Su padre, Raymond trabajaba en la Ford Motor Company. Su madre, Joana Winkelman, había cantado brevemente con la Phils Pitalnis Old Girl Orchestra, una orquesta exclusivamente femenina famosa en los años 40. La música estaba en la sangre de los Hulce y el pequeño Tom quería ser cantante. Ese sueño se derrumbó cuando su voz cambió en la adolescencia y perdió el registro que lo hacía especial.
Necesitaba otra forma de conectarse con la audiencia. La encontró en la actuación. A los 15 años, Tom hizo algo extraordinario. Se fue de casa. Se inscribió en la Interlocchen Arts Academy en Michigan, uno de los internados artísticos más prestigiosos del país. Después pasó a la North Carolina School of the Arts, donde estudió actuación sin llegar a completar su título.

Terminó su formación académica en el Beloit College de Wisconsin, graduándose con un BA. Era un joven con una urgencia artística que no podía esperar a que el sistema educativo lo alcanzara. En 1975, a los 21 años, debutó en Broadway de la manera más improbable posible como suplente de Peter Fth Icus, la obra de Peter Shaffer sobre un adolescente obsesionado con los caballos.
Su compañero de escenario era Anthony Hopkins, ni más ni menos. Cuando FTH dejó la producción, Tom reemplazó como protagonista. Piensen en eso. Un chico de Detroit de 21 años compartiendo escenario noche tras noche con Anthony Hopkins en una de las obras más exigentes del teatro contemporáneo. Esa experiencia lo forjó como actor de una manera que Hollywood nunca habría podido.
Capítulo 3. Janny Mao House a Amadeus. Su primer papel en cine llegó en 1977 con September 30 1955. Una película sobre el día que murió James Dean. Nadie la recuerda. Lo que sí recuerda todo el mundo es lo que vino al año siguiente. En 1978, Tom fue elegido para interpretar a Larry Pinto Kroger en desmadre a la americana.
La comedia de John Landis sobre una fraternidad universitaria descontrolada que se convirtió en un fenómeno cultural. La película costó 2.8 millones de dólares y recaudó más de 141 millones, convirtiéndose en una de las comedias más rentables de la historia hasta ese momento. Tom interpretaba al novato inocente y nervioso que entra a la fraternidad Delta Tauchi y su naturalidad frente a la cámara lo posicionó inmediatamente como un actor con potencial serio, disfrazado de comediante.
Durante los siguientes años alternó entre teatro y papeles menores en cine y televisión. Apareció en la serie St. Elswear en 1983. continuó trabajando en Broadway y en teatro regional, perfeccionando un oficio que valoraba por encima de la fama cinematográfica. Y entonces llegó la oportunidad que lo cambió todo.
Milos Forman, el director checo que había ganado el Óscar por alguien, voló sobre el nido del cuco. Estaba preparando la adaptación cinematográfica de la obra de Peter Shaffer Amadeus. Necesitaba un actor que pudiera interpretar a Mozart no como un genio solemne, sino como un niño terrible, vulgar, brillante, ruidoso e insoportablemente talentoso.
La competencia era feroz. Entre los candidatos estaban David Bowwiy, Mark Hamill, Kenneth Bran y hasta el bailarín Mikil Barishnikov. Forman eligió a Tom Hulse. Amadeus se rodó en Praga durante un proceso que exigió de Tom una preparación obsesiva. Aprendió a fingir convincentemente que tocaba el piano y el clavecín.
Estudió la historia de Mozart hasta internalizarla y crucialmente inventó esa risa. Esa carcajada infantil aguda y descontrolada que se convirtió en la firma del personaje no estaba en el guion de Shaffer. Fue una creación pura de Tom Hols que Forman a modes del primer ensayo. La película se estrenó en 1984 y arrasó.
Ganó ocho premios Óscar de 11 nominaciones, incluyendo mejor película. Tom fue nominado a mejor actor compitiendo directamente contra su compañero de reparto F. Muray Abraham, que interpretaba a Salieri. Abraham ganó. Era una de esas situaciones donde cualquiera de los dos habría merecido el premio, pero la narrativa de Salieri, como el hombre mediocre que reconoce el genio ajeno, resonó más con los votantes de la academia.
A los 30 años, Tom Halsey había interpretado a Mozart en una película que ganó ocho Óscar. Las ofertas de Hollywood deberían haber sido infinitas. Lo que pasó después fue muy diferente. Capítulo 4. El actor que Hollywood no supo usar. Los años siguientes revelaron un problema que perseguiría a Tom durante toda su carrera cinematográfica.
Hollywood no sabía qué hacer con él. No era un galán convencional, no era un actor de acción. no encajaba en ninguna de las categorías que los estudios usaban para empaquetar y vender a sus estrellas. Era simplemente un actor extraordinario sin un molde comercial claro. En 1988 protagonizó Dominic y Eugene, un drama donde interpretaba a un joven con discapacidad intelectual, cuyo hermano gemelo, interpretado por Ray Liotta, estudia medicina.
Su actuación fue aclamada por la crítica y le valió una segunda nominación al globo de oro a mejor actor. La película demostró su rango dramático, pero no fue un éxito comercial. En 1989 apareció en todo en la familia Parenhood junto a Steve Martin interpretando al tío Larry, un soñador irresponsable pero entrañable.
Era un papel de reparto en una película coral, pero Tom lo convirtió en uno de los personajes más memorables del film. Ese mismo año fue nominado al Tony a mejor actor por la producción original de Broadway de cuestión de honor de Aaron Sorkin, el drama militar que años después se convertiría en la icónica película con Jack Nicholson y Tom Cruz.
En los 90 sus apariciones cinematográficas se volvieron más esporádicas. En 1991 protagonizó El Círculo del Poder, una producción rusoitaliana dirigida por Andrey Conchalovski, donde interpretaba al proyeccionista personal de Stalin. En 1993 apareció junto a Jeff Bridges en Sinedo a la vida de Peter Weir. En 1994 fue Henry Clerbal en Frankenstein de Mary Shelly junto a Robert de Niro y Kenneth Branhack.
Eran papeles interesantes en películas respetables, pero ninguno lo acercó al impacto de Amadeus. En 1995 ganó el Emi a mejor actor de reparto por The Heidi Chronicles, un telefilme basado en la obra de Wendy Waserstein junto a Jamie Lee Curtis. Y en 1996 llegó su último gran papel como intérprete, la voz de Quasimodo en el jorobado de Notredame de Disney.
Tom dio al personaje una ternura y una humanidad que elevaron la película por encima de las convenciones del género animado. Fue, irónicamente su trabajo más universalmente conocido después de Amadeus y lo hizo sin que nadie pudiera ver su cara. Capítulo 5. La desaparición. Después del jorobado de Notredam, Tom Hulse prácticamente dejó de actuar.
