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¡NI SHEINBAUM LO PODÍA CREER! Afición MÉXICANA Dejó al MUNDO SIN PALABRAS al DESMADRAR MUNDIAL 26!

agucheos y cuando apareció la de México, una ovación que sacudió el recinto. No fue un accidente, no fue un momento aislado. En Toronto ocurrió lo mismo. Un día antes, en el zócalo de la ciudad de México, durante los actos oficiales previos, cuando apareció la bandera de Estados Unidos, la respuesta del público fue idéntica y lo que empezó en una plaza y en dos ciudades canadienses se convirtió en el patrón de todo el torneo.

 En Los Ángeles, en Dallas, en Houston, en Seattle, en Nueva York, los estadios mundialistas se están llenando de camisetas de México, de Colombia, de Ecuador, de Argentina, de Brasil. Y cuando suena el himno de Estados Unidos antes de cada partido, la respuesta de esas gradas no es la que los organizadores pusieron en el folleto oficial.

 Acá viene la primera pregunta que nadie está respondiendo con claridad. ¿Quiénes son esas personas que llenan los estadios americanos en este mundial? Porque eso es lo que explica todo lo demás. No son fans americanos del fútbol. El fútbol americano, el béisbol, el basketbol, el hockey. Esos son los deportes que llenan los estadios de Estados Unidos en condiciones normales.

El fútbol, como lo llaman allá, el soccer, convoca principalmente a una audiencia, la comunidad latina, los 38 millones de personas de origen mexicano que viven en ese país, los centroamericanos, los sudamericanos, los caribeños que llevan décadas construyendo su vida en un país que en los últimos años les ha dicho de maneras muy concretas que no son del todo bienvenidos.

 Cuando esa comunidad entra a un estadio con la bandera de su selección, con la camiseta de su país de origen, con el orgullo que en muchos otros espacios públicos no puede expresar sin consecuencias y escucha el himno de Estados Unidos o ve ondear la bandera americana antes del partido, lo que sale es lo que sale. No es un gesto coordinado por ningún movimiento político.

 Es una respuesta acumulada que encuentra el único momento en que el fútbol le da permiso de ser colectiva y visible. Y acá es donde el contraste se vuelve imposible de ignorar, porque del otro lado de la historia está México. Y lo que México está haciendo en estas semanas con cada selección que llega a su territorio no tiene precedente en la historia reciente del fútbol mundial.

Japón fue recibido con sombreros norteños en Monterrey. El gobernador Samuel García fue personalmente al aeropuerto. Sudáfrica fue recibida con mariachis en Pachuca a las 3 de la mañana y sus jugadores firmaron la camiseta de un niño uno por uno. Corea del Sur fue recibida con sombreros de charro auténticos en Guadalajara y la Federación Coreana publicó un video oficial de agradecimiento que se viralizó en Asia antes de que ningún partido empezara.

 Colombia llegó y los aficionados gritaron desde la calle frente al hotel que Janes hermano ya era mexicano. Uruguay encontró danzantes mayas esperándolos en Cancún con un cartel que decía tierra de campeones. España llegó a Puebla bajo la lluvia y Pedri dijo frente a los micrófonos que no sabía que tenían tanto cariño aquí.

 Pero aguarda, porque lo que viene ahora es el dato que los grandes medios están tocando sin dimensionar correctamente. Fíjate bien en lo que pasó con Irán. Irán no pudo quedarse en Estados Unidos. Le negaron visas a 15 miembros de su cuerpo técnico. El presidente de la Federación iraní tampoco pudo entrar al país. Los jugadores tienen que viajar a México el mismo día que juegan sus partidos en suelo americano, en lugar de descansar en un hotel como cualquier otra selección del mundo.

 Y mientras eso ocurría en el norte, en Tijuana le abrieron el estadio caliente, les mandaron helicópteros de escolta y los recibieron como lo que son. una selección mundialista con el mismo derecho de jugar este torneo que cualquier otra. México separó lo político de lo humano de una manera que Estados Unidos no pudo o no quiso hacer.

Y esa distinción que parece simple cuando la describes es en realidad la diferencia entre ser un buen anfitrión y ser simplemente una sede. Y acá es donde entra el tema que le da nombre a este video, porque todo lo que acabo de describir tiene un peso diferente cuando se lo sumas a lo que ocurrió en el Estadio Azteca en el partido inaugural de México.

 Cuando el TRI salió a la cancha frente a Sudáfrica, el mundo entero tuvo su primer vistazo de lo que significa el fútbol en este país. La selección ganó 2 a0, pero lo que circuló en redes, lo que generó titulares en Asia, en Europa, en África, en América del Sur, no fue el marcador, fue la atmósfera, fue la forma en que 65,000 personas en el Azteca vivieron cada segundo de ese partido como si fuera el último de sus vidas.

Los comentarios que llegaron de todas partes del planeta decían cosas que nunca se habían dicho juntas sobre México. Decían que el estadio temblaba de verdad solo por el himno. Decían que la fiebre mundialista que no habían sentido en ningún otro partido del torneo, la habían encontrado en el Azteca.

 Decían que el Mundial se tuvo que haber jugado solamente en México, uno a un sin que nadie los coordinara. Periodistas y aficionados de países que nunca habían puesto a México en el centro de su conversación futbolística. Estaban reconociendo algo que los mexicanos llevan toda la vida sabiendo, pero que el mundo recién estaba viendo en tiempo real.

 Y entonces llegó el momento del pato. Sí, el pato. En el paseo de la reforma, en medio de la euforia posterior al partido, un pato llamado Merlin fue captado caminando tranquilamente por la emblemática avenida, portando con orgullo una pequeña playera de la selección mexicana. El video se volvió viral en minutos.

 Miles de personas compartieron la imagen bromeando que Merlín ya iba rumbo al Ángel de la Independencia a celebrar el triunfo del TRI. Lo llamaron el aficionado más fiel y en ese momento aparentemente absurdo, aparentemente menor, está toda la esencia de lo que México está logrando en este mundial. En ninguna otra sede del torneo hay un pato con camiseta del tricaminando por una avenida principal.

 En ninguna otra sede del torneo, la energía mundialista llegó hasta los animales. Esto no se fabrica, esto no se organiza desde una oficina. Esto es cultura y la diferencia entre México y sus dos vecinos del norte en este torneo está exactamente ahí. Antes de que llegues al dato que pocos están poniendo en contexto, hay algo que tenés que entender sobre los números reales de este fenómeno.

 La FIFA tiene reglas explícitas contra los abucheos a los himnos nacionales en sus torneos. Puede sancionar a las federaciones cuando sus aficionados incurren esa conducta. Pero en este caso el problema no es la afición de ninguna selección en particular, es la afición general de la sede, la comunidad que llena los estadios americanos de este mundial, que no está afiliada a ninguna federación que la FIFA pueda sancionar.

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