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Las más Terribles TRAGEDIAS en Canchas de Fútbol

Eso y más vamos a contarte en este especial del día que sobre catástrofes en el fútbol. Empecemos. Era un día de fiesta en Inglaterra que el Bradford City llevaba 9 meses esperando. El 11 de mayo de 1985, Valley Parade iba a ser el escenario de una celebración histórica. El club acababa de proclamarse campeón de la tercera división y ascendía por fin a la segunda categoría.

 11,076 aficionados llenaron las gradas, casi el doble del promedio habitual de la temporada. Había familias enteras, abuelos, niños, funcionarios locales e invitados de ciudades hermanadas como Ham y Moken Gladbatch en Alemania occidental y Berbe Bears de Bélgica. Antes del pitido inicial, el capitán Peter Jackson recibió el trofeo de campeón de manos de Dick Rock.

 El presidente vitalicio de la Football League era el primer título de liga que el club conquistaba en 56 años. Los fanáticos estaban eufóricos. Era el momento que todos esperaban. Nadie podía imaginar que ese número 56 volvería a aparecer esa misma tarde, pero teñido de un significado devastador. Lo que pocos sabían o prefirieron ignorar era que el estadio era literalmente una trampa mortal.

 La tribuna principal de Val Parade había sido construida en 1911. 74 años después seguía en pie sin apenas modificaciones. Era de madera vieja. Tenía un techo cubierto de capas de filtro bituminoso altamente inflamable y un suelo sin accesos con una enorme cantidad de basura, papel y residuos en el espacio hueco bajo las tablas. Hubo advertencia sobre esto.

 En julio de 1984, un ingeniero del consejo del condado envió una carta al club que decía, “Una colilla de cigarrillo tirada por descuido podría provocar un incendio.” Los bomberos de West Yorshire también habían alertado por escrito al secretario de club. Y no solo eso, la tribuna ya había sido clausurada. El plan del club era tomar medidas y el acero para sustituir las gradas estaba almacenado en el mismo predio.

 Los trabajos de demolición iban a comenzar dos días después del partido, pero esa fue la diferencia entre el festejo y el horror. Habían transcurrido 40 minutos de juego con el marcador 0 a0 cuando a las 15:44 el comentarista de televisión, John Helm, señaló algo inusual en la tribuna principal, una luz brillante y una pequeña columna de humo a tres filas del fondo.

 Luego se supo que la advertencia del consejo del condado había sido profética. Un espectador australiano que visitaba a su sobrino había encendido un cigarrillo durante el partido y al apagarlo resbaló por una grieta en el suelo de madera. Cuando cayó al espacio de basura acumulada debajo, la chispa se encendió. Él y su sobrino intentaron sofocarlo vertiendo café.

 Al principio parecía controlado, pero la realidad era muy diferente. Un espectador corrió en busca de un extintor, pero no había ninguno en el pasillo de la tribuna. habían sido retirados por miedo al vandalismo. Un agente de policías pidió a gritos uno a otro compañero, pero la llamada fue mal interpretada y en su lugar se avisó a los bomberos por radio para cuando llegaron 4 minutos después ya no había tribuna que salvar.

 El fuego se propagó por la madera reseca a una velocidad letal. El fieltro del techo y la basura acumulada durante años ardió en cuestión de segundos. En menos de 4 minutos y medio, la tribuna entera estaba envuelta en llamas con trozos de madera ardiendo y materiales fundidos que caían desde el techo sobre la multitud.

 Un denso humo negro hacía imposible ver a más de 1 metro. El árbitro Norman Glover detuvo el partido a 3 minutos del descanso, alertado por su juez de línea al ver a los espectadores desbordarse sobre el muro que separaba la tribuna del terreno de juego. El pánico fue inmediato y no hubo manera de controlarlo. Miles de personas intentaron escapar hacia la parte trasera de la tribuna, pero la mayoría de las salidas estaban cerradas con llave y no había guardias de seguridad para abrirlas.

 Los torniquetes de entrada también estaban cerrados. Muchos murieron allí atrapados, intentando arrastrarse bajo los accesos. 27 cuerpos fueron encontrados cuando el fuego al fin pudo controlarse. Pero más allá del caos, también comenzaron a surgir testimonios de actos heroicos. Tres hombres derribaron a golpes una puerta sellada y otras personas desde el exterior forzaron las demás salidas.

 El entrenador Terry Yorat, cuya propia familia estaba en la tribuna, corrió al campo para ayudar a evacuar a la gente. El jugador John Hy trepó por los asientos en llamas para rescatar a un aficionado. Un hombre extinguió las llamas que consumían a otro cubriéndole la cabeza con su jersey. En la parte delantera, donde no había vallas perimetrales, muchos lograron saltar al césped y sobrevivir.

 ausencia de vaya, que en otros contextos se consideraba un fallo de seguridad. Esa tarde salvó cientos de vidas. Al caer la noche, la cifra oficial era estremecedora. 56 personas habían muerto. Una coincidencia siniestra que parecía una burla del destino. 54 de las víctimas eran aficionados del Bradford, dos del Lincoln City, 11 eran menores de 18 años, 23 tenían 65 años o más.

 Y la víctima fatal de mayor edad fue Samird, expresidente del club con 86 años. Más de 265 personas resultaron heridas en el incendio. Fue el peor desastre por fuego en la historia del fútbol británico y el peor accidente en un estadio en Gran Bretaña desde la tragedia del Ibrox en 1971, donde 66 personas murieron en una avalancha.

 El profesor David Chart recibió a más de 200 heridos en el Hospital Real de Bradford con el apoyo del 10% de los cirujanos plásticos del Reino Unido. De aquel esfuerzo monumental nació el cabestrillo de Bradford, un dispositivo que aplica presión uniforme en zonas quemadas y que hoy se utiliza a nivel internacional. Los mensajes de condolencia llegaron casi de inmediato y sumaron su solidaridad algunas de las personalidades más importantes del país y del mundo.

 La reina Isabel II, el Papa Juan Pablo II, la primera ministra Margaret Tcher, entre otros. El Fondo de Ayuda para las Víctimas recaudó más de 3,illones y medio de libras. La investigación presidida por Sir Oliver Popwell determinó que el club había sido advertido en más de una ocasión del riesgo y no había actuado. El Bradford City fue declarado responsable en dos tercios de los daños, el Consejo del Contado del Tercio restante.

 Las compensaciones a los 154 demandantes superaron los 20 millones de libras. El desastre transformó la legislación sobre seguridad en estadios de todo el Reino Unido. Se prohibieron las nuevas tribunas de madera. Se cerraron las existentes que fueron consideradas inseguras y se establecieron normas de evacuación que décadas antes parecían innecesarias.

 Valley Parade reabrió el 14 de diciembre de 1986 con el Bradford venciendo a una selección inglesa por 2 a 1 ante 15,000 espectadores. Hoy, junto a la entrada principal, una lápida de mármol negro con nombres grabados en oro recuerda las 56 víctimas. En la plaza del centenario de Bradford, la ciudad de hermanada de Ham, donó otra cultura gemela.

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