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El día que murió RICARDO FORT – La Oscura Verdad Detrás del COMANDANTE

quien antes se había lucido frente a cámaras bailando y portando estrafalarios y costosos atuendos, había sido fotografiado con bastones y algo desmejorado. Por supuesto, los paparazzi se habían encargado de retratarlo del modo menos conveniente para alimentar el morbo del público, que deseaba no perderse un solo detalle de lo que pasaba con el empresario.

 ¿Por qué era tan excitante e hipnótico verlo? sencillo, porque se trataba de un sujeto en el que era difícil diferenciar dónde terminaba la persona y dónde empezaba el personaje. Además, era capaz de pasar del más recalcitrante egocentrismo a una pose triste y casi melancólica. Sin ir más lejos, en sus últimos meses había dado unas cuantas entrevistas donde había abandonado temas frívolos para filosofar sobre la muerte.

Los videos con los mejores momentos de Ricardo Fort en América TV el día que cumpliría

 Sin embargo, el mensaje desde la clínica parecía contundente. El hombre por fin estaba dispuesto a encarar una nueva etapa. Algunos incluso llegaron a especular con cuál sería el siguiente paso de su caótica e impredecible carrera. Para sorpresa de todos, ese siguiente paso nunca llegaría. Pero no nos adelantemos, ¿cómo fue que el hijo de un exitoso empresario renegó de su legado para dedicarse a la farándula? ¿Le costó comenzar o fue fácil? ¿A qué se debió su estrepitosa caída? Pero más importante aún, ¿por qué logró conquistar a toda

una generación? Para responder a estas y otras preguntas, vamos a transitar un camino extenso, cubierto de fama, de sobreexposición, de críticas, de momentos de alegría y de momentos de tragedia. Y vamos a remontarnos hasta el 25 de noviembre del año 2013, el día que murió Ricardo Ford. Ricardo realizó todo tipo de material audiovisual a lo largo de su carrera, grabaciones de videoclips, de coreografías en vivo, de sketch, de un montón de cosas que a veces es difícil encontrarlos porque se encuentran subidos tal vez en otros países y se

encuentran bloqueados aquí en Argentina por cuestiones de copyright. Nosotros, por suerte, pudimos acceder a todo su material utilizando Surk. Surk es una, una red privada virtual que nos ayuda a proteger nuestros datos mientras navegamos por internet de forma segura, incluso al utilizar una red Wi-Fi pública.

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 Yo, por ejemplo, utilizo SurK para acceder a documentales o películas que me sirven para armar los informes de este canal que de otra forma no encontraría. Este video fue ilustrado con material conseguido gracias a Sur Shark. Como si fuera poco, Surk también cuenta con la versión Surk One, que contiene funciones muy útiles como antivirus, alerta y búsqueda que brindan aún más seguridad.

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 Así que no tienen ninguna excusa, bájenlo, úsenlo y después me cuentan cómo le fue. Comencemos. Infancia. Ricardo Ford nació el 5 de noviembre de 1968 en una familia acomodada. Su abuelo había dado forma a una empresa de chocolates y otras golosinas que habían sabido abrirse paso con estadísticas más que favorables.

 Su padre, dispuesto a no desaprovechar aquello, había tomado las riendas del Imperio Ford, ni bien había tenido la chance, demostrando su determinación y una gran capacidad para los negocios. Y es que Carlos Ford era un hombre duro, creyente de que todo en la vida es cuestión de disciplina. Trabajaba alrededor de 12 horas al día y solo le pedía una cosa a su entorno.

Perfección. Por eso, cuando Ricardo llegó al mundo, Carlos se propuso a prepararlo para que se convirtiera en su sucesor. ¿Por qué iba alguien a negarse a un negocio familiar que daba millones y que ponía el nombre del clan en una posición de poder y privilegio? Carlos jamás se imaginó que alguien pudiera querer renegar de tal legado.

 Por eso, cuando ya en sus primeros años de rebelde adolescencia, Ricardo se sublevó a su mandato, lo primero que sintió fue un enorme desconcierto. Ricardo tenía carácter, sí. Pero lejos de aplicarse a la lógica y la frialdad de los números, el muchacho mostró desde el principio un enorme entusiasmo por todo lo que rodeaba al universo de su madre.

 Marta era habitué de visitar todas las obras que se estrenaban en el teatro Colón. En algún momento había sido una cantante lírica con promesas de escalar en el negocio del espectáculo y aquella materia pendiente no dejaría de seguirla hasta el día de su muerte. La mujer disfrutaba de las grandes tragedias clásicas mientras se imaginaba en un mundo donde la que estaba sobre el escenario era ella.

 Ricardo había sentido una temprana empatía por el sueño de su progenitora y pronto se mostró más entusiasmado por ir a ver óperas que por pasar tiempo en la fábrica de la que su padre solía hablar con tanta adoración. Mientras Carlos estaba en la oficina, Ricardo pasaba horas imitando coreografías y mirándose en un espejo, fantaseando conquistar un público que aplaudiría con solo ver al telón abrirse.

 Luego, con la caída de la tarde, sus sueños se nublaban y rápido su madre le pedía que la ayudara para recibir a su padre. Cuando este efectivamente llegaba, se repetía siempre la misma secuencia de modo inexorable. El hombre miraba todo a su alrededor sin poder disimular su desagrado, y remataba anunciando que no podía creer que su hijo ni siquiera supiera cómo poner de modo correcto una mesa.

 Quedaba claro que entre ellos no había química, cosa que se profundizó para los 14 años de Ricardo. En una ocasión ya no pudiendo ocultar la frustración que le daba el despecho que su hijo mostraba por todo lo referido a la empresa. Carlos le preguntó qué esperaba hacer con su vida. Ricardo no dudó en responderle que estaba esperando.

 Esperando qué, quiso saber el otro. Heredar fue la única palabra que salió de la boca del joven. Aunque con el tiempo Ricardo llegaría a asumir que Carlos era una persona verdaderamente culta que no solo sabía de chocolates, sino que de casi todo. También diría que vivir bajo su techo había significado sumirse a su terrible autoritarismo.

 Ese reinado de terror se había intensificado cuando Ricardo había confesado su homosexualidad. Carlos lo hizo sentir culpable por aquello y no perdió ocasión de recordarle que aquello lo avergonzaba como nada en el mundo. Prefiero tener un hijo drogadicto que un hijo homosexual había sido su cruel veredicto.

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