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Pedro Infante: Lo que Miguel Alemán Calló… y el Cuerpo que NADIE Reconoció

La viuda Irma Dorantes lo contó así durante décadas. Llegó al hospital de Mérida, cruzó el pasillo y encontró a varios hombres con caretas de soldador. Estaban sellando una caja metálica. Le dijeron que ahí adentro estaba Pedro. Nunca la abrieron. Nadie la abrió jamás. Y si esto ya te parece grave, prepárate.

Porque lo que descubrí investigando este caso es que hay un hombre que vivió hasta el año 2013 en Delicias, Chihuahua, que cantaba igual que él, que tenía la misma cara y que su propio nieto asegura bajo juramento que era el verdadero Pedro Infante. Su tumba está en el patio 13, área 13 del panteón municipal.

Cada 17 de noviembre llegan flores de todo el país. Yo soy investigador del espectáculo latino. Llevo 26 años metido en los archivos prohibidos de la época de oro, los que el poder quiso enterrar. Y esta historia es la más oscura de todas. Suscríbete ahora mismo, porque documentales como este, con los nombres reales y los papeles en la mano, no vas a encontrar en ningún otro canal.

Porque todos crecimos creyendo que Pedro Infante murió el 15 de abril de 1957 en un accidente aéreo. Pero si eso fue un accidente, alguien va a tener que explicar por qué su esposa encontró a hombres soldando su ataúdas puestas, por qué nunca hubo autopsia. ¿Y por qué el hombre que más odiaba a Pedro Infante, Miguel Alemán Valdés, murió en 1983, el mismo año en que un tal Antonio Pedro apareció de la nada en Chihuahua cantando exactamente como él? Para entender lo que pasó esa mañana en Mérida, hay que entender primero quién

era Cristiane Martel y por qué un encuentro entre ella y Pedro Infante era, en los términos del poder mexicano de 1957, una sentencia de muerte. Christian Martel llegó a México siendo la mujer más famosa del planeta. Tenía 19 años cuando ganó Miss Universo en 1953 representando a Francia. Pómulos altos, ojos verdes, la cintura diminuta que solo existía en las portadas de Life y Paris Match.

Hollywood la firmó al día siguiente. Filmó con Tony Curtis, con Lancliff, con Ronda Fleming, pero un matrimonio fallido con un empresario llamado Ronnie Marengo la trajo a México para divorciarse y México ya no la soltó. Piensa por un momento lo que significaba ser Miss Universo en 1953. No era lo que hoy llamamos una celebridad, era algo mucho más grande.

Era el símbolo oficial de la belleza del mundo occidental. avalada por la prensa internacional, los gobiernos y las embajadas. Tenerla de tu brazo no era un capricho sentimental, era una declaración política. Un hombre con Cristian Martel al lado era un hombre que le decía al resto del mundo, “Yo tengo lo que nadie más puede tener.

” Y por eso, cuando aquí conoció a Miguel Alemán Velasco, el problema empezó. Empezó en silencio, pero empezó. Miguel Alemán Velasco no era cualquier pretendiente. Era el hijo del expresidente Miguel Alemán Valdés, el hombre que había gobernado México de 1946 a 1952. El hombre que había inventado el México moderno del milagro económico, que había construido la ciudad universitaria, que había metido a los militares a los cuarteles y puesto civiles en el poder.

El hombre, también más corrupto y más temido de su generación, cuando dejó los pinos, no dejó el poder, se llevó el poder con él y su hijo era su apuesta de futuro. El compromiso entre Cristiane y Miguel Alemán Velasco se anunció poco después. La familia alemán era católica, conservadora, obsesionada con la imagen pública.

Una francesa divorciada ya era un tema, pero la cosa se iba a poner mucho peor. En algún momento de 1956, Cristiane coincidió con Pedro Infante. Hay fotos, hay registros. Él le firmó la carátula de su disco a la orilla del mar. Y según el nieto del propio Pedro, César Augusto Infante, fue amor a primera vista, un amor que se tuvo que llevar en la clandestinidad más absoluta, porque cualquier filtración destrozaba el matrimonio pactado con el hijo del expresidente.

Y aquí es donde esta historia se pone realmente perturbadora. César Augusto Infante en entrevista pública documentada afirma que Cristiane Martel quedó embarazada de Pedro Infante y que la familia alemán, al enterarse la obligó a abortar. Un aborto forzado en la oscuridad para que no se manchara la imagen del heredero político más importante del momento.

Para la familia alemán, ese niño no existía. Para Pedro Infante, ese niño era suyo. Piénsalo desde el ángulo humano un segundo. Estamos hablando de un hombre, Pedro Infante, que ya había reconocido hijos con otras mujeres, que había tenido a Irma Infante Aguirre con Irma Dorantes en 1955, que había tenido hijos en varias relaciones paralelas a lo largo de su vida.

Pedro infante era, por encima de cualquier otra cosa, un hombre de familia expansiva, un hombre que no rechazaba paternidades, que nombraba a sus hijos, los abrazaba, los incluía en su vida. Que un embarazo de Cristiane Martel hubiera sido ocultado o interrumpido por decisión de él, es impensable. Por lo tanto, si ese embarazo existió y se interrumpió, la decisión fue tomada por otra persona.

Y esa persona no era precisamente un desconocido, era, según todas las declaraciones documentadas, la familia alemán. Y aquí hay que medir bien lo que eso significa. En el México de 1957, la interrupción del embarazo era ilegal en todo el territorio nacional. Practicarla requería médicos dispuestos a arriesgar su licencia.

requería dinero, requería silencio. Solo las familias con muchísimo poder podían gestionar un procedimiento clandestino de ese tipo, sin dejar rastro en ningún registro hospitalario. La familia alemán tenía ese poder. El hombre que habría podido reclamar legalmente ese hijo, si sobrevivía, era Pedro Infante.

Sumemos las piezas. La boda entre Miguel Alemán Velasco y Cristiane Martel se celebró después. Ella se convirtió en primera dama de Veracruz cuando él llegó a la gubernatura. Siguen casados hasta hoy. Pero en los archivos del espectáculo mexicano queda ese hueco, ese embarazo interrumpido del que nunca se habló en público durante 69 años.

Un hijo fantasma. Un hijo que alguien desde una oficina con teléfonos y chóer decidió que no iba a nacer. Y ahora pensemos desde el otro lado. Pensemos desde el lado del poder. Imagínate por un momento que eres Miguel Alemán Valdés, tienes 57 años, acabas de perder la presidencia, pero no el control.

Tu hijo, el que va a heredar tu imperio político, se va a casar con la Miss Universo. Todo está pactado, todo está escrito, todo está bajo control. Y de repente te enteras de que un actor ranchero de Sinaloa, un ídolo popular que te saca cinco puntos de aprobación cada vez que aparece en pantalla, ha dejado embarazada a la prometida de tu hijo.

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