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Cilia Flores: De MANDAR sin Límites al ABISMO entre Rejas, Ratones y Olor a Orina

Nicolás Maduro y su esposa Cilia Adela Flores de Maduro son arrestados, esposados y trasladados a bordo de Lucy Wayima. El barco de guerra corta el Caribe rumbo a Nueva York. Así termina de golpe uno de los ascensos políticos más impresionantes y más oscuros de la historia latinoamericana, porque esto no es la historia [música] de una primera dama decorativa.

Cilia Flores no fue nunca eso. fue diputada, fue presidenta del Parlamento, fue la primera mujer en gobernar la Asamblea Nacional de Venezuela, fue procuradora general, fue la mujer más poderosa de un país y según la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, que también fue cómplice en uno de los esquemas de narcoterrorismo y tráfico de cocaína más audaces de las últimas décadas.

Antes de entender la caída, necesitas entender de dónde vino. Y aquí empieza todo. Tinaquillo, estado Cojedes, 1956. Un pueblo en el centro de Venezuela, a 3 horas de Caracas por carretera. No es un lugar que aparezca en los mapas turísticos ni en los libros de historia. Es uno de esos pueblos donde el calor [música] aplasta todo, donde la vida transcurre entre el polvo y la rutina, donde nadie espera que nada extraordinario suceda.

El 15 de octubre de 1956 nace allí Silia Adela Flores. lleva el nombre exacto de su madre, lo cual dice algo sobre cómo las familias venezolanas de ese tiempo transmitían identidad de madre a hija como un legado cargado en el nombre propio. La familia Flores no tiene dinero, no tiene influencias, no tiene conexiones.

Lo que tiene es lo que tienen la mayoría de las familias venezolanas del interior. ganas de salir adelante y el convencimiento de que Caracas es el lugar donde las cosas pasan. Así que, Silvia, crece en los barrios [música] populares del oeste de la capital, en esas zonas donde las casas se apilan en los cerros, donde el transporte colectivo es la única forma de moverse, donde estudiar es la única escalera posible.

Yilia estudia, estudia con determinación. [música] Se gradúa de abogada en la Universidad Santa María de Caracas, una universidad privada de clase media que en los años 7080 era la opción para quienes querían una carrera sin el peso político de la central. [música] Se especializa en derecho penal y derecho laboral.

No es una especialidad decorativa, es una especialidad que se construye en los tribunales, en las cárceles. Eso es en los pasillos donde el poder se ejerce sin glamur y sin cámaras. Y esa formación le va a servir de dos maneras. Primero, como herramienta legal honesta, después como conocimiento íntimo de cómo funciona el sistema que eventualmente ella misma va a controlar.

Para principios de los años 90, Cilia Flores es ya una abogada con experiencia y con convicciones políticas de izquierda, que ha ido desarrollando a lo largo de años de militancia en organizaciones de derechos humanos. Venezuela en ese momento vive una crisis profunda. Carlos Andrés Pérez gobierna el país con el bolsillo lleno y la gente en la calle.

El caracaso de 1989 dejó centenares de muertos y una herida social que no cicatriza. El país está roto. Y en ese contexto es donde Cilia Flores encuentra el giro que lo cambiará todo. El 4 de febrero de 1992, un grupo de militares venezolanos intenta derrocar a Carlos Andrés Pérez. El golpe fracasa, los cabecillas son arrestados, entre ellos un teniente coronel de nombre Hugo Rafael Chávez Frías.

Los golpistas van a la cárcel de Yare y Silia Flores va a defenderlos. [música] Eso es exactamente lo que hace. Visita la cárcel, asume la representación legal de los militares rebeldes, se convierte en parte del círculo más cercano a Chávez en el momento más vulnerable de su vida. Y en esos viajes a Yare, en esas reuniones de estrategia legal y política, conoce a un joven sindicalista y activista que hace campaña por la liberación de los presos.

Nicolás Maduro. Años después, en un podcast que grabaron juntos en noviembre de 2023, ella lo recordaría con una sonrisa. Dijo que estaban en una asamblea en Katia, el barrio popular del oeste de Caracas, eh, que un muchacho pidió la palabra. habló [música] y ella se quedó mirándolo sin poder apartar los ojos.

“Qué inteligente”, pensó. “Ese muchacho era maduro. Lo que no menciona en ese podcast es que en ese momento ella estaba casada. Llevaba 14 años de matrimonio con Walter Gavidia y era madre de tres hijos: Walter Jacob, Joseph Daniel y Joswal Alexander. El amor político y personal que nació en los años 90 significó el fin de ese primer capítulo de su vida.

Cilia Flores dejó atrás esa familia para construir una nueva con Maduro y para construir también un proyecto de poder que duraría más de 30 años. Porque cuando Chávez sale de la cárcel y empieza a reorganizarse políticamente, Silia Flores ya está ahí. En 1997 es una de las fundadoras del Movimiento Quinta República, el primer partido de Chávez.

En 1998 trabaja en la campaña que lo lleva a la presidencia y en el año 2000, cuando se convocan las primeras elecciones bajo la nueva Constitución Bolivariana, Silia Flores gana un escaño en la Asamblea Nacional representando al estado Cojedes, su tierra natal. La niña de Tinaquillo vuelve como representante. Es un momento que en retrospectiva tiene algo de simbólico.

Todo lo que construyó después empezó con esa primera elección en el año 2000. Y lo que vino después cambió todo para siempre. Aquí viene la primera revelación que te prometí y hay que entenderla bien para comprender todo lo que vino después. Cilia Flores no entró a la política como esposa de nadie.

Entró por su propio mérito, con su propia base, con su propia red. Cuando en 2006 la Asamblea Nacional la elige presidenta del Parlamento, te se convierte en la primera mujer en la historia de Venezuela en ocupar ese cargo. No es un detalle menor, es un hito histórico genuino que ocurre antes de que nadie la llamara primera combatiente o primera dama, antes de que su nombre estuviera vinculado al de Maduro en los titulares internacionales.

Sucede porque Silvia Flores supo construir alianzas propias, [música] tejer lealtades propias, moverse dentro del ecosistema chavista. con una inteligencia táctica que muchos de sus compañeros de partidos simplemente no tenían. Y Maduro en ese momento ya no es el joven que la enamoró en Katia, es el ministro de relaciones exteriores de Chávez.

Ella preside el Congreso, él maneja la cancillería. Son por primera vez una pareja de poder en el sentido más literal de la expresión. Dos figuras con cargos distintos, con bases de apoyo distintas, construyendo juntos algo que ninguno de los dos habría podido construir solo. Pero, ¿qué tipo de poder estaban construyendo? Eso es lo que hay que mirar con cuidado, porque ahí es donde la historia empieza a complicarse.

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