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El MONSTRUO que USA se NEGÓ a ver | Ted Bundy

Comienza a vestirse mejor, adquiere un gusto por la alta cocina y la música clásica. se vuelve una persona más carismática que antes y en la universidad aprende lo suficiente para considerarse una persona culta y elocuente. Pero para la desgracia de Ted, los problemas surgen rápido. Ted no puede mantener el nivel de vida de su novia dinerada y pronto abandona sus estudios, lo que hace que Diane lo vea como alguien sin rumbo y decida terminar la relación. Devastado.

 Ted se da de baja de la universidad y pasa un tiempo viajando por el país. Visita familiares, estudia brevemente en una universidad cerca de Nueva York y sobre todo intenta escapar del rechazo de Diane y de su propio sentimiento de fracaso. Con el tiempo, Bondy decide cambiar y superar su falto de rumbo, así que regresa a Seattle y se inscribe en psicología.

Too Close to Ted Bundy | The New Yorker

 En 1968, Ted entra a un bar en Seattle y conoce a Lis Clubfer, una secretaria recién llegada que sueña con empezar de nuevo y encontrar el amor. Él, atractivo y elegante, la invita a bailar y la química surge al instante. Esa noche, Lis bebe demasiado y le pide a Ted que la lleve a casa. Ahí le confiesa que tiene una hija de 3 años, pero a él no le importa, lo que la conmueve y lo invita  a quedarse.

 Ted se comporta como todo un caballero y no intenta nada con la chica. Y, de hecho, se porta tan bien que a la mañana siguiente prepara el desayuno para ambas. Lis queda fascinada, parece el hombre ideal por ahora. Con el tiempo, Teddy y Lee consolidan su relación. Él termina psicología, empieza a estudiar leyes y se  involucra en la política local.

 Gracias a eso obtiene un puesto en una comisión que asesora a la policía sobre prevención del crimen, irónicamente en el área de delitos contra mujeres. Todo parece ir bien, incluso se une a la iglesia mormona, pero eso es solo una fachada. En este punto la historia te vuelve a abandonar sus estudios para entregarse a su verdadera y oscura pasión.

 dando inicio a la etapa más perversa de su vida. A comienzos de 1974, mujeres del estado de Washington son atacadas o desaparecen sin dejar rastro. La policía no encuentra evidencia ni conexión clara entre los casos, solo que las víctimas se parecen. En esa época el término asesino serial aún no existe y algunos investigadores incluso creen que se trata de un culto satánico, pero nada de eso.

 En realidad, Ted lleva una doble vida para todos. es un estudiante de leyes encantador, pero en secreto da rienda suelta a una oscuridad que ni  él comprende, un impulso que lo lleva a acabar con mujeres de formas terriblemente  crueles. Su puesto en una comisión de prevención del crimen le permite conocer cómo operan los detectives y aprovechar que las comisarías no se comunican entre sí.

 Eso le permite fragmentar sus crímenes. Comete el ataque en un condado, elimina pruebas en otro y abandona el cuerpo en uno distinto,  de modo que las autoridades no conectan los casos o tardan mucho en hacerlo. Además, las nuevas autopistas interestatales le facilitan desplazarse rápido desde zonas urbanas hacia áreas remotas donde entierra los  restos.

 Mientras tanto, Ted mantiene su relación con Lis, quien está profundamente enamorada de él, aunque no lo conozca realmente. Ella y su hija Molly se sienten demasiado afortunadas de tenerlo en sus vidas, pues es cariñoso, atento y muy carismático y lindo con ellas. Y si bien Leis en ocasiones nota algunas actitudes extrañas en él, no hace preguntas porque le da mucho miedo perderlo.

 Por eso Ted continúa eliminando en todo el estado de Washington y Oregon. Pero, ¿por qué? ¿Por qué alguien sería capaz de hacer esto? No solo hacerlo, sino disfrutarlo. Para buscar respuestas hay que mirar su mente, pero también dónde nació esa mente, porque debe haber algo en su estructura que lo hace diferente, pero también el entorno es importante.

 Y a ver, los factores que estoy a punto de contarte no son una explicación 100% exacta del por qué alguien puede volverse un asesino en serie, pues cada mente es distinta y aún se está aprendiendo mucho al respecto,  pero los factores que mencionaremos pueden ayudarnos a entender aunque sea un poco  más de qué podría influir en este tipo de comportamiento y también por qué en Estados Unidos han existido con bastante diferencia la mayoría de casos  de este tipo.

Es probable que Ted Bundy, como muchos asesinos seriales, haya nacido o tempranamente en su vida haya experimentado algún suceso  traumático que esto lo veremos más adelante, haya causado una configuración que hiciera que su cerebro procesara las emociones de manera particular, o sea, que no sintiera empatía, culpa ni remordimiento.

 Los estudios en psicopatía muestran que la amígdala y la corteza prefrontal, el área encargada de conectar la emoción con la moral, funciona de forma anómala en estos individuos. Imagínate algo así como si la alarma emocional estuviera desconectada. Expertos como Vicente Garrido lo explican de la siguiente forma.

 En el ámbito personal, esta especial configuración de la personalidad se traduce en rasgos de narcisismo extremo,  facilidad para manipular y una necesidad constante de control. En lo social son incapaces de tener empatía. Y eso es importante porque esta función social de estas emociones como la culpa o la empatía son mecanismos  que aseguran que cuidemos y preservemos los vínculos humanos.

 Cuando ese sistema falla, el ser humano pierde el sentido del otro y los vínculos suelen ser grandes fuentes de gratificación en nuestras vidas. Así que este tipo de personas, al ser incapaces de sentir esto, buscarían otros estímulos que les generaran esa satisfacción que su cerebro no puede producir como la mayoría de las demás personas.

 Y muchos lo encontrarían en la sensación de poder, en la dominación, en el control, en el dolor ajeno como fuente de placer. De niño, Bundy ya mostraba signos de esa búsqueda. Recordemos que maltrataba animales, quizás porque descubrió que podía ejercer control sin consecuencias y probablemente tras ir repitiendo esta actividad una y otra vez se necesitaba más y más para obtener más placer.

 Como toda adicción, llega un punto donde el estímulo se vuelve insuficiente y se buscan  estímulos cada vez más grandes hasta que la única forma de mantener esa sensación de control absoluto es decidir sobre la vida de alguien más. Pero no en todos los casos pasa esto, porque si bien los cerebros psicopáticos nacen en todas partes, no en todos los lugares se convierten en asesinos con tanta frecuencia como en Estados Unidos, que como dato curioso alberga al 4.

2% de la población mundial, pero ha tenido casi el 78% de los casos de asesinos seriales de todo el mundo, al menos si tomamos en cuenta los datos de la página World Population Review. Otro dato importante es que la mayoría de los casos se dieron entre 1960 y 1980. Entonces, ¿por qué tantos en Estados Unidos y por qué justo en esas décadas? Bueno, aquí entran factores externos, por mencionar algunos, porque seguramente hay más y se me van a escapar.

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