ruta 5 sur, en un tramo de carretera que miles de personas recorren cada día, algo había sucedido, algo que cambiaría para siempre la vida de decenas de personas y que se convertiría en uno de los misterios más perturbadores de Chile.

¿Qué pasó en esos 30 km entre San Fernando y Chimbarongo? ¿Por qué una familia entera desapareció sin dejar rastro en una de las carreteras más transitadas del país? ¿Fue un accidente, un crimen, un error humano catastrófico? Si esta historia te está impactando tanto como a nosotros, no olvides suscribirte y activar las notificaciones.

Comparte este video para que más personas conozcan este caso y déjanos en los comentarios qué crees que pudo haber pasado. ¿Has viajado alguna vez por la ruta 5 sur? Son las 21:47 del domingo 14 de julio de 2019. Patricia Sepúlveda, hermana mayor de Claudia, marca por décima vez consecutiva el número de celular de su hermana.

Como las nueve veces anteriores, entra directamente al buzón de voz. Hola, déjame tu mensaje. La voz de Claudia, alegre y despreocupada en esa grabación, contrasta brutalmente con la angustia creciente de Patricia. Prueba con el teléfono de Roberto. Mismo resultado. Buzón de voz. Patricia mira la hora. Ya son casi las 10 de la noche.

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