Pero el patrón, como comenzó a ser llamado, no solo convirtió en sus enemigos a los grupos insurgentes que atentaban contra la estabilidad de su imperio, sino que también agregó en esta lista negra a toda persona que no aceptara sus sobornos e intimidaciones, llegando a amenazar y silenciar para dejar claro que quien no estaba con él estaba contra él, cristalizando con su famosa frase plata o plomo.
No solo esta idea, sino que también sus actos. Así que para este fin y para su protección personal estructuró un ejército de 3,000 sicarios, liderado por su mano derecha y hombre de mayor confianza, John Jairo Arias, alias Pinina. Esta estructura de asesinos profesionales se dividía en tres grupos. El primer grupo, que era el más cercano a Escobar, estaba conformado por más de 200 miembros, los cuales se encargaban de protegerlo a él y a su familia a las 24 horas del día, ya que eran hombres de su entera confianza. Aquí se encontraban
su jefe de sicarios, alias Pinina, Mario Castaño, alias El Chopo, Brances Muñoz Mosquera, alias Tyson, Danenis Muñoz Mosquera, alias Laqua, John Jairo Velázquez Vázquez, alias Popelle, Álvaro de Jesús Agudelo, alias El Limón y muchos otros que no solo prestaban seguridad, sino que también hacían parte del segundo grupo, el cual se conformaba de varias bandas al servicio de Escobar, de las cuales la más temida era la de los Priscos.
Una banda de asesinos de más de 300 miembros, conformada principalmente por los hermanos Armando Alberto, Eneas, José Rodolfo y David Ricardo, cuyo apellido le daba nombre a esta banda y cuyos miembros eran encargados por el patrón de los trabajos más riesgosos y peligrosos. El tercer grupo se conformaba por sicarios de bajo rango, los cuales el patrón mandaba sobornar, intimidar y asinar siempre y cuando el trabajo no fuera complicado o exigente.
Con este esquema sicarial, Escobar se convirtió en el hombre más peligroso del bajo mundo en Colombia e inclusive del [Música] mundo. 1983, Escobar con 34 años se estableció definitivamente como el hombre más rico de Colombia, dato que sería corroborado 5 años después por la lista de los más ricos de la revista Forbes, apareciendo como el séptimo hombre más rico del planeta con un patrimonio neto de 25,000 millones de dólar.
Pero él no era tan extravagante con su vestimenta, ya que vestía la mayoría del tiempo con suéter y jeans y solo usaba traje o ropa de gala en ocasiones especiales. Pero en otras áreas no escatimaba para sus necesidades o placeres. Solo en las cintas de goma que utilizaba para organizar y guardar sus billetes gastaba $2500 mensuales.
Su fascinación por los coches le llevó a tener una colección de vehículos valuada en 20 millones de dólar, dentro de la que se encontraban un Mercedes 190 SL Roadster, un Mercedes S600 Pullman, un Porsche 356, un Mercedes 300 SL Roaster y muchos más. Pero su afición también se extendía a las motos, ya que tenía algunas de las más exclusivas, como la superdportiva Suzuki GSXR750, la moto acuática Wet bikey que apareció en una de las películas de James Bond y una Harley Davidson 1100 roja, la cual introdujo en Colombia de manera ilegal y se la regaló a su primo
Enrique Urquijo Gaviria. Pero el patrón no solo adquirió vehículos, también compró y construyó bienes inmuebles en el mundo, como la Casa Rosada en Miami, una mansión ubicada en North Bay Road, valuada en millones de dólares. La casa Magna en México, una mansión ubicada en Tulumba cuyo precio era de 17 millones de dólares.
En Colombia tenía la Manuela, una finca ubicada en la represa de Guatapé en Antioquia que contaba con un terreno de 7 haáreas con mansión, piscinas, un bar, cancha de tenis, un campo de fútbol, un muelle y un elipuerto cuyo valor era de 7 millones dó. También el edificio Mónaco, una mansión ubicada en el barrio El poblado de Medellín, que le servía de residencia a él y a su familia y que contaba con ocho pisos, dos piscinas, una cancha de tenis, un búnker, 12 apartamentos y su colección de autos de lujo en tamaño natural distribuidos en 34 parqueaderos.
Y aunque no se conoce su valor exacto, se cree que no era menor a millones de dólares. Pero la más famosa de sus propiedades, sin duda, es la Hacienda Nápoles, un terreno de 3,000 heas ubicado en Puerto Triunfo, Antioquia, valuado en la época por 57 millones de dólares, en cuya entrada mandó a ubicar la avioneta que transportó la primera mercancía en 1976.
En su amplia extensión, donde fácilmente se ubicarían cinco ciudades Mónaco, cinco ciudades del Vaticano y seis Central Park juntos, Escobar construyó edificaciones con decenas de habitaciones, carreteras, seis piscinas, 27 lagos artificiales, gasolinera propia, una pista de aterrizaje de aviones, helipuertos y una plaza de toros.
Y no solo esto, también dentro de sus terrenos se encontraban carros de carreras, motos náuticas y motocicletas para paseos turísticos. Su área más exótica estaba reservada para un zoológico que contaba con hipopótamos, rinocerontes, elefantes, camellos, cebras, jirafas, canguros, flamencos, avestruces y muchos más, entre los que destacaba Terremoto, un semental que le costó un millón de dólares y que tiempo después fue secuestrado y capado por los Pepes para que no diera crías.
En este paradisíaco lugar, Escobar llevaba a cabo fiestas sin restricciones ni límites, donde se encontraban todo tipo de placeres y desenfrenos, a las cuales llegaban por invitación socios, amigos y personajes públicos de Colombia, entre los cuales se encontraba su amante y confidente más famosa, la periodista Virginia Vallejo, a la cual conoció por una entrevista televisada ese mismo año, 1983 para ambientar no solo sus fiestas públicas, sino también las privadas.
El patrón invitaba a cambio de grandes cantidades de dinero a famosos cantantes de la época como el Puma, Héctor Laboe, Diomedes Díaz y muchos más que aún no se pueden confirmar por el secretismo que suscita este asunto. El mismo año en el que se convirtió en la persona más rica de Colombia, 1983, Escobar, guiado por su insaciable ambición y por el poder que ya tenía, movió sus influencias en el gobierno y también ingentes cantidades de dinero para entrar en la política con la idea de ampliar su dominio aún más, no solo
en el mundo criminal en Colombia, sino también en el propio estado colombiano. Su meta no era solo tener una posición dominante en la política. Él ambicionó más allá. Su objetivo final era el de ser presidente de la República de Colombia. Así incursionó en la política en 1983, buscando ser representante a la Cámara del Departamento de Antioquia, siendo ayudado por Alberto Santofimio Botero y apoyado por los partidos de izquierda, Movimiento de Renovación Liberal y Movimiento Alternativo Popular.
Sus programas Civismo en marcha y Medellín sin tuburios se centraron en las clases populares y menos favorecidas y para ganarse su favor les construyó canchas de fútbol y barrios enteros. Y aunque ya realizaba estos actos antes de incursionar en la política, ahora no escatimaba en el dinero que gastaba, logrando con esto llegar al Congreso, pero no directamente, sino como suplente de Jairo Ortega, representante a la Cámara de Antioquia.
Una de las anécdotas más inusuales que dejó su corta estancia en el Congreso la recuerda el portero Álvaro Forero, ya que le dio su corbata porque no lo dejaban entrar al recinto sin una. A cambio, Escobar le dio 300,000 pesos colombianos de la época, lo que hoy serían casi 26 millones de pesos. Sabiendo el ministro de justicia de Colombia, Rodrigo Lara Bonilla, que Escobar tenía un puesto en el Congreso y enterándose por medio del director del espectador, Guillermo Cano y también por informes de la DEA sobre la vida
criminal de Escobar y sus nexos con el narcotráfico, lo denunció públicamente ese año, exigiendo su renuncia irrevocable. Este hecho afectó profundamente la imagen pública de Escobar, que aunque se defendió y pidió al ministro rectificarse y mostrar las pruebas, ya no tenía excusas ante las evidencias y documentos expuestos dentro de los que se encontraba un periódico del espectador con la noticia de su captura en 1976.
Lamentablemente esta confrontación y las revelaciones resultantes traerían consecuencias inimaginables. En 1984, un año después del enfrentamiento diplomático entre el ministro Bonilla y Escobar, este último se retiró definitivamente de la política por las acusaciones que recibió y como represalia, no solo por desenmascarar su historial delictivo públicamente, sino también por haber desmantelado Tranquilandia, su laboratorio más grande, mandó a ejecutar al ministro Lara Bonilla el 30 de abril de 1984, declarando con este acto, la
guerra a toda Colombia. Este y otros crímenes relacionados directa e indirectamente con el narcotráfico en Colombia aceleraron los tratados de extradición con Estados Unidos para que la justicia norteamericana se encargara de la sentencia de los jefes de la mafia, incluyendo en este grupo de criminales a Escobar, que se convirtió en prófugo de la justicia ese mismo año, 1984, tras escapar a Panamá con varios de sus socios.
En este país intentó infructuosamente llegar a un acuerdo con el Estado colombiano, pero viendo que no había resultados favorables para él y su organización. En 1986 regresó a Colombia y como medida para eliminar la extradición norteamericana en el territorio creó el grupo de los extraditables con el lema Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en los Estados Unidos.
Este grupo conformado principalmente por los miembros del cartel de Medellín fue el responsable intelectual del asesinato de Guillermo Cano el 17 de diciembre de 1986 como venganza por ser quien le brindó las pruebas de la vida delictiva de Escobar al ministro Bonilla 2 años atrás y por las constantes acusaciones que el periodista lanzaba en contra de Escobar y sus socios.
También fue el grupo causante del secuestro del futuro presidente de Colombia, Andrés Pastrana, en 1988. Y también fue el grupo que llevó a cabo el magnicidio del candidato presidencial Luis Carlos Galán el 18 de agosto de 1989, por apoyar fervientemente la extradición y por ser 7 años atrás quien ayudó a Lara Bonilla a desenmascarar a Escobar.
No conformes con estos terribles actos, también fueron los autores intelectuales de la explosión del avión Avianca en pleno vuelo el 27 de noviembre de 1989, donde perdieron la vida 110 pasajeros. De la explosión al edificio del Diciembre de 1989 y también de más de 100 atentados con carro bombas, los cuales dejaron a más de 300 víctimas fatales y a miles más heridas.
Durante esta cruel guerra, los elementos más atacados por Escobar fueron los policías, tanto que dio de recompensa entre 1000, 5000 y $10,000 según el rango del policía, al sario que diera de baja a la mayor cantidad de uniformados. En 1986, el presidente Virgilio Barco, entendiendo que la situación con el narcotráfico ya se le había salido de las manos al gobierno, reforzó la idea de extradición en el país y presionó al brazo militar y policial para que capturaran lo más pronto posible a los miembros del cartel de Medellín,
teniendo éxito solo en la apreción de Carlos Leather durante una fiesta en 1987. En 1989, el presidente Barco, viendo los terribles actos antes mencionados junto al asesinato del coronel Valdemar Franklin Quintero, el 18 de agosto de 1989 ordenó la creación de un grupo élite a finales de ese año denominado el bloque de búsqueda, cuyo único objetivo sería capturar a los miembros del cartel de Medellín y desarticular el imperio que Escobar había construido.
Este grupo liderado por el brigadier general Hugo Martínez y conformado por el Servicio de Inteligencia del Departamento Administrativo de Seguridad, la Dirección de Policía Judicial e Investigación y el Ejército Colombiano con apoyo militar y táctico de Estados Unidos tuvo su primer éxito cuando eliminó a Gonzalo Rodríguez Gacha en 1989 por disparos de una ametralladora calibre 50.
le siguió Gustavo Gaviria, dado de baja en 1990, mientras se enfrentaba con miembros de este grupo. Finalmente, los hermanos Ochoa se entregaron a la justicia a inicios de 1991, aceptando la propuesta del presidente César Gaviria de no extradición. Pero no solo el gobierno de Colombia le hizo contra Escobar a finales de los 80, también otros carteles como el cartel de Cali o el cartel del norte del Valle.
que ya llevaban luchando desde mediados de los 80 por el predominio del negocio, se enfrentaron a él en la conocida guerra entre carteles, no limitándose a atacar a Escobar y sus socios, sino también a su propia familia, convirtiendo esta guerra en una lucha sin honor. El 13 de enero de 1988, los jefes del cartel de Cali aprovecharon la oportunidad e hicieron explotar un carro bomba frente al edificio Mónaco, donde se hospedaba la familia de Escobar.
Y aunque solo resultaron heridos, fue un mensaje contundente hacia Escobar, demostrándole que ya no tenía el poder, que antes lo hacía casi indestructible. Lentamente, el imperio que Escobar levantó junto a sus socios fue cayendo ante sus propios ojos y sabiendo que solo era cuestión de tiempo para que él también cayera, hizo su jugada maestra, por la cual se considera que Escobar en parte fue el vencedor de esta guerra.
La mañana del miércoles 9 de junio de 1991, Escobar se entregó en la oficina de instrucción criminal de Medellín con la condición de que en la Asamblea Constituyente se aprobara la no extradición de colombianos. Así, Escobar, acompañado de varios de sus hombres de confianza, fue recluido en la catedral, una cárcel que él mismo mandó a construir, cuya apariencia era más la de un hotel de lujo que la de un reclusorio y donde la seguridad interna del lugar también era pagada y administrada por él.
Aquí estaría recluido por sus delitos un largo tiempo, pero los actos criminales que realizaba y su continuada vida criminal en esta cárcel alarmaron al gobierno del presidente César Gaviria, siendo las ejecuciones de sus socios Gerardo Moncada y Fernando Galeano, uno de los actos más terribles que se realizaron en este lugar y el crimen que movió al presidente a enviar un batallón del ejército a intervenir la cárcel y a capturar a Escobar.
Pero lamentablemente, cuando ingresaron, este ya se había fugado con los pocos hombres de confianza que le quedaron. En 1993, un año después de escapar de la catedral, Escobar estaba acompañado por su último hombre de confianza, Álvaro de Jesús Agudelo, alias Limón, ya que el resto de sus hombres se entregaron a la justicia o fueron ejecutados en medio de enfrentamientos con el bloque de búsqueda.
Esta falta de protección lo hizo mucho más desconfiado y paranoico, ya que no solo tenía detrás de él a los Pepes, un grupo para pararam militar conformado por el cartel de Cali, el cartel del norte del Valle y algunas facciones de la guerrilla, cuyas iniciales quieren decir perseguidos por Pablo Escobar, sino que también detrás de su rastro tenían nuevamente al bloque de búsqueda, grupo que se había desintegrado luego de la entrega de Escobar en 1991, pero reactivado nuevamente en 1992, el año en que se fugó de la catedral. Por su lado, Escobar, quien
tiempo atrás era uno de los hombres más ricos y poderosos del planeta, ahora estaba completamente aislado. Solo hablaba con su familia por teléfono en un tiempo definido, ya que sabía que le tenían todas las líneas intervenidas y que a su familia la tenían constantemente vigilada. Y aún así, sabiendo esto, su necesidad de comunicarse con los que más amaba era mayor y como se esperaba, esta necesidad delató su posición.
El 2 de diciembre de 1993, Escobar se contactó con su familia y, en especial, habló con su hijo Juan Pablo durante un tiempo suficiente como para que la inteligencia del bloque de búsqueda le localizara fácilmente en el barrio Los Olivos de Medellín. Una vez determinada su ubicación, se enviaron 500 efectivos del bloque de búsqueda con la misión de capturar o a Escobar.
Los agentes rodearon la casa y el grupo de asalto irrumpió en el lugar donde su último hombre de confianza, alias Limón, los recibió con disparos, pero fue rápidamente abatido. Escobar, aprovechando el tiempo que le proporcionó su último hombre, trepó por la ventana de la casa. y pasó al tejado de la casa contigua tratando de huir.
Pero los agentes abrieron fuego y Escobar, que llevaba dos pistolas, disparó a los agentes que se encontraban detrás de él mientras cruzaba el tejado, haciendo que tanto los agentes que estaban en el tejado como los que estaban en tierra respondieran, impactando, según las versiones oficiales, tres veces al cuerpo de Escobar, falleciendo inmediatamente ese día, 2 de diciembre de 1993, a los 44 años.
Una vez confirmado el deceso de Escobar, la familia y sus seguidores decidieron realizar su funeral el sábado 4 de diciembre de 1993. Sin embargo, el gobierno decidió adelantarlo para el viernes 3 de diciembre con el fin de evitar manifestaciones e incidentes en la vía pública. Ese día asistieron más de 20,000 personas a el funeral, las cuales lloraban y reclamaban al gobierno por asesinar a su patrón, siendo la mayoría de las clases más populares a quienes Escobar ayudó.

fue enterrado en el cementerio Jardines de Monte Sacro en Medellín. Y aún hoy en día muchos visitantes y devotos llegan a rezarle y conocer su tumba. Muchos de los que ayudó principalmente en Medellín lo consideran un alma caritativa, un hombre humilde que quería eliminar la pobreza. Pero otros, principalmente sus víctimas o familiares de sus víctimas, lo consideran el peor criminal, terrorista y asesino de Colombia.
La realidad siempre sale a la luz y solo conociendo las acciones que provocó este personaje, se entiende que lo que realmente lo movía no era la caridad o el amor por el prójimo, sino su avaricia, su egoísmo y su deseo casi infinito de poder. Agradezco que hayas visto este documental.
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