Posted in

La mujer más bella del mundo con un terrible final | Stella Tennant

Creció en Escocia dentro de una familia aristocrática, un entorno marcado por el peso del apellido y por las expectativas que lo acompañaban. Aunque no enfrentó carencias económicas, tampoco sintió que pudiera desarrollarse con total libertad, ya que desde muy joven convivió con la presión que implicaba pertenecer a ese entorno. Mientras muchas personas de su edad seguían los estilos que predominaban en aquel momento, Estela prefería construir una imagen completamente diferente.

Solía vestir con una estética inspirada en el movimiento punk. Llevaba botas militares y un piercing en el tabique de la nariz, una apariencia que contrastaba con lo que normalmente se esperaba de alguien con su origen familiar. Aquella manera de presentarse hizo que en más de una ocasión se sintiera fuera de lugar.

No terminaba de encajar entre los círculos más tradicionales por su aspecto. Esa sensación de no pertenecer completamente a ningún grupo la acompañó durante buena parte de su juventud. Desde niña mostró un profundo interés por el arte. Cuando llegó el momento de elegir su camino, decidió estudiar escultura. Al terminar esa etapa académica, Stela se encontraba disfrutando de un descanso de verano después de presentar una de sus exposiciones.

Fue entonces cuando un amigo que trabajaba en British Bog le comentó que la revista buscaba personas para participar en una sesión fotográfica dirigida por Steven Masel. Antes de terminar sus estudios, Stela nunca había considerado dedicarse al modelaje como un objetivo profesional. Su interés seguía estando en el arte y la escultura, por lo que la propuesta de participar en aquella sesión fotográfica le pareció simplemente una experiencia distinta.

No tenía expectativas sobre lo que podía ocurrir después, pero decidió aceptar la oportunidad y descubrir hasta dónde podía llevarla. En 1993 obtuvo una sesión de fotos con Steven Meel. Aquella sesión representó su primera aparición importante dentro de la industria y bastó para captar la atención de quienes buscaban nuevos rostros para la moda.

Su imagen destacaba por alejarse de los estándares que predominaban en ese momento. Mientras muchas modelos proyectaban una apariencia sofisticada y convencional, Estela mantenía un estilo mucho más sobrio, con rasgos marcados y una actitud que transmitía naturalidad. Precisamente esas diferencias fueron las que despertaron el interés de diseñadores, fotógrafos y editores.

No intentaba parecerse a nadie ni seguía las tendencias que dominaron las pasarelas. Su presencia resultaba distinta y eso hizo que comenzara a recibir nuevas oportunidades casi de inmediato. A partir de ese debut, empezaron a llegar trabajos con importantes casas de moda, las cuales comenzaron a incluirla en sus proyectos, dando inicio a una carrera que avanzó con rapidez y que en muy poco tiempo la convertiría en una de las modelos más reconocidas de la década de los 90.

El impacto que produjo su primera aparición en las portadas abrió rápidamente nuevas puertas dentro de la industria, lo que comenzó como una oportunidad aislada, se transformó en una carrera que avanzó a gran velocidad. Su imagen rompía con el estilo dominante de la época y eso hizo que cada vez más marcas buscaran trabajar con ella.

Entre 1996 y 2000, Estela se consolidó como una de las modelos más solicitadas del momento. Su presencia en las pasarelas era constante y su estilo, distante y poco convencional terminó convirtiéndose en uno de sus principales distintivos. Mientras otros nombres destacaban por el glamour y la elegancia clásica, ella proyectaba una personalidad completamente diferente que despertaba el interés de diseñadores y fotógrafos.

Uno de los momentos más importantes de esa etapa llegó cuando Carl Lagerfeld la eligió como el nuevo rostro de Chanel. La decisión llamó la atención porque Estela representaba una combinación poco habitual dentro del mundo de la moda. La relación profesional entre ambos fue mucho más allá de una campaña publicitaria.

Estela llegó a describir a Lagerfeld como una persona extraordinaria, inteligente y profundamente curiosa, mientras que el diseñador encontró en ella una de sus principales fuentes de inspiración durante aquellos años. No era únicamente una modelo para Chanel, se había convertido en una de las musas del diseñador. Con el paso del tiempo, su presencia se volvió habitual en las portadas de BOG y en campañas publicitarias de alcance internacional.

Sin necesidad de adoptar una personalidad distinta frente a las cámaras, consiguió convertirse en una figura que modificó la manera en que muchas personas entendían la belleza dentro de la industria. Ese reconocimiento alcanzó uno de sus puntos más altos en 2001, cuando recibió el premio modelo del año en los Bog Fashion Awards.

Para alguien que nunca había planeado dedicarse al modelaje, el reconocimiento representaba el momento de mayor éxito de una carrera. Mientras su carrera seguía creciendo, la rutina detrás de las cámaras era muy distinta a la imagen que el público veía en revistas y pasarelas. Las sesiones fotográficas se sucedían una tras otra, los viajes eran constantes y las jornadas de trabajo apenas dejaban espacio para el descanso.

Aquella agenda terminó convirtiéndose en parte de su vida cotidiana. Además del ritmo de trabajo, también existía una presión permanente por parte de la industria. Aunque Estela tenía una complexión naturalmente delgada y alta, seguía recibiendo comentarios sobre su apariencia y enfrentaba expectativas cada vez mayores respecto a su imagen.

En cada producción había personas indicándole cómo debía verse, cómo debía posar o qué cambios podían hacerla encajar mejor en una campaña determinada. Con el paso del tiempo comenzó a sentir que su vida estaba siendo definida por otras personas. Aquella autenticidad que había llamado la atención desde sus primeros trabajos seguía siendo admirada, pero ella tenía la sensación de estar interpretando un papel completamente diferente.

La fama tampoco era algo que disfrutara. La atención que despertaba su imagen, las miradas de desconocidos y la exposición permanente eran aspectos con los que nunca terminó de sentirse cómoda, incluso cuando se encontraba en el mejor momento de su carrera. Al llegar a ese punto, Estela comenzó a cuestionarse si realmente quería continuar viviendo de esa manera.

Mientras para muchos representaba el momento ideal para seguir creciendo dentro de la moda, ella empezaba a pensar en la posibilidad de construir una vida completamente diferente, lejos de las pasarelas y de la atención constante del público. En el momento en que muchas modelos buscaban consolidarse aún más dentro de la industria, Estela tomó un camino completamente distinto.

Decidió alejarse del modelaje cuando seguía siendo una figura muy solicitada. Su salida no estuvo acompañada de escándalos ni de conflictos públicos. Simplemente optó por dejar atrás ese ritmo de vida para enfocarse en aquello que consideraba realmente importante. Quería recuperar la tranquilidad, volver a dedicar tiempo a la escultura y construir un entorno más estable, lejos de los estudios fotográficos y los constantes viajes.

Read More