Empezaré por el contexto social de la época que nos llevará al contexto inmediato del individuo. Durante esos años, miles de veteranos iban y venían de las guerras de Corea y Vietnam. El detalle es que las consecuencias de la guerra para muchos hombres fue regresar con traumas, alcoholismo o consumo de sustancias, lo que llevaba a violencia y abuso infantil.
Y esto a trastornos de conducta en las nuevas generaciones. Los resultados de una investigación titulada Cuando la guerra llega a casa, el efecto del servicio de combate en la violencia doméstica muestran que la asignación a combate aumenta sustancialmente la probabilidad de violencia doméstica y abuso infantil.
Y otro tercer factor que podríamos tomar en cuenta es el papel de los medios de comunicación. No se puede decir que los medios crearan a los asesinos, pero es posible que hayan contribuido a darles un lenguaje y una identidad pública. Antes de la televisión y los periódicos de masas, este tipo de criminales existían, pero no eran figuras culturales.
Aunque la mayoría no buscaban reconocimiento, la exposición mediática pudo haber creado un tipo de catálogo de comportamientos. Los informes policiales, las películas y los noticieros mostraban cómo operaban. Y es posible que esto haya permitido que algunos individuos con rasgos psicopáticos encontraran modelos. una especie de efecto Copicat, el fenómeno social que lleva a ciertos individuos a replicar o imitar conductas observadas y que se ha documentado en distintos contextos como los tiroteos o incluso las autoeliminaciones. En el
caso de los asesinos seriales, este fenómeno se refiere a como algunas personas, particularmente aquellas con predisposiciones psicopáticas y entornos violentos, imitaban el modus operandi, las características o la estructura de crímenes que ya habían sido ampliamente difundidos por los medios.
La Oxford Research Encyclopedia of Criminology explica que la repetición y el detalle con que los medios relataban ciertos crímenes podían haber facilitado la imitación de patrones de violencia, no necesariamente por fama, pero sí para poder ejercer su fantasía violenta, copiando o adaptando un patrón que ya se había demostrado que era posible.
Entonces, con estos factores, sumados a muchos más que seguramente se me han escapado, podemos imaginar una tormenta perfecta. Una mente con predisposición psicopática, una infancia marcada por el trauma y una tormenta mediática que al dar visibilidad constante a estos crímenes, mostraba a quienes ya fantaseaban con la violencia una especie de guía de cómo hacerlo, además de demostrarles que era posible llevarlo a cabo sin ser atrapados.
Estos factores, aunque insisto, no explican por sí solos el fenómeno, podrían ayudar a entender por qué en un país como Estados Unidos se dio un naugeet tan pronunciado de asesinos seriales en ciertas décadas. Pero claro, es importante subrayar que todo esto son hipótesis y no verdades. La psicología humana, el contexto social y la historia mediática interactúan de maneras tan complejas que hoy por hoy no se sabe a ciencia acierta cuáles fueron las causas de este auge.
El 17 de abril de 1974, TED aplica una nueva táctica para bajar la guardia de sus víctimas antes de atacar. Se pone un yeso falso en el brazo y convence a una chica llamada Susan Rankur, otra estudiante universitaria, de ayudarlo a subir algo a su Volkswagen café. Después de esto, la chica desaparece para siempre. A diferencia de todas las demás desapariciones, esta vez hay testigos.
Así, la policía se entera de la táctica del yeso y obtiene una descripción de su auto. Estas dos son las primeras pistas que consiguen las autoridades y aunque son un buen comienzo, son insuficientes para atrapar a Ted. Los medios reportan un ambiente de miedo e inseguridad en las calles.
Las casas cierran puertas con candado, la gente camina en grupos y el nivel de confianza baja en los estados de Washington y Oregon, sobre todo entre mujeres jóvenes. Otras tres mujeres desaparecen sin rastro. Roberta Parks, Brenda Ball y Georgian Hawkins. Alredor de estos años Ted conoce a una mujer llamada Carol and Boon, quien también trabaja con la Comisión de Prevención del Crimen, y empieza una relación secreta con ella al mismo tiempo que está con Lis.
Ted sabe que hasta ahora la policía no tiene ni la más mínima sospecha, pero el 17 de junio de 1974 comete un error que lo delata. Asiste a un evento en el lago Samamish, cerca de Searo para repetir su truco del brazo enyesado y atraer víctimas. Ese día desaparecen dos mujeres, Janis Od y Dennis Naslon. Primero captura a Janis y 4 horas después vuelve por Denis.
Luego actúa con total normalidad. Incluso llama a Lis para salir a comer hamburguesas, pero esta vez deja demasiadas pistas. Varios testigos lo ven con el yeso y lo oyen presentarse como Ted. Un mes después hayan cuerpos en las montañas y gracias a esos testimonios la policía logra por fin crear un retrato hablado y comenzar la casa de un asesino.
En este punto Lis empieza a sospechar que Ted no es quien aparenta ser. Encuentra entre sus cosas ropa interior femenina, un yeso, muletas y un cuchillo, pero por miedo a perderlo guarda silencio. No obstante, todo cambia cuando ve un cartel con su rostro en la calle. Para calmar su ansiedad, contacta a la policía y entrega una foto suya. No es la única en hacerlo.
Muchas mujeres envían fotos de sus parejas, pero Ted coincide con varios detalles del sospechoso. Lis se tranquiliza cuando la testigo principal del lago Samamish no lo reconoce y las sospechas sobre él se desvanecen por ahora. El tema aquí es que Ted no sabe esto, así que por miedo a que lo atrapen, decide mudarse a Utah para evadir su captura, dejando a Lis y también a Buun en Searo.
En Utah entra una facultad de derecho, pero falta a prácticamente todas sus clases desde el inicio y para la desgracia de las mujeres a su alrededor sigue dejando que la entidad oscura lo controle. Una noche vemos que una chica llamada Melissa Smith sale a una pizzería cercana y decide quedarse en casa con una amiga.
Sin embargo, afuera de la pizzería escucha un hombre pedir ayuda. Sted usando su viejo trucó el yeso falso para atrapar a otra incauta. Y Melissa cae en la trampa. Su cuerpo es encontrado 9 días después. Poco después de acabar con Melissa Smith, Ted sale otra vez con intenciones asesinas. Manejando despacio por la calle, ve a Laura, una chica de 17 años a quien Ted se le acerca para intentar convencerla de ayudarla a algo y así poder hacerle daño.
Pero Laura reconoce el peligro inmediatamente y corre. T la persigue hasta un vivero para atacarla, pero no le quita la vida, solo la desaparece. Al poco tiempo encuentran su cuerpo en un cañón y según evidencia forense, Laura permaneció con vida días o semanas después de su rapto. Las víctimas de Ted no siempre caen en sus trucos, pero sí corren.
Ted las atrapa, en especial si ya vieron su rostro. Es despiadado, pero sobre todo calculador. Por último, a finales de 1974, Ted desaparece a Nancy Wilcox, quien sigue extraviada hasta la fecha. Como su vieja táctica del brazo roto ya es conocida por los medios, necesita un nuevo método. Es por esto que tiempo después Ted consigue un disfraz de policía, una placa falsa y los usa para su próxima víctima.
En un centro comercial se acerca a Carol Runch, una joven de 18 años, y le dice que atraparon a alguien intentando robar su auto, por lo que debe acompañarlo a la comisaría. Aunque duda, Carl confía en su apariencia de autoridad y sube al coche, pero pronto no te le engaño. El rostro amable de Ted se transforma y la amenaza con un arma.
Cuando intenta esposarla, Carlra abrir la puerta, huir y pedir ayuda a un auto que pasaba. Aún con las esposas puestas, corre a la comisaría para denunciar lo ocurrido y Bondy no se esconde tras su fracaso, sino que sale a buscar otra víctima. Horas después, una joven llamada Debra Kent desaparece del estacionamiento de una preparatoria, pero su desesperación lo hace cometer errores.
Varias personas lo ven y además pierde la llave de las esposas que había usado con Carol Runch horas antes. Con eso, la policía confirma que el hombre que intentó raptar a Daunch capturó a Debra Ken y probablemente el responsable de las desapariciones recientes, aunque probarlo será difícil. Poco después Ted viaja a Colorado, donde acaba con cinco mujeres más durante la primera mitad de 1975.
La mayoría jamás encontradas. Una de las víctimas identificadas es Karen Campbell, una joven madre que vacacionaba en Aspen con su familia. Ya son tres estados con crímenes relacionados: Washington, Utah y Colorado. Al compartir información, las autoridades empiezan a conectar los casos y el nombre que Lis había dado a la policía comienza a destacar como el principal sospechoso.
Una noche de agosto de 1975, Ted conduce con las luces apagadas por una zona residencial en Granger, Uta, buscando víctimas. Un policía nota su comportamiento sospechoso y decide seguirlo. Ted se dirige a una casa que ha estado vigilando, donde dos adolescentes están solas. Pero cuando Ted se detiene frente a la vivienda, el policía enciende las luces y la sirena.
Ted intenta escapar, pero la persecución dura poco. Al detenerlo, encuentran una bolsa con objetos inquietantes, una máscara de ski, cuerdas, alambres, un picahielos y medias de nylon. El arresto alerta a los detectives que investigan el intento de captura de Carl Darunch y otras desapariciones.
Aunque Ted paga la fianza y queda libre, las autoridades lo vigilan de cerca, siguiéndolo incluso abiertamente cada vez que sale de casa. Al poco tiempo, Carl Darunch y testigos del caso de Debra Kent lo identifican sin dudar en una cámara de Gessel. Con eso lo acusan formalmente de secuestro y el juicio se programa para el 23 de febrero de 1976.
Mientras tanto, Ted regresa con Lisa Seattle y finge normalidad. Salen a cenar, ríen, adoptan un cachorro y aparentan ser una familia feliz. Li incluso se arrepiente de haberlo denunciado con un sólido equipo de abogados, sus propios conocimientos legales y su habilidad para borrar rastros.
Ted confía en poder ganar el caso, sobre todo porque Darong, aterrada, se muestra nerviosa durante su testimonio. Aún así, el juez declara Ted culpable solamente de intento de captura y lo condena a 15 años en la prisión estatal de Uta. Lis vive un fuerte conflicto interno, no quiere creer que su novio sea capaz de esos crímenes, pero sabe que está preso por su denuncia. Entre la culpa y la confusión.
sigue en contacto con él, lo visita, le escribe y atiende sus llamadas, aunque el peso emocional la lleva a refugiarse en el alcohol. Ted, por su parte, confía en salir pronto mediante una apelación para continuar con sus planes. Sin embargo, su arresto despierta el interés en detectives de otros estados que investigan casos similares.
Meses después, Colorado presenta cargos formales por el asesinato de Karen Campbell. Un testigo afirma haberlo visto en el hotel donde Campbell fue vista por última vez y unos recibos de gasolina lo ubican cerca del lugar. Abrumada por las pruebas, Lis corta el contacto y decide no asistir al juicio. Paraacolmo, Ted se queda sin abogados, ya que los suyos solo pueden ejercer en Uta.
Antes de su juicio por el asesinato de Campo, Tedes extraditado Aspen Colorado, donde deberá enfrentar el proceso. Para entonces, su rostro ya aparece en los medios que lo presentan como el posible autor de varias muertes. Sin embargo, muchos reportajes lo muestran desde un ángulo casi favorable. Cuesta creer que un estudiante de leyes, carismáticos, pulcro e inteligente pudiera ser un asesino despiadado.
Cuando un grupo de periodistas le pide una entrevista, Ted acepta encantado. Disfruta las cámaras y la atención. Esta entrevista desata una locura mediática. La opinión pública se divide entre quienes lo ven como un manipulador peligroso y quienes aún creen que es incapaz de hacer daño. Ahora sí, el juicio por el crimen contra Campbell comienza.
Aprovechando su imagen y su conocimiento legal, Ted convence al juez de que le permita actuar como codensor en su propio juicio. Al ser estudiante de leyes, obtiene ciertos privilegios. Puede vestirse formalmente y no usar esposas dentro de la corte. Este detalle es importante, pues más adelante lo aprovechará a su favor. Durante los recesos pasa horas en la biblioteca del tribunal estudiando su caso hasta que nota una ventana en el segundo piso que suele quedar abierta.
Saltar es peligroso, pero quedarse esperar pelear el caso lo es más. Así que el 7 de junio de 1977 finge hacer una llamada y mientras el guardia se distrae, salta por la ventana para huir hacia las montañas. Pasa seis días escondido, hambriento y congelado hasta que sin fuerzas regresa a la ciudad donde es arrestado de nuevo.
Pero esa sería solo la primera de sus fugas. Su recaptura se convierte en todo un espectáculo mediático. Cuando Ted llega a la corte, los pasillos están llenos de cámaras, luces y reporteros ansiosos por conseguir una foto o una declaración del presunto asesino más famoso del momento. Tras su arresto, recibe la visita de Lis.
Ella solo viene a despedirse. Así que por más que Ted ruega y suplica, Lis decidió alejarse para poder reconstruir su vida y la de su hija, quien también lo quería. Sin embargo, poco después comienza a recibir visitas de Carl and Boun, su antigua amante de los días en Sear, quien cree firmemente en su inocencia. Una de las cuestiones más llamativas del caso de Ted Bondy fue su relación con Lis y la familia que formó con ella.
Hasta hoy en día, la gente le causa mucha intriga cómo un humano capaz de hacer actos tan atroces podría tener una esposa y una hija adoptiva y por fuera parecer un hombre bondadoso. Y esta intriga me parece que se puede englobar con la pregunta de Ted realmente amaba a su familia? Bueno, como ya vimos, las mentes de psicópatas como Ted son físicamente incapaces de sentir de la misma forma esas emociones que nos vinculan profundamente.
Pero antes de afirmar tajantemente que no pueden amar, vale aclarar algo importante. La psicopatía está en un espectro, tal como explica Natasha Tracy en Healthy Place. Cuanto más bajo se encuentra un psicópata en la escala, más probable es que desarrolle algún tipo de amor hacia personas como los miembros de su familia.
Sin embargo, los psicópatas en el espectro más alto son mucho menos propensos a formar vínculos profundos con los demás. Entonces, si aplicamos esto a Bondy, vemos que parece probable que él estaba en el extremo más alto del espectro. Su carisma, su manipulación, su doble vida, su capacidad para cometer crímenes atroces durante años y mantener una fachada normal, parece que lo sitúan entre los psicópatas clásicos, o sea, los que están altos en el espectro.
Por tanto, podemos concluir que Ted no amaba a su familia ni quería sus amigos como tal, sino que solo representaba ese amor. Sabía qué palabras, gestos y actitudes usar porque había aprendido lo que se debía hacer, pero no lo sentía con la intensidad que una persona empática siente. Lo que Ted sí podía hacer era desear, necesitar o poseer, pero su amor era meramente instrumental.
En ese sentido, las personas como Ted no aman a las personas, aman lo que las personas hacen por ellos. A Bondy probablemente le reconfortaba el hecho de que alguien lo admiraba o lo necesitaba y al mismo tiempo esas relaciones le servían para mantener su fachada de hombre normal y padre de familia con la que pasaba desapercibido y podía seguir con sus crímenes.
En síntesis, no es que todos los psicópatas sean iguales, pero Bondy parece estar en el extremo donde amar como muchos lo entendemos ya no le era posible. Pero volviendo al caso, Ted sabe que la atención mediática y una nueva novia no lo salvará, por lo que idea un plan. Observando su celda, nota un espacio en el techo por donde pasan los cables de las luces, conectando a los ductos de ventilación y se le ocurre una idea.
Empieza a perder peso para caber en el hueco y poco a poco corta el metal alrededor de la lámpara con una cueta, aprovechando los momentos en que los demás presos están en la ducha para ocultar el ruido. Cuando finalmente abre el paso, explora los ductos para aprender la ruta de escape. El 30 de diciembre de 1977, mientras gran parte del personal está de vacaciones, Ted pone su plan en marcha.
Trepa por el techo, atraviesa los conductos y llega a la oficina de un guardia. Ahí se cambia de ropa y con total calma sale por la puerta principal de la cárcel consiguiendo su libertad. Desde su fuga, Ted viaja sin rumbo fijo, toma un camión a Denver, luego un avión a Chicago, un tren a Michigan, roba un auto en Georgia y finalmente llega en tren a Talahasshi, Florida, el 8 de enero de 1978.
Ahí renta un cuarto cerca de una universidad bajo un nombre falso. Sin poder conseguir trabajo por falta de identificación sobrevive robando cosas pequeñas y usando tarjetas de crédito ajenas. Mientras tanto, Lis vive una pesadilla. La policía, desesperada por la segunda fuga de Ted la interroga y hasta la amenaza con meterla a la cárcel si se está ocultando algo, aunque en realidad ella no sabe nada.
Al principio parece que Tedy intenta mantenerse bajo perfil y empezar de nuevo, pero pronto se hace evidente que no puede. La madrugada del 15 de enero, apenas una semana después de llegar a Florida, Ped se cuela en la casa de la hermandad Chi Omega, un lugar cerca de donde vive. Sube las escaleras y entra a los cuartos de las jóvenes dormidas atacándolas brutalmente una por una.
En total ataca a cuatro mujeres en la casa Chi Omega. dos quedan inconscientes y gravemente heridas, pero las otras dos, cuyos nombres son Margaret Bowman y Lisa Levy, las estrangula con un garrote hecho de medias y hace cosas terribles con los cuerpos. Entre estos actos atroces deja impresiones muy bien definidas de sus dientes en la piel de una de ellas.
Un hecho que será importante más adelante en el video. Una vez que termina intenta huir, pero al salir una de las compañeras de casa lo ve todavía con el arma homicida en la mano. La chica sube las escaleras y se topa con una escena de horror indescriptible. Todo ocurre en menos de 15 minutos, pero Ted todavía no acaba.
Tras escapar de la casa Chi Omega, Ted camina unas cuantas cuadras y se mete al departamento de otra chica llamada Cher Thomas. a la cual ataca brutalmente, fracturándole la mandíbula y el cráneo en cinco partes distintas. Esta chica sobrevive, pero no puede identificar a Ted.
Esta noche se convierte en una de las más sanguinarias de la vida de Bondy. A la mañana siguiente, esta noticia escandaliza a la nación entera. La policía no sabe con seguridad de que el perpetrador es, pero sí lo sospechan fuertemente por el hecho de que sigue prófugo de la ley y porque las chicas atacadas son su tipo de víctimas.
Menos de un mes después maneja hacia Lake City en Florida y captura a una niña de 12, posiblemente su víctima más joven y muy probablemente la última, pues su captura definitiva está por llegar. La segunda captura de Ted Bondy una vez más ocurre por casualidad. Tras acabar con Kimberly, roba un auto y huye de Talajasi rumbo al norte de Florida.
Para este punto ya no puede pagar la renta y siente que la policía está cada vez más cerca. Tres días después, el 15 de febrero de 1978, un oficial lo detiene por conducir sin luces. Al descubrir que el vehículo es robado, Tedy intenta atacarlo y escapar, pero lo capturan mientras lo trasladan a la comisaría, el agente no tiene idea de que en el asiento trasero está uno de los hombres más buscados por el FBI.
Cuando la policía confirma su identidad, Ted logra hacer una llamada a Lis le pide que no crea las cosas terribles que verá en las noticias al día siguiente, pero Lis ya está reconstruyendo su vida, así que cuelga. En la vida real, Teds volvió a hablar con ella. En esa llamada confesó tener impulsos homicidas desde hace muchos años.
Liz, aterrada fue directamente con la policía a contar lo que había escuchado. Después Ted contacta a Carol Ann Boon, quien se muda a Florida para apoyarlo durante el juicio. Pero esta vez no hay escapes ni trucos. El sherifff Kenneth del condado de León lo encierra en la sección más segura de la prisión tras tres candados.
La preparación del juicio de Ted Bundy en Florida se convierte en noticia internacional. Sus crímenes, por lo brutales y perturbadores, captan la atención del público, sobre todo porque contrastan con la imagen del acusado. Un estudiante de leyes con voz suave y aspecto encantador. Durante el juicio, TED aprovecha cada oportunidad para traer las cámaras y mantener el interés mediático.
Rompe públicamente la acusación del sheriff Kenneth y hasta se deja fotografiar profesionalmente mientras prepara su defensa. Esta vez lo acusan por los asesinatos e intentos de asesinato en la casa de la hermandad Chi Omega, además del homicidio de la niña Kimberly Leich. Una de las tarjetas de crédito robadas que tenía al ser detenido lo vincula con el lugar y la hora de la desaparición de la menor.
Sin embargo, la evidencia más importante aún falta, su dentadura. Si los fiscales logran demostrar que las marcas de mordida en una de las víctimas coinciden con sus dientes, no habrá forma de escapar de la condena. El problema es que Ted nunca cooperaría voluntariamente y si se entera con anticipación podría lastimarse el rostro para evitar la comparación.
Por eso, una madrugada el Sherif Kazsaris lo saca de su celda, lo sube esposado a su auto y lo hace creer que lo llevará a un sitio remoto para eliminarlo, tal como Ted hacía con sus víctimas, pero en realidad lo lleva a un hospital odontológico donde los doctores le toman impresiones dentales y sí coinciden perfectamente con las marcas en el cuerpo de una de las jóvenes asesinadas.
Con esa prueba, el Estado busca la pena de muerte, aunque ofrece cadena perpetua si confiesa, ya que sus abogados convencen a los fiscales de que un juicio podría ser riesgoso por el enorme interés mediático que TED genera. El juez Edward Coward declara que el proceso será el primer juicio televisado a nivel nacional en Estados Unidos.
En teoría, aún podría formarse un jurado imparcial, pero en la práctica todos ya han oído hablar de Ted Bundy. Aunque sus abogados le aconsejan aceptar el trato, Ted se ofende. En apariencia cede, pero en el fondo está convencido de que puede salirse con la suya. Confía en su carisma y en el apoyo de Carol Ann Boun, que defiende su inocencia en entrevistas televisadas.
Al final, Ted no necesita convencer al país entero, solo al jurado. El primero de junio de 1979, las salas de la corte se abarrotan de cámaras de todos los noticieros del país y las primeras filas de las bancas para el público están llenas de fans de Ted. Todas las mujeres jóvenes que han sido seducidas por su representación en los medios están ahí para darle una carta, decirle algo o solo verlo de cerca.
Pero no son las únicas ahí, también están las familias de las víctimas. Antes de que empiece un juicio formal, se realiza una audiencia inicial donde el acusado debe declarar si se considera culpable o inocente. Pero para sorpresa de todos, Ted se declara inocente y exige cambiar a su abogado, incluso con la abrumadora cantidad de evidencias en su contra.
El juez rechaza su petición, pero le permite nuevamente participar como cdefensor, es decir, ser parte de su propio equipo legal. Desde el inicio, el fiscal no tiene problema en convencer al jurado de que los crímenes cometidos en la casa de la hermandad Chi Omega fueron atroces. Las pruebas y descripciones hablan por sí solas.
Durante una audiencia, un policía declara sobre el caso Omega y menciona que Ted habría confesado, pero justo en ese momento la grabación se corta. Usar una confesión sin prueba grabada provoca una objeción que el abogado no hace, por lo que Ted interrumpe el juicio y la exige él mismo. El juez acepta.
En las series lo muestran como un hombre brillante en la corte, pero en realidad su actuación fue un desastre. Nunca terminó la escuela de leyes y su participación no era una estrategia, sino puro narcisismo. Disfrutaba del protagonismo de las cámaras y del público, incluso como presunto asesino.
Los medios inflaron su ego, tratándolo casi como una celebridad y comparándolo con una estrella de rock, mientras su novia Carl and Boon se volvía su defensora más leal. Pero todo ese espectáculo solo empeoró su situación. El juicio se volvió más caótico y difícil de ganar. Ted podía ser encantador frente a las cámaras, pero en la corte el carisma no pesa contra la evidencia.
Su comportamiento deja claro lo destructivo de su ego. En una audiencia, el fiscal solo pide al investigador confirmar el número de víctimas en la casa. Pero cuando Ted lo interroga, insiste en que detalle cada aspecto gráfico del crimen horrorizando al jurado y reforzando su culpabilidad. En otra ocasión, su abogado Bob Haggard logra desacreditar por completo a una testigo que descía haberlo visto huir.
Pero Ted arruina el avance intentando despedirlo ahí mismo frente a toda la corte. Afortunadamente para el mundo, Ted es declarado culpable por los asesinatos e intentos de asesinato en la casa Chome y después se enfrenta un segundo juicio, esta vez por la eliminación de Kimberly Leache. Durante este proceso, Carl Boon viaja a Florida para apoyarlo y testificar a su favor.
Y es aquí donde ocurre uno de los momentos más surrealistas de todo el caso. Durante el juicio, mientras Carol está en el estrado como testigo de la defensa, Ted la interroga directamente y en medio de sus preguntas le propone matrimonio frente al juez y al jurado. Ella acepta y Ted declara solemnemente que según la ley de Florida, esa declaración pública constituye un matrimonio legal.
Así, Ted Bundy y Carl Andon se casan en pleno juicio ante la mirada incrédula de todos. Una vez más, el espectáculo mediático eclipsa la gravedad de sus crímenes. Ted sigue convencido de que puede manipular la opinión pública y ganarse al jurado con su encanto, pero lo único que logra es agrandar su caída. Tras un juicio lleno de errores, momentos absurdos y vergonzosos, llega la hora de que el jurado delibere.
El 24 de julio de 1979, Ted Bundy es declarado culpable de todos los cargos. Su madre ruega clemencia ante el tribunal, pero el juez es firme. La sentencia es la pena de muerte. Y no solo una, sino tres por los asesinatos cometidos en la casa Chí Omega y una tercera por el asesinato de la niña Kimberly Leich Lee, al igual que gran parte del país, sigue el juicio por televisión, pero para ella no es morvo, sino un tormento.
Le duele ver como Ted disfruta la fama. Al oír los testimonios, Lis acepta que el hombre que amó fue culpable de tantas muertes. Lo único que las reconforta un poco es que ahora sí y de una vez por todas, este es el fin de Ted Bonde. Antes de cerrar el juicio, el juez le da unas últimas y tranquilas palabras a Ted.
Eres un joven brillante, habrías sido un buen abogado. Me habría encantado verte ejercer. Cuídate, muchacho. No tengo ningún resentimiento hacia ti. Quiero que sepas que a pesar de todo te deseo lo mejor. Y aunque en muchas dramatizaciones se ve un semblante conmovido a Ted, en la vida real no mostró gesto ni de conmoción ni de arrepentimiento.
En su mirada solo hubo orgullo. La ejecución de Tets retrasa casi una década entre apelaciones y revisiones. Durante su encierro en Florida colabora con el FBI aportando ideas claves para el perfil criminal moderno y ayudando a capturar a otros asesinos, lo que inspiró parcialmente al personaje de Hannibal Lecter.
Mientras tanto, Carl Boon mantiene su fe en él y tiene una hija, Rose, pero la relación se deteriora por las exigencias y manipulaciones de Ted. Aún así, permanece con él 6 años. Antes de su ejecución, Ted confiesa algunos crímenes sin asumir plena responsabilidad, lo que permite estimar el número real de víctimas.
Boom, devastada, se divorcia poco después. Aún así, Ted continúa proclamando su inocencia y culpando a lafía de sus actos hasta el final. Sea como sea, la ejecución de Ted está programada. Carl Ann Boon no está en la sala ni se presenta en lo absoluto. Y el 24 de enero de 1989, una mujer jala la palanca de su silla eléctrica poniéndole fin a la historia de uno de los psicópatas más carismáticos e inhumanos que este mundo haya tenido la desdicha de conocer.
Y quiero resaltar estas últimas palabras que parecen una contradicción: carisma y atrocidad, una máscara encantadora para disfrazar intenciones perversas. Pero por muy linda que sea la máscara, no tiene que ser ese el factor determinante para elegir confiar o no. Y no solo hablo de relaciones uno a uno, el mal puede presentarse en diferentes formas a lo largo de nuestra vida.
Líderes carismáticos que prometen el cielo, personas que saben exactamente qué decir para parecer inofensivas o individuos que usan su encanto para obtener lo que quieren, sin importarles lo que puedan quitarte en el proceso. Obviamente, no todos son asesinos. Las probabilidades de que te topes con algún psicópata a lo largo de tu vida, de hecho, son bajas.

Pero si hay quienes con la misma frialdad son capaces de aprovecharse, mentir o manipular si eso les sirve para obtener algo. Me parece que casos como el de Bondi en el fondo mostraron la vulnerabilidad de una sociedad que piensa erradamente que carisma y bondad son la misma cosa. Y ese punto me parece el más importante.
El mal rara vez se presenta con el rostro de un monstruo. En el día a día casi siempre llega sonriendo. Por eso hay que estar atentos, observar más allá de las palabras bonitas y recordar que la confianza no se puede ganar solo con encanto, se tiene que ganar. con hechos.
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