¿Llegó el hombre realmente ayer alguna vez? ¿Fue todo una conspiración de los Estados Unidos para marcar su prema en la famosa e infame carrera espacial? De un modo o de otro, las misiones tripuladas nunca volvieron. El espacio cercano se llenó de estaciones orbitales, de rutinas en gravedad cero y de experimentos controlados a pocos cientos de kilómetros de la Tierra.
Todo ocurría en ese límite seguro, en esa frontera donde el planeta todavía podía extender la mano si algo salía mal. La exploración profunda quedó en pausa, como una puerta cerrada que nadie se animaba a volver a abrir hasta ahora. Pero no nos adelantemos. Más de 50 años después, la NASA vuelve a mandar humanos a la Luna.
¿Con qué finalidad? ¿Quiénes serán esos astronautas? ¿Qué riesgos tiene la misión? ¿Cuál es el actual panorama con China en lo referente a la conquista del espacio? Para dar respuesta a estas y otras preguntas, vamos a ubicarnos en el primero de abril de 2026, el día que la humanidad volvió a la Luna. Anexado este informe, vamos a dejarles el informe que hicimos sobre la llegada de 1969 para que puedan comparar los contextos entre ambos eventos.
Si esta temática les interesa, pueden escribir la palabra luna en los comentarios. [música] El regreso. Primero de abril de 2026. La plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy volvió a estar ocupada, pero esta vez no como un monumento al pasado, sino como un punto de partida real, tangible, casi incómodo en su ambición. Durante años fue un lugar cargado de memoria, una estructura que parecía sostener más historia que futuro.
Sin embargo, hoy frente al cielo abierto de Florida se levantó nuevamente una máquina diseñada para algo que durante décadas pareció fuera de alcance. abandonar la órbita terrestre con seres humanos a bordo y dirigirse hacia la luna. La [música] misión Artemis 2 representa ese quiebre, pero ojo, no es un regreso inmediato a la superficie, ni hay promesa de huellas nuevas sobre el polvo lunar.
Hay algo más profundo en juego, la decisión concreta de volver a cruzar el límite. ¿Cómo? con un gesto claro, desplazando a cuatro personas más allá de ese borde invisible donde ya no existe la inmediatez del rescate ni la posibilidad de corregir en tiempo real. Este lanzamiento reconfigura la visión moderna sobre la conquista del espacio y demuestra que ese impulso nunca desapareció, solo estuvo contenido, acumulándose en silencio, esperando el momento en que las condiciones políticas, tecnológicas, incluso culturales volvieran a alinearse.
La misión Artemis 2 está diseñada para durar alrededor de 10 días, pero ese número en términos narrativos es engañoso porque cada una de esas jornadas concentra décadas de desarrollo, de simulaciones y de errores corregidos en tierra para evitar que se manifiesten en el vacío. La nave Orion no viaja impulsada de forma constante.
Tras el impulso inicial del SLS, entra en una dinámica donde la gravedad, tanto de la Tierra como de la Luna se convierte en una herramienta más, casi en un socio invisible que guía al recorrido. El concepto central es el de trayectoria de retorno libre, una idea tan elegante como brutal en su lógica. Si todos los sistemas fallaran después del impulso inicial, la nave aún así rodearía la Luna y regresaría a la Tierra sin necesidad de correcciones mayores.
No es una medida de comodidad, sino de supervivencia. Una forma de admitir que en el espacio profundo no existen segundas oportunidades y que cada decisión debe contemplar el peor escenario posible como parte del diseño. A su vez, la nave no se dirige a cualquier punto de la Luna, sino que describe un rodeo amplio que la lleva incluso más allá del lado oculto.
Ese hemisferio que desde la Tierra nunca se ve y que durante décadas fue sinónimo de misterio. Allí, en ese punto donde la comunicación puede volverse intermitente y la referencia terrestre desaparece por completo, la misión alcanzará uno de sus momentos más críticos y al mismo tiempo más simbólicos.
¿Creen ustedes que podrían soportar esa presión? Los pocos que lo hicieron dicen que allí el paisaje es inmenso y desolador. Pero Artemis 2 no es una misión de contemplación, aunque las imágenes que genere probablemente queden grabadas en la memoria colectiva. Es ante todo una prueba. Cada sistema será observado. Cada reacción del cuerpo humano en ese entorno será registrada y cada maniobra será analizada milimétricamente.
evaluarán los sistemas de soporte vital, la navegación en espacio profundo, la resistencia de los materiales y la capacidad de la tripulación para operar en un entorno donde cualquier imprevisto adquiere una dimensión completamente distinta. Y sin embargo, el momento más violento no ocurrirá en la ida o en la lejanía absoluta, sino en el regreso.
Cuando Orion se alíe nuevamente con la Tierra y comience su reentrada, lo hará velocidades que superan ampliamente las de cualquier misión. en órbita baja, enfrentándose a temperaturas extremas que convertirán el escudo térmico en la única barrera entre la vida y la desintegración. La pregunta es, ¿quiénes son los que vivenciarán esa experiencia tan extrema? Los cuatro que vuelven.
Dentro de la cápsula Orion viajan cuatro personas con trayectorias, decisiones y obsesiones que lo llevaron hasta ese punto preciso donde la historia deja de ser algo que se estudia. y pasa a ser algo que se habita. Los mencionarán los manuales del futuro. Es probable. La misión Artemis 2 redefine quiénes son los que ocupan ese lugar, porque a diferencia de las misiones del programa Apolo, esta tripulación no responde a una única narrativa nacional ni a un perfil homogéneo, sino a una construcción mucho más amplia, donde la
experiencia, la representación y la cooperación internacional conviven en un mismo espacio reducido. El comandante Raid Wisman llega a ese asiento por una acumulación de experiencias que combinan lo técnico con lo humano. Expiloto de combate y astronauta con experiencia en la estación espacial internacional Wem representa ese tipo de liderazgo que se construye en entornos reales donde la presión no es una variable controlada.
Su rol es sostener la coherencia del grupo en un contexto donde cada decisión puede tener consecuencias irreversibles. A su lado, el piloto Víctor Glover encarna otro tipo de hito que, lejos de presentarse como una declaración se integra de manera natural en la misión. Su presencia es estructural.
Forma parte de una generación que amplía quienes pueden ocupar estos espacios sin que eso requiera explicación adicional. Glover ya ha probado su capacidad en órbita, pero esta misión lo empuja más allá de cualquier experiencia previa hacia un territorio donde la referencia deja de ser la tierra cercana y pasa a ser el vacío profundo.
Cristina Coch aporta algo distinto. Su récord de permanencia prolongada en la estación espacial internacional es una evidencia de resistencia, de adaptación y de comprensión del entorno espacial en niveles que van más allá de lo técnico. En Artemis 2, su presencia también marca un punto de inflexión. Será una de las primeras mujeres en viajar tan lejos de la Tierra, ampliando un límite que durante demasiado tiempo se mantuvo implícito.
El cuarto integrante, el canadiense Jeremy Hansen, introduce una dimensión que redefine el sentido mismo de la misión. es la representación de una colaboración internacional que se materializa en la participación directa en uno de los hitos más importantes de la exploración espacial contemporánea. Su presencia señala que este regreso pertenece a una red de intereses y capacidades que trascienden fronteras.
Sin embargo, más allá de las diferencias, hay algo que se mantiene constante, [música] algo que conecta esta tripulación con aquellos que décadas atrás también miraron la Tierra desde una distancia imposible. Hablamos de la decisión de aceptar que hay lugares a los que la humanidad solo puede acceder si alguien está dispuesto a tomar el riesgo.
Claro que parte de asumir ese riesgo tiene que ver con la confianza que tienen en su equipo, en sus máquinas y sobre todo en su nave. La nave. A diferencia de las naves del programa Apolo, donde cada componente parecía empujado al límite de lo posible con la tecnología disponible, Orion es el resultado de décadas de aprendizaje acumulado, de errores estudiados en detalle y de simulaciones que intentaron anticipar incluso lo improbable.
El módulo de tripulación funciona como un ecosistema cerrado, un volumen presurizado donde la vida es sostenida, que en la misma haya aire, agua que fluye por gravedad y temperatura constante, es resultado de sistemas que trabajan de manera silenciosa y casi invisible para mantener condiciones que en la Tierra se dan por sentadas.
Pero Orion no viaja sola. Acoplado a ella se encuentra el módulo de servicio provisto por la Agencia Espacial Europea que funciona como el verdadero sostén energético y propulsivo de la misión. Es allí donde se genera la electricidad, el control térmico y el impulso necesario para ajustar la trayectoria. Esa colaboración es la prueba concreta de que el regreso a la Luna se construye desde una red de capacidades distribuidas que en conjunto hacen posible lo que de forma aislada sería mucho más complejo. Por todo esto, los
sistemas que sostienen la vida dentro de la nave no atemiten fallas prolongadas. En un entorno donde la exposición al sol o a la sombra pueden significar extremos imposibles de sostener sin intervención tecnológica. Todo funciona como una cadena donde cada eslabón depende del anterior.
A eso se suma un enemigo que no se ve, que no se escucha, pero que está siempre presente. La radiación. Fuera del escudo protector del campo magnético terrestre, la exposición a partículas solares y cósmicas se vuelve una variable constante. Una tormenta solar en el momento equivocado no es un inconveniente menor. Es una amenaza real que puede comprometer tanto los sistemas electrónicos como la salud de la tripulación.
No es un escenario probable en cada misión, pero tampoco es lo suficientemente improbable como para ignorarlo. Sin embargo, y como dijimos, el verdadero desafío de la nave no es alejarse, sino volver. Durante esos minutos no hay intervención posible. Cada vez que la humanidad decide alejarse de la Tierra lo hace aceptando que hay un punto en el que ya no hay red y Artemis 2, más que cualquier otra misión en las últimas décadas [música] vuelve a cruzar ese punto.
Pero hay que tener en cuenta algo más. Mientras la misión Artemis 2 avanza como un proceso meticuloso, casi clínico en su ejecución, hay otra narrativa que se desarrolla en paralelo, más silenciosa en su forma, pero igual de determinante en sus consecuencias. Una narrativa que no necesita declaraciones grandilocuentes porque se construye a través de hechos de avances sostenidos, de objetivos que se cumplen sin necesidad de exposición constante.
Hablamos de la sombra de China. China irrumpe la escena espacial progresivamente, consolidando cada paso antes de avanzar al siguiente. La Administración Espacial Nacional China ha desarrollado en las últimas décadas un programa que, lejos de buscar impacto inmediato, prioriza la continuidad, la acumulación de capacidades, la construcción de una infraestructura que le permita operar de manera autónoma más allá de la órbita terrestre.
Sus misiones robóticas a la luna, el despliegue de estaciones espaciales propias y los anuncios concretos sobre planes de alunizaje tripulado configuran un escenario donde la exploración deja de ser patrimonio de una única potencia. Lo que diferencia este momento del siglo XX no es la existencia de competencia, sino su naturaleza.
Durante la Guerra Fría, la carrera espacial estaba impulsada por una lógica de demostración. ¿Quién llegaba primero? ¿Quién lograba el gesto más impactante? ¿Quién podía traducir un hito tecnológico en una victoria simbólica inmediata? Hoy, en cambio, la dinámica es más compleja, menos visible, pero más profunda.
No se trata solo de llegar, sino de quedarse, de establecer presencia y de desarrollar capacidades sostenidas que permitan operar en el tiempo sin depender de impulsos aislados. En ese contexto, la Luna adquiere un valor distinto, ya hay que dejar de verla como un destino y pensarla como una plataforma. Su ubicación, sus recursos potenciales y su rolmio hacia misiones más ambiciosas la convierten en un espacio estratégico donde la presencia prolongada puede redefinir el equilibrio de poder en el ámbito espacial.
La existencia de Artemis 2 se inscribe dentro de esa misma lógica. Volver a enviar humanos hacia la Luna, validar sistemas para misiones más complejas y preparar el terreno para una presencia sostenida constituye una forma de posicionamiento bien claro. Así, la Luna, ese territorio que durante décadas permaneció en pausa, está dejando de ser un espacio vacío para convertirse nuevamente en un escenario [música] activo donde distintas visiones, modelos y formas de entender la exploración comienzan a superponerse. Ya no estamos en vistas de
una carrera en el sentido clásico, pero sí hay una dirección compartida que hace imposible ignorar la presencia del otro. En ese sentido, lo que está ocurriendo es el primer paso de un futuro que nos espera a la vuelta de la esquina o a la vuelta de nuestro satélite. Ya no se tratará de si la humanidad puede regresar, se tratará de cuánto tiempo va a tardar en quedarse allí.
¿Qué creen ustedes? Saldrá exitosa la misión Artemis 2 corroborando que estamos más cerca de lo que pensamos de dar un salto sustancial hacia el infinito y más allá. ¿Estamos próximos a que existan bases de operación funcionales en la Luna? ¿Llegaremos a verlas haciendo que se vuelva realidad tantas historias y películas de ficción que consumimos de chico? ¿Qué nos depara el devenir en estos aspectos? Mientras piensan las respuestas, les compartimos el informe que hicimos hace unos años sobre la llegada por primera vez del hombre a la
luna. En el mismo analizamos posibles conspiraciones y datos curiosos que probablemente no conozcas. Inmediatamente después de que Copérnico descubriera el actual modelo del sistema solar con la Tierra como otro planeta y el Sol en el centro del mismo, nos proporcionó otro modo de ver la Luna. La primera idea moderna acerca de la formación de la Luna se denominó Teoría de la fisión y la expuso George Darwin, el hijo de Charles Darwin.
Él razonó que la Luna debió haberse separado de nuestro planeta cuando la Tierra todavía era una bola fundida en rápida rotación. Esta teoría permaneció desde la década de 1880 hasta la era espacial. La teoría más ampliamente aceptada era que la Luna se formó cuando hace miles de millones de años un cuerpo del tamaño de Marte se estrelló contra la Tierra.
Esta colisión hizo que la recién formada Tierra se transformara de nuevo en una bola de roca fundida y expulsara materia que se situaría en órbita. La mayor parte de esta materia regresaría de nuevo a la Tierra, pero parte se reuniría por acción de la gravedad y formaría la Luna que tenemos hoy. Esta teoría fue concebida por primera vez en 1946 por Reginald de la Universidad de Harvard.
Otra teoría es que la Tierra capturó a la Luna después de haberse formado, pero por lo general este tipo de interacciones gravitatorias no suelen funcionar muy bien. Una idea que se desprende de la teoría del impacto es que el choque podría haber creado dos Lunas de la Tierra. El segundo objeto más pequeño podría haber sido inestable y finalmente se habría estrellado contra lo que conocemos como la cara oculta de la luna, lo que explicaría por qué la superficie de ese costado es tan diferente a la cara visible.
Sea como sea, lo cierto es que desde tiempos inmemoriales el hombre ha centrado su atención en la luna. Los poetas la usaron como fuente de inspiración. Los pescadores la usaron para medir mareas y culparla si las redes volvían vacías al barco y los científicos soñaron con estudiarla más de cerca.
Sueño que finalmente comenzó a cumplirse cuando se dio inicio a la carrera espacial. Se considera que el lanzamiento del satélite artificial soviético Sputnic 1 en octubre de 1957 dio inicio a la carrera espacial. Se llama carrera espacial a la competencia por la conquista del espacio exterior que se llevó a cabo entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la cual se extendió desde 1957 hasta 1975.
Esta supuso un esfuerzo realizado por ambos países para poner en órbita satélites artificiales, enviar seres vivos al espacio, explorar otros planetas y llegar finalmente a la superficie lunar. Ambos bloques se embarcaron en una competencia para obtener la hegemonía mundial y demostrar las ventajas del sistema político y socioeconómico que defendían.
A este periodo se lo conoce como la Guerra Fría, porque si bien la acumulación de armas y tropas fue masiva y las amenazas de agresiones constantes, no llegó a haber enfrentamientos directos entre militares de ambas potencias. La competencia entre los bloques capitalistas y comunista se desarrolló en los terrenos políticos, cultural, deportivo, científico y tecnológico.
En ese contexto, la carrera por la conquista del espacio que se desató entre ambas potencias tuvo entre uno de sus fines las actividades de espionaje, ya que los satélites que orbitaban alrededor de la Tierra podían obtener fotografías de instalaciones militares e industriales del enemigo. El Sputnck 1 fue una pequeña esfera de 58 cm de diámetro y 83 kg de peso y tenía cuatro finas antenas.
Estuvo en funcionamiento 3 meses y durante ese periodo recorrió 100 veces la órbita terrestre. El 3 de noviembre de 1957, la perra laica fue el primer ser vivo en orbitar la Tierra a bordo del Sputnic 2. Viendo la ventaja que los rusos llevaban el primero de octubre de 1958, el presidente de los Estados Unidos, Aen Howuer, fundó la administración aeronáutica y espacial, la NASA, para desarrollar un programa espacial orientado hacia la investigación científica.
Y en diciembre de ese mismo año pusieron en órbita el Score, el primer satélite de comunicaciones. El 12 de abril de 1961, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin voló durante 1 hora y 48 minutos alrededor de la Tierra. Gagarin fue el primer ser humano que vio el planeta desde el espacio exterior. Otro punto para los soviéticos. нарастающий гучуганкий космический корабль оторвался от стартового устрой.
El 14 de diciembre de 1962, la nave estadounidense Mariner 2 fue la primera en sobrevolar Venus con éxito. Transmitió datos sobre la temperatura de la superficie y la densidad del aire de este planeta. Partido empatado. El 16 de junio de 1963. Los soviéticos lograron enviar al espacio [carraspeo] a Valentina Terescoba, la primera cosmonauta mujer, quien completó 48 órbitas alrededor de la Tierra durante los 3 días que permaneció en el espacio.
Los rusos parecían estar siempre un paso adelante, sin embargo, esta situación se revirtió y fueron los estadounidenses quienes terminaron obteniendo el mayor de los triunfos gracias a un proyecto que hizo que toda la situación diera un giro inesperado, un proyecto llamado el programa Apolo. El programa Apolo duró unos 10 años, durante los cuales la NASA gastó, según sus propias estimaciones, 23,900 millones de dólares.
De acuerdo con los cálculos actuales, esa suma representaría hoy mucho más de 100 millones de la moneda estadounidense. En tiempos de la carrera armamentística, el alunizaje tripulado era una de las tareas centrales de la NASA, cuyos gastos totales correspondían a cerca de un 4% del presupuesto estatal de Estados Unidos.
En comparación, la NASA gasta actualmente apenas el 0,5% del presupuesto. El 27 de enero de 1967, poco antes de llevar a cabo el primer vuelo tripulado, la tragedia golpeó a la NASA. Durante una prueba de los sistemas del módulo de mando de la Apollo 1, hubo un brutal incendio dentro del mismo que se cobró antes de que pudiera llevarse a cabo el más mínimo intento de rescate, la vida de tres astronautas.
La NASA tras ese accidente instituyó un programa de recompensas para mejorar la seguridad de las misiones, el premio Snoopy. Para octubre de 1968, el Apolo 7 ya estaba listo para ser lanzado y poner astronautas en órbita terrestre. Tanto el cohete lanzador Saturno 5 como los dos módulos habían sido probados durante noviembre de 1967 en la misión Apolo 4, que no fue tripulada.
Para diciembre de 1968, la misión Apollo 8 estaba lista para enviar astronautas a una órbita alrededor de la Luna, misión que se concretó entre el 21 y 27 de diciembre. El noveno vuelo del programa Apolo, lanzado el 3 de marzo de 1969 fue el Apolo 9 encargado de probar el módulo lunar. Fue la tercera misión tripulada del programa Apolo, cuyos integrantes utilizaron el habitáculo que debería deposar a los astronautas en la superficie de la luna.
Shrart efectuó una salida al espacio de 37 minutos de duración. destinada a probar el traje espacial que habría de ser utilizado en el descenso a la luna y valorado en $100,000 de esa época cada traje. Estos equipos autónomos capaces de resistir temperaturas del orden de -50ºC a más de 130 grados. Debían además proteger a los astronautas del impacto de micrometeoritos, garantizar las comunicaciones y suministrar soporte vital durante 3 horas.
El vuelo amerizó el día 13 de marzo tras orbitar 151 veces nuestro planeta y después de 241 horas de vuelo. El décimo vuelo del programa Apolo, denominado oficialmente como AS505, fue una combinación de las dos anteriores, ya que por primera vez se situó el modelo lunar LM en una órbita próxima a la Luna y se realizaron allí las maniobras necesarias que ya se habían efectuado en órbita alrededor de la Tierra.
Aproximadamente un mes más tarde, el 16 de julio de 1969, se enviaría al espacio la misión Apolo X, que llegó a la superficie de la Luna el 20 de julio, tripulada por Neil Armstrom, Edwin Bos Aldrin y Michael Collins, e hizo historia al poner por fin a dos hombres en la superficie lunar. La forma en que Armstron, Aldrin y Collins fueron seleccionados para la misión fue resultado de un complejo sistema de tripulaciones alternas y las razones por las cuales fue Armstron y no Aldrin, quien salió primero por la escotilla del módulo Eagle y pisó el
suelo lunar depende de quién las cuente. Durante el programa Apolo, la selección de la tripulación de cada misión correspondió a Dick Slayton, uno de los astronautas del programa Mercury, predecesor de Apolo, que diseñó un sistema de rotación por el que cada tripulación contaba con una desuplencia que pasaría a ser titular tres misiones más tarde.
La suerte y las rotaciones entre 29 astronautas entrenados para el programa Apolo colocaron en enero de 1969 a Armstron, Aldren y Collins en la misión destinada a descender sobre la Luna. Podemos decir que los planetas se alinearon para ellos. Aldrin siempre se lamentó de ser el segundo, pero aclaró que todo se trató de una cuestión de protocolos asociados a las jerarquías.
La NASA fue más contundente con su respuesta. Armstrong fue elegido para pisar la luna porque la puerta para bajar del módulo estaba de su lado. La prueba del traje de baño poco y nada tuvo que ver. El equipo partió el espacio el 16 de julio de 1969 en un cohete Saturno 5 desde el centro Kennedy en el sur de Florida y tr días más tarde la cápsula Columbia se ubicó en la órbita lunar con el control a cargo de Collins.
Los astronautas del Apolo X no llevaron ni un litro de agua consigo. Eso significaba peso en la nave. El agua que consumían a bordo era un subproducto proveniente de las pilas de combustible en las que se generaba electricidad mediante la reacción del hidrógeno y oxígeno que sí transportaban. Así contaban con el líquido vital. En función del ahorro del peso que llevaban y la comodidad del transporte, la comida iba deshidratada y envasada al vacío o cortada en porciones que pudieran tomarse en una cucharada.
Los expertos de la NASA analizaron cada uno de los componentes de las comidas para establecer su exacto valor calórico y nutritivo, empleando la información obtenida en la elaboración de un menú balanceado. La información también proporcionaba una base para calcular la absorción nutritiva de cada hombre diariamente y a lo largo de una misión completa.
Todos los platos iban envasados en bolsas de plástico que tenían una boquilla donde ajustar el caño de una pistola dispensadora de agua fría o caliente, según el gusto del astronauta. Al finalizar, cada bolsa tenía pegada por fuera pastillas germinicidas que debían introducirse cuando se terminara de comer.
Se enrollaba la bolsa y luego se depositaba dentro de un compartimiento especial de residuos. La licencia que se tomaron los astronautas fue llevar golosinas al espacio. En concreto viajaban 15 chicles, seis chocolates de cuatro cubitos y también seis brownies. Los residuos humanos se recogían el espacio mediante la utilización de distintas bolsas.
Para orinar, los astronautas empleaban un objeto similar a un condón conectado a una bolsa mediante una pequeña manguera. Para defecar, utilizaban una bolsa de plástico que se pegaba con cinta adhesiva a las nalgas para capturar las eces. Tras ello, el astronauta debía sellar la bolsa y amasarla para mezclar un bactericida líquido con el contenido, a fin de estabilizar las esces.
Finalmente, para asearse, los astronautas se pasaban por el cuerpo unas toallas húmedas similares a las que se utilizan para los bebés. Luego de 4 días en estas condiciones, el objetivo empezó a hacerse más y más claro. Pero antes de llegar a la luna, la misión Apolo X estuvo a punto de fracasar.
Se creía que los astronautas del Apolo X tenían un 90% de posibilidades de volver sanos a la Tierra, pero solo un 50% de aterrizar en un primer intento. A medida que Armstrong y Edwin Bus Aldrin comenzaron a recorrer los 15 km para el descenso a la Luna, las posibilidades de no lograrlo empezaron a crecer. Según Armstrong, los 13 minutos previos a tocar la superficie lunar fueron un desenfreno de incógnitas.
Si bien unas 400,000 personas estuvieron involucradas en el proyecto Apolo de la NASA, solo un reducido equipo de entre 20 y 30 personas estaban en el centro de control en el momento histórico. Uno de los datos más sorprendentes de ese selecto equipo es que la edad promedio de los controladores de vuelo era de 27 años. Mientras la adrenalina crecía en la Tierra a unos 400,000 km de distancia, el clima era relajado.
El módulo lunar o águila con Armstron y Aldrin a bordo ya se había desacoplado del módulo de comando o Columbia, piloteado por Michael Collins y que se mantuvo girando alrededor de la luna. Durante la preparación para el descenso final, Armstrong incluso bromeó con que había un cierto ruido en sus auriculares que parecía viento soplando entre los árboles.
Pero en cuanto Aldrin dio la orden de activar P63, el programa que controlaría los momentos exactos en los cuales los motores se encenderían y por cuánto tiempo los problemas aparecieron, el problema estaba en la llamada Antena de Alta ganancia, el enlace de radio que permitía al centro de control hablar con Amstron y Aldrin, así como recibir datos de los sistemas del módulo lunar.
Sin esa telemetría no podían aterrizar en la Luna. El equipo de telecomunicaciones entonces decidió cambiar la orientación de águila para así mejorar la señal de la antena con la Tierra. Mientras tanto, los controles debían transmitirle toda la información a Collins, quien a su vez se lo comunicaba a Armstron y Aldrin.
A pesar del caos y la información fragmentada, los astronautas recibieron la orden de encender el motor y comenzar el estrepitoso descenso hacia la superficie lunar. Los problemas de comunicación se resolvieron, pero para el guía del vuelo, Steve Bales, los contratiempos recién empezaban. Armstrong se dio cuenta de que estaban yendo demasiado rápido.
Corrían riesgo de pasarse de área de aterrizaje establecida. Bale finalmente dijo, “Lo vamos a lograr, creo.” En cuanto la velocidad se mantuvo dentro del límite de seguridad, otro problema apareció. Para aterrizar en la Luna, la tripulación dependía casi por completo de la computadora a bordo. En los hechos, esa rudimentaria pantalla solo podía mostrar una serie de números para arrojar información y ayudar a identificar problemas.
Cuando faltaban apenas 5 minutos para el alunizaje, un código apareció en la pantalla, 120 o como lo leyó entonces Armstrom 2.2. El código 120 quería decir que la computadora estaba sobrecargada de tareas en el control de la misión. Nadie entendió lo que estaba sucediendo. ¿Estaba la computadora a punto de fallar? ¿Tendrían que abortar el aterrizaje? Estaban en peligro las vidas de Armstron y Aldrin.
La máquina había sido programada de tal forma que, en caso de estar sobrecargada pasaba a priorizar las tareas críticas para la misión, como mantener al módulo volando a la velocidad y en la dirección correcta. Parte del equipo en la Tierra pasó a ocuparse de las tareas que la computadora ya no podía procesar. Pero antes de aterrizar, todavía faltaría sortear dos grandes inconvenientes. El primero fue el lugar.
La computadora estaba guiando automáticamente al águila a la zona de alunizaje cuando Armstrong logró verla por la ventana. No fue bueno lo que vio. La nave se estaba dirigiendo al mar de la tranquilidad, el punto elegido, pero sobre el cráter oeste, un agujero gigante de unos 30 m de diámetro con rocas del tamaño de autos.
Armstron entonces decidió tomar el control manual. Su decisión tuvo una consecuencia inesperada. La nave comenzó a quemar combustible mucho más rápido de lo esperado. Entonces, desde el control de la misión, el controlador de vuelo, Bob Carlton informó que restaban 120 segundos de combustible y luego dijo 60 segundos y aún no estaban ni cerca de la superficie.
Entonces, entre medio de números que iban leyendo, Aldrin afirmó, “Estamos levantando un poco de polvo.” Amtron quedado ya sin visibilidad cuando desde el control se escuchó un nuevo ultimátum por el combustible. 30 segundos. Pasaron otros 12 segundos. Luz de contacto”, dijo Aldre refiriéndose a la luz azul en el tablero que indicaba que estaban a un metro de la superficie lunar y debían apagar el motor.
El módulo lunar aterrizó en el mar de la tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:179 UT. Amstron entonces dijo, “Huston, aquí vaece tranquilidad. El águila ha aterrizado. La frase no era parte de un plan, la inventó él camino al espacio y por supuesto se volvió icónica. La frase en cuestión de la que estoy hablando es: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad.
” Eso fue precisamente lo que dijo Armstron al pisar la luna. Aparte de la bandera norteamericana, los astronautas dejaron en la luna cientos de objetos, entre ellos una placa conmemorativa en la que se podía leer. Aquí hombres del planeta Tierra pusieron por primera vez un pie en la luna en julio de 1969. Vinimos en son de paz representando a toda la humanidad.
Armstron y Aldrin permanecieron 22 horas en la Luna, de las cuales pasaron exactamente 2 horas y 36 minutos en la superficie recorriéndola con sus propios pies. Durante la misión, los astronautas recogieron aproximadamente 22 kg de muestras de minerales lunares para analizar en la Tierra la composición de nuestro satélite natural.
Uno de los objetivos científicos de la misión Apolo fue aprender más sobre la estructura del satélite y sus movimientos alrededor de la Tierra. Armstrong y Aldrin dejaron allí además unos dispositivos científicos para un programa denominado Síssmica Pasiva y Síssmica Lunar de perfiles, destinados a detectar movimientos tectónicos en las placas que conforman ese cuerpo celeste.
Gracias a ello, en 2011 se captaron las señales de un sismo que ocurrió a más de 15 km de profundidad, casi en el mismo centro de la Luna. Armstrong y Aldrin también colocaron una serie de retrorreflectores, unos espejos que reflejan señales de rayos lásers enviadas de la Tierra para calcular así la distancia a la que se encuentran ambas.
Por otro lado, pudieron tener acceso al polvo lunar al que describieron misteriosamente como con olor a pólvora. Tanto los tripulantes del Apolo X como los que vendrían después. Muchos creen que desde que Neil Armstrong dejó su famosa huella sobre el regolito lunar, no hemos regresado a nuestro satélite natural. Sin embargo, en total han sido seis las misiones que han vuelto a la Luna y un total de 12 los astronautas que pisaron su superficie.
Así todo, todavía hay quienes creen que nada de esto fue real, que de Armstrong en adelante todo se habría tratado de una gran farsa. Bill Casing, ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial y un licenciado en literatura, comenzó a principios de los 70, una cruzada contra la NASA y las misiones Apolo. Sus libros, poco difundidos hasta entonces, hablaban de las falsedades del gobierno norteamericano y de sus manipulaciones.
Enfático e incansable, recorrió todos los medios de comunicación posibles, difundiendo sus certezas. quienes le daban espacio lo presentan como un exempleado de la empresa que fabricó los motores que propulsaban los cohetes del proyecto Apolo. Lo que no decían es que su labor había sido en difusión nada relacionada con la fabricación y que había dejado la firma en 1963.
Kein brindó en cada entrevista una imagen segura y serena y en la década de 1990 llevó a juicio por difamación a Jim Lovel, el piloto del Apolo 13 que inmortalizó la frase Houston tenemos un problema. Lobel lo habría llamado chiflado. En 2002, otro negador del alunizaje, el documentalista Bartel, abordó a la salida de un hotel a Boss Aldrin para tratarlo de mentiroso.
No salió bien parado de ese episodio. Crell Aldrin que lo del Apolo X fue todo una farsa. Aldrin se ve molesto e inquieto, pero en control de sí mismo. El documentalista sigue en su asedio hasta que Aldrin no aguanta más. Con contundencia saca un rápido cross de derecha que da en la mandíbula de Cbrel, que queda tan valiante viendo las estrellas.
Casin yr son dos de las caras más visibles de una gran cantidad de personas que ven un fraude en toda esta historia. Ellos dos hicieron de esta cruzada una cuestión de vida. En ellos pareciera que hay una convicción más cercana a lo religioso que a lo racional, quienes dicen que todo se trató de un montaje, de un engaño fenomenal, del fraude de mayor magnitud de la historia.
¿Creen que la NASA filmó esas escenas que se vieron la noche del 20 de julio de 1969 en las instalaciones de la enigmática Área 51? El director de ese film sostienen los conspiracionistas. habría sido Stanley Kubrick. La asociaciones inmediata Kubrick venía de dirigir 2001 Odisea del espacio el año anterior. Los negadores dicen que las imágenes fílmicas de baja calidad no fueron producto de las carencias tecnológicas de la época.
Atribuyen los granos de los planos y la confusión a una actitud deliberada del gobierno para que las inconsistencias pasaran desapercibidas. Luego, por supuesto, está el tema de las sombras. Keisin y todos los que lo siguieron dicen que las sombras en las fotos muestran que hubo una doble fuente de luz cuando en la luna solo está la del sol.
Los especialistas explican que eso sucedió porque se trataban de panorámicas de 180 grían que las sombras se deformaran. Otros agregan, además que la cápsula en la cual llegaron a la superficie lunar tenía sus propios focos. La más extendida de estas presuntas pruebas es la de la bandera flameando, algo imposible con la ausencia de gravedad.
Pero si se mira bien, se puede comprobar que la bandera, para que se quedara desplegada, tenía también un mástil horizontal en su parte superior. El efecto de la ondulación se da por esa rigidez combinada con las arrugas que quedaron en la bandera, que no se desplegó en su totalidad. Otro argumento es el de las marcas en la superficie.
Sostienen que las pisadas de los astronautas no podrían haber dejado huella y que el alunizaje tendría que haber provocado un cráter. Ni una cosa ni la otra, ambas cosas son factibles por el removimiento del polvo lunar. La fuerza del aterrizaje se ve reducida por la falta de gravedad, por lo que solo levanta ese abundante polvo.
Más allá de todas las explicaciones científicas, es importante aclarar que tanto la Unión Soviética como China, las potencias más interesadas en que la misión de los norteamericanos fracasara, aceptaron la hazaña. No pudieron negarla más allá de sus intereses. Unas 650 millones de personas de todo el mundo siguieron en la televisión la llegada del hombre a la luna.
Ese hombre tenía el rostro de Neil Armstrong y personificó el sueño de una época. Junto a él, sus compañeros en la misión del Apollo X, Boss Aldrin y Michael Collins, no alcanzaron la misma fama. Los tres fueron recibidos en Cabo Cañaveral con todos los honores condecorados con la medalla presidencial de la Libertad y regresaron a sus localidades natales convertidos en héroes.
Armstrom dejó la NASA en 1971 y dio clases en el departamento de ingeniería espacial de la Universidad de Cincinnati, además de participar en las comisiones que investigaron los accidentes de Apollo XI y el transbordador Challenger. tuvo una larga carrera en el sector privado y se benefició de los derechos de autor sobre su nombre, su imagen y la cita famosa de su primer paso en la Luna.
Falleció a los 82 años en el año 2012. Aldrin también dejó la NASA en 1971 para ser comandante de la escuela de pilotos de prueba de la Fuerza Aérea. Tras la muerte de su padre en 1974, pasó por un periodo de depresión, alcoholismo y un fallido intento de vender automóviles usados. Tras recuperar la salud, su carrera en el sector privado incluyó la promoción de proyectos aeroespaciales y papeles en una veintena de películas y show de televisión.
Según sus redes sociales, Aldren lleva una vida intensa. Colin salió de la NASA en 1970. Trabajó en el Departamento de Estado. Fue director del Museo Nacional del Aire y del Espacio y tras 5 años como vicepresidente de la firma LTV Aerospace abrió su propia consultora aeroespacial. Murió en 2021 de cáncer. La fortuna del único de los tripulantes del Apolo X que no pisó la luna se calcula en unos 100 millones de dólares, muy por encima de la que amasaron sus compañeros de viaje.
En Argentina se festeja el 20 de julio como el día del amigo hecho íntimamente ligado alunizaje. Según se sabe, cuando un tal Enrique Ernesto Febraro escuchó que el arunizaje del módulo era un gesto de amistad desde la humanidad hacia el universo, se le ocurrió que ese día podía ser el día del amigo.
Por tal motivo se propuso una noble hazaña. Desde su consultorio en Lomas de Zamora, en Buenos Aires, envió 1000 cartas a más de 100 países. Obtuvo unas 700 respuestas. Su idea la terminó patentando en el registro de la propiedad intelectual en el año 1972. Luego la donó al Rotary Club del cual era miembro. Una década más tarde de que Neil Armstrong pisara la Luna durante el gobierno militar, el gobierno de la provincia de Buenos Aires estableció a través del decreto 23579 la oficialización del día del amigo.
La carrera espacial se debilitó a principios de la década de 1970, ya que en 1972 Estados Unidos y la Unión Soviética iniciaron un proyecto en conjunto, el Apollo Sas, el cual en 1975 logró el acoplamiento en el espacio de una nave estadounidense y una soviética. La carrera espacial dejó algunas consecuencias y su estela se ve reflejada en nuestros días.
Gracias a la carrera espacial se sucedió la puesta en órbita de satélites artificiales que permitieron mejorar las comunicaciones, realizar comprobaciones científicas y hacer predicciones meteorológicas. También potenció, por ejemplo, el aprovechamiento de la energía solar, el uso de tejidos térmicos y filtros solares, la elaboración de alimentos deshidratados y la fabricación de robots.
Los millones de rublos que fueron destinados a la carrera espacial generaron un agotamiento económico en la Unión Soviética. En ese sentido, la carrera espacial contribuyó a definir el resultado de la Guerra Fría a favor de los Estados Unidos, que anunció su intención de volver a la Luna en los próximos años con la misión Artemis, que pondrá a la primer mujer en la superficie de nuestro satélite natural.
Si bien la frase de Armstrong al pisar la luna lo hizo famoso, no menos importante fue la frase pronunciada por el segundo hombre en pisar el satélite. Hermosa vista, dijo Aldrin luego de dejar su huella en la superficie, pero agregó sombrío, magnífica desolación. Y hasta aquí el video de hoy. Espero que les haya interesado este breve resumen que armamos sobre cuando el hombre pisó la luna por primera vez.

Les intentamos abarcar todo cómo fue la carrera espacial, por qué fueron seleccionados esas personas y no otras, por qué justamente Armstrong fue el que pisó la superficie y no sus compañeros. Sí, bueno, todo esto que estuvimos contando el día de hoy, si les interesó, les pido por favor que dejen su like aquí debajo, se suscriban si todavía no lo hicieron y también los invito a dejar eh algún comentario recomendando posibles temáticas para este canal.
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