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EL CASO QUE CONGELÓ A PERÚ: una pareja se despidió en el aeropuerto y nunca volvió a verse

Me llamo Clara Sotomayor. Soy periodista. En 2006 tenía veintinueve años, una libreta barata, un sueldo ridículo y una fe bastante ingenua en que la verdad siempre encontraba una grieta por donde salir.

Hoy ya no soy tan joven ni tan optimista.

Pero sigo creyendo en las grietas.

Cubrir el caso de Valentina Arce y Nicolás Quiroga fue una de esas experiencias que te cambian el oficio por dentro. Antes de ellos, yo pensaba que investigar era ordenar datos: fechas, llamadas, cámaras, declaraciones, horarios. Después entendí que investigar también es escuchar los silencios. Sobre todo los silencios.

Y en este caso había demasiados.

La mañana de la desaparición yo estaba en mi apartamento de Lima, tomando café recalentado y peleándome con un artículo sobre corrupción municipal, cuando me llamó mi editor.

—Clara, deja lo que estés haciendo.

—Estoy intentando salvar una frase horrible.

—Ya no. Se perdió la hija de Ramiro Arce.

Ramiro Arce.

Ese nombre pesaba. Pesaba en política, en bancos, en construcción, en logística, en aeropuertos, en hoteles, en ministerios. Arce no era solo un empresario rico. Era uno de esos hombres que parecían tener una silla reservada en todas las habitaciones donde se decidía algo importante.

—¿Secuestro? —pregunté.

—No se sabe. También desapareció el novio.

—¿Qué novio?

—Uno que la familia no quería.

Ahí empezó todo.

Cuando llegué al aeropuerto, la entrada estaba llena de policías, cámaras, escoltas y gente mirando sin saber muy bien qué miraba. Esa mezcla tan nuestra de miedo y curiosidad. No lo digo con desprecio. Todos somos un poco así. Cuando el dolor ajeno ocurre cerca, una parte de nosotros quiere apartarse y otra parte no puede dejar de mirar.

El aeropuerto seguía funcionando. Eso era lo más extraño. Una familia se rompía en una sala privada, pero los vuelos salían, los altavoces anunciaban embarques y una señora discutía con un empleado porque su maleta pesaba cuatro kilos de más.

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