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Carmen Polo: Vivió Como Reina de España Sin Serlo… y Todos Se lo Permitieron

Hay un detalle particular del primer encuentro entre Carmen Polo y Francisco Franco, que pocas biografías narran con la profundidad que merece. Según el testimonio filtrado por una prima lejana de Carmen Polo en una entrevista publicada en una revista española en 1985, la primera vez que Francisco Franco intentó bailar con Carmen Polo en un salón de la burguesía obetense, ella lo rechazó.

no lo rechazó con descortesía, sino con la amabilidad distante de una joven bien educada que no encuentra al pretendiente suficientemente interesante. Franco, según la prima, no se desanimó, al contrario, a partir de ese rechazo inicial, comenzó una campaña de cortejo que duraría varios años y que, según los historiadores del franquismo, fue la primera demostración documentada de la perseverancia obsesiva que definiría después la carrera militar y política de Francisco Franco.

la convicción absoluta de que cualquier objetivo, si se persigue con suficiente constancia, termina cediendo. El padre de Carmen Polo, Felipe Polo, se opuso al noviazgo de su hija con el joven oficial durante varios años. Sus razones eran prácticas y comprensibles para la mentalidad burguesa de la época.

Franco era un militar de familia modesta, sin fortuna personal, con un padre que había abandonado a la familia para vivir con otra mujer, con un porvenir económico incierto que dependía de los caprichos de una carrera militar en tiempos revueltos. No era, según el criterio del señor Polo, el partido adecuado para una hija de la burguesía asturiana.

Pero Carmen Polo, según los testimonios de la época, no discutía con su padre sobre el asunto, simplemente continuaba viendo a Franco con la discreción suficiente para no provocar una confrontación abierta, esperando con una paciencia que sus biógrafos describen como característica absoluta de su carácter el momento en que las circunstancias le dieran la razón.

Y las circunstancias le dieron la razón de una forma que nadie en la burguesía obetense de 1923 habría podido prever. Francisco Franco ascendió en la carrera militar con una velocidad que no tenía precedentes en el ejército español de la época. Sus campañas en el protectorado de Marruecos durante los años 20 lo convirtieron en el oficial más joven de Europa en alcancer el rango de general de brigada.

A los 33 años, Francisco Franco era ya una figura nacional, el héroe militar más admirado de España. Y Felipe Polo, el burgués asturiano, que había rechazado al joven oficial por Modesto, tuvo que reconocer que su hija había elegido mejor de lo que él había calculado. 22 de octubre de 1923. Oviedo, Asturias. En la iglesia de San Juan el Real de Oviedo, Carmen Polo Martínez Valdés, con 23 años contrajo matrimonio con el general Francisco Franco Bamonde con 31 años.

La boda fue un acontecimiento social de primera magnitud en las Asturias de la época. El rey Alfonso XI, que tenía a Franco en alta estima por sus servicios en Marruetos, envió un telegrama de felicitación personal que fue leído en el banquete nupsial. La novia vistió un traje de novia de encaje de Bruselas que sería descrito durante décadas como uno de los trajes nupsales más elegantes que se habían visto en Oviedo en el siglo XX.

Hay un detalle particular de la mañana de la boda de Carmen Polo, que solo se conoció décadas después a través del testimonio de su doncella personal, publicado de forma anónima en una revista española en 1982. La doncella contaba que esa mañana, mientras ayudaba a Carmen a vestirse con el traje nupsial en la habitación principal de la casa familiar de los Polo en Oviedo, Carmen Polo le había hecho una pregunta que la doncella no esperaba.

Le preguntó, “¿Tú crees que un hombre como Francisco puede llegar a ser presidente del Consejo de Ministros algún día?” La doncella, sorprendida por la pregunta, respondió que no sabía, que eso dependía de muchas circunstancias. Y Carmen Polo, según el testimonio de la doncella, se miró en el espejo del tocador durante varios segundos antes de responder.

Yo creo que puede llegar mucho más lejos que eso y lo voy a ayudar a conseguirlo. La doncella interpretó aquella frase como el entusiasmo habitual de una novia el día de su boda. Solo décadas después, mirando atrás, comprendió que Carmen Polo no estaba siendo romántica esa mañana, estaba siendo completamente literal. Durante los primeros años del matrimonio, entre 1923 y 1936, Carmen Polo vivió la vida de una esposa de oficial del Ejército español, acompañando a su esposo en sus destinos militares, administrando la casa con la austeridad que imponían los sueldos del

ejército, educando a su única hija Carmen, nacida en 1926 y construyendo pacientemente la red de relaciones sociales, que consideraba esencial para el avance de la carrera de su esposo. Según los testimonios de personas que frecuentaron los círculos militares de la época, Carmen Polo era considerada ya en esos años como una mujer de una inteligencia política notable, capaz de recordar con exactitud el nombre, el cargo y la situación familiar de cada persona relevante que pasaba por la vida de su esposo y de utilizar esa información con una

precisión que sus contemporáneos describían como inquietante. Hay una anécdota particular de los años 30 antes del estallido de la guerra civil que refleja con claridad la personalidad de Carmen Polo en aquella época. Según el testimonio de la esposa de un general contemporáneo de Franco, publicado en sus memorias privadas en 1970, Carmen Polo asistió en 1934 a una reunión social en Madrid, a la que también asistía la esposa de un ministro del gobierno de la Segunda República.

La esposa del ministro, que conocía la reputación de Carmen Polo como mujer influyente en los círculos militares, le preguntó abiertamente, “Señora de Franco, ¿qué opinión tiene su esposo sobre la situación política actual?” Carmen Polo, según el testimonio, respondió con una sonrisa perfectamente amable.

“Mi esposo opina lo que debe opinar en cada momento, señora, y yo opino lo mismo que él siempre.” La esposa del ministro interpretó aquella respuesta como la sumisión habitual de una esposa militar de la época. Lo que no entendió, según la autora de las memorias, era que Carmen Polo acababa de decir exactamente lo contrario de lo que parecía haber dicho.

No que ella pensara como su esposo, sino que su esposo pensaba como ella. 18 de julio de 1936, España. El estallido de la guerra civil española, en julio de 1936 transformó por completo la vida de Carmen Polo y la catapultó al centro del poder político español, de una forma que ninguno de sus contemporáneos había previsto completamente.

Cuando Francisco Franco fue designado generalísimo de los ejércitos nacionales y jefe del Estado en octubre de 1936, Carmen Polo se convirtió de la noche a la mañana en la primera dama de facto del bando nacional, sin que nadie le hubiera dado ese título oficialmente y sin que ella lo hubiera pedido en ningún documento ni declaración pública.

Pero lo que ocurrió durante los primeros meses de la guerra civil, según los testimonios de personas cercanas al cuartel general de Franco, reveló algo que iba a definir los sitientes 40 años del franquismo. Carmen Polo no esperó que nadie le explicara cuál era su papel, simplemente empezó a ejercerlo. Según el testimonio del secretario personal de Franco, publicado en sus memorias en 1977, desde los primeros meses del conflicto, Carmen Polo asistía a las reuniones privadas que Franco mantenía con sus generales y con sus asesores políticos.

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