Unas horas [música] antes, o el médico entró al cuarto y le dijo a la mujer conectada al respirador lo que [música] ella sabía desde hacía semanas. No había nada más que hacer. El cáncer de ovario que le habían diagnosticado 3 [música] años antes había vuelto, esta vez con metástasis, esta [música] vez sin salida.
Y lo que esa mujer hizo cuando escuchó la noticia no fue gritar, no fue llorar, no fue maldecir. Le dijo adiós al médico con la mano. Y las últimas palabras que pronunció con plena conciencia, según la periodista Taña [música] Charry, fueron estas: “Adiós cuerpo, muchas gracias por haberme tenido.” Esa mujer era Edit González, [música] la Gerüera, la primera aventurera, la Mónica de Corazón Salvaje, la actriz que desde los 5 [música] años de edad no había dejado de trabajar ni un solo día, 49 [música] años frente a las cámaras, más de 50

telenovelas, cientos [música] de funciones de teatro o miles de noches entregándose a un público que la adoraba. Y en el momento final, [música] cuando ya no quedaba nada más que dar, Edith González no le habló al público, no le habló [música] a la industria que la había hecho famosa, no le habló a los productores que la buscaban porque su nombre vendía.
le habló a su propio cuerpo, le dio las gracias como si el cuerpo fuera un compañero de trabajo que había [música] aguantado demasiado, como si ella supiera mejor que nadie que ese cuerpo había hecho mucho más de lo que cualquier contrato le podía exigir. Y eso es exactamente lo que tú vas a descubrir hoy, porque esta historia [música] no es la que te contaron las revistas, no es la biografía bonita de la actriz [música] que luchó contra el cáncer.
Esta es la historia de lo que pasó después, de lo que encontraron cuando ella [música] no estaba, de lo que su hija descubrió cuando empezó a preguntar. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que casi nadie te ha contado. Primero, el romance secreto que Edith [música] mantuvo con uno de los hombres más poderosos de la política mexicana.
Un hombre que tardó 4 años en reconocer a su propia hija y que le pidió a Edith [música] que guardara silencio para no arruinar su carrera. Segundo, lo que realmente pasó en [música] los estudios de TV Azteca. en abril de 2019, semanas [música] antes de su muerte, cuando Edit tuvo que pedir que detuvieran [música] la grabación porque ya no podía más y lo que la producción hizo cuando se enteró.
Tercero, [música] lo que ocurrió con la herencia de Edit González. ¿Quién se quedó con qué? [música] ¿Por qué el testamento tardó 2 años en leerse? ¿Y por qué su viudo no heredó [música] un solo peso? Y cuarto, o lo que pasó con las tres personas que Edith dejó atrás. [música] una hija de 14 años que se quedó sin madre, un esposo [música] que en menos de 8 meses ya tenía una nueva relación y una madre de 87 años que se negaba a creer que su hija había muerto.
Te voy a avisar cuando llegue [música] cada una de esas revelaciones. No te las pierdas porque juntas cuentan [música] una historia que la industria del espectáculo mexicano prefirió enterrar [música] junto con Edit. Pero para entender cómo fue posible que todo esto ocurriera, necesitas conocer el mundo que construyó a esta mujer.
Porque esta historia [música] no empieza el día que todo se derrumbó, empieza mucho antes y empieza con algo que tú [música] probablemente viste en tu propia televisión. Es 1970. En la ciudad [música] de México, una niña de 5 años acompaña a su mamá a los [música] estudios de Televisa. Su mamá, o Ofelia Fuentes, es ama de casa.
Su papá, [música] Efraín González y García de León, trabaja en un banco. No tienen dinero para pagar clases de actuación ni agentes [música] artísticos. Pero una amiga de Ofelia le ha dicho algo que le cambiará la vida a esa niña para siempre. Tu hija tiene algo. Llévala a la televisión. Recuerda ese nombre. Ofelia Fuentes. La vas a necesitar para entender el final de esta historia.
Ofelia lleva a su hija como espectadora al programa Siempre en domingo, [música] el programa de Raúl Velasco, el escaparate más grande de la televisión mexicana. [música] Y ahí entre el público, un productor ve a esa niña rubia con ojos enormes y la selecciona para actuar en un sketch [música] con Rafael Baledón y Marta Rod.
Así de simple, así de rápido. Así empezaban las carreras en la televisión mexicana [música] de los 70. Alguien te veía, alguien decidía que servías y de un día para otro te ponían frente [música] a una cámara. ¿Te imaginas eso? Una niña de 5 años sin entrenamiento, [música] sin red de seguridad, puesta a trabajar en un estudio de televisión porque alguien decidió que tenía cara bonita.
[música] Esa niña era Edit González Fuentes, nacida el 10 de diciembre de 1964. Y desde ese día, en Siempre, en domingo, no paró, [música] nunca paró. Cosa juzgada fue su primera telenovela. Tenía 5 años. [música] Después vinieron Lucía Sombra, La maldición de la blonda. [música] El amor tiene cara de mujer.
El edificio de enfrente. Mi primer amor, los miserables. En 1974, [música] a los 9 años ganó un premio Heraldo [música] como artista de revelación. 9 años ya tenía un premio. Pero entiende algo, esto no era un juego. [música] Esto era la industria mexicana de la televisión en los años 70 o una industria que funcionaba con reglas muy [música] claras.
Tú trabajas, nosotros decidimos cuándo, dónde y cuánto te pagamos. Los contratos [música] de exclusividad de Televisa eran candados. Si firmabas [música] con ellos, no podías trabajar en ningún otro lugar. No podías hacer cine si ellos no querían. [música] No podías hacer teatro si ellos no te daban permiso. Y si te [música] ibas, perdías tu nombre artístico, tus contactos y tu carrera.
[música] Era la tienda de raya del espectáculo. Tú generabas los millones. Ellos [música] decidían cuánto te tocaba. Edith creció dentro de ese sistema. no conoció otro. Desde los 5 años hasta los 54, su vida fue la televisión, [música] el teatro y el cine. Nunca tuvo un trabajo de oficina, nunca tuvo un sueldo fijo [música] que no dependiera de un productor.
Nunca tuvo la seguridad de [música] saber qué iba a pasar el año siguiente. Su patrimonio dependía del siguiente contrato y el siguiente [música] contrato dependía de que los productores siguieran considerándola útil. Guarda esa palabra [música] útil, porque es la palabra que explica todo lo que le pasó a Edith González en los últimos 3 años de su vida.
Tú [música] la recuerdas, joven. Tú la recuerdas en tu sala. Tú encendías [música] la televisión y ahí estaba ella. con esa sonrisa, con ese [música] pelo rubio, con esos ojos que te hacían creer que todo iba a salir bien. Esa imagen que tienes en la cabeza es real. Pero lo que no viste era lo [música] que pasaba cuando se apagaban las cámaras.
A los 15 años, [música] Edith González entró al elenco de los ricos también lloran. La telenovela que cambió la televisión en español. La telenovela que se exportó a más de 120 países [música] y se dobló a 25 idiomas. Ahí estaba Edit [música] con 15 años ya trabajando junto a Verónica Castro y Rogelio Guerra.
Para esta producción le cambiaron el color del pelo, de rubio a negro y de negro a rubio otra vez, [música] todo en una sola mañana. Años después, Edith [música] diría que fue una de las cosas más crueles que le hicieron. Porque a una niña de 15 años [música] no le preguntan si quiere que le destruyan el pelo con químicos. Se lo hacen y punto.
Porque el productor lo decidió. Porque la telenovela lo necesitaba. Porque tú no importas. El personaje importa. Pero Edith sobrevivió. Y no solo sobrevivió, creció. fue haciendo su camino telenovela tras telenovela, [música] Soledad en 1980, donde compartió escena con Libertad La Marque y Cristian Bach, Bianca Vidal en 1982, [música] Monte Calvario en 1986, cada papel [música] un peldaño o cada telenovela, una prueba de que la niña del programa de Raúl Velasco [música] no era un capricho.
temporal. Era una actriz de verdad y mientras crecía como actriz, [música] Edit también se estaba formando como algo que muy pocas [música] actrices de su generación podían presumir. Una mujer con educación internacional. [música] Fue a Londres a estudiar interpretación en la academia de Lee Strasberg, después [música] al Neighborhood Playhouse y al Actors Institute en Nueva York.
En París se formó en el centro de danza Dumarés. Estudió inglés e historia [música] del arte en la Universidad de la Sorbona. Hablaba inglés y francés con soltura. Practicó mímica, ballet, jazz e interpretación [música] en tres países distintos. ¿Sabes lo que eso significa en la televisión mexicana de los 80? una actriz que estudió en La Sorbona, [música] volviendo a México para hacer telenovelas, o una mujer que podría haber trabajado en cualquier teatro del mundo, eligiendo regresar a un sistema [música] que la trataba como pieza
intercambiable. Edith volvió porque su público [música] estaba aquí, porque las mujeres que la veían estaban aquí, porque su madre estaba aquí, porque este era [música] su país y esta era su industria con todo lo bueno y todo lo [música] terrible que eso significaba. Y entre lo terrible estaba algo que Edith experimentó en carne [música] propia y que define cómo funcionaba la televisión mexicana para las mujeres.
En esa [música] industria, una actriz era bonita o era talentosa, pero rara vez las dejaban ser ambas cosas. Si eras bonita, te ponían [música] de protagonista, pero no te pedían que actuaras. Si eras talentosa, [música] pero no encajabas en el molde. Te relegaban a papeles secundarios. Y si eras bonita y [música] talentosa como Edit, te usaban el doble y te pagaban igual que a las demás.
Edit [música] rompió ese molde no porque el sistema se lo permitiera, sino porque ella se lo ganó a pulso. Se preparó más que cualquiera, estudió más que cualquiera, se levantó más temprano [música] y se fue más tarde del foro que cualquiera. Y cuando alguien la subestimaba, respondía con trabajo, siempre con trabajo, nunca [música] con escándalo.
Pero el precio de esa disciplina era alto, porque cuando tu única respuesta a todo [música] es trabajar más, nunca paras. Y cuando nunca paras, el cuerpo paga la cuenta. Y entonces llegó el papel que [música] la puso en el mapa de una forma que ya nadie podría ignorar. 1993. [música] Corazón Salvaje, la telenovela de época que reunió a Edit [música] González con Eduardo Palomo.
Ella era la condesa Mónica de Altamira Montero de Alcaza Ariballe. Él era [música] Juan del y lo que pasó en la pantalla fue magia pura, química, fuego, el tipo de conexión [música] que no se puede fabricar con un buen guion. Se siente o no se siente. Y con Edit y Eduardo Palomo [música] se sentía hasta del otro lado de la pantalla.
Tú sabes de lo que estoy hablando. Tú viste esa telenovela. Tú esperabas cada noche para ver qué pasaba [música] entre Mónica y Juan del Y cuando se besaban, tú sentías algo. No me lo niegues. [música] Corazón Salvaje se convirtió en un éxito mundial y Edit González se convirtió [música] en una estrella. Pero hay un detalle que pocos recuerdan.
Eduardo Palomo, [música] el hombre que le dio vida a Juan del murió 10 años después [música] de un ataque al corazón. Tenía 41 años y Edith González moriría 16 años después de cáncer de ovario. A los [música] 54, los dos protagonistas de una de las telenovelas más exitosas de la historia de la televisión mexicana [música] murieron jóvenes.
Los dos dieron todo por su carrera. Los dos siguieron trabajando hasta que el cuerpo no pudo más. Recuerda eso porque no es casualidad, [música] es el sistema. Y entonces llegó Aventurera y Aventurera lo cambió todo. Octubre de 1997, [música] el salón Los Ángeles en la ciudad de México.
[música] Carmen Salinas, una mujer que acababa de enterrar a su hijo Pedro 3 años antes [música] y que estaba luchando contra una depresión que casi la destruye. [música] Decide montar la obra de teatro más ambiciosa de su vida. La historia de Elena Tejero, una joven ingenua [música] que es engañada, vendida y obligada a prostituirse y que [música] desde el fondo de ese infierno construye su venganza.
El guion era de Carlos Olmos, la dirección [música] de Enrique Pineda y el papel principal era para Itatí Cantoral, pero Itatí no pudo hacerlo. Emilio La Rosa la llamó para grabar una telenovela en Televisa y en esa [música] época, cuando Televisa llamaba, “Tú no decías que no.” Así funcionaba el sistema.
[música] Carmen Salinas se quedó con todo el elenco esperando y sin protagonista. Y [música] entonces, por una de esas coincidencias que parecen escritas por un guionista, Edith González [música] llamó a Carmen Salinas, no para pedirle el papel, para pedirle boletos para [música] ir a ver jugar a las Chivas. Las dos eran aficionadas al mismo equipo de fútbol.
Carmen le contó que estaba desesperada buscando [música] una aventurera y Edit dijo que sí. Lo que pasó [música] esa noche del 28 de octubre de 1997 [música] en el salón Los Ángeles fue un antes y [música] un después. Edit González no solo actuó, bailó, cantó, se transformó delante del público de niña ingenua a mujer vengativa con una intensidad que dejó al elenco sin aliento.
Carmen Salinas lo diría años después con una frase que se convirtió en leyenda. Fue la mejor aventurera porque le creías la niña buena. Con la maletita llegaba y se la llevaba a Lucio el guapo, y le creías que era la niña buena que iban a vender. Tenía una cara divina. [música] Aventurera, se convirtió en la obra de teatro más exitosa de México.
Duró dos décadas. Se presentó en el salón Los Ángeles, [música] después en el Teatro Blanquita, después en giras por todo el país [música] y hasta en Chicago, donde agotó entradas en el teatro Rosmont. Pasaron por el papel de Elena Tejero [música] actrices como Niurka y Tati Cantoral, Maribel Guardia, Ninel [música] Conde, Pati Navidad, Sabín Musier, Lorena Rojas, Adriana [música] Fonseca o pero Carmen Salinas siempre lo dejó claro.
[música] La primera fue la mejor y la primera fue Edit. Y lo que Aventurera hizo por Edit fue algo que la televisión nunca [música] le había dado, la demostración pública de que no era solo una cara bonita en la [música] pantalla, era una bailarina, era una cantante, era una actriz de [música] cuerpo entero que podía sostener una función de 2 horas de pie, [música] bailando, cantando y actuando con una intensidad que dejaba al público [música] sin aliento.
Las críticas teatrales lo reflejaron. Los cronistas [música] que habían visto cientos de obras reconocieron que lo que Edit hacía en ese escenario era [música] diferente. No era una actriz de telenovela haciendo teatro por capricho. Era una artista completa que finalmente [música] tenía el espacio para demostrarlo.
Pero aventurera [música] también le cobró. le cobró en el cuerpo noches tras noches de baile [música] intenso e funciones dobles los fines de semana, años de desgaste físico [música] que ningún contrato compensaba adecuadamente. Las actrices [música] que la sustituyeron duraban meses. Edith duró años.
Su primera temporada fue de 1997 [música] a 1998. Después regresó en 2005 y se [música] quedó hasta 2008. Años enteros de funciones, de bailar sobre [música] tacones, de sonreír mientras el cuerpo gritaba. Y entre una [música] temporada y otra de aventurera, Edith seguía haciendo telenovelas. Nunca te olvidaré en 1999 [música] con Fernando Colunga, donde la química entre los dos fue tan evidente que los fans se enloquecieron.
Salomé [música] en 2001, donde interpretó a una bailarina de cabaret que seduce a un millonario, un papel que le permitió combinar su talento [música] para el baile con su capacidad dramática. mujer de madera en 2004 que tuvo que abandonar por su embarazo. Mundo de fieras en 2006, donde finalmente hizo un [música] papel antagónico de los grandes, mostrando que podía ser tan convincente [música] como villana, como lo era como heroína.
Y después, Doña Bárbara [música] en 2008 para Telemundo en Colombia, donde se metió en la piel de una de las mujeres [música] más complejas de la literatura latinoamericana y ganó un premio people en español a mejor actriz. ¿Ves el patrón? Un papel tras otro, una telenovela tras otra, [música] un escenario tras otro, sin parar, sin descansar, 40 años sin tomarse un año sabático, [música] 40 años sin que nadie le dijera, “Para, edit, respira, descansa, tú ya hiciste suficiente porque en la industria del espectáculo
mexicano [música] no existe la palabra suficiente. Existes mientras produces. [música] Existes mientras vendes. Existes mientras alguien puede poner tu nombre en un cartel y cobrar entrada. El día [música] que dejas de producir desapareces. Y Edith lo sabía. Lo había visto con otras actrices de su generación. Mujeres brillantes que dejaron de trabajar un año y cuando quisieron volver, el teléfono [música] ya no sonaba.
Mujeres que la industria olvidó como si nunca hubieran existido. Edith [música] no iba a permitir que eso le pasara a ella y por eso nunca paró. Y la frase que Edith pronunció en su lecho de muerte cobra un sentido distinto cuando [música] entiendes todo esto. Adiós, cuerpo. Muchas gracias por haberme tenido.
No era una frase de despedida, era una disculpa. Una disculpa. a un cuerpo [música] que había pedido tregua mil veces y que mil veces fue ignorado. Un cuerpo que bailó aventurera durante años, que grabó telenovelas de lunes [música] a sábado, que estudió en tres países e que parió una hija y 8 meses después [música] estaba de vuelta en el escenario.
un cuerpo que aguantó quimioterapia y al [música] día siguiente estaba grabando una telenovela, un cuerpo que se merecía descanso [música] y que solo lo encontró cuando dejó de funcionar. Pero [música] aquí es donde la historia de Edit González se sale del guion que todos conocen. Porque detrás [música] de la actriz que México adoraba, detrás de la hera que llenaba teatros y telenovelas, [música] había una mujer que estaba viviendo algo que nadie en la industria quería ver.
Y lo que estaba viviendo tenía un nombre, un nombre que México entero conocía, un nombre que ella guardó en secreto durante años. [música] Y ese secreto le costó más de lo que cualquier contrato de Televisa le pagó jamás. Pero lo que nadie sabía era que ese secreto estaba a punto de estallar. Y cuando [música] estalló, la vida de Editt González se partió en dos.
Para entender lo que le pasó a Edit González, [música] necesitas entender cómo funcionaba el sistema que la rodeaba. No el sistema de las cámaras y los aplausos, [música] el otro sistema, el que operaba detrás de bambalinas, el que decidía quién triunfaba y [música] quién desaparecía, el que premiaba el silencio y castigaba la rebeldía.
Edith lo aprendió temprano. En 1987, [música] cuando le dieron un papel como villana en Rosa Salvaje, la telenovela de Verónica Castro, [música] algo pasó entre ella y la producción. Las versiones varían. [música] Unos dicen que la despidieron. Edith siempre sostuvo que ella renunció. Lo que sí dejó documentado en entrevistas [música] posteriores fue esto. No la trataron como debían.
dijo que vivió experiencias no gratas durante el rodaje, [música] que no iba a aguantar ninguna humillación y se fue su personaje fue reemplazado por Felicia Mercado. Edith lo [música] explicó años después con una claridad que pocas actrices de su generación se atrevían a tener. En ese momento de su carrera [música] dijo, “No podía permitirse un papel antagónico después de haber protagonizado otras ficciones.
No era solo orgullo, [música] era estrategia de supervivencia. En la televisión mexicana de los 80, si te encasillaban como villana, dejabas de ser protagonista. [música] Y si dejabas de ser protagonista, dejabas de cobrar como protagonista. Así de simple. [música] Así de brutal. Pero lo que pocos cuentan es que Edith pagó un precio por esa decisión.
No fue un precio [música] visible. No la vetaron públicamente, no le cerraron las puertas de golpe. Fue algo [música] más sutil. Durante un tiempo, el teléfono sonó menos. Los papeles [música] que le ofrecían no eran los mismos. La industria tiene memoria. Y en esa memoria, Edith [música] González era ahora una actriz que se había atrevido a decir que no.
Y en un [música] sistema donde la obediencia era la moneda de cambio, decir que no tenía consecuencias. Fíjate [música] bien en lo que acaba de pasar. Una actriz de 23 años en pleno ascenso renuncia a una de las telenovelas más importantes de ese año porque siente que la están humillando. En cualquier otra industria eso se llama dignidad.
[música] En la televisión mexicana de los 80 se llamaba problema. Y años después, [música] cuando Edith salió de Televisa definitivamente en 2009, [música] después de su participación en la telenovela Camaleones, ella misma lo reconoció con una frase [música] que dice más que cualquier análisis de la industria. La realidad es que me corrieron así, sin adornos, [música] sin la versión bonita de decidimos tomar caminos diferentes o buscaba nuevos horizontes, me corrieron.
Después de casi 40 años de darle a esa empresa [música] telenovelas exitosas, programas, películas, ratings, premios, después [música] de ser la primera aventurera en el escenario del salón Los Ángeles, después de ser la Mónica de Corazón Salvaje que le dio a Televisa [música] uno de sus mayores éxitos de exportación, la respuesta de la [música] empresa fue, “Ya no te necesitamos.
” Y Edit, con la misma profesionalidad con la que había enfrentado todo en su vida, [música] se fue a TV Azteca y siguió trabajando, porque eso era lo que hacía Edit González. [música] Cuando una puerta se cerraba buscaba otra. Cuando un sistema la expulsaba, [música] encontraba otro. Cuando el cuerpo le pedía parar, ella le decía que no. Siempre que no.
o porque el sistema funcionaba así. Tú [música] entrabas a una producción y hacías lo que el productor decía. Si no te gustaba, te ibas. Pero si te [música] ibas, nadie te garantizaba que te volvieran a llamar. [música] No había sindicato que te protegiera de verdad. No había contrato que te garantizara trabajo el año siguiente.
Tu carrera dependía de que el teléfono sonara y el teléfono sonaba cuando al productor le daba la gana. Edith González [música] aprendió a navegar ese sistema. Aprendió cuándo pelear y cuándo callar. Aprendió que la sonrisa [música] era una herramienta de supervivencia. que si sonreías en las entrevistas, [música] si no hablabas mal de nadie, si dabas la imagen de profesional impecable, el teléfono seguía sonando y siguió sonando durante 30 años [música] más.
Pero el sistema le cobró. Le cobró en formas que ella nunca [música] contó públicamente o le cobró en contratos que la obligaban a trabajar durante el embarazo. Le cobró en decisiones que tuvo que tomar entre su carrera y su vida personal. Le cobró en silencios que tuvo [música] que mantener para proteger a personas que no la protegieron a ella.
Y el silencio más grande [música] que Edith González mantuvo tenía nombre y apellido. Aquí viene lo primero que te prometí. Quizá tú también [música] conoces lo que es guardar un secreto que no es tuyo. Quizá [música] tú también sabes lo que se siente cuando alguien te pide que calles para proteger su reputación mientras tú cargas sola con las consecuencias.
[música] Lo que vas a escuchar ahora es la historia de una mujer que [música] vivió exactamente eso, pero delante de millones de personas que no se dieron [música] cuenta. En el año 2003, Edith [música] González conoció a Santiago Creel Miranda. [música] Creel era en ese momento secretario de Gobernación del gobierno de Vicente Fox, uno de los hombres más [música] poderosos de México, panista.
Casado durante 21 [música] años con Beatriz Garza Ríos, con quien tenía tres hijos. un hombre que además tenía aspiraciones de llegar a la presidencia de la República. La relación entre Edit y Santiago [música] fue secreta desde el principio. No hubo fotos juntos, no hubo declaraciones públicas, no hubo confirmación oficial.
[música] Lo que sí hubo fue un embarazo. Edith [música] quedó embarazada mientras estaba por grabar la telenovela Mujer de Madera producida por Emilio la Rosa. Tuvo que dejar la producción. Fue reemplazada por Ana Patricia Rojo [música] y el 17 de agosto de 2004 nació Constanza. Pero aquí viene lo que duele. Constanza fue registrada inicialmente [música] solo con los apellidos de su madre.
González Fuentes u sin el apellido Creel, sin el reconocimiento del [música] padre. Según versiones publicadas en múltiples medios a lo largo de los años, el acuerdo [música] entre Edit y Santiago fue claro. Ella guardaría silencio sobre la [música] identidad del padre. Él le extendería su apoyo económico, pero su nombre no aparecería en [música] el acta de nacimiento. No todavía.
No mientras su carrera política estuviera en juego. ¿Entiendes [música] lo que eso significa? Un hombre que aspira a ser presidente de México le pide a la madre de su hija que registre a la niña sin su apellido, que finja ante el mundo [música] que es madre soltera, que cargue sola con el embarazo, con el parto, [música] con las preguntas de la prensa, con los rumores, con las miradas.
Todo para que él pueda seguir siendo el político impecable que México necesitaba. Y Edith [música] cayó. Cayó 4 años u 4 años en los que crió a Constanza prácticamente sola. 4 años en los que la prensa especulaba sobre quién [música] era el padre. 4 años en los que ella respondía a todas las preguntas con su frase favorita, [música] sin comentarios.
No fue hasta mayo de 2008 cuando la revista Mi guía publicó el acta de nacimiento de [música] Constanza, que la verdad salió a la luz. Y entonces Santiago Creel, acorralado por la evidencia hizo lo que no había hecho en 4 [música] años. Reconoció a su hija. Llegando a la Cámara de Senadores, donde ya era legislador, [música] dijo ante las cámaras, “Es un acta auténtica.
He reconocido que Constanza es mi hija. Aquí con ustedes quiero dar la cara de ello. Y añadió que no daría más declaraciones al respecto, que pedía [música] respeto por la vida privada de la menor. Dar la cara. Eso dijo. 4 años [música] después. Wedith nunca habló públicamente contra Santiago Creel. [música] Nunca lo acusó, nunca lo señaló.
En una [música] entrevista con la revista Hola en 2008, dijo que él nunca se [música] había deslindado de su hija, que el apoyo había existido, que la relación era cordial. [música] Pero lo que Edith no dijo y lo que la gente que la conocía sabía es que esos 4 años la marcaron. Que ser madre soltera pública de un hombre [música] casado en la México de 2004 no era solo un chisme de revista.
Era [música] un estigma, era una etiqueta que se pegaba al nombre y no se quitaba. [música] Y mientras tanto, Edit siguió trabajando. 8 meses después de dar a luz a Constanza, en abril de 2005, ya estaba de regreso en el escenario del salón Los Ángeles, [música] bailando otra vez como la aventurera. 8 meses con una bebé en casa si con un padre ausente que ni siquiera le había puesto su apellido a la niña y ella [música] bailando, sonriendo, dando funciones dobles.
Adiós, cuerpo, muchas gracias [música] por haberme tenido. Esa frase que Edith pronunció en su lecho de muerte [música] no era una frase de despedida, era una disculpa. una disculpa [música] a un cuerpo que había usado hasta el último gramo de energía que tenía desde los 5 años, sin parar, sin descansar, [música] sin que nadie le preguntara si estaba bien.
Y lo peor de todo es que cuando la enfermedad llegó, cuando el cáncer apareció, el sistema siguió exigiendo, porque el sistema no entiende de enfermedad, [música] el sistema entiende de ratings, de taquilla y de contratos. Y Edith González seguía siendo útil. Pero antes de contarte lo que pasó cuando el cáncer volvió, necesitas [música] saber lo que Eddie te encontró cuando por fin dejó de correr.
Necesitas saber lo que le pasó cuando decidió, por primera vez en su vida, construir algo que fuera solo suyo, algo que no dependiera de un productor, de un guion ni de [música] un escenario. En 2010, Edith González se casó con Lorenzo Lazo Margaín. Y esa decisión cambió todo. Lorenzo Lazo Margaín [música] no era un actor, no era un cantante, no era un hombre del mundo del espectáculo, era economista, [música] egresado del ITM, el Instituto Tecnológico Autónomo de México, [música] una de las instituciones más prestigiosas del país para formar
financieros y economistas. director del despacho alemán Velasco y Asociados, una firma de abogados [música] que pertenecía a Miguel Alemán Velasco, hijo del expresidente de México, Miguel Alemán Valdés, miembro de la junta de consultores de la México Cumbre de Negocios, conferencista internacional que había hablado en México, a Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, [música] Suiza y Bélgica.
un hombre de la élite económica y política [música] del país, un hombre que se movía entre expresidentes, embajadores y empresarios. Un hombre conectado con [música] el poder de una forma que Edith nunca había conocido. Se conocieron en 2010 y se casaron ese mismo año, el 24 de septiembre. un noviazgo relámpago, [música] un compromiso inmediato, como si ambos supieran que [música] no había tiempo que perder, como si la vida les hubiera enseñado a los dos [música] que cuando encuentras algo bueno no lo sueltas.
Lo que poca [música] gente sabe es que Lorenzo Lazo cargaba su propia tragedia. Una tragedia que, [música] vista en retrospectiva, hace que su historia con Edit sea aún más dolorosa. Su primera [música] esposa se llamaba Concha de la Mora. Estuvieron casados 23 años. Tuvieron una hija llamada Lorenza, Ycha murió de cáncer [música] a principios de 2009, apenas un año antes de que Lorenzo conociera a Edit.
Anota ese dato. La primera esposa de [música] Lorenzo Lazo murió de cáncer y la segunda también. El hombre enterró a dos esposas por la misma enfermedad. Eso no es maldición, pero es un peso que pocos podrían soportar. Y explica [música] quizá algo de lo que pasó después. Cuando Edit y Lorenzo se casaron, ella ya tenía a Constanza [música] que en ese momento tenía 6 años.
Y Lorenzo tenía a Lorenza, su hija del primer matrimonio. Formaron una familia ensamblada que, por lo que se veía desde afuera, funcionaba. Lorenzo adoptó el rol de padrastro con constanza. [música] No la adoptó legalmente, pero la trató como hija. La incluyó en sus viajes, posó con ella en las fotos familiares y Constanza, según quienes conocían a la familia, lo quería.
lo respetaba o lo veía como una figura paterna presente, algo que su padre biológico no había sido durante los primeros años de su [música] vida. Viajaban juntos, se mostraban juntos en eventos públicos. Edith [música] subía fotos en Instagram donde se veían felices, enamorados, tranquilos. Por primera vez en su vida, [música] la hera parecía haber encontrado algo que no era trabajo, algo que no dependía de un productor ni de un guion, algo que era suyo.
Y durante la enfermedad, Lorenzo fue impecable. Eso hay que decirlo. No huyó, no se apartó, no puso [música] excusas, se quedó. Sostuvo la mano de Edit en cada momento oscuro. La llevó a sus consultas. [música] Estuvo en el hospital. fue, según todos los testimonios, el compañero que ella necesitaba en el peor momento de su vida.
En alguna ocasión, [música] Edith se refirió a Lorenzo como mi ángel de la guarda. Y en las portadas de revistas donde aparecieron [música] juntos hablando de la lucha contra el cáncer, se veía una pareja unida, fuerte, blindada contra [música] la enfermedad. Pero esa fortaleza tenía fecha de caducidad, porque el cáncer [música] no distingue entre parejas fuertes y parejas débiles.
El cáncer [música] no respeta los votos matrimoniales. El cáncer hace lo que hace, destruir. Y cuando terminó de destruir a Edit, lo que quedó en su lugar, [música] fue un vacío que cada persona llenó de una forma distinta. Pero Edit [música] González nunca dejó de trabajar. No podía, no sabía hacer otra cosa [música] y la industria no se lo iba a permitir.
Entre 2010 y 2016, [música] Edith pasó de Televisa a TV Azteca. Protagonizó Cielo Rojo en 2012, [música] después vivir a destiempo en 2013. Coprodujo y actuó en la película Deseo, por la que fue nominada a un diosa de plata. [música] Siguió haciendo teatro, siguió dando entrevistas, siguió sonriendo y entonces en agosto [música] de 2016 la sonrisa se agrietó.
Edit González fue diagnosticada [música] con carcinoma seroso papilar de ovario. Etapa [música] cuatro. El tipo más agresivo de cáncer de ovario que existe. Se lo dijeron en el hospital [música] y según ella misma contó en una entrevista para el programa Un nuevo día. Los médicos esperaron a que estuviera sola para darle la noticia.
Le pidieron a Lorenzo que saliera del cuarto [música] y entonces se lo dijeron. La reacción de Edit fue tan inesperada que los médicos pensaron que no había entendido. Según su hermano Víctor Manuel, [música] lo que dijo fue, “Órale, ya está. Tengo cáncer. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo procede el asunto? ¿Vamos todos a atacarlo? esa reacción, esa manera [música] de enfrentar la noticia que destruiría a cualquiera.
No lloró, [música] no se derrumbó. preguntó cuál era el plan, como si el cáncer fuera una escena difícil en una telenovela [música] que había que ensayar hasta que saliera bien, como si la enfermedad fuera otro productor al que había que enfrentar con profesionalismo. Se sometió a una cirugía de emergencia de 6 horas.
Le extirparon los ovarios, el útero, 10 ganglios linfáticos, el apéndice y parte del tejido graso circundante. Después [música] vino un tratamiento de quimioterapia de 8 meses, un equipo multidisciplinario de oncólogos, [música] radiólogos, cardiólogos y nutriólogos. Su cuerpo fue abierto, vaciado y recosido.
Le [música] quitaron órganos que la hacían mujer. Le inyectaron veneno para matar las células que la estaban matando a ella. Edith compartió [música] la noticia con sus seguidores a través de Instagram. Lo hizo a su manera, con control, con la sonrisa puesta, o su publicación [música] decía. En días pasados fui intervenida porque padecía unos fuertes dolores en la base abdominal [música] y efectivamente encontraron tejidos cancerosos que fueron removidos en su totalidad.
[música] Como es parte del proceso, tendré que recibir tratamiento [música] por unos meses. Estoy fuerte, llena de vida y trabajando. Llena de vida y trabajando. Esas dos cosas juntas, como si fueran sinónimos, como si estar llena de vida significara estar trabajando. Y tal vez para Edit lo eran, porque ella no conocía otra forma de estar viva que no fuera frente a una cámara o encima de un escenario.
Lorenzo Lazo estuvo con ella en todo momento, se [música] convirtió en su pilar. la acompañó a cada consulta, [música] a cada sesión de quimioterapia, a cada madrugada de dolor. En las fotos que compartían en redes sociales se les veía juntos sonriendo, viajando, celebrando cada pequeña victoria contra la enfermedad.
[música] Lorenzo se convirtió en el hombre que México quería que fuera, el [música] esposo perfecto que no abandona a su mujer cuando llega la enfermedad. Y en [música] eso hay que reconocerlo, Lorenzo cumplió. Estuvo ahí hasta el final. Y [música] durante todo ese proceso, ¿sabes qué hizo Edit González? Trabajó. [música] Siguió trabajando mientras le daban quimioterapia.
Grabó la telenovela [música] Eva la trailera para Telemundo en 2016. Después grabó tres familias en 2017. Siguió [música] apareciendo en eventos públicos. Siguió subiendo fotos sonriendo a Instagram. [música] Siguió diciendo que estaba bien. ¿Cuántas mujeres conoces que hicieron exactamente [música] lo mismo? que estaban enfermas, pero seguían trabajando porque no podían [música] parar, porque si paraban perdían el ingreso, porque si paraban la industria las olvidaba, o porque si paraban [música] no había nadie que pagara las cuentas.
Cuántas mujeres de tu generación vivieron eso mismo, pero sin cámaras y sin aplausos. En junio de 2017, [música] Edith publicó un video en Instagram. En el video decía, con una sonrisa enorme que su cáncer estaba en remisión, que su cuerpo había resistido el [música] tratamiento, que el cáncer estaba controlado.
La gente aplaudió. Los medios [música] celebraron. Edit González venció al cáncer, dijeron los [música] titulares. Pero el cáncer de ovario no se vence, se controla, se vigila, [música] se espera, porque en la mayoría de los casos vuelve y volvió. Y cuando [música] volvió, Edith hizo lo único que sabía hacer.
Siguió sonriendo, [música] siguió trabajando, siguió fingiendo que todo estaba bien. Aquí [música] viene lo segundo que te prometí. Quizá tú también sabes lo que es sonreír cuando por dentro te [música] estás muriendo. Quizá tú también has tenido que fingir. Fuerza cuando lo único que querías era acostarte y que alguien te dijera que todo iba a estar bien.
Lo que vas a escuchar ahora le pasó a Edit González en los estudios de TV Azteca semanas antes de que muriera y casi nadie lo sabe. En enero de 2019, Edith González hizo algo que no hacía desde hacía 9 años. Volvió a Televisa. Apareció como invitada en el programa Hoy. Era una señal, una señal de que quería seguir vigente, de que necesitaba seguir vigente, de que aunque el cáncer la había golpeado, [música] ella seguía en pie.
Ese mismo año, Edit aceptó un puesto como jueza en el programa de moda. Este es mi [música] estilo de TV Azteca. Aparecía todos los días en cámara evaluando la ropa de las concursantes, [música] dando opiniones, sonriendo. Los televidentes la veían bien, un poco más delgada, quizá un [música] poco más cansada.
Pero bien, lo que los televidentes no veían era lo que pasaba [música] cuando las cámaras se apagaban. En abril de 2019, durante una grabación del programa, [música] Edith comenzó a sentir dolores muy fuertes en el abdomen. [música] Según una fuente que trabajaba en la producción y que habló con la revista TV [música] Notas, Edith pidió que detuvieran la grabación.
No podía seguir. Los dolores [música] eran insoportables. Le dieron unos minutos para recuperarse. Se recompuso. Volvió al foro. Siguió sonriendo. La producción le pidió que se revisara inmediatamente con un médico. Lo hizo. Pero lo que los médicos le dijeron, Edith [música] no se lo contó a nadie en el programa, ni a los productores, ni a sus compañeros del jurado Shanik [música] Aspe y David Salomón.
Según la misma fuente, habló directamente con los ejecutivos de [música] TV Azteca, les contó su situación, ahí les pidió [música] ausentarse una semana para evaluar su caso. Ellos aceptaron, pero la revista TV Notas [música] publicó la noticia de que Edit había tenido una recaída. Y entonces Edit hizo lo que siempre hacía.
salió a desmentir. Hizo [música] una transmisión en vivo en Instagram donde dijo, “No se puede desmentir algo que no es cierto. Se puede decir [música] simple y sencillamente que no pasó porque esto no se puede desmentir. Se desmiente algo que fue cierto y ya se dice [música] que no fue cierto. Algo que no pasó, pues no pasó y ya.
” Esa declaración [carraspeo] fue en abril. [música] Edit murió dos meses después. Según la fuente de TV Notas, [música] lo que estaba pasando dentro del foro era visible para cualquiera que la mirara de cerca. A pesar de que en las fotos que sube a sus redes sociales siempre se muestra de buen ánimo, muy feliz y plena.
[música] En el foro se le ha visto totalmente seria y desencajada. Está más flaquita que antes y pálida. Pero el programa seguía al aire y Edith [música] seguía apareciendo y nadie decía nada públicamente porque así funciona la industria del espectáculo. Si tú puedes caminar hasta el foro, si puedes sentarte en la silla y sonreír a la cámara, [música] entonces puedes trabajar.
Y si puedes trabajar, trabajas porque hay un contrato, porque hay un rating, porque hay dinero en juego. [música] Además de este es mi estilo. Edit estaba actuando en la obra de teatro entre [música] mujeres. Rubén Lara, el productor declaró después de su muerte que [música] estaba en shock.
Trabajó conmigo en las últimas semanas. En la obra estuvo espléndida. Hacía dos funciones diarias. salía a escena a dejar el alma. [música] Terminamos hace como un mes. Dos funciones diarias [música] con cáncer metastásico o a dejando el alma en cada función. Alguien le dijo que parara. ¿Alguien le dijo que descansara? [música] ¿Alguien le dijo que su vida valía más que una función de teatro o un programa de televisión? Su hermano Víctor Manuel en una entrevista con Ventaneando, [música] después de su muerte recordó que las únicas señales que Edit daba [música]
eran mínimas. Nada más me decía, “Hermano, a veces me siento un poquito cansada.” Un poquito cansada. Eso decía una mujer que estaba muriendo de cáncer mientras hacía dos funciones diarias de teatro y grababa un programa de televisión. Si estás escuchando esto y sientes [música] que esta historia te importa, si sientes que Edith González merece que su verdad se conozca, te pido algo.
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A finales de mayo de 2019, Edith [música] fue internada en el Hospital Ángeles Interlomas. Ya no pudo esconderlo más. El diagnóstico [música] fue definitivo. El cáncer había vuelto. Los ganglios [música] linfáticos se habían adherido al intestino. No había nada que hacer. Kaiti Barberi, [música] actriz y amiga cercana de Edit, recibió un mensaje de texto.
Edith le decía, “Estoy en el hospital. [música] Las cosas no están muy bien. Katie, que vivía en Los Ángeles, voló inmediatamente a la Ciudad de México. En su última conversación cara a cara, Edithón especial, una petición que tenía que ver con Constanza. [música] EKT nunca reveló públicamente los detalles de esa petición, pero lo que sí dijo en una entrevista con Univision fue esto.
Le dije, “Solo le pido a la vida que pueda llegarte un solo día a los talones [música] de la mujer, de la actriz, de la esposa, de la madre que eres tú.” Dos días después de esa conversación, Lorenzo [música] Lazo llamó a Katie por teléfono. Le dijo, “Las están escuchando.” Era el 12 de junio. Edith [música] ya no hablaba, pero según Lorenzo podía escuchar.
Katie se despidió por teléfono y al día siguiente, [música] el 13 de junio de 2019, la familia pidió que desconectaran a Edit del soporte [música] vital. Era la voluntad de la actriz. Ella misma había dado esa instrucción. [música] El acta de defunción registró las causas. Insuficiencia respiratoria aguda que duró 12 horas.
[música] Un derrame pleural bilateral que la había acompañado durante 4 días [música] y el cáncer de ovario en etapa metastásica. La noticia se supo esa mañana. Los conductores del programa Hoy de Televisa la dieron [música] entre lágrimas. Las redes sociales se llenaron de mensajes. Leticia Calderón escribió en Twitter, “Güera, te vamos a extrañar.
No hay más dolor más duro [música] que el que está sintiendo tu mami, a la cual abrazo con mucho cariño.” Maribel Guardia publicó un mensaje. [música] Erika Buenfil, Laura Flores, Sergio Mayer, Libia Brito, [música] Niurka. Uno tras otro, los compañeros de Edit salieron a despedirla públicamente, como si de repente todos se hubieran dado [música] cuenta de que la mujer que siempre estaba ahí, que siempre sonreía, que siempre decía que estaba bien, [música] se había ido de verdad.
Edit había dejado una última voluntad sobre sus funerales. Quería ser velada en el teatro Jorge Negrete, la sede [música] de la Asociación Nacional de Actores. No en una funeraria, no en una iglesia, [música] en un teatro, porque el teatro era su casa. El teatro [música] era donde Edit González era más ella misma.
Y fue ahí donde la despidieron. Miles de personas desfilaron frente al féretro. fans que la habían [música] seguido durante 30 años, mujeres que crecieron viéndola en corazón salvaje y que ahora eran abuelas, [música] actrices jóvenes que la admiraban, productores que la habían contratado y que ahora se daban cuenta [música] de que habían perdido a una de las grandes.
El homenaje fue emotivo, largo, lleno de flores y de [música] lágrimas. Y ahí en primera fila estaba Constanza con 14 años, con los ojos rojos, bueno, con la guitarra guardada ya en algún lugar [música] donde nadie la vería tocar. Y ahí estaba doña Ofelia, la mamá, la mujer [música] que empezó todo, mirando el féretro de su hija con una expresión que los fotógrafos captaron y que se volvió una de las imágenes más desgarradoras de todo ese día.
Una madre [música] enterrando a su hija, el orden natural invertido, lo que nunca [música] debería pasar. Edith González había dejado de respirar, pero la historia de lo que dejó atrás apenas estaba empezando. Y lo que empezó fue un silencio, un silencio de 5 años que ahora finalmente [música] se empieza a romper.
Porque lo que pasó con la herencia de Editth González, con su hija Constanza, con su esposo Lorenzo Lazo y con su madre Ofelia Fuentes [música] es una historia que nadie contó completa hasta ahora, pero esa historia [música] tiene un ingrediente que muy pocos esperaban y ese ingrediente [música] es un testamento que tardó dos años en leerse.
Aquí viene lo tercero que te prometí. Quizá tú también has vivido eso de que alguien [música] se muere en tu familia y de repente todo el mundo tiene una opinión [música] sobre qué se hace con lo que dejó. Quizá tú también sabes lo que se siente [música] cuando el dolor todavía está fresco y ya alguien está hablando de dinero.
Lo que le pasó a la familia de Edit González [música] no es distinto a lo que les pasa a miles de familias en México, [música] pero pasó delante de las cámaras y por eso duele más. Cuando [música] Edith González murió, dejó tres cosas. Un patrimonio construido en 49 años de trabajo ininterrumpido, una hija de 14 años que [música] se quedaba huérfana de madre y un testamento que nadie pudo leer durante casi [música] dos años.
El testamento estaba listo. Edith lo había preparado o era una mujer organizada, meticulosa. [música] Sabía que tenía cáncer desde 2016. tuvo 3 años para poner en orden sus asuntos y lo hizo. Pero [música] la lectura del testamento se pospuso primero por trámites burocráticos, después por la pandemia.
[música] Los juzgados de la Ciudad de México cerraron, los procesos se detuvieron y mientras [música] el testamento esperaba en un juzgado cerrado, la pregunta flotaba en el aire. ¿Qué dejó Editt González? ¿A quién se lo dejó? ¿Y cuánto vale la herencia de una actriz que trabajó desde los 5 años? La respuesta a esa última pregunta es complicada.
Poco después de la muerte de Edit, [música] un artículo del diario de finanzas señaló que ella había aparecido en la revista [música] People with Money como una de las artistas mejor pagadas del año con ganancias [música] estimadas de 75 millones de dólares. El mismo artículo calculó que su patrimonio total rondaba los 215 millones de dólares, incluyendo acciones, inmuebles y negocios.
Esas cifras se viralizaron y la familia de Edit se indignó. Víctor Manuel González, hermano de Edit y Albacea del Testamento, [música] salió a desmentir. En entrevista con Ventaneando, fue contundente. En Ecuador salió algo muy desagradable. Desmiento [música] tajantemente todo lo que ahí se dice. Es una mentira B.
[música] Es antiprofesional. Es atacar a la seguridad de la menor. Es atacar a la moralidad de Edit. Y entonces dijo algo que revela la verdad detrás de la fachada de glamour. Recordemos que Edith estaba en formación de patrimonio. [música] Muere joven. Trabajó desde niña. Formación de patrimonio. [música] Eso dijo.
O una mujer que trabajó 49 años en la [música] industria del entretenimiento más grande de América Latina. Todavía estaba [música] en formación de patrimonio cuando murió. No era multimillonaria, [música] no era dueña de un equipo de fútbol ni de una marca de bodca. Era una actriz que había ganado dinero toda [música] su vida, pero que nunca acumuló la clase de fortuna que la prensa le atribuía.
Víctor Manuel lo puso en contexto [música] con ironía. Bueno, Bill Gates le vino a pedir limosna a Edit. [música] El 15 de marzo de 2021, casi 2 años [música] después de la muerte de Edit, finalmente se dio la lectura del testamento en un juzgado de la Ciudad de México. Estuvieron presentes Víctor [música] Manuel González, Lorenzo Lazo y Constanza Creel González, que en ese momento [música] tenía 16 años.
Lo que el testamento decía fue claro. [música] La heredera universal de todos los bienes de Edit González era su hija Constanza. Su hermano [música] Víctor Manuel fue designado como Albacea y Lorenzo Lazo, su esposo durante 9 años, el hombre que estuvo a su lado durante el cáncer, el hombre que le sostuvo la mano [música] mientras agonizaba, no heredó nada, ni un peso, ni una propiedad, ni un derecho.
Víctor Manuel lo explicó así al salir del juzgado. Todo en cordialidad, todo bien. [música] Edith dejó muy estipulado lo que se debe hacer. La heredera es mi sobrina. Yo soy el Albacea. Todo sobre ruedas. Lorenzo Lazo también estaba [música] ahí, pero no dijo nada a la prensa. Se limitó a acompañar a Víctor Manuel en aparente buena relación y se fue sin hacer declaraciones.
Meses después, en una entrevista con el programa de primera mano, y Lorenzo habló del tema con la distancia que lo caracterizaba. El hermano de Edit y sus descendientes [música] tienen los derechos, tienen su testamento. Quien es totalmente [música] ajeno a esas decisiones soy yo. Totalmente [música] ajeno.
Eso dijo el viudo, el hombre que durmió junto a ella durante 9 años. El hombre [música] que la acompañó a las quimioterapias. El hombre que estaba en el cuarto cuando [música] Edith dijo sus últimas palabras. totalmente ajeno a la herencia. ¿Fue injusto? ¿Fue correcto? Eso no me toca juzgarlo a mí ni a ti. Lo que sí te puedo decir [música] es que Edith González tomó esa decisión con plena conciencia.
Ella sabía que su matrimonio con Lorenzo [música] no les daba automáticamente derechos sobre los bienes del otro bajo el régimen que eligieron. Ella sabía [música] que lo que había construido en 49 años de trabajo era para su hija y así lo dejó escrito. Pero hay algo [música] más, algo que la gente notó y que la prensa comentó con más o menos discreción.
Constanza, la heredera universal, no se quedó con Lorenzo Lazo después de la muerte [música] de Edit. se fue a vivir con su padre biológico, Santiago Creel, el mismo hombre que tardó 4 años en reconocerla, el mismo hombre que le pidió a Edit que guardara silencio. [música] Ahora tenía la custodia de la niña.
Y Lorenzo Lazo, el viudo, se quedó solo, sin herencia, [música] sin hijastra, con una casa llena de recuerdos y una ausencia que parecía imposible de llenar, pero no la llenó con silencio. El 2 de febrero de 2020, menos de 8 [música] meses después de la muerte de Edit, Lorenzo Lazo comenzó una relación con Lourdes Peláez.
Lo sabemos porque él mismo publicó una foto de aniversario un año después. Hicieron oficial la relación [música] en marzo de 2021, a apenas días después de la lectura del testamento de Edit. [música] Se dejaron ver juntos, publicaron fotos, posaron para Navidad frente a un árbol decorado. Después, [música] Lorenzo rompió con Lourdes Peláez y en julio de 2023 [música] confirmó una nueva relación con la presentadora Luz Blanchet, posando en las páginas de la revista Hola.
[música] El hombre que le dijo adiós a Edith González en una cama de hospital había tenido al menos tres relaciones públicas [música] en 4 años. No voy a juzgarlo. Cada persona vive su duelo como puede. Pero sí voy a decirte algo. Hay gente en los comentarios de cada entrevista [música] de Lorenzo Lazo que lo dice sin filtro.
Gente que amaba a Edit y que siente que el hombre que lloró en su funeral pasó la página demasiado rápido. Eso no es un juicio, es un [música] dolor y ese dolor es legítimo. Lo que Lorenzo Lazo sí hizo [música] fue mantener una relación con constanza. En marzo de 2020, [música] cuando la Universidad Interamericana le otorgó un doctorado honor causa, [música] tanto Constanza como Lorenza, su hija biológica, estuvieron presentes y Lorenzo les dedicó palabras de agradecimiento.
[música] En una entrevista posterior, Lorenzo dijo algo que define su relación con Constanza. Fuimos familia, somos familia y vamos a seguir siendo familia. Y mientras [música] todo esto ocurría, el testamento, las relaciones de Lorenzo, la custodia de Constanza, [música] había una persona que no entendía nada de lo que estaba pasando, una persona que se negaba a aceptar la realidad, una persona [música] que seguía esperando que Edit llegara a visitarla.
Y esa persona era doña [música] Ofelia Fuentes, la mamá de Edit. La mujer que la llevó a siempre en domingo cuando tenía 5 años. La mujer que empezó todo. Aquí viene lo cuarto que te prometí. Ofelia Fuentes [música] tenía 87 años cuando murió Edit y no lo aceptó. No pudo. Su cerebro se negó a procesar la información.
Lorena [música] Velázquez, actriz y amiga cercana de la familia, contó en el programa de primera mano cómo eran los últimos meses de doña [música] Ofelia. Ella no cree que Edit haya muerto. Lo único que te dice es, “Bye, Lore, Edith ya no me viene a ver. ¿Por qué me olvida? [música] Para ella no ha muerto. Edith ya no me viene a ver.
¿Por qué me olvida? Esas [música] palabras, esas palabras de una madre de 87 años que no puede entender por qué su hija dejó de visitarla, que no puede procesar que la niña que ella llevó a la televisión hace 50 años [música] ya no existe. Que pregunta todas las tardes por qué Edith la olvidó. ¿Sabes lo que es ver a tu madre preguntar por [música] alguien que ya no está? ¿Sabes lo que se siente cuando la persona que te dio la vida [música] te mira a los ojos y te pregunta por qué su otra hija la olvidó? ¿Y tú no [música] puedes decirle la verdad porque
la verdad la mataría? Víctor Manuel lo vivió. Constanza [música] lo vivió. Lo vivieron todos los días durante más de un año. Doña Ofelia pasó los últimos meses de su vida en una casa de asistencia para adultos mayores en Cuernavaca, [música] Morelos. Intentaba recuperarse, pero no se recuperó. No se puede recuperar de perder a una hija.
No cuando esa hija era todo tu mundo, no. cuando esa hija era la niña que tú [música] llevaste de la mano a los estudios de televisión cuando tenía 5 años, no cuando el último recuerdo que tienes de ella es verla en una cama de hospital [música] con tubos conectados a su cuerpo. ¿O no cada vez que prendes la televisión y ves una telenovela, [música] te acuerdas de que tu hija debería estar ahí haciendo lo que mejor sabía hacer? y en cambio está bajo [música] tierra.
Lorena Velázquez, que visitaba a doña Ofelia con frecuencia, describió la situación con una frase que parte el alma, no quiere vivir. Tres palabras, no quiere vivir. La mujer que llevó a su hija a siempre en domingo, que la acompañó durante 50 años de carrera, que estuvo [música] en cada estreno, en cada premiación, en cada momento importante.
Esa mujer [música] ya no quería vivir porque la única razón que tenía para seguir adelante se había ido. Y hay un detalle que pocos conocen. En 2018, un año [música] antes de la muerte de Edit, madre e hija habían posado juntas para una campaña publicitaria. Fue la última imagen profesional que compartieron a dos mujeres mirando a la cámara.
[música] Una con 86 años, la otra con 53, las dos sonriendo, [música] las dos sin saber que les quedaba menos de un año juntas. El 28 de noviembre de 2020, [música] un año y 5 meses después de la muerte de Edit, doña Ofelia [música] Fuentes murió a los 89 años. murió en Cuernavaca, rodeada de sus nietas.
Ucume González, [música] hija de Víctor Manuel, y Constanza Creel González, la hija de Edit. Las dos jóvenes estuvieron con su abuela en el final. Las dos le sostuvieron la mano como Edith no pudo hacerlo. El comunicado de la familia, firmado por Víctor Manuel, [música] por Ucume y por Constanza, decía que las causas fueron enfermedades crónicas propias de la edad que se agravaron [música] durante el último año.
Enfermedades crónicas, eso [música] dice el papel. O, pero la realidad es más simple y más cruel. Ofelia Fuentes murió de tristeza. Murió porque su hija se fue [música] y ella no pudo seguir sin ella. El comunicado cerraba con una frase que resume todo. Siempre la recordaremos [música] como la mujer alegre, rebelde, carismática y amorosa, fiel cómplice de sus nietas e hijos Víctor Manuel y Edit, [música] de quien fuera eterna compañera y con quien seguramente ya se encuentra reunida en la paz de Dios.
Fiel cómplice. [música] Eso fue Ofelia Fuentes desde el día que llevó a su hija a los estudios de televisión. cómplice de un sueño que se convirtió en carrera, en fama, en enfermedad [música] y en muerte. Cómplice desde el principio hasta el final. Quizá tú también [música] tienes una madre que lo dio todo por ti.
Quizá tú también conoces a una mujer que empujó a su hija hacia adelante, [música] sin saber que hacia adelante también estaba el [música] dolor. Quizá tú también sabes lo que es ver a tu madre envejecer esperando algo que nunca va a llegar y entonces queda Constanza. [música] La niña que cantó con la guitarra en la habitación del hospital.
[música] La niña que fue registrada sin el apellido de su padre. La niña que [música] a los 14 años perdió a su madre. A los 16 perdió a su abuela y a los 18 heredó un patrimonio que nadie [música] quiso cuantificar públicamente. Pero antes de hablar de lo que Constanza es [música] hoy, necesitas saber quién fue Constanza para Edit.
Porque Constanza no era [música] solo su hija, era su razón de ser. Era el motivo por el que aguantó todo lo [música] que aguantó. Era la respuesta a la pregunta que toda madre se hace cuando la vida le pega. ¿Por qué sigo aquí? Por ella, siempre por ella. Edith crió a Constanza con una mezcla de disciplina o ternura [música] y protección feroz que quienes la conocían describen como extraordinaria.
La llevaba a todas partes, la incluía en sus fotos de [música] Instagram, hablaba de ella en cada entrevista, pero al mismo tiempo la protegía del mundo del espectáculo con una determinación que nacía de su propia experiencia. Edith [música] sabía lo que la fama le hacía a una niña. Lo había vivido en carne propia.
A los cinco años la pusieron delante de una cámara y nunca la dejaron ser otra cosa que actriz. [música] A los 15 le cambiaron el color del pelo sin preguntarle. A los 23 la humillaron en un set y tuvo que renunciar. No quería eso para su hija. Quería que Constanza eligiera su [música] propio camino, que fuera libre. En una de sus últimas entrevistas, [música] Edit habló de lo que más la ilusionaba respecto a Constanza.
Según los compañeros de trabajo que la escucharon, [música] Edith siempre volvía al mismo tema. el futuro de su hija, no su propio futuro, no su carrera, [música] no su próximo proyecto, el futuro de Constanza, lo que iba a ser, lo que iba a [música] lograr, lo que iba a vivir. Y cuando el cáncer volvió y Edith [música] supo que no iba a estar ahí para verlo, hizo lo que cualquier madre haría.
Se aseguró de que su hija estuviera protegida. [música] El testamento fue su forma de decir, “Todo lo que construí en 49 años [música] es tuyo, todo, sin intermediarios, sin condiciones, tuyo.” Constanza Creel González [música] creció lejos de las cámaras. Se fue a vivir con Santiago Creel, su padre biológico, [música] con la esposa de este Paulina Velasco y con sus medio hermanas Paulina [música] y Miranda Creel Velasco.
Mantuvo sus redes sociales privadas, evitó la prensa, [música] las pocas veces que fue vista públicamente fue en eventos políticos de su padre o en los aniversarios luctuosos de su madre. Pero en marzo de [música] 2022, en el octavo aniversario del Día Internacional de la Mujer, Constanza [música] hizo algo que nadie esperaba.
participó en una movilización feminista [música] y dio un discurso y en ese discurso dijo esto: “Protesté por [música] cada mujer desaparecida, violada, violentada, tocada sin su consentimiento, arrebatada de su inocencia o destruida, y por un [música] movimiento que incluya y respete a las personas trans. Con esto mantengo en vida la memoria de mi mamá, los valores que me enseñó.
Con esto mantengo en vida la memoria de mi mamá. Esas palabras las dijo una joven de 17 años que perdió a su madre a los 14 y que tuvo que aprender a vivir sin la persona que más la quería en el mundo. Y decidió que la forma de honrar esa memoria no era quedarse callada, era hablar, era protestar, era defender a otras mujeres.
Edit González nunca fue activista, [música] nunca dio discursos políticos, nunca se involucró públicamente en causas [música] sociales, pero crió a una hija que sí lo hace y eso tal vez es el verdadero legado. En agosto de 2024, [música] Constanza fue vista en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México [música] por una reportera de Despierta América.
La joven, que estaba a punto de cumplir 20 años, se disculpó por no querer dar entrevistas. Pero cuando la reportera le dijo que se parecía mucho a su mamá, Constanza [música] sonríó, agradeció y siguió caminando, cada vez más parecida a Edit, con [música] el mismo pelo rubio, con la misma sonrisa, pero con una vida completamente distinta, sin cámaras, [música] sin contratos, sin un sistema que le exija sonreír cuando por [música] dentro se está muriendo.
Constanza ya cumplió los 18 años, ya puede disponer de su herencia. [música] Víctor Manuel, su tío y albacea, dijo que cada centavo se cuenta y que todo está conforme a derecho. Pero la cifra [música] real de esa herencia sigue siendo un misterio. Lo que sabemos es que no son los 215 millones de dólares [música] que inventó una revista ecuatoriana.
Y lo que también sabemos es que [música] sea la cantidad que sea, fue construida por una mujer que trabajó desde los 5 años [música] hasta el último día de su vida. Y ahora la pregunta que queda flotando. La pregunta [música] que este canal existe para hacer, la pregunta que tú que estás escuchando esto, tienes derecho a hacerte, cambió [música] algo? La industria del espectáculo mexicana aprendió algo de lo que le pasó a [música] Edit González.
¿Dejó exigirles a sus artistas que trabajen hasta que el cuerpo no pueda más? dejó de premiar el silencio y castigar [música] la verdad. ¿Dejó tratar a las actrices como piezas reemplazables que se usan mientras sirven [música] y se descartan cuando dejan de ser útiles? La respuesta la conoces. La ves todos los [música] días en la televisión, la ves en las redes sociales, la ves en cada artista que sonríe ante las [música] cámaras mientras por dentro carga un peso que nadie quiere ver.
Piensa en [música] esto. Edith González empezó a trabajar a los 5 años. [música] A los cinco. No eligió esta carrera. Su mamá la llevó a un programa de televisión y alguien decidió que servía. Desde ese momento, su identidad y su trabajo fueron la misma cosa. No existía Edit sin la actuación. No existía Edit sin el escenario y cuando llegó la enfermedad no existía la opción de parar [música] o porque parar significaba dejar de ser ella misma. Y el sistema lo sabía.
El sistema contaba con eso. Contaba [música] con que Edith no iba a decir que no. contaba con que iba a seguir apareciendo en el foro, [música] aunque le doliera el abdomen. Contaba con que iba a seguir haciendo dos funciones diarias de teatro, aunque estuviera pálida y [música] delgada. contaba con que iba a seguir sonriendo ante las cámaras, aunque por dentro supiera que se estaba muriendo, porque eso es lo que hacen las profesionales, [música] eso es lo que hacen las grandes, eso es lo que hace [música] una aventurera.
Pero hay otra forma de verlo. Hay una forma más dura y es esta. El sistema [música] no la obligó a trabajar hasta el final. Le ofreció trabajo hasta el final porque sabía [música] que ella no iba a decir que no. Y hay una diferencia enorme entre obligar a alguien [música] y saber que no va a negarse. Porque cuando sabes que alguien no va a decir que no, no necesitas obligarla.
Solo tienes que ofrecerle la oportunidad y ella sola se destruye. Eso no es fuerza, [música] eso no es profesionalismo, eso es un sistema que se aprovecha de la vocación de sus artistas para extraerles [música] hasta la última gota de energía. Y después, cuando ya no pueden más, les hace un homenaje póstumo en un teatro, [música] les pone flores en el féretro y dice, “Fue una gran profesional.
Nunca faltó a una función. Nunca faltó a una función. Eso es lo mejor que pueden decir de una mujer que dio [música] 49 años de su vida a esta industria, que nunca faltó, como si faltar fuera una opción, como si descansar [música] fuera un lujo, como si cuidarse fuera una falta de compromiso. Nada cambió. [música] El sistema sigue igual y seguirá igual hasta que alguien se atreva a contarlo.
Eso es lo que hacemos aquí, contar lo que nadie [música] quiere contar. Con nombres, con fechas, con pruebas, con respeto por las víctimas, con la verdad que las revistas [música] de espectáculos nunca te dieron. Adiós, cuerpo. Muchas gracias por haberme tenido. Esa frase no fue una despedida. Fue un veredicto.
Fue Edit González desde su cama de hospital, resumiendo en una sola oración lo que la industria del entretenimiento le hizo durante 49 años. Le exprimió el cuerpo hasta que no quedó nada. Y cuando no quedó nada, ella [música] le dio las gracias porque así la habían entrenado, para dar las gracias, para sonreír, [música] para no quejarse nunca.
Edith González no murió de cáncer. El cáncer fue lo que finalmente [música] detuvo a una máquina que nunca tuvo permiso de parar. Murió de un sistema que no [música] sabe cuándo decir basta. murió de una industria que mide el valor de una persona por lo que produce, no por lo que siente. Murió de 49 años de sonreír porque el contrato decía [música] que había que sonreír.
y su hija Constanza, la niña de la guitarra, [música] la heredera universal, la joven que protesta en las calles por los derechos de las mujeres, es la prueba de [música] que Edith González dejó algo más valioso que cualquier patrimonio. dejó una mujer que [música] no piensa callar, que no piensa sonreír cuando no quiere, que no piensa trabajar hasta morir [música] para complacer a nadie, porque la mejor herencia que una madre puede dejar [música] no es dinero, es libertad.
Y Constanza Creel González, [música] la hija que un político tardó 4 años en reconocer y que una actriz crió sola mientras bailaba como aventurera, es hoy [música] una mujer libre, una mujer que eligió no ser actriz, [música] que eligió no ser política, que eligió no ponerse delante de ninguna cámara a menos que fuera para defender una causa en la que cree.
Una mujer que no heredó la sonrisa obligatoria de su madre, [música] sino su fuerza. Una mujer que no aprendió a decir sin comentarios, [música] sino que aprendió a decir lo que piensa cuando lo piensa. Y hay algo más [música] que la familia de Edit González hace para mantener viva su memoria. Víctor [música] Manuel González, el hermano el albacea, el hombre que la acompañó toda su vida, [música] trabaja en una fundación dedicada al cáncer de ovario.
En [música] una entrevista con el programa Hoy, en el tercer aniversario de la muerte de Edit, Víctor Manuel habló de esa fundación con la voz [música] quebrada. va dirigida al cáncer de ovario que es tan traicionero y agresivo. A mí se me quiebra la voz cuando me tengo que referir al cariño que la gente [música] le tiene a Edit.
Nos sentimos halagados. Su trabajo no fue en vano. Su trabajo no fue en vano. La frase dicha por un hermano que vio a su hermana trabajar 49 años sin parar, que la vio sonreír cuando debería haber llorado, que la vio bailar aventurera con 8 meses de postparto, que la vio grabar telenovelas mientras recibía quimioterapia, que la vio [música] presentar un programa de televisión mientras el cáncer le destrozaba el abdomen.
Tu trabajo no fue en vano, porque de ese trabajo quedan [música] las telenovelas que se siguen transmitiendo en todo el mundo. Quedan las [música] funciones de aventurera que cambiaron el teatro mexicano para siempre. Queda la imagen de una mujer que nunca [música] se rindió, que nunca se quejó, que nunca pidió compasión.
O pero también queda la pregunta que nadie quiere hacer. La pregunta [música] incómoda, la pregunta que duele. ¿Y si hubiera parado? ¿Y si alguien le hubiera dicho que no tenía que seguir? ¿Y si la industria [música] le hubiera dado permiso de descansar? ¿Y si en lugar de celebrar que nunca faltó a una función [música] hubiéramos celebrado que se cuidó, que se trató, que priorizó su salud sobre su carrera, ¿estaría viva [música] hoy? No lo sabemos.
El cáncer de ovario en etapa cuatro tiene una tasa de supervivencia muy baja, independientemente [música] de lo que hagas. Pero lo que sí sabemos es que trabajar hasta el agotamiento mientras tu cuerpo [música] lucha contra una enfermedad terminal no ayuda. Lo que sí sabemos [música] es que el estrés, la falta de descanso y la presión constante debilitan [música] el sistema inmune.
Lo que sí sabemos es que Edith González [música] merecía la opción de parar y esa opción nunca existió. No porque alguien se la negara explícitamente, [música] sino porque el sistema que la formó desde los 5 años nunca le enseñó [música] que parar era una opción válida. Edit hubiera estado orgullosa de Constanza, orgullosa de que su hija supiera hacer lo que ella nunca pudo, decir que no, decir basta, [música] decir que su vida es más importante que cualquier escenario.
Mi [música] gente, llegamos al final y quiero decirte algo desde el corazón. Si estás en [música] México, en Estados Unidos, en Colombia, en Argentina, en cualquier rincón del mundo donde [música] esta historia te haya llegado, quiero que sepas que tú eres parte de esta comunidad. Una comunidad que no permite que estas historias se olviden.

Una comunidad que exige la verdad detrás [música] del glamur. Cuéntame en los comentarios cuál fue la primera telenovela de Edit González [música] que viste? ¿Te acuerdas de Corazón Salvaje? ¿Te acuerdas de verla en aventurera? ¿Qué fue lo que más te marcó de su historia? Quiero leer [música] tus palabras. Quiero que entre todas reconstruyamos lo que Edit significó [música] para nosotras.
Y si esta historia te movió, compártela. Compártela con tu hermana, con tu hija, con tu comadre, porque cada vez que compartes [música] estás diciendo que la verdad de Editt González importa más que la versión bonita que [música] la industria quiso vender. Nos vemos en el próximo video y te advierto, la historia [música] que viene es de las que no te dejan dormir. Prepárate.