Posted in

JUAN MANUEL MÁRQUEZ: la mafia DETRÁS del nocaut… el sucio SECRETO que se OCULTÓ

Sin guantes profesionales, sin costosos equipos de gimnasio, sin alfombra de ring ni nada parecido. Rafael Padre ponía almohadas en lugar de las gobernadoras, esos cojines ahuecados que usan los boxeadores en el entrenamiento para practicar las combinaciones con el entrenador, con almohadas y con paciencia. les enseñó a sus hijos a caminar el ring, a tirar el hub, a moverse correctamente, a protegerse.

Lecciones caseras, modestas en los recursos, pero enormes en la intención que en Juan Manuel se convertirían décadas después en la base de uno de los mejores estilos técnicos que el boxeo mexicano haya producido jamás. A los 8 años, Juan Manuel empezó a entrenarse con cierta estructura regular. La primera pareja de entrenamiento habitual fue su hermano menor, Rafael.

dos años más chico, con quien Juan Manuel fue afinando los reflejos en el patio de la casa familiar. Dos hermanos de Itacalco peleando entre ellos en el patio y en la sala, construyendo sin saberlo la base de lo que décadas después serían dos carreras épicas y dos plazas en el salón de la fama internacional del boxeo. Si eso no es una historia de origen extraordinaria, nada lo es en el deporte mexicano.

Pero antes de los títulos y la gloria vino la realidad que muy poca gente recuerda cuando habla de Márquez en los años de su fama. Antes del campeón vino el trabajador. Juan Manuel Márquez tuvo su primer trabajo siendo niño, limpiando un puesto de víceras en un mercado de la Ciudad de México. Eso fue lo primero que ganó con sus propias manos.

No dinero de contratos de boxeo, ni becas deportivas, ni patrocinios de marcas, dinero de limpiar órganos animales en un puesto de mercado. Ese detalle que él mismo contó con orgullo y sinvergüenza en entrevistas muchos años después de ser campeón. Dice todo sobre el tipo de hombre que era Márquez antes de ser boxeador profesional y que siguió siendo después de convertirse en leyenda.

Escucha esto porque aquí está una de las claves del personaje. Mientras otros jóvenes de su edad pensaban en divertirse en el fútbol en las canchas del barrio, Juan Manuel combinaba la escuela, el trabajo y el entrenamiento de manera simultánea y sin quejarse de ninguno de los tres. Cursó el bachillerato en el colegio de bachilleres número 3 en Itacalco y después, cuando muchos de sus compañeros de barrio se conformaron con terminar la preparatoria, él fue más lejos.

se especializó como técnico en contabilidad. Lo que estás pensando es correcto. Juan Manuel Márquez, uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos y miembro del Salón de la Fama Internacional, es contador público titulado. Obtuvo su titulación y consiguió un empleo en la Secretaría de la Reforma Agraria del Gobierno Mexicano.

Iba a la oficina, procesaba documentos, hacía sus hojas de cálculo con la misma atención al detalle con que años después estudiaría los patrones de movimiento de sus rivales y en sus horas libres iba al gimnasio a entrenar. Primero en el Vicente Saldíar y después en el Romansa, de la mano del hombre que cambiaría definitivamente su carrera, Ignacio Nacho Berstein.

La relación con Berstein comenzó en esos años previos al profesionalismo y nunca se rompió durante [música] toda la carrera de Márquez. Nacho Beristein es una figura monumental en el boxeo mexicano, un entrenador veracruzano con décadas de experiencia y trayectoria probada, meticuloso en el detalle técnico, inteligente en la estrategia.

exigente en el trabajo diario, el tipo de entrenador que no transforma a los boxeadores solo físicamente, sino tácticamente, que construye planes de pelea como un ajedrecista, construye posiciones, que analiza al rival con la frialdad de un científico antes de subir al ring. Fue Veristain quien refinó lo que el padre de Márquez había sembrado en el patio de Itacalco.

Fue Berstein quien convirtió al joven contador del barrio en uno de los contragolpeadores más fríos y precisos que el boxeo profesional ha visto en las últimas décadas. La carrera Mateor de Márquez comenzó formalmente en 1985 cuando tenía 12 años. Un año después, en 1986, ganó su primer torneo, Los Guantes de Oro.

El inicio de un camino que duraría 8 años de competencia amateur y produciría un récord de 82 victorias y solamente cuatro derrotas. Con 72 de esas victorias conseguidas por la vía del knockout, 82 victorias, 72 knockouts. [música] Para ponerlo en perspectiva, hay boxeadores que llegan al profesionalismo considerados prospectos serios con la mitad de ese historial.

Hay campeones mundiales que no alcanzaron esos números en el amater. El entrenamiento de esos años fue el que le dio a Márquez la base técnica que lo distinguiría durante toda su carrera profesional. El contragolpe preciso, la paciencia táctica en el ring, [música] la capacidad de aguantar, de absorber golpes sin perder la compostura, de esperar el momento exacto para responder.

Habilidades que suenan simples cuando se describen, pero que requieren años de repetición consciente para volverse instinto automático. [música] Y Márquez tenía disciplina y paciencia de sobra para repetirlas. La decisión de pasar al profesionalismo llegó gradualmente el 29 de mayo de 1993 con 19 años recién cumplidos.

Juan Manuel Márquez hizo su debut profesional contra Javier Durán y lo perdió por descalificación en el primer asalto. Un debut extraño, frustrante, que quedó en el historial como una anomalía inicial, pero lo que vino después fue casi perfección sostenida. Durante los siguientes 6 años, Márquez no volvió a perder.

construyó un récord de 29 victorias y una sola derrota que lo llevó a ser conocido en los círculos del boxeo norteamericano con una frase que sonaba simultáneamente a reconocimiento y a injusticia. El mejor peleador sin título mundial del mundo. Literalmente esa era la descripción que circulaba entre los analistas del deporte, el mejor sin título, porque todos veían el talento, todos veían la técnica, todos veían el potencial enorme, pero los títulos no llegaban, las oportunidades se postergaban.

Los rivales esquivaban el contacto, los organismos reguladores no priorizaban las confrontaciones obvias. En 1997 ganó el título navo de peso pluma de la OMB, un cinturón regional de la zona norteamericana que defendió en siete ocasiones y que le dio experiencia en el circuito de Las Vegas y California. Durante esos años fue designado retador obligatorio de Nassim Hamed, el campeón de la OMB en peso pluma.

una figura excéntrica y brillante del boxeo mundial que podría haber dado una batalla épica contra el mexicano técnico y preciso, pero la OMB permitió que Hamet esquivara la pelea durante 22 meses consecutivos, programando otros combates en lugar de cumplir con la obligación de defender el título contra el retador obligatorio designado.

Read More