Posted in

🚨PACO STANLEY🚨 POR ESTO Lo Cazaron en Plena Calle… Las Televisoras Lo Sabían.

 Lo metieron al programa Nuestra Gente, casi de emergencia. Nadie sabe quién es. En menos de 12 meses, todo México lo conoce. Recuerda ese nombre, Francisco Jorge Stanle Baitero. Porque el día que lo asesinaron, ese nombre completo apareció en un acta de defunción. El otro nombre, el que tú conocías, el de Paco, fue el que toda la industria se encargó de limpiar.

Paco viene de la colonia Roma, mismo barrio donde nacieron varios de los grandes nombres de la radio mexicana de los años 50. Su familia es de clase media baja, el papá trabajador, la mamá ama de casa, varios hermanos y el dinero alcanza apenas. Lo que Paco tiene desde niño es una voz, una voz cálida, profunda, con cadencia, capaz de leer un poema y hacerte llorar y de leer un anuncio de detergente y hacerte reír.

Esa voz lo lleva primero a la Asociación Nacional de Locutores, después a Exx Radio, después a Radio 13, donde estrena un programa nocturno llamado Un poco de paco. El éxito en la radio le abre la puerta de la televisión y cuando entra a Televisa en 1974 entra al lugar más poderoso de la cultura mexicana de aquella época.

Si tú tienes más de 60 años y creciste en México, no necesito explicarte lo que era Televisa en los años 70. Tú lo viviste. Televisa no era una televisora, era el oxígeno de la cultura mexicana. Si algo no pasaba en Televisa, no pasaba. punto. Emilio Azcárraga Milmo, el dueño, tenía una frase que se hizo famosa.

 Decía que él hacía televisión para los jodidos y la hacía porque entendió antes que nadie que la televisión mexicana era el espejo donde la gente se quería ver y se la dio. Telenovelas en la noche, deportes el fin de semana, programas de chistes en la mañana, noticieros con tono dramático en la noche, toda una nación pegada a la pantalla.

 Todos los días adentro de Televisa había una jerarquía absoluta. Arriba estaban los señores, los productores eternos, los conductores de toda la vida. Abajo estaban los aspirantes que firmaban contratos de exclusividad de 5, 8, 10 años, donde la empresa decidía cuánto cobrabas, qué tiempo descansabas, qué papel hacías, con quién te casabas en pantalla y si te ibas a otro lado, perdías hasta el nombre artístico.

El sistema se llamaba exclusividad. En la práctica era otra cosa, era una jaula con cojines de seda. Paco entra abajo, pero sube rápido. Primero conduce alegrías de mediodía, después divertidísimo, después la mujer. Ahora, después el club del hogar. En todos ellos hace lo mismo. Cuenta chistes con voz de gente seria.

 Saluda al ama de casa que está planchando, al señor que llega del trabajo, al niño que regresa de la escuela. Hace que cada televidente sienta que él, Paco le está hablando solamente a él como si fueran amigos viejos. Tú lo recuerdas. Tú encendías la televisión a las 12 del día mientras ponías la comida y ahí estaba él saludándote como si hubiera estado esperándote toda la mañana.

En 1986 llega el momento que lo cambia todo. Le dan la conducción de la carabina de Ambrosio, el programa de comedia más visto de toda la televisión hispana de aquel momento. César Costa, María Victoria, Ricardo Rocha, todos pasaron por ahí, pero cuando Paco se sienta en esa silla, el programa explota. Después le dan en pantalla.

 Después, la sección de espectáculos del noticiero Eco. Después, en 1991, le entregan la conducción de Ándale junto a Arlet García, Benito Castro y una jovencita debutante que se llamaba Verónica Macías. El programa se vuelve un fenómeno. Para 1995, Paco Stanley es uno de los tres conductores más importantes de la televisión mexicana.

 Le dan su propio programa Pacatelas y ahí junto a un patiño llamado Mario Bezares inventan algo que se llama el gallinazo, un baile, un movimiento, un personaje. ¿Tú te acuerdas del gallinazo? Lo bailaban tus hijos, lo bailabas tú, lo bailaba el país entero. Pacatelas era un programa familiar. Eso decían.

 Programación de horario 12 a 1 de la tarde, justo cuando los niños regresaban de la escuela y las amas de casa se sentaban a comer. El humor era blanco, los chistes eran sencillos, los invitados eran cantantes, actores, deportistas. Paco bromeaba con su patiño, presentaba las Edecanes, leía cartas del público. Una fórmula tan exitosa que Mario Bezares, su compañero, llegó a decir que era el mejor trabajo de su vida.

Pero detrás de la pantalla había otro Paco y la primera persona que lo vio fue su esposa, la que tú nunca conociste, la que casi no aparecía en revistas, una mujer que se llamaba Patricia Pedroza. Patricia Pedroza fue la segunda esposa de Paco Stanley. Antes de ella estuvo casado con María Solís, con quien tuvo a su primer hijo llamado también Francisco, un muchacho que falleció en 1993 en un accidente de auto a los 18 años y de quien casi nadie habla porque la familia decidió no hacerlo público.

Patricia llegó después. Se casaron a finales de los años 70. Tuvieron dos hijos, Francisco Stanley Pedroza, abogado formado en una universidad de Inglaterra y Leslie Stanley Pedroza, de quien casi no hay fotos porque Paco le pidió a la prensa que la dejaran en paz desde niña. recuerda el nombre de Patricia Pedroza, porque ella fue la primera que lo vio cambiar y fue también la primera que decidió callarse.

Patricia se quedaba en casa. Crió a sus dos hijos en una casa grande del sur de la Ciudad de México. Casi nunca daba entrevistas, nunca posó en revistas de chismes. Cuando Paco hablaba de ella en sus programas, lo hacía con respeto, mencionándola con cariño, evitando los detalles. En una entrevista de 1992, un periodista le preguntó a Paco por qué su esposa no aparecía nunca en pantalla.

Paco respondió con una frase que en aquel momento sonaba romántica. Dijo que Patricia era su parte privada, que él ya estaba demasiado expuesto en la televisión y que la familia merecía un espacio donde nadie los mirara. Hoy, después de todo lo que sabemos, esa frase suena distinto. Porque la persona que primero supo que algo no estaba bien con Paco no era reportero, ni colega de la televisora, ni nadie de la prensa.

 era una mujer que dormía con él todas las noches y que veía cómo cambiaban sus pupilas, cómo le aparecían marcas en la nariz, cómo regresaba a casa de madrugada con olor a perfume que no era de ella, cómo se encerraba a hablar por teléfono en su despacho durante horas. Patricia Pedroza nunca dijo una sola palabra en público, ni cuando lo asesinaron, ni en el funeral, ni 25 años después, cuando Amazon estrenó una serie completa sobre el caso, se quedó en casa como siempre y se llevó a la tumba todo lo que vio.

Nota ese silencio, porque el silencio de la esposa de Paco es una de las piezas que explican por este caso nunca se resolvió. Un silencio que se aprende, que se hereda, que se instala en una familia como un mueble del que nadie quiere hablar. Pero lo que Patricia vio en su casa es solo la primera capa, la doméstica, la íntima.

Read More