Posted in

Bukele detuvo el tráfico: la pregunta de Sofía, de 8 años, cambió un país

A la luz de una vela, comenzó a escribir con su mejor letra: “Señor presidente Nayib Bukele, mi nombre es Sofía Martínez, tengo 8 años y vivo en Colonia Santa Lucía. Voy a la escuela República de Honduras. Hoy en la escuela todos hablaron de sus papás. Yo no tengo papá. Mi mamá se fue hace 3 años y nunca volvió.

Solo tengo a mi abuela Elena y a mi hermanito Carlitos. He visto en la televisión que usted ayuda a la gente, que usted arregla las calles y los hospitales, que usted hace que El Salvador sea mejor. Señor presidente, puede ser mi papá. No necesito que viva con nosotros. Solo necesito poder decirle a mis compañeros que tengo un papá que me cuida.

Yo saco buenas notas, ayudo a mi abuela. Cuido a [música] Carlitos. Prometo ser una buena hija. Por favor, con cariño. Sofía [música] Martínez pide. Mi abuela dice que usted es muy ocupado, pero si no puede ser mi papá completo. Puede ser mi papá aunque sea un poquito. Sofía guardó la carta en su mochila durante tres días.

No sabía cómo entregarla, no sabía si era una locura. Pero el viernes, durante su camino a la escuela vio algo que le aceleró el corazón, la caravana presidencial. Los vehículos negros con las banderas de El Salvador avanzaban lentamente por la avenida Roosevelt. El tráfico se había detenido.

[música] La gente sacaba sus teléfonos para tomar fotos. Es ahora o nunca, pensó Sofía. Con las piernas temblando, se abrió paso entre los autos detenidos. Su mochila golpeaba contra su espalda mientras corría. Un guardia de seguridad la vio [música] y comenzó a moverse hacia ella. Niña, regresa. No puedes estar aquí. Pero Sofía era rápida.

llegó hasta el vehículo principal, justo cuando el semáforo cambiaba a verde. En un movimiento desesperado, dobló su carta en forma de avión de papel y la lanzó por la ventana parcialmente abierta. El avión de papel voló en cámara lenta, girando en el aire y entró directo por la rendija de la ventana. Dentro del vehículo, el presidente Nayib Bukele estaba revisando su agenda en su tablet cuando el avión de papel aterrizó en su regazo.

¿Qué? murmuró tomando el papel rosado. “Señor, un niño lanzó algo”, reportó el jefe de seguridad por el radio. “Detengan el auto”, ordenó Bukele comenzando a desdoblar el papel. Señor, el protocolo. He dicho que detengan el auto. El convoy se detuvo abruptamente. Los autos detrás comenzaron a tocar el claxon, pero Bukele no escuchaba nada.

Sus ojos recorrían las líneas escritas con letra infantil. Señor presidente, puede ser [música] mi papá. Un silencio profundo llenó el vehículo. ¿Quién lanzó esto?, preguntó Bukele con voz controlada, pero tensa. Una niña, señor, de unos 8 o 9 años ya se fue corriendo. Bukele miró por la ventana. A lo lejos, entre los autos, vio una figura pequeña con una mochila azul desapareciendo en la esquina.

leyó la carta de nuevo y otra vez sus manos temblaban ligeramente. “Encuentren a esa niña”, dijo finalmente Sofía Martínez, Escuela República de Honduras, colonia Santa Lucía. Señor, búsquenla hoy en Casa Presidencial. El equipo de Bukele trabajó durante horas. La ministra de educación, licenciada Ana Martínez de Escobar, [música] localizó el archivo escolar de Sofía en menos de 2 horas.

Presidente, dijo entrando a la oficina con una carpeta Manila. Tenemos información sobre Sofía Martínez. Bukele dejó todo lo que [música] estaba haciendo. Cuénteme. Sofía Elena Martínez Romero, 8 años, estudiante de tercer grado en la Escuela República de Honduras. Promedio académico 9.2. Una de las mejores estudiantes de su clase.

Familia. La ministra titubeó. Es complicado, señor. Vive con su abuela paterna Elena Martínez, de 67 años. El padre, Roberto Martínez está registrado como fallecido. La madre, la madre. Carmen Romero. Cruzó la frontera en 2020 durante la pandemia. No hay registro de su paradero actual. Probablemente indocumentada en Estados Unidos.

Puquele cerró los ojos y el niño que menciona en la carta, Carlos Martínez, 5 [música] años, también bajo custodia de la abuela. Ambos niños están registrados en el programa de alimentación escolar por situación de vulnerabilidad extrema. Vulnerabilidad extrema. La abuela lava ropa para sobrevivir. Ingresos estimados. $80 mensuales.

Viven en una vivienda de lámina, en una zona de riesgo. Bukele se puso de pie y caminó hacia la ventana. Afuera, San Salvador brillaba bajo el sol de la tarde. Desde ahí todo se veía ordenado, próspero, pero sabía que había aún el Salvador diferente, [música] uno que no se veía desde la casa presidencial. “¿Cuántos niños como Sofía hay en este país?”, preguntó sin voltear.

El silencio fue la respuesta. Ministra. Según nuestros registros, aproximadamente 47,000 niños viven en situación de orfandad funcional, padres ausentes, emigrados o fallecidos, bajo cuidado de abuelos, tíos o vecinos. 47,000, repitió Bukele. [música] 47,000 Sofías. Y yo estoy aquí firmando decretos, inaugurando puentes, mientras 47,000 niños preguntan quién va a ser mi papá.

Se giró hacia su equipo. Preparen el auto. Vamos a Colonia Santa Lucía. Ahora, señor presidente, ahora. y cancelen todo lo demás del día. La colonia Santa Lucía era todo lo que las estadísticas no podían capturar. Calles sin pavimentar, cables eléctricos colgando peligrosamente, niños jugando descalzos entre charcos de agua sucia.

Cuando la caravana presidencial entró al barrio, todo el mundo salió a ver. ¿Qué pasó? ¿Vienen por alguien? Es [música] operativo policial. Miren, es el presidente. El vehículo se detuvo frente a una casa pequeña de lámina con un número pintado a mano. 47- B. Bukele bajó del auto antes de que sus guardias pudieran abrir la puerta.

Una mujer salió secándose las manos en su delantal. Sus ojos se abrieron como platos. Doña [música] Elena Martínez, preguntó Bukele. Sí, sí, señor presidente. ¿Pasó algo? Sofía hizo algo malo. No, señora, su nieta no hizo nada malo, al contrario, Buke le sacó la carta de papel rosado de su bolsillo. Ella escribió esto. Elena leyó la carta.

Sus manos comenzaron a temblar. Las lágrimas rodaron por sus mejillas arrugadas. Ay, mi Sofía. Señor presidente, perdónela. Es solo una niña, no sabe lo que dice. No queríamos molestarlo. Doña Elena. Bukele habló suavemente. ¿Puedo conocer a Sofía? En ese momento, desde el interior de la casa, apareció la niña.

Read More