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Polo Polo: su miserable esposa y el cruel secreto que nadie supo

deterioro que terminaría matándolos 6 años y 10 meses después. Se llamaba Marta Cendejas. Y Polo Polo le habló durante toda esa primera sesión sin parar. Tenía 66 años. Acababa de divorciarse hacía menos de 6 meses de la séptima esposa de su carrera. Cobraba $,000 por presentación en los cabarets de Polanco.

 Tenía un contrato de exclusividad con Televisa que le ingresaba mensualmente sin necesidad de aparecer en cámara cada semana y entró aquella mañana a la peluquería con una idea muy clara de lo único que le faltaba a su vida en ese momento. que Polo Polo le pidió a Marta Cendejas al final de aquella primera sesión es lo que marcó el inicio de los últimos 6 años de libertad del comediante.

 Le pidió, según contó la propia Marta en una entrevista posterior, que le organizara la agenda personal, que se ocupara de pagar las facturas y que actuara como filtro de cualquier persona del medio profesional que quisiera contactarlo. Marta aceptó esa misma tarde. La pregunta que ningún miembro del entorno familiar entendió en aquel momento es porque un hombre con 40 años de carrera, con un equipo profesional que llevaba dos décadas trabajando con él decidía entregar el control administrativo de su vida a una mujer a la que había conocido

5 minutos antes. La respuesta, según contaron después en distintos medios mexicanos, las personas que rodeaban a Polo Polo en esa época era simple. La séptima esposa lo había dejado emocionalmente roto. Polo Polo necesitaba a alguien al lado y Marta Cendejas llegó en el momento exacto en que él estaba dispuesto a entregarle las llaves de su vida a la primera mujer que se cruzara en su camino.

 Lo que Marta hizo durante los siguientes 6 meses con esas llaves es lo que terminó costándole a Polo Polo 40 años de carrera y una parte importante de su patrimonio. Para finales de septiembre de 2010, Marta tenía acceso a tres de las cuatro cuentas bancarias del comediante. conocía el saldo exacto del contrato de Televisa, manejaba la chequera principal del despacho privado en Coyoacán y según los registros del banco que se hicieron parcialmente públicos durante el proceso de divorcio, años después había realizado las primeras transferencias

hacia una cuenta personal que ni el contador familiar ni los hijos del comediante conocían. Paul García recibió la primera llamada de alerta en septiembre de 2010. era el contador, le decía con la cautela de un profesional que llevaba 20 años trabajando con la familia Polo, que ya no podía hablar directamente con su padre, que todas las decisiones administrativas del comediante estaban siendo procesadas a través de una mujer cuyo nombre el contador escribía por primera vez en su libro de notas Marta Cendejas.

Paul llamó a su hermana Adriana esa misma noche. La conversación entre Paul y Adriana García aquella noche fue la primera vez que los dos hermanos hablaron en serio sobre la posibilidad de que su padre estuviera siendo manipulado por alguien que acababa de entrar a su vida. Las preguntas eran las obvias.

 ¿Quién era esa mujer? ¿Cómo había llegado a tener acceso a las cuentas? y por qué su padre no les había hablado de ella en las cenas familiares de las semanas anteriores? Las respuestas llegaron al cabo de un mes. Polo Polo lo citó a comer en un restaurante del centro de la Ciudad de México. Pidió una mesa al fondo del local y según contó después Adriana en una entrevista posterior al divorcio, durante los primeros 20 minutos de la comida, su padre apenas habló del trabajo.

 Después dejó el cuchillo y el tenedor sobre el plato. Miró a los dos hijos a los ojos y les anunció que se iba a casar otra vez. Paul preguntó cuándo. Polo Polo dijo que en diciembre Adriana preguntó con quién y cuando su padre pronunció por primera vez delante de ellos el nombre de Marta Sendejas. Paul, según contó después su propia hermana en aquella entrevista, dejó la servilleta sobre la mesa, llamó al camarero y pidió la cuenta sin haber probado el plato principal.

 Era el octavo matrimonio de Polo Polo y según el orden cronológico en el que iban apareciendo las mujeres en su vida, también iba a ser el último. La ceremonia se celebró en privado el 12 de diciembre de 2010. Fue una ceremonia simbólica, sin efectos civiles ni religiosos, oficiada por un sacerdote amigo de la familia Senjas, en una casa particular de la zona norte de la Ciudad de México, que Polo Polo no había pisado nunca en su vida.

 Asistieron 12 personas, la mayoría pertenecía a la familia Cendejas. Paul García fue. Llegó solo en su propio coche, se quedó durante toda la ceremonia sin sonreír y se marchó antes de la cena posterior sin despedirse del padre. Adriana no acudió y según contó después en una entrevista publicada en Milenio en 2016, durante toda aquella tarde ella no dejó de sentir desde el otro lado de la Ciudad de México que su padre estaba cometiendo un error que iba a costarle caro. Tardó 6 años en confirmarse.

lo que ocurrió entre la ceremonia de diciembre de 2010 y la mañana del 16 de agosto de 2016, en la que Paul García sacó a su padre de aquella casa de Coyoacán. Es la parte de esta historia que la familia Polo ha protegido durante casi una década, pero hay datos verificables. Los registros de la empresa de management de Polo Polo muestran que el comediante dejó de aceptar presentaciones a partir de junio de 2011.

Su última gran gira nacional fue cancelada sin explicación pública por su nuevo equipo de gestión, encabezado por la propia Marta. Para finales de 2012, Polo Polo solo aparecía esporádicamente en televisión. Un año después había dejado de subirse a cualquier escenario de cabaret en México y los pocos amigos profesionales del medio que intentaron contactarlo durante el verano de 2014 recibían siempre la misma respuesta del teléfono privado de la casa de Coyoacán, que Polo Polo no estaba disponible para hablar. Una

persona del medio profesional consiguió en agosto de 2013 lo que ninguna otra había logrado durante los dos años anteriores. Una entrevista grabada con Polo Polo dentro de su propia casa. Era un periodista joven que había estado pidiendo el contacto durante meses. La entrevista se concedió de manera excepcional para un programa regional.

Se grabó una tarde de agosto en el salón de la casa de Coyoacán. duró 15 minutos y según contó después aquel periodista en una conversación privada con colegas del medio que se filtró años después, lo que más le llamó la atención no fueron las respuestas de Polo Polo, que eran cortas y cansadas. Lo que más le llamó la atención fue una mujer que permaneció de pie detrás de la cámara durante los 15 minutos completos, sin sonreír, sin participar, observando cada movimiento del comediante con una atención que el

periodista describió después como la mirada de alguien que está vigilando, no de alguien que está acompañando. Esa mujer era Martha Cendejas. Un año después, un productor de Televisa que había trabajado con Polo Polo durante 30 años decidió en agosto de 2014 hacer algo que ninguna otra persona del medio se había atrevido a hacer.

 Se presentó sin avisar a la puerta de la casa de Coyoacán. Tocó el timbre, esperó 5 minutos, volvió a tocar y cuando Marta Cendejas finalmente abrió la puerta, le dijo que solo quería saludar a Polo Polo durante 10 minutos. Marta le respondió con educación, pero sin permitirle entrar. Que el comediante no estaba en condiciones de recibir visitas.

El productor preguntó por qué. Marta Cendejas cerró la puerta sin responder. Lo que ese productor alcanzó a ver durante los pocos segundos en que Marta mantuvo la puerta entreabierta es lo que terminó llegando dos semanas después a oídos de Paul García. El productor llamó a Paul ese mes de septiembre.

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