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MEGA OPERATIVO DEJA CAPTURADOS 4 MALACATES DE LA MS-13 OCULTARON CUERPO EN UN POZO

 Porque esto que le voy a contar no es una historia lejana ni inventada. Pasó aquí en Apopa, en El Salvador y durante años nadie pudo tocarlos. Hoy eso cambió y la forma en que cambió tiene que ver con un crimen tan cobarde que cuesta repetirlo en voz alta. Empecemos por entender con quién estamos tratando, porque no eran cualquier cosa.

 Según se ha reportado, estos hombres pertenecían a la clica de los popotanes locos salvatruchos, una célula de la maravatrucha que durante años se movió por esa zona de Apopa imponiendo su ley a punta de miedo. Al frente se le señala un sujeto identificado como Leonel Antonio Hernández Flores, al que en el barrio le decían demente, aunque por una de esas ironías crueles de las maras, también lo apodaban humilde.

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 Junto a él habrían operado un tal Tomás Jiménez y otro al que llamaban Chimbolito. Gente que decidía quién entraba, quién salía, quién pagaba y lo más escalofriante, quién vivía y quién no. Pero por muy peligrosos que fueran estos tres hombres, el crimen que los terminó hundiendo no lo cometieron solos. Y la persona que falta en esa lista es la que de verdad le va a helar la sangre cuando entienda lo que hizo.

 Y antes de que sigamos, quiero que sepa de dónde sacamos todo esto, porque aquí no andamos repitiendo rumores sueltos. Toda esta historia está armada a partir del comunicado oficial de la Fiscalía General de la República que dio los nombres, los alias y las penas exactas. de los mensajes verificados que publicaron esta misma semana las cuentas oficiales de los juzgados y de la propia fiscalía y del cruce con medios como Infobae, de IAA, RIO1 y el diario El Mundo.

 O sea, esto no salió de un grupo de WhatsApp ni de un comentario anónimo. Son datos confirmados por las autoridades salvadoreñas y cuando uno los junta todos, lo que aparece es una de esas historias que le quitan el sueño, porque muestran de lo que era capaz esta gente cuando se sentía dueña de la vida de los demás. Y el crimen por el que hoy están condenados retrata perfectamente esa maldad, porque la víctima no era una rival, no era una marera, no andaba metida en nada raro.

Era una mujer joven, común y corriente, sin deudas ni cuentas pendientes con nadie. No vamos a dar su nombre por respeto a su familia, que todavía la llora. Lo único que había hecho mal, según el código retorcido de esta clica, fue empezar una relación con un hombre que vivía en otra colonia. Eso que en cualquier parte del mundo sería lo más normal y lo más bonito.

 En el mapa enfermo de las maras se interpretó como una frenta que se pagaba caro y la regla que usaron para justificar lo que le hicieron es tan demencial que cuando le explique cómo funcionaba ese control sobre la colonia, va a entender por qué nadie en Apopa se atrevía ni a respirar fuerte.

 Si a usted le hierve la sangre de ver como durante años esta gente se creyó con el derecho de decidir hasta de quién se podía enamorar la gente, suscríbase. Aquí vamos a seguir destapando caso por caso todo lo que estas estructuras hicieron mientras nadie las paraba. Porque para la maravatrucha, un barrio no era un barrio, era territorio, propiedad de ellos.

 Y dentro de ese territorio mandaban reglas que nadie firmó, pero que se cobraban con sangre. Una de ellas era esa. No podías tener nada que ver con alguien del bando contrario, aunque fuera por amor. Quien cruzaba esa raya invisible se convertía a ojos de la clica, en un traidor. Imagínese usted vivir con esa amenaza encima todos los días hasta para querer a alguien.

 Y aquí hay que detenerse en un dato que lo cambia todo. Este crimen no es reciente. Habría ocurrido en 2022, en esos años en que las maras enterraban gente con la tranquilidad de saber que nadie iría a buscarlas, que el caso quedaría archivado y olvidado como tantos otros. Y sin embargo, fíjese bien, esa cuenta vieja terminó alcanzándolos años después de la forma más contundente, lo que hizo posible que un crimen así no se perdiera en el olvido.

 Y cómo terminó cerrándose el círculo sobre estos cuatro. Es algo que más adelante le voy a contar con todo detalle. Volvamos a cómo la atraparon a ella, porque ahí está la cobardía pura de esta gente. No la enfrentaron de frente, no fue una pelea, no fue nada que se le parezca, ni de lejos a un acto de valentía. La engañaron. Según la reconstrucción que ha trascendido del caso, todo se montó alrededor de una llamada.

 Le hicieron creer que querían hablar con ella, que era para arreglar un asunto, que no tenía nada que temer, una invitación que sonaba tranquila, casi normal, casi amistosa. Y ella confiada fue caminó hacia el lugar donde la esperaban sin imaginarse lo que le tenían preparado. Y le confieso una cosa, porque no me gusta contar esto como si nada me tocara.

 De todo el caso, lo que más me cuesta tragar es justamente eso, el cálculo, porque esto no fue un arrebato ni una bala perdida en una balacera, fue algo pensado, armado con paciencia, montado para que la víctima no sospechara nada hasta que ya fuera demasiado tarde. Hace falta una frialdad tremenda para planear así, la muerte de alguien que confía en uno.

Según lo que se ha llegado a saber, todo estuvo diseñado para que ella llegara tranquila a su propia trampa. Y para que ese plan funcionara, hizo falta alguien muy específico, alguien capaz de inspirarle confianza a la víctima. Y ese papel lo jugó una persona que usted jamás se imaginaría.

 Después de aquella cita, la mujer simplemente desapareció, se esfumó y empezó para su familia ese infierno que solo conocen quienes tienen a un ser querido desaparecido. Las horas sin noticias, las llamadas sin respuesta, la angustia de no saber si está viva o muerta, el ir y venir buscando cualquier pista por todos lados, días enteros, sin una sola certeza, aferrados a la esperanza de que apareciera con vida en cualquier momento.

 Y mientras tanto, los responsables seguían por ahí en el barrio caminando como si nada hubiera pasado, cargando un secreto que estaban convencidos de que jamás iba a salir a la luz. Pero salió. 4 días después de la desaparición, según se ha reportado, apareció lo que la familia tanto temía. El cuerpo de la mujer escondido dentro de un pozo en un intento por hacerla desaparecer del mapa para siempre.

quisieron borrarla, tapar el crimen como si nunca hubiera ocurrido. Y sin embargo, ese mismo empeño en ocultarlo todo fue con el tiempo de lo que terminó destapándolos. Porque una cosa es saber quién la mató y otra muy distinta es entender cómo lograron que esa mujer caminara hasta ellos sin sospechar nada.

Y ahí es exactamente donde aparece la pieza que lo cambia todo, porque hubo alguien que no disparó, alguien que no acabó, alguien que ni siquiera levantó la voz, pero cuyo papel fue quizás el más decisivo de todos. Una persona que se ganó la confianza de la víctima y la usó como un arma que le puso cara amable a la trampa, que convirtió la cercanía en una sentencia de muerte.

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