Posted in

RONALDINHO: El DIOS del BALÓN (2026) RESUMEN EN MINUTOS

Jugar en gremio y vestir la camiseta de la selección brasileña. Sueños que alimentaron cada uno de sus primeros pasos. Nació en el sur de Brasil, región cuyos habitantes son conocidos como gauchos. Y desde allí comenzó a forjarse la historia de quien sería recordado para siempre como uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos.

Todos los recuerdos de infancia de Ronaldinho están inevitablemente ligados al fútbol. Siempre había un balón a su lado. Su hermana Daisy recuerda entre risas que constantemente lo veía dentro de la casa jugando con la pelota, pateándola de un lado a otro y rompiendo cuanto adorno encontraba a su paso. El propio Ronaldinho cuenta que su madre solía enviarlo al barle a su padre que la cena estaba lista.

Sin embargo, durante ese trayecto, él se imponía un desafío personal. Se repetía a sí mismo que intentaría llegar hasta allí sin dejar caer el balón ni una sola vez, por lo que era habitual verlo recorriendo el camino mientras hacía malabares con una naturalidad sorprendente. Cuando Ronaldinho nació, en su hogar ya abundaban los balones, pues a Roberto, su hermano mayor, le apasionaba jugar al fútbol.

Sin saberlo, aquella casa sencilla ya estaba preparando el escenario para el nacimiento de una leyenda. Roberto recuerda que eran pobres. Fue una infancia humilde, sí, pero también profundamente digna. Hubo incluso una etapa en la que ambos tuvieron que compartir habitación y Ronaldinho rememora que Roberto siempre fue su gran ídolo, por lo que dormir en el mismo cuarto que él le parecía algo sencillamente maravilloso.

Roberto ya llevaba la vida y la rutina de un futbolista. Entrenaba todos los días, tenía disciplina y respiraba fútbol a cada instante. A Ronaldo también le fascinaba ese mundo y Roberto lo sabía muy bien. Por eso, cada vez que tenía la oportunidad llevaba a su hermano menor a los entrenamientos y a los partidos.

Roberto cuenta que para entonces él ya era futbolista profesional y Ronaldo lo acompañaba a todas [música] partes, incluso entraba al campo junto a él. De esa manera, toda la vida de Ronaldinho estuvo rodeada de balones, vestuarios, gritos de aliento y césped. Ronaldo jugaba fútbol sala, formó parte del equipo juvenil de gremio y durante las vacaciones también disputaba encuentros con New Kids, un equipo de fútbol playa.

De cada una de esas experiencias aprendió enormemente porque las vivía con una intensidad poco común para un niño de su edad. Muy temprano decidió que quería convertirse en futbolista. Jugaba en el Proserks, donde el padre de uno de sus amigos era el entrenador. Poco después comenzó a jugar tanto para gremio como para otros equipos escolares.

Desde pequeño era un niño muy solicitado y ya entonces podía percibirse que en él existía algo distinto, algo especial. Todos comentaban lo bueno que era y la manera deslumbrante en que sobresalía por encima de los demás. Los padres de otros niños discutían desde las gradas y se les escuchaba gritarles a sus hijos, “¡Esfuérzate más!” El entusiasmo era bárbaro y una de las principales razones de aquellos reproches era que Ronaldinho conseguía desestabilizar por completo a sus rivales.

Había partidos que terminaban 6 a 1 y cinco de esos seis goles llevaban su firma. La superioridad era tan evidente que para equilibrar un poco la competencia, en ocasiones el equipo de Ronaldinho debía jugar con un futbolista menos. Aún así, casi nunca lograban detenerlo. Desde esos primeros años ya comenzaba a insinuarse la dimensión del fenómeno que estaba por nacer.

El padre de Ronaldinho era un hombre sumamente competitivo. Ni a él ni a Roberto les agradaba ver que Ronaldinho saliera a jugar y regresara a casa entre lágrimas, lamentándose por haber perdido un partido. Querían inculcarle desde pequeño el carácter del vencedor, la fortaleza de quien no se conforma con la derrota.

Sin embargo, detrás de esa exigencia existía también un padre profundamente amoroso, atento y entregado a sus hijos. Trabajaba como aparcacoches en gremio y Roberto solía ayudarlo en esa labor cuando podía. Cuando Roberto comenzó a desempeñarse como futbolista profesional, muchos amigos de su padre comentaban con entusiasmo que si jugaba siquiera la mitad de bien que él estaba destinado a convertirse en una estrella.

Desde entonces, Roberto ya sentía sobre sus hombros el peso de la expectativa. Fue un gran jugador poseedor de cualidades indiscutibles, aunque su indisciplina terminó siendo el obstáculo que le impidió llegar aún más [música] lejos. Algunos incluso sostienen a modo de comparación que de no haber sido por ese detalle, quizá Ronaldinho habría terminado siendo Messi y Roberto Ronaldinho.

Mientras tanto, la carrera de Ronaldinho no dejaba de crecer. Poco después pasó a formar parte del equipo nacional y ya había tenido participación en el Campeonato Sudamericano. La noche en que regresó de aquella experiencia fue inolvidable. Todos querían abrazarlo, felicitarlo y celebrar con él. Aquello no era un hecho aislado, sino la continuación natural de todo el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo silencioso que la familia venía construyendo desde años atrás.

Hubo, además, un momento decisivo que marcó una transformación profunda en sus vidas. En el contrato de Roberto figuraba una exigencia muy particular, una casa con piscina. Esa cláusula, que podía parecer un simple lujo, representó en realidad el inicio de una etapa fundamental de transición económica y social para toda la familia.

Gracias a ello pudieron abandonar el vecindario humilde en el que habían vivido y crecido y mudarse a otro lugar para comenzar una vida nueva con horizontes más amplios y con la sensación por primera vez de que los sueños realmente podían alcanzarse. El padre de Roberto y de Ronaldinho solía decirle con orgullo al presidente de gremio que aún tenía otro hijo en casa que jugaba incluso mejor.

Se refería, por supuesto, al pequeño Ronaldo, cuya habilidad ya comenzaba a llamar la atención dentro del entorno familiar. Para entonces, Roberto jugaba en gremio con apenas 18 años, mientras Ronaldo todavía era solo un niño que observaba, aprendía y soñaba. Con motivo del cumpleaños de Roberto se organizó una fiesta en la casa que la familia había conseguido tras la firma de su contrato.

Sin embargo, aquella jornada que debía ser de celebración quedó marcada para siempre por la tragedia. Ese mismo día, su padre sufrió un infarto mientras se encontraba dentro de la piscina. Permaneció varios días en coma hasta que finalmente falleció. Tenía apenas 42 años. Era todavía muy joven. Fue un golpe devastador para todos.

Ronaldo apenas contaba con 8 años y a una edad en la que un niño apenas comienza a comprender el mundo, tuvo que enfrentarse a la pérdida de una de sus figuras más importantes. A partir de entonces, su madre asumió el control absoluto del hogar. Se convirtió en madre y padre al mismo tiempo, sosteniendo a la familia con una fortaleza admirable.

Read More