Dejemos que Pedro explique cómo es posible que con tanto estado de bienestar los jóvenes españoles no puedan vivir de forma independiente. Sánchez se inclinó hacia delante, su diplomacia comenzando a desvanecerse. Mire, presidente, miy, lo que usted no entiende es que el estado de bienestar protege a los ciudadanos de las crueldades del mercado. Los protege.
Mi ley alzó la voz. Los protege o los compra. El estudio se sumió en silencio. Incluso Amampur se quedó sin palabras por un momento. Perdón, dijo Sánchez. Lo que oíste, Pedro. El Estado no los protege, los compra y ustedes se venden. Eso es completamente. Sánchez empezó a levantarse. Siéntate. Miley le gritó. Todavía no terminé.
La tensión en el estudio era palpable. Los técnicos se miraron entre sí, sin saber si debían intervenir. El Estado español, mi ley continuó. Su voz ahora fría y calculada, les da migajas a los ciudadanos y a cambio les quita su libertad. Les da sanidad gratuita y a cambio les confisca el 50% de sus ingresos, les promete pensiones y a cambio los convierte en esclavos fiscales de por vida.
Eso es una mentira. Sánchez explotó. El estado de bienestar es la mayor conquista de la humanidad. La mayor conquista. Mi ley se echó a reír. Conquistar qué? El derecho a depender del estado desde la cuna hasta la tumba. El derecho a una vida digna, gritó Sánchez. Vida digna. Mi ley se levantó. Llamas vida digna a que un joven de 28 años no pueda irse de casa de sus padres porque todo el dinero que gana se lo quita el estado en impuestos.
Amampur intentó intervenir. Caballeros, por favor, no. Mi ley siguió gritando. Dejemos que explique por qué los jóvenes españoles necesitan 40 años para comprarse una casa mientras el Estado gasta billones en burocracia. Porque el mercado es injusto”, respondió Sánchez. “Sin regulación, sin protección social, solo hay explotación.
” “Menti ley golpeó la mesa. Lo que hay es que ustedes han creado un sistema donde es más rentable ser funcionario que emprendedor.” Mi ley se calmó repentinamente, su voz volviendo a ser controlada, pero letal. “Déjame explicarte algo, Pedro. En Argentina, antes de nuestras reformas, teníamos exactamente tu modelo.
¿Sabes qué pasaba? Sánchez lo miró con desconfianza. Los políticos se enriquecían, los funcionarios vivían cómodamente y el pueblo se empobrecía, exactamente como en España. España no es un país pobre, protestó Sánchez. No. Mi ley sonríó. Entonces, explícame por qué el salario medio de un joven español es inferior al de un joven estadounidense, alemán o suizo.
Porque tenemos mejores servicios públicos. Servicios públicos que paga el mismo joven que no puede independizarse. Mi ley lo interrumpió. Es brillante, Pedro. Le cobras una fortuna en impuestos y después le das gratis lo que ya pagó. No es así como funciona, ¿no? Miley sacó de nuevo su teléfono. ¿Quieres que calculemos cuánto paga un joven español en impuestos durante su vida laboral y cuánto recibe en servicios? Sánchez quedó en silencio.
Te voy a ahorrar la cuenta, continuó mi ley. Paga aproximadamente 400,000 € más de lo que recibe. Esa diferencia financia tu burocracia. Eso es falso. Demuéstralo”, le gritó mi ley. “Dime cuánto gana un funcionario medio en España. Dime cuánto cuesta mantener a un empleado público.” Sánchez se quedó callado por primera vez en el programa.
Sus asesores en la sala de control estaban en pánico. “¿No tienes respuesta, ¿verdad?” Mi ley presionó, “Porque sabes que tengo razón.” Lo que sé, Sánchez dijo finalmente es que usted representa todo lo peor del capitalismo salvaje. Capitalismo salvaje. Mi ley se rió. Pedro, yo represento la libertad. Ustedes representan la esclavitud elegante.
Eso es una barbaridad. Barbaridad. La barbaridad es obligar a un joven a entregar la mitad de su vida al estado. Amampur trató de nuevo de intervenir. Presidente Sánchez, ¿cómo responde a estas acusaciones? Sánchez respiró profundo tratando de recuperar la compostura. Cristian, lo que el presidente mi ley no entiende es que la solidaridad, la solidaridad, mi ley estalló de nuevo.
La solidaridad forzada es extorsión. No es extorsión, gritó Sánchez. Es civilización. Civilización. Mi ley se levantó otra vez. Llama civilización a un sistema donde los jóvenes no pueden formar familias porque todo su dinero se lo queda el estado. En ese momento algo inesperado sucedió. Sánchez, visiblemente frustrado y sintiéndose acorralado, hizo un gesto hacia su micrófono.
¿Sabes qué? Dijo Sánchez. No vine aquí para ser insultado por un populista. Populista. Mi ley se quedó helado. Me llamaste populista. Sí. Sánchez se incorporó. Eso es exactamente lo que eres, un demagogo populista. Mi ley se acercó a él. Pedro, déjame explicarte la diferencia entre un populista y un liberal. No me interesa. Sánchez hizo además de quitarse el micrófono.
Un populista promete cosas gratis, gritó mi ley. Un liberal te dice que nada es gratis y que alguien tiene que pagarlo. Ya basta. Sánchez se levantó y efectivamente empezó a quitarse el micrófono. Te vas, Miley no podía creerlo. Te vas porque no puedes defender tu sistema. Amampur se levantó también.
Caballeros, por favor, ¿podemos? No! Gritó mi ley. Que se vaya. Que todo el mundo vea que cuando los socialistas no pueden responder preguntas simples, huyen. Sánchez se detuvo, el micrófono a medio quitar. La imagen se había vuelto viral antes de que ocurriera. No estoy huyendo, dijo Sánchez. Simplemente no voy a tolerar más insultos.
Insultos. Mi ley se calmó de nuevo. Pedro, siéntate. Te voy a hacer una pregunta simple, sin insultos. Sánchez vaciló, el micrófono aún en su mano. La presión mediática era enorme. Si se iba, parecería que oía. Si se quedaba, tendría que enfrentar más preguntas incómodas. Una pregunta, repitió mi ley. Simple matemática.
Amampur aprovechó. Presidente Sánchez quizás podría considerar. Sánchez. Suspiró y volvió a ponerse el micrófono. Una pregunta. Gracias. Mi ley se sentó también. Aquí va. ¿Cómo es posible que con tantos impuestos tengan jóvenes que no consiguen empleo ni vivienda? El estudio se sumió en silencio. Era la pregunta más simple y más devastadora posible.
Sánchez se quedó callado por largos segundos. Todo el mundo esperaba. Es una pregunta compleja. Empezó finalmente. No, mi ley lo cortó suavemente. Es una pregunta simple. Ustedes cobran impuestos altísimos supuestamente para crear oportunidades. ¿Por qué no las hay? Porque Sánchez vaciló. Porque el mercado global, el mercado global. Mi ley asintió.
Entonces, ¿dmes que el Estado no puede proteger a los jóvenes del mercado global? No es eso. Entonces, ¿qué es, Pedro? Mi ley presionó. Les cobras una fortuna en impuestos y no puedes garantizarles ni trabajo ni vivienda. Sánchez no respondió. O peor, continuó mi ley. Les cobras una fortuna en impuestos y precisamente por eso no pueden acceder a trabajo ni vivienda.
Mire, Sánchez dijo finalmente, “El estado de bienestar no pretende resolver todos los problemas”. Ajá. Mi ley sonríó. Ahí está la verdad. No pretende resolver todos los problemas, pero sí pretende cobrar por resolverlos. No es así, ¿no? Mi ley se inclinó hacia adelante. Entonces, dime, ¿para qué sirve el Estado si no puede garantizar ni trabajo ni vivienda a los jóvenes? Sirve para muchas cosas.
Nombra una, lo desafió mi ley, una cosa que el estado español haga mejor que el mercado. Sánchez pensó, la sanidad. La sanidad. Mi ley alzó las cejas. ¿Te refieres al sistema donde hay listas de espera de meses para operaciones? Es gratuita. No es gratuita. Mi ley explotó otra vez. La pagan los mismos jóvenes que no pueden independizarse, pero está disponible para todos.
Para todos. Mi ley se ríó. Pedro, los ricos españoles van a clínicas privadas. La sanidad pública es para los que no pueden pagarse una privada. Exactamente. Los que más impuestos pagan en proporción a sus ingresos. Eso no es cierto. Demuéstralo le gritó Mily. Dime, ¿cuándo fue la última vez que un ministro español usó la sanidad pública para algo serio.
Sánchez quedó callado otra vez. ¿Sabes cuál es la mayor hipocresía de todo esto, Pedro? Mi ley bajó la voz haciéndola más amenazante. Sánchez lo miró con aprensión. que ustedes, los políticos socialistas son los únicos que se benefician realmente del sistema. Eso es falso. Falso. Mi ley sonrió. ¿Cuánto ganas como presidente? ¿Cuánto gana un ministro? ¿Cuánto gana un diputado? Son salarios públicos. Están publicados.
Exacto. Están publicados. ¿Quieres que los comparemos con el salario medio de los jóvenes españoles? Sánchez se removió incómodo en su silla. Un presidente español gana más en un mes que un joven español en un año. Continuó mi ley. Y todo pagado por los impuestos de ese mismo joven que no puede independizarse.
Los cargos públicos tienen responsabilidades. Responsabilidades. Mi ley se carcajeó. ¿Cuál es tu responsabilidad, Pedro? Asegurar que los jóvenes no puedan formar familias. Mi responsabilidad es gobernar para todos. Para todos. Mi ley se levantó otra vez. O para los funcionarios que te votan. Déjame explicarte cómo funciona realmente tu sistema, Pedro.
Mi ley comenzó a caminar por el estudio. Tu partido necesita votos. ¿De quién los saca? De los empleados públicos. ¿Cómo mantienes a los empleados públicos contentos? Subiendo Susana en sus salarios y creando más puestos. Sánchez escuchaba en silencio. ¿Cómo financias esos salarios y esos puestos? Con impuestos. ¿A quién le cobras los impuestos? Al sector privado.
¿Qué pasa con el sector privado cuando le cobras demasiado? No puede generar empleos. Es una simplificación. Es la verdad. Mi ley se detuvo frente a él. Ustedes han creado un sistema donde el Estado compite con el sector privado por los recursos y siempre gana el Estado porque tiene el monopolio de la violencia. No tenemos ningún monopolio de la violencia. No. Mi ley se ríó.
¿Qué pasa si un español decide no pagar impuestos? Sánchez no respondió. Te meten en la cárcel, Pedro. Eso es violencia. Es la ley. Exacto. La ley que ustedes hacen para mantener su sistema. Christian Ampur, viendo que la situación se había salido completamente de control, decidió intervenir drásticamente. Caballeros dijo con voz firme, creo que hemos explorado estas diferencias filosóficas extensamente.
Quizás podríamos. Cristian. Mi ley la interrumpió. Quiero que Pedro responda una pregunta final. Presidente Miley. Ampur trató de mantener el control. Quizás sería mejor. Déjale preguntar. Sánchez dijo de repente. Había recuperado algo de compostura y parecía listo para un último enfrentamiento. Gracias, Pedro. Mi ley sonrió.
Mi pregunta es simple. ¿Estás dispuesto a reducir tu salario presidencial al salario medio de un joven español? El estudio se quedó en completo silencio. “Perdón”, dijo Sánchez, “lo que oíste. Si realmente crees que el sistema es justo, ¿estás dispuesto a vivir con lo que vive un joven español promedio? Eso es, eso. Es una pregunta absurda.
¿Por qué es absurda? Mi ley presionó, si el sistema funciona, deberías poder vivir con lo que produce. Los cargos públicos tienen gastos. Los jóvenes también tienen gastos. Mi ley gritó, quieren vivir, quieren formar familias, quieren tener hijos. No es comparable. ¿Por qué no es comparable? Mi ley se acercó más.
Porque tú eres más importante que ellos. Porque tengo responsabilidades de estado. Ellos tienen responsabilidades de vida. Mi ley explotó y ustedes se las están robando. En ese momento, mientras mi ley gritaba y Sánchez trataba de responder, las cámaras capturaron algo extraordinario. Sánchez, visiblemente agotado por el interrogatorio, se llevó las manos a la cabeza en un gesto de desesperación total. No puedo más, murmuró Sánchez.
No vine aquí para esto. ¿Para qué viniste? Mi ley no aflojó. Viniste para que te adularan. ¿Viniste para que nadie cuestionara tu sistema? Vine para explicar nuestras políticas. No viniste a explicar nada. Mi ley se cernió sobre él. Viniste a hacer propaganda de un sistema que está destruyendo el futuro de los jóvenes españoles.
Sánchez se levantó bruscamente. Ya está bien. No está bien. Mi ley también se levantó. No va a estar bien hasta que admitas que tu sistema es una estafa. Ampur se interpuso entre ellos. Caballeros, esto es CNN internacional. Exactamente, gritó mi ley. Es CNN internacional. que todo el mundo vea la verdad sobre el socialismo europeo.
Sánchez, sin decir una palabra más, se quitó definitivamente el micrófono y comenzó a caminar hacia la salida del estudio. ¿Te vas? Miley le gritó. Así respondes a las preguntas difíciles. Sánchez se detuvo en la puerta del estudio, se dio la vuelta y dijo, “No voy a seguir participando en este circo.” “Circo mi ley se carcajeó.
El circo es tu sistema económico, Pedro. Yo solo estoy señalando a los payasos.” “Ya basta.” Amampur gritó finalmente, “Presidente, mi ley, por favor.” Pero Sánchez ya había salido del estudio dejando a Miley solo con Amampur y millones de espectadores en todo el mundo. Bueno, Miley se dirigió directamente a la cámara.

Ahí tienen su respuesta. Cuando los socialistas no pueden defender su sistema, se van. Amampur trató de salvir la situación. Presidente Miley, quizás el tono. No, Cristian. Miley se sentó tranquilamente. El tono estaba perfecto, las preguntas eran simples, las respuestas inexistentes. Con Sánchez fuera del estudio, mi ley se dirigió directamente a los espectadores.
Estimados televidentes, comenzó con calma. Acabamos de presenciar algo histórico. Un líder socialista huyendo de preguntas básicas sobre su sistema. Amampur intentó interrumpir, pero mi ley continuó. ¿Por qué huyó Pedro Sánchez? porque no puede explicar por qué los jóvenes españoles no pueden independizarse.