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Colosio: Su Esposa Moría de Cáncer en SECRETO… Murió Buscando la Verdad 8 Meses Después

Nadie en aquellos años de ascenso habría imaginado que a los dos, marido y mujer, les quedaba tan poco tiempo, que el año 1994 se los llevaría a los dos con apenas 8 meses de diferencia. Se enamoraron, se casaron en el año 1984 y empezaron a construir una vida que parecía sacada de un guion perfecto. Tuvieron a su primer hijo, Luis Donaldo, en 1985 y años después, tras esperar mucho, llegó su segunda hija, Mariana, en 1993.

Guarda esos dos nombres. Luis Donaldo, hijo, y Mariana, porque estos dos niños, uno de 9 años, la otra de apenas uno, son las víctimas más silenciosas de toda esta historia. dos criaturas que iban a perder a su padre y a su madre en el mismo año. Pero antes de seguir con la tragedia, déjame contarte quién era él de verdad, porque la imagen que quedó de Colosio es la del mártir y era mucho más que eso.

Luis Donaldo venía de Magdalena de Quino, un pueblo de Sonora, tierra de desierto y de gente recia. No venía de Cunar Rica, era hijo de un comerciante. Estudió, se preparó, se formó como economista y completó estudios en el extranjero. Era de esos hombres que escalaron a base de disciplina, no de apellido, tranquilo, trabajador, de los que escuchan más de lo que hablan.

Dentro del partido, Colosio fue subiendo escalón por escalón. fue diputado, fue senador, llegó a presidir el propio PRI, el partido en el poder, y después tuvo a su cargo una de las secretarías más importantes del gobierno de Salinas, la que manejaba los programas sociales, el famoso programa de solidaridad que llevaba obras y apoyos a los pueblos más pobres del país.

Eso le dio algo que pocos políticos tienen. Conocía la pobreza de México de cerca. Había estado en las comunidades, en los pueblos olvidados, en las colonias sin agua. Por eso, cuando habló de un México con hambre y sed de justicia, no era una frase de discurso vacío, era algo que había visto con sus propios ojos.

Y a su lado siempre Diana Laura. tenía un papel mucho más hondo que el de acompañante. Era economista igual que él, inteligente, de carácter, con opiniones propias. De las mujeres que entienden de política tanto como sus maridos, aunque en aquella época el reflector siempre fuera para ellos. Quienes los conocieron decían que ella era su consejera, su sostén, su brújula, que Colosio confiaba en su criterio como en el de nadie.

Eran, en el sentido más real de la palabra un equipo y ese equipo estaba a un paso de llegar a la cima del poder en México. Mientras la familia crecía, la carrera de Colosio despegaba. Y tienes que entender cómo funcionaba el poder en México en aquellos años, porque sin eso nada de esto tiene sentido. En aquella época gobernaba un solo partido.

El PRI llevaba más de seis décadas ininterrumpidas en el poder y había una regla no escrita que todo el país conocía. El presidente en turno señalaba con el dedo a su sucesor. Le decían el dedazo. El que era elegido candidato del PRI tenía prácticamente la presidencia asegurada porque ese partido ganaba todas las elecciones. Así que cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari eligió a Colosio como candidato en los hechos lo estaba señalando como el próximo presidente de México.

Y aquí viene algo que quiero que entiendas porque es el corazón de toda esta historia. En ese sistema, el candidato no era un hombre libre, era una pieza de una maquinaria enorme, antigua y poderosa. Y en esa maquinaria, cuando una pieza se salía del lugar que le tocaba, podía ser reemplazada. Recuerda esto.

Lo vas a necesitar para entender por qué tanta gente, incluida su propia esposa, nunca creyó que un solo hombre, actuando solo hubiera matado a Colosio. Porque 17 días antes de los disparos pasó algo. El 6 de marzo de 1994, frente al monumento a la revolución ante decenas de miles de personas, Colosio dio un discurso que cambió su destino.

Un discurso donde se atrevió a criticar al propio sistema que lo había encumbrado, donde habló de los errores del partido, de la corrupción, de la necesidad de cambiar y donde dijo una frase que pasaría a la historia. Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Recuerda esa frase, repítela en tu mente, un México con hambre y sed de justicia.

Porque 17 días después de decirla lo mataron. Porque la justicia que él pidió nunca llegó. y porque su esposa moriría 8 meses más tarde, exigiendo esa misma justicia con el último aliento que le quedaba. Esa frase va a volver y cada vez que vuelva va a pesar más. Porque aquel discurso del 6 de marzo fue mucho más que una frase bonita.

Fue el momento en que Colosio se atrevió a hablarle al sistema de frente. Ante decenas de miles de personas, criticó las viejas prácticas del partido, la corrupción, la necesidad de un cambio real. Y eso en aquel México era casi una herejía. Un candidato del partido en el poder no critica al partido en el poder.

No se muerde la mano que lo encumbró. Pero Colosio lo hizo y mucha gente que estaba ahí y mucha gente que lo vio por televisión sintió algo raro, un escalofrío, la sensación de que aquel hombre acababa de cruzar una línea peligrosa. De hecho, con los años se volvió casi una creencia popular que aquel discurso firmó su sentencia, que al marcar distancia del presidente, al hablar de cambio, Colosio se convirtió en un estorbo para los intereses del viejo poder.

Otra vez, querida audiencia, te lo marco. Eso es interpretación, es la lectura que hizo el país, no una verdad probada en un juzgado. Pero el dato frío es escalofriante por sí solo, 17 días. Eso fue lo que pasó entre el discurso más valiente de su vida y los dos disparos de lomas taurinas. 17 días entre hablar de un México con hambre y sed de justicia y morir sin alcanzar a ver ni un gramo de esa justicia.

Lo que pasó dentro del matrimonio Colosio en esas semanas, el secreto que cargaban mientras el país los veía como la pareja presidencial perfecta, es lo primero que te prometí y está a punto de llegar. Pero antes necesito que sepas algo que casi nadie cuenta. Que mientras Colosio subía al escenario aquel 23 de marzo, en su casa había una mujer que ya sabía que se estaba muriendo y que esa mujer le había pedido a su esposo una sola cosa, que no se detuviera.

Aquí viene lo primero que te prometí, el secreto que Diana Laura ocultó durante la campaña. En marzo de aquel año, el médico de la familia, Misael Uribe, le dio a Diana Laura una noticia demoledora. Tenía cáncer de páncreas. Y si tú o alguien de tu familia ha pasado por esto, sabes lo que significa. El cáncer de páncreas es de los más crueles, de los que casi no avisan, de los que cuando se detectan ya suelen estar avanzados, de los que dejan poco margen.

Diana Laura tenía 36 años, dos hijos pequeños, un esposo a punto de convertirse en presidente y una sentencia escrita en su propio cuerpo. piensa en el momento exacto en que recibe esa noticia. Su esposo está en plena campaña presidencial, la más importante de su vida. El país entero los mira, las cámaras los siguen a todas partes y ella en una consulta médica, lejos del ruido, escucha la palabra que nadie quiere escuchar. Cáncer.

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