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DANIEL ZARAGOZA: el CAMPEÓN que MÉXICO ABANDONÓ… La SÓRDIDA verdad de su vida en la MISERIA

 En 2022, el Consejo Mundial de Boxeo lo eligió como el primer homenajeado en una serie de tributos semanales a las leyendas del boxeo mexicano. Sus propias palabras en ese acto no son las de un hombre amargado ni abandonado. Dijo, “Me siento sumamente afortunado de todas las experiencias y aprendizajes que este deporte me ha dejado y me sigue dando.

” Y en 2004 fue inducido al salón internacional de la fama del boxeo. Eso no niega el expediente que hay que abrir, porque el expediente real de Daniel [música] Zaragoza, el que el boxeo oficial mexicano no ha contado con la amplitud y la honestidad que merece, es el de un hombre que ganó y perdió cuatro campeonatos mundiales [música] a lo largo de 17 años, que peleó a los 39 años contra uno de los prospectos más brillantes de su generación para pasar la antorcha de la manera más honrosa posible y que construyó toda esa

historia desde un barrio de la Ciudad de México con lo que tenía y sin las redes. de apoyo que su carrera merecía haber tenido. Y además el expediente más amplio que su historia abre sobre lo que el boxeo mexicano hace con sus campeones, que es un diagnóstico del sistema que trasciende a cualquier individuo específico y que Zaragoza ilustra de manera perfecta.

 Si este tipo de historias, las que el boxeo oficial celebra cuando conviene y archiva cuando ya no produce ingresos, te parecen necesarias, suscríbete ahora mismo. Dale like. No por mí, por el zurdo de Tacubayo, para que su historia completa no solo los momentos de gloria, sino también lo que cuesta construirlos y lo que el sistema no devuelve cuando esa construcción termina.

 Llegue a más gente. Lo que nadie te ha contado con suficiente profundidad es que la carrera de Daniel Zarosa es la carrera más reveladora que el boxeo mexicano tiene sobre, lo que significa persistir dentro de un sistema diseñado para no facilitar esa persistencia. Cuatro títulos mundiales ganados. Cuatro títulos mundiales perdidos, 17 años de profesionalismo, 55 victorias, ocho derrotas, tres empates, 28 knockouts y el final que el propio boxeo le tenía preparado.

 Una derrota ante el hombre que iba a ser la siguiente figura del boxeo mexicano, entregándole el testigo de la manera que los guerreros entregan los testigos. Su nombre completo es Daniel Zaragoza. Nació el 11 de diciembre de 1957 en la ciudad de México, en el barrio de Tacubaya, el zurdo de Tacubaya, un apodo que tiene geografía y tiene política.

 Tacubaya en los años 60 y 70 era el tipo de barrio donde el boxeo no era una opción entre muchas, sino la salida más clara para quien tenía lo que era necesario tener para usar los puños como argumento de vida. En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que el boxeo mexicano no ha puesto juntas con la claridad que merecen.

 Primera, ¿quién era Daniel Zaragoza antes de ser el zurdo de Tacubaya que el mundo del boxeo conoció? Sus orígenes, su carrera amater, los Juegos Olímpicos de Moscú, 1980 y el campanazo que según sus propias palabras lo empujó al profesionalismo de la manera más inesperada posible. Segunda, la carrera de los baivenes.

 Las cuatro veces que ganó un campeonato mundial y las cuatro veces que lo perdió. Jeff Fenek, Carlos Sarate, Wayne Mculo, Héctor Acero Sánchez y el robo más descarado que la prensa especializada había visto en muchos años y la manera específica en que Daniel Zaragoza se levantó de cada caída cuando los libros de la lógica decían que ya no había regreso.

 Tercera, el 6 de septiembre de 1995. el joven invicto de 21 años que se llamaba Eric el terrible Morales. El knockout en el undécimo round y lo que ese knockout significó en términos de lo que el boxeo mexicano perdía esa noche y lo que ganaba al mismo tiempo. Cuarta, lo que el sistema del boxeo mexicano debe a los campeones que construyeron su historia.

No como acusación específica contra ninguna institución, como diagnóstico del modelo que Zaragoza ilustra de manera que ningún otro boxeador de su generación ilustra con tanta claridad. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Entender que la historia de Daniel Zaragoza no es la historia de un hombre destruido por el sistema.

 Es algo más complicado y más útil que eso. Es la historia de alguien que el sistema intentó derrotar cuatro veces dentro del ring y cuatro veces se levantó y que cuando finalmente se se levantó por última vez, lo hizo para pasar la antorcha a quien iba a llevar el boxeo mexicano al siguiente nivel de su historia.

 Grábate esto antes de que sigamos. Takubaya en los años 60 era un barrio con sus propias reglas, su propia economía y su propia escala de valores. El niño que creció ahí en esa época, Daniel Zaragoza, el tipo de ambiente donde los referentes del éxito eran concretos y cercanos. No eran los ejecutivos en las oficinas del centro, no eran los profesionistas de las colonias del poniente, eran los que habían usado su cuerpo como instrumento de ascenso, los boxeadores que habían salido del barrio con algo que el barrio recordaba. Y eso es a proximidad de los

referentes reales. Es parte de lo que empujó a Zaragoza hacia el ring antes de que pudiera darle a esa dirección el nombre preciso de vocación. El boxeso amater fue el primer espacio donde esa dirección tomó forma institucional. Y Daniel Zaragoza, con la zurda que iba a definir su estilo y que le daría el apodo que el boxeo mexicano nunca olvidó, fue construyendo un historial en el circuito amater que eventualmente lo llevó a representar a México en los escenarios más importantes que el boxeo aficionado produce. En 1979, los Juegos

Panamericanos de San Juan, Puerto Rico. Zaragoza compitió en la división de peso Gallo, derrotó a Alfonso Abata de Ecuador, cayó ante Jackie Beer de Estados Unidos. Un resultado que en el contexto de los Panamericanos era parte del proceso de aprendizaje, no el final de una historia, sino el inicio de una que todavía no terminaba de encontrar sus dimensiones reales.

 Y en 1980 los Juegos Olímpicos de Moscú, la Unión Soviética como sede de los Juegos en plena Guerra Fría, el boicot americano y de varios países occidentales que le quitó al evento la dimensión universal que los Juegos Olímpicos deberían tener. y Daniel Zaragoza representando a México en la división de peso Gallo, demostrando en el escenario más grande del boxeo amaterubaya podía producir lo que producía.

 Derrotó a Philip Suutcliff de [música] Irlanda, derrotó a Ray Jilbody de Gran Bretaña y en los cuartos de final se enfrentó a Michael Parris de Guyana. Lo que pasó en ese combate es algo que Sara ha narrado en entrevistas con la memoria específica de los momentos que cambian el curso de una vida.

 Parris le pegó un cabezazo, un cabezazo que los árbitros no penalizaron de la manera que debería haber sido penalizado. La lesión que el cabezazo produjo llevó a Zaragoza a revisión médica y el resultado de esa revisión fue la derrota por TKO en el segundo round. Escucha esto. En la entrevista que Daniel Zaragoza dio a la revista Record, él mismo recordó ese momento con una expresión que mezcla el rencor de la injusticia y la resignación de quien ha tenido tiempo para procesar lo que pasó.

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