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Generales de EE.UU. se burlaban de Pancho Villa, hasta ser HUMILLADOS por su guerrilla

Durante el siglo XX, los generales norteamericanos despreciaron a Villa desde el primer día. Lo presentaron ante la opinión pública como un bandolero analfabeto, un ladrón de caballos elevado por las circunstancias a la condición temporal de líder revolucionario. Aseguraron a la prensa que la captura sería cuestión de semanas. El general Frederick Fanston, comandante del departamento sur del ejército estadounidense, declaró públicamente que las tropas modernas con aeroplanos y automóviles localizarían al fugitivo con facilidad.

La superioridad material era abrumadora. La fuerza expedicionaria crecería durante los meses siguientes hasta alcanzar 10,000 soldados profesionales. Costaría a los contribuyentes estadounidenses 130 millones de dólares y desplegaría en territorio mexicano la tecnología militar más avanzada del momento. 11 meses después, en febrero de 1917, aquella fuerza expedicionaria abandonó México sin haber capturado a Villa.

El caudillo, que durante los primeros meses de la persecución había llegado a esconderse en una cueva de la Sierra Madre con apenas dos hombres, había logrado durante el periodo resurgir como factor militar, reconquistar partes considerables de Chihuahua e infligir a las tropas estadounidenses derrotas tácticas como la del Carrizal el 21 de junio de 1916.

donde 14 soldados americanos fueron muertos y 24 capturados. El propio Persing terminaría enviando a sus superiores un telegrama paradójico. Tengo el honor de informar que Villa se encuentra en todas partes y en ninguna. Esta es la historia de cómo el ejército más moderno del continente americano fue humillado durante 11 meses por un caudillo a caballo en las montañas de Chihuahua, para entender por qué el ejército más moderno del continente americano fue humillado durante 11 meses por un caudillo a caballo. Hay que

reconstruir el proceso mediante el cual Pancho Villa pasó durante el año anterior al ataque a Columbus de comandar el ejército revolucionario más poderoso de América Latina a operar como guerrillero perseguido en las montañas de Chihuahua. Aquella transformación brutal y acelerada configuró las condiciones que durante la expedición punitiva determinarían el fracaso estructural del proyecto estadounidense.

Durante la primavera y el verano de 1915, la división del norte de Pancho Villa fue sistemáticamente aniquilada por el general Álvaro Obregón en las batallas del Bajío. Delaya en abril, León en mayo y junio, Aguascalientes en julio. El ejército revolucionario más temido del continente que durante dos años había producido las victorias más espectaculares de toda la campaña antiguertista, dejó de existir como institución militar en cuestión de 4 meses.

Los dorados veteranos, la caballería de élite, cuya reputación había sostenido la leyenda de invencibilidad, fueron exterminados en las zonas de muerte de las ametralladoras hochis que Obregón había desplegado siguiendo las lecciones de la guerra europea simultánea. Durante el otoño de 1915 ya no era el comandante de un ejército regular, era un caudillo en proceso de reorganización forzosa hacia formas guerrilleras de combate.

El golpe diplomático que precipitó la transformación final llegó el 19 de octubre de 1915. Aquel día el presidente Woodro Wilson reconoció formalmente al gobierno de Venustiano Carranza como la autoridad legítima de México. El reconocimiento implicaba simultáneamente el cierre de los canales mediante los cuales Villa había comprado armamento y suministros a través de la frontera durante los años anteriores.

División del norte, ya devastada militarmente, perdía ahora también las fuentes externas de aprovisionamiento que durante su periodo de esplendor habían sostenido sus operaciones. Para un comandante acostumbrado a mantener relaciones cordiales con los Estados Unidos durante los años de la campaña contra Huerta, aquel reconocimiento del régimen rival fue percibido como una traición.

personal, cuya magnitud determinaría las decisiones posteriores. La amargura villista se profundizó durante las semanas siguientes con la batalla de Agua Prieta de noviembre de 1915. En aquella ciudad fronteriza sonorense, las fuerzas constitucionalistas del general Plutarco, Elías Calles, habían construido fortificaciones defensivas extraordinariamente sofisticadas.

Pero el factor que durante las décadas posteriores Villa nunca perdonaría fue logístico. El gobierno estadounidense había autorizado el paso de tropas constitucionalistas a través de territorio americano, en trenes que las transportaron desde Laredo, Texas hasta las inmediaciones del puerto fronterizo, reforzando la guarnición de agua prieta precisamente durante las jornadas críticas de la batalla.

Villa atacó el 1 de noviembre con aproximadamente 6000 hombres. fue catastróficamente derrotado, perdiendo otros 15 hombres de las fuerzas ya considerablemente disminuidas. Para los primeros meses de 1916, Villa había llegado a una conclusión personal, cuya racionalidad estratégica los analistas posteriores discutirían, pero cuya lógica psicológica era transparente.

Los Estados Unidos lo habían traicionado al reconocer a Carranza. habían facilitado la victoria carrancista en Aguaprieta mediante el paso de tropas por su territorio y habían cerrado los canales de aprovisionamiento que sostenían el villismo. La respuesta tendría que ser proporcionada a la magnitud de la afrenta percibida. El ataque a Columbus, planeado durante las semanas finales de febrero y los primeros días de marzo de 1916 combinaba varios objetivos convergentes.

Necesidad logística de obtener suministros militares mediante el saqueo de almacenes estadounidenses. cálculo político de provocar una reacción americana que desestabilizara al régimen carrancista y un componente personal específico, la presencia en Columbus del comerciante Sam Rabel, a quien Villa acusaba de haberle estafado en una operación de armamento durante los meses anteriores.

La operación se ejecutó durante las horas previas al amanecer del 9 de marzo de 1916 con aproximadamente 500 jinetes que cruzaron la frontera en la oscuridad. El ataque produjo varias horas de combate, la destrucción parcial de la ciudad, el saqueo de almacenes y el incendio de varios edificios. Villa logró algunos suministros antes de regresar al territorio mexicano y desencadenó simultáneamente la operación militar estadounidense más extensa en territorio extranjero hasta aquel momento.

La reacción del presidente Gudro Wilson al ataque sobre Columbus fue inmediata y de una desproporción que solo se explica si se considera el componente simbólico del acontecimiento. Por primera vez la guerra de 1812 contra Gran Bretaña, una fuerza armada extranjera había invadido territorio continental de los Estados Unidos y combatido contra las tropas regulares del ejército americano en suelo nacional.

La afrenta política excedía completamente las dimensiones militares reales del ataque, que había producido apenas 18 muertos estadounidenses entre soldados y civiles. Wilson, presionado por la opinión pública y por la prensa que reclamaba represalia inmediata, autorizó dentro de los días siguientes la operación militar más extensa en territorio extranjero que los Estados Unidos hubieran ejecutado hasta aquel momento.

El comando de la operación recayó en el general John Joseph Persing, oficial de 55 años, que durante las décadas anteriores había acumulado experiencia colonial en Filipinas, combatiendo contra la insurgencia local y posteriormente comandando operaciones de pacificación contra los moros del sur del archipiélago.

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