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CATA Domínguez: el “ÍDOLO” cancelado… La ruin FIESTA narco que DESTRUYÓ su carrera

Desde muy pequeño tuvo claro que quería jugar. Era una obsesión concreta, no solo un hobby de infancia. Sus padres lo vieron y decidieron apostar por ese camino. Cuando Cruz Azul identificó al chico en sus procesos de captación de fuerzas básicas, la familia entendió que ahí había algo real, algo que merecía sacrificio y entrega total.

Grábate esto porque es importante para dimensionar todo lo que viene después. Arriaga Chiapas no es una cantera natural de futbolistas de élite de primer nivel. Se no produce jugadores para los grandes clubes del país de manera regular y sistemática. Que un chico de ahí llegar a las Fuerzas Básicas de Cruz Azul, uno de los clubes más históricos y reconocidos del fútbol mexicano, ya era una hazaña que marcaba una diferencia enorme con respecto a la mayoría de niños que sueñan con el fútbol profesional en esa ciudad. que ese mismo

chico terminara siendo el jugador con más partidos disputados en la historia de uno de los clubes más grandes del país, el que levantó la novena estrella esperada durante más de dos décadas, el que rompió récords que llevaban más de 30 años sin ser tocados. Es algo que en Arriaga nadie hubiera predicho cuando Julio César era un niño pateando balones en las calles de su ciudad natal.

Cruz Azul lo formó desde las categorías inferiores. Lo moldeó defensivamente. Él le enseñó a leer el juego desde la saga, a anticipar, a posicionarse, a comunicarse con sus compañeros de defensa. Le inculcó la identidad celeste, el estilo de juego del equipo, la cultura institucional de uno de los clubes más particulares del fútbol mexicano.

Y el 29 de abril de 2006, bajo las órdenes del técnico Isaac Mis Raji, Julio César Domínguez hizo su debut en la primera división de la Liga MX. Tenía 18 años recién cumplidos. era el chico de Chiapas que había llegado a la gran liga y desde ese primer partido, Cruz Azul fue lo único que existió en su horizonte profesional durante la siguiente generación completa.

Escucha esto bien. En los 17 años siguientes a ese debut, el Qata no jugó para nadie más, ni un torneo en préstamo a otro club, ni una sesión temporal para más rodaje y ni un intento de salida cuando mejores equipos del país preguntaron si estaba disponible. Nada, Cruz Azul y nada más. En el fútbol moderno, donde los jugadores se venden y se compran como mercancía cada 6 meses, donde los contratos se revisan constantemente buscando el mejor postor, donde la lealtad a un club es una rareza casi arqueológica que la prensa

deportiva celebra precisamente porque es tan inusual. El cata fue una anomalía completa durante 17 años. En un mundo donde eso prácticamente no existe, solo hubo un equipo, solo una camiseta, solo una institución, la máquina cementera, Cruz Azul, la noria. Pero esa lealtad absoluta no vino acompañada de un camino recto y sencillo hacia la gloria.

Todo lo contrario. Si hay algo que define la historia futbolística del Cata Domínguez, más allá de los récords y los títulos, a todo más allá de los números impresionantes son las derrotas en las finales, las pérdidas que te rompen el corazón y te dejan sin palabras, los momentos en que la copa estaba a centímetros de tus manos y algo, siempre algo lo impedía.

Cruz Azul era el equipo que más finales jugaba y menos campeonatos ganaba en la historia de la Liga Mexicana. Y el Kata fue testigo y protagonista de esa maldición durante años. Primera final perdida, clausura 2008 contra Santos Laguna. El Cata tenía apenas 20 años, era uno de los más jóvenes del plantel. La derrota dolió, pero la lógica de la juventud y la perspectiva del tiempo decían que vendrían más oportunidades.

Eran los primeros años. Había una carrera entera por delante. Segunda final perdida. Apertura 2008 en el mismo año contra Toluca. Grábate ese número. Solo en 2008. En un periodo de 12 meses, Cruz Azul llegó dos veces al partido definitivo de la Liga Mexicana y dos veces se fue con las manos vacías. Dos finales en un solo año, dos derrotas.

El equipo que más finales disputaba en el país empezaba a cargarse con el peso específico de esa historia. Tercera final perdida. Apertura 2009 contra Rayados de Monterrey. Tres finales, tres derrotas. El equipo cargaba ya con el peso de la narrativa de la maldición. La afición celeste empezaba a hablar de ello con una combinación de humor amargo y desesperanza genuina.

El cata tenía 21 años y ya había vivido tres finales perdidas en 2 años. Para muchos jugadores, eso hubiera sido el detonador para buscar un cambio de aires. Cuarta final perdida, Clausura 2013. contra el América. Esta fue especialmente dolorosa y tiene su propia historia particular, que el tiempo no ha conseguido borrar de la memoria celeste.

Cruz Azul llevaba ventaja en la eliminatoria. El partido de vuelta se jugó en el Azteca. En los minutos finales, el equipo se vino abajo de una manera que todavía hoy los aficionados celestes prefieren no recordar con detalle. Un tiro de esquina en tiempo añadido que terminó en un autogol que significó el empate, la prórroga, los penaltis y la derrota.

El Cata llevaba ya 7 años en el equipo. Era ya un titular establecido, un referente defensivo, un capitán en cernes y seguía sin poder levantar una Copa de Liga. Quinta final perdida, Apertura 2018, de nuevo contra el América. Más de una década en el club y el título de liga seguía siendo una promesa incumplida. En ese momento ya era uno de los jugadores más veteranos, no solo de Cruz Azul, sino de toda la Liga MX.

y otra final perdida. Piensa en eso un momento. Cinco finales de Liga MX perdidas. Cinco veces llegó hasta el último escalón del sistema de eliminación más exigente del fútbol mexicano y cinco veces se cayó. Cinco veces fue parte de un equipo que cruzó toda la competencia, llegó hasta el partido definitivo y no pudo cruzar el último umbral.

Otro jugador en esa situación, con ese historial acumulado de derrotas, en el momento más importante, hubiera pedido una salida. hubiera buscado un equipo donde las finales se ganaran con más frecuencia, donde la historia no pesara tanto, donde el fantasma de la maldición no existiera. El kato, eso, se quedó, esperó, siguió entrenando, siguió compitiendo, eh siguió siendo parte del núcleo duro de la institución temporada tras temporada y esa lealtad tiene un correlato en números que resultan difíciles de ignorar para cualquiera que

entienda el fútbol mexicano. A lo largo de todos esos años, el Cata fue acumulando apariciones con el equipo de manera imparable y constante, 100 partidos, 200, 300, 400, 500. En 2020, con la cancha vacía y los estadios cerrados por la pandemia de COVID-19, llegó el momento histórico. El Cata superó el récord de Ignacio Flores como el jugador con más partidos disputados con Cruz Azul, una marca que el legendario Nacho Flores había dejado en 550 y una aparición es allá por 1989 y que durante más de 30 años nadie había

podido alcanzar, ni siquiera los mejores futbolistas del club en cada generación. El catalo rompió sin estadio lleno, eh, sin aficionados presentes para celebrarlo en medio de la pandemia y siguió jugando 552, 580, 600, 620, 655 partidos. Nadie en la historia de la Liga MX había jugado tantos partidos para un mismo equipo.

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