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INFIERNO EN EL JUICIO CONTRA CABECILLAS DE LA MS-13 POR AUDIOS FILTRADOS

La voz que acabas de oír al inicio de este video no es de una película ni de una serie, es real. Es uno de los audios que ya se habrían reproducido dentro de ese tribunal improvisado en pleno SECOT y forma parte de un expediente que tiene a todo El Salvador conteniendo el aliento. Y aquí te vamos a contar exactamente qué se ha sabido hasta ahora, quiénes son los cinco rostros principales sentados en ese banquillo y por qué este juicio que avanza bajo la presidencia de Bukele estaría marcando un antes y un después

en la historia de este país. Si a usted también se le revuelve el estómago al imaginar a estos hombres hablando del asesinato como si fuera un trámite de oficina, mientras del otro lado había madres enterrando hijos sin saber siquiera quién había dado la orden, suscríbase ahora mismo, porque aquí vamos a seguir destapando cada una de estas historias que durante décadas muchos prefirieron callar.

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 Para entender bien la magnitud de lo que está ocurriendo dentro de esa sala, hay que detenerse un momento en una cifra que parece imposible de digerir. 486 acusados. No son cuatro, no son 20, no son 100. Son 486 hombres sentados frente al mismo tribunal. Todos vinculados a la cúpula histórica de la Mara Salvatrucha. Todos señalados por la Fiscalía General de la República como responsables directos.

 o intelectuales de un sistema criminal que durante una década completa habría operado un verdadero estado paralelo dentro del territorio salvadoreño. Y aquí está el detalle que muchos no han alcanzado a procesar todavía porque estos hombres no fueron trasladados a un edificio judicial del centro de San Salvador. El propio estado salvadoreño habría decidido que el juicio se celebrara dentro del Seot, en una sala habilitada para tal efecto, donde los acusados llegan a la audiencia con uniforme blanco, con la cabeza rapada, sin teléfono, sin contacto con el exterior y

vuelven a su celda en cuanto se cierra la sesión. Y mira, yo te voy a ser sincero, cuando uno se entera de este detalle, lo primero que viene a la cabeza es que durante 30 años estos mismos hombres habían convertido el sistema judicial en un teatro a su medida y ahora el sistema judicial habría llegado literalmente a juzgarlos en su propia jaula.

Hemos seguido durante semanas la cobertura del juicio masivo dentro del Tribunal Sexto contra el crimen organizado y contrastado los reportes de más de una docena de medios salvadoreños sobre los más de 600 audios que la fiscalía habría ofertado como prueba en este proceso. Hasta el momento, según las versiones que han trascendido, ya se habrían escuchado en sala cerca de 125 de esas grabaciones.

 Y lo que se ha llegado a saber sobre su contenido es lo que está dejando a muchos sin palabras. Son audios fechados entre 2016 y 2021. Años en los que estos cabecillas ya estaban en su momento de mayor poder. Años en los que ningún gobierno anterior había logrado o querido romperles el esquema.

 Y entre esas grabaciones habría una serie de instrucciones tan frías sobre cómo proceder con víctimas específicas, que la propia sala habilitada dentro del SECOT se habría tenido que detener en varias ocasiones antes de continuar con la audiencia. Los cinco rostros principales que el país tiene que aprenderse de memoria son los siguientes, porque son los nombres que durante años movieron las piezas desde dentro y desde fuera de las cárceles.

 El primero, Borromeo Enrique Henríquez, conocido en el bajo mundo como de Hollywood, una de las figuras más antiguas de la ranfla histórica. El segundo, Elmer Canales, alias Crook de Hollywood, otro de los pesos pesados de la cúpula. El tercero, José Alonso Marroquín López, alias Ave o Pájaro de Santos. El cuarto, Fredy Vanandres, alias Blacky de Parkv.

 Y el quinto, Leonel Alexander González Leonardo, alias Necio de Zanocos. Cinco apodos que durante años circularon por los barrios humildes del Salvador con el peso de una sentencia de muerte. Porque cuando alguno de estos nombres se mencionaba en una colonia, los vecinos sabían que algo grave estaba a punto de ocurrir.

 Hoy esos cinco hombres entrarían a la sala con la cabeza rapada, escuchando sus propios audios reproducidos frente a ellos, sin poder decir nada, sin poder mandar nada, en el mismo edificio donde duermen cada noche. Y para que se entienda bien el tamaño del aparato que estos hombres habrían dirigido, hay que poner sobre la mesa los números que la propia fiscalía habría documentado en el expediente.

 34 programas distribuidos por todo el territorio nacional. Ocho de esos programas en la zona occidental del país, 14 en la zona central y metropolitana, cinco en la zona paracentral, cinco más en la zona oriental y dos programas internacionales que estarían operando desde Los Ángeles y desde México.

 Sumados, todos esos programas agrupaban aproximadamente 230 clicas activas en territorio salvadoreño. 230. Eso significa, en términos simples, que durante una década completa este país habría tenido encima una estructura criminal con presencia en prácticamente cada departamento, cada municipio, cada cantón mediano. Y mira, no sé tú, pero a mí cuando uno pone esos números frente a frente, lo que viene a la cabeza es una pregunta muy dura.

¿Cómo se supone que un comerciante humilde, una madre soltera, un anciano que vendía tol en la esquina iba a poder defenderse de una maquinaria? Sí, las víctimas que la fiscalía estaría documentando en este proceso son las que terminan de pintar el cuadro completo. Más de 525 empleados públicos asesinados entre 2011 y 2022.

Más de 104 agentes de la Policía Nacional Civil ejecutados. Y aquí viene el detalle que más rabia genera, porque muchos de estos policías no habrían sido atacados durante operativos ni en cumplimiento de órdenes peligrosas. habrían sido emboscados saliendo de sus propias casas en sus días de descanso, esperando el bus para ir a visitar a sus padres, llevando a sus hijos al colegio, comprando pan en la pulpería de la esquina.

 Hombres que después de un turno de 12 horas se quitaban el uniforme y querían simplemente abrazar a sus familias y que terminaban abatidos a la salida de su propio portón. Efectivos de la Fuerza Armada también figuran entre las víctimas junto a civiles enteros señalados por la Mara como colaboradores del sistema, incluyendo niños pequeños, emprendedores que apenas habían abierto un negocio y familias completas que fueron exterminadas por la sospecha de haber dicho una sola palabra en la dirección equivocada.

 Imagínate por un segundo lo que significa esa cifra. 525 trabajadores del estado asesinados. Esa es una persona muerta cada u 8 días durante 11 años. Gente que se levantaba a las 5 de la mañana para ir a un trabajo público que les pagaba una miseria. Gente que muchas veces era el único sostén de la casa, padres y madres de familia ejecutados por el simple hecho de portar un uniforme o de trabajar en una alcaldía.

 Y mientras eso ocurría, mientras se celebraban los velorios en cada rincón del país, según se ha reportado, los cabecillas que ahora están sentados en el banquillo del Seot seguían dando órdenes desde sus celdas, seguían pidiendo reportes de cumplimiento, seguían firmando con sus apodos las muertes que iban autorizando. Yo te confieso que cuando uno se entera de esto es difícil no preguntarse cuántos años más habría aguantado este país con esa estructura encima.

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