Nicolás Maduro y su esposa Cilia Adela Flores de Maduro son arrestados, esposados y trasladados a bordo de Lucy Wayima. El barco de guerra corta el Caribe rumbo a Nueva York. Así termina de golpe uno de los ascensos políticos más impresionantes y más oscuros de la historia latinoamericana, porque esto no es la historia [música] de una primera dama decorativa.
Cilia Flores no fue nunca eso. fue diputada, fue presidenta del Parlamento, fue la primera mujer en gobernar la Asamblea Nacional de Venezuela, fue procuradora general, fue la mujer más poderosa de un país y según la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, que también fue cómplice en uno de los esquemas de narcoterrorismo y tráfico de cocaína más audaces de las últimas décadas.

Antes de entender la caída, necesitas entender de dónde vino. Y aquí empieza todo. Tinaquillo, estado Cojedes, 1956. Un pueblo en el centro de Venezuela, a 3 horas de Caracas por carretera. No es un lugar que aparezca en los mapas turísticos ni en los libros de historia. Es uno de esos pueblos donde el calor [música] aplasta todo, donde la vida transcurre entre el polvo y la rutina, donde nadie espera que nada extraordinario suceda.
El 15 de octubre de 1956 nace allí Silia Adela Flores. lleva el nombre exacto de su madre, lo cual dice algo sobre cómo las familias venezolanas de ese tiempo transmitían identidad de madre a hija como un legado cargado en el nombre propio. La familia Flores no tiene dinero, no tiene influencias, no tiene conexiones.
Lo que tiene es lo que tienen la mayoría de las familias venezolanas del interior. ganas de salir adelante y el convencimiento de que Caracas es el lugar donde las cosas pasan. Así que, Silvia, crece en los barrios [música] populares del oeste de la capital, en esas zonas donde las casas se apilan en los cerros, donde el transporte colectivo es la única forma de moverse, donde estudiar es la única escalera posible.
Yilia estudia, estudia con determinación. [música] Se gradúa de abogada en la Universidad Santa María de Caracas, una universidad privada de clase media que en los años 7080 era la opción para quienes querían una carrera sin el peso político de la central. [música] Se especializa en derecho penal y derecho laboral.
No es una especialidad decorativa, es una especialidad que se construye en los tribunales, en las cárceles. Eso es en los pasillos donde el poder se ejerce sin glamur y sin cámaras. Y esa formación le va a servir de dos maneras. Primero, como herramienta legal honesta, después como conocimiento íntimo de cómo funciona el sistema que eventualmente ella misma va a controlar.
Para principios de los años 90, Cilia Flores es ya una abogada con experiencia y con convicciones políticas de izquierda, que ha ido desarrollando a lo largo de años de militancia en organizaciones de derechos humanos. Venezuela en ese momento vive una crisis profunda. Carlos Andrés Pérez gobierna el país con el bolsillo lleno y la gente en la calle.
El caracaso de 1989 dejó centenares de muertos y una herida social que no cicatriza. El país está roto. Y en ese contexto es donde Cilia Flores encuentra el giro que lo cambiará todo. El 4 de febrero de 1992, un grupo de militares venezolanos intenta derrocar a Carlos Andrés Pérez. El golpe fracasa, los cabecillas son arrestados, entre ellos un teniente coronel de nombre Hugo Rafael Chávez Frías.
Los golpistas van a la cárcel de Yare y Silia Flores va a defenderlos. [música] Eso es exactamente lo que hace. Visita la cárcel, asume la representación legal de los militares rebeldes, se convierte en parte del círculo más cercano a Chávez en el momento más vulnerable de su vida. Y en esos viajes a Yare, en esas reuniones de estrategia legal y política, conoce a un joven sindicalista y activista que hace campaña por la liberación de los presos.
Nicolás Maduro. Años después, en un podcast que grabaron juntos en noviembre de 2023, ella lo recordaría con una sonrisa. Dijo que estaban en una asamblea en Katia, el barrio popular del oeste de Caracas, eh, que un muchacho pidió la palabra. habló [música] y ella se quedó mirándolo sin poder apartar los ojos.
“Qué inteligente”, pensó. “Ese muchacho era maduro. Lo que no menciona en ese podcast es que en ese momento ella estaba casada. Llevaba 14 años de matrimonio con Walter Gavidia y era madre de tres hijos: Walter Jacob, Joseph Daniel y Joswal Alexander. El amor político y personal que nació en los años 90 significó el fin de ese primer capítulo de su vida.
Cilia Flores dejó atrás esa familia para construir una nueva con Maduro y para construir también un proyecto de poder que duraría más de 30 años. Porque cuando Chávez sale de la cárcel y empieza a reorganizarse políticamente, Silia Flores ya está ahí. En 1997 es una de las fundadoras del Movimiento Quinta República, el primer partido de Chávez.
En 1998 trabaja en la campaña que lo lleva a la presidencia y en el año 2000, cuando se convocan las primeras elecciones bajo la nueva Constitución Bolivariana, Silia Flores gana un escaño en la Asamblea Nacional representando al estado Cojedes, su tierra natal. La niña de Tinaquillo vuelve como representante. Es un momento que en retrospectiva tiene algo de simbólico.
Todo lo que construyó después empezó con esa primera elección en el año 2000. Y lo que vino después cambió todo para siempre. Aquí viene la primera revelación que te prometí y hay que entenderla bien para comprender todo lo que vino después. Cilia Flores no entró a la política como esposa de nadie.
Entró por su propio mérito, con su propia base, con su propia red. Cuando en 2006 la Asamblea Nacional la elige presidenta del Parlamento, te se convierte en la primera mujer en la historia de Venezuela en ocupar ese cargo. No es un detalle menor, es un hito histórico genuino que ocurre antes de que nadie la llamara primera combatiente o primera dama, antes de que su nombre estuviera vinculado al de Maduro en los titulares internacionales.
Sucede porque Silvia Flores supo construir alianzas propias, [música] tejer lealtades propias, moverse dentro del ecosistema chavista. con una inteligencia táctica que muchos de sus compañeros de partidos simplemente no tenían. Y Maduro en ese momento ya no es el joven que la enamoró en Katia, es el ministro de relaciones exteriores de Chávez.
Ella preside el Congreso, él maneja la cancillería. Son por primera vez una pareja de poder en el sentido más literal de la expresión. Dos figuras con cargos distintos, con bases de apoyo distintas, construyendo juntos algo que ninguno de los dos habría podido construir solo. Pero, ¿qué tipo de poder estaban construyendo? Eso es lo que hay que mirar con cuidado, porque ahí es donde la historia empieza a complicarse.
Desde que asume la presidencia de la Asamblea Nacional, Cilia Flores empieza a construir un ecosistema propio. En julio de 2008, el presidente de la Unión de Trabajadores de la Asamblea Nacional hace una denuncia formal. Durante un concurso de 2007 para contratar nuevos empleados, dos de los siete miembros del jurado eran familiares directas de flores, su prima, su nuera.
El resultado fue que al menos seis familiares de la presidenta entraron a trabajar al Congreso, [música] entre ellos Walter Gavidia, el esposo de su nuera, [música] y la madre de Cia, Cilia Dela Flores, de quien lleva el nombre, y [música] cuatro personas más. Sea todo documentado en denuncias formales que se archivaron sin consecuencias porque en Venezuela de 2008 cuando Flores controla la Asamblea, [música] quien presenta una denuncia contra ella, está denunciando ante el organismo que ella preside.
Flores [música] fue confrontada públicamente por esto. Su respuesta fue memorable y la dijo sin parpadear. Sí. ingresó mi familia por sus propias cualidades. [música] Me siento orgullosa de ellos y los defenderé las veces que sea necesario. No era una disculpa, era una declaración de principios.
era en cierta forma la definición más honesta posible de cómo Cilia Flores entendía el poder, no como una responsabilidad pública, sino como un recurso privado, ¿o? Y esa visión del poder, esa convicción de que las instituciones del Estado son instrumentos al servicio de quienes las controlan es el hilo conductor que conecta todos los capítulos de su historia.
[música] En 2015, cuando la oposición venezolana llega con mayoría al Congreso y puede revisar las planillas de personal, [música] descubren que la cifra real de familiares en nómina es mucho más grande. No son seis personas, son más de 40. Hijos, sobrinos, primos, [música] cuñados, la madre, amigos de la familia. La Asamblea Nacional se había convertido durante los años de Flores en algo que en cualquier otro contexto se llamaría una empresa familiar administrada con fondos públicos.
Y eso nos lleva directamente a la segunda revelación, que es la que en 2015 puso el apellido Flores en los titulares de todo el mundo. [música] El 10 de noviembre de 2015, sin agentes encubiertos de la DEA arrestan en Puerto Príncipe Haití a dos jóvenes venezolanos. Se llaman Francisco Flores de Freitas y Efraín Antonio Campoflores.
Son sobrinos de Silia Flores. Los medios los llamarán los narcosobrinos y su historia va a seguir al apellido Flores durante el resto de sus vidas hasta que la propia Cilia [música] termine en el mismo sistema judicial que los condenó. Los agentes encubiertos se hicieron pasar por representantes de una organización criminal interesada en mover cocaína a través de Venezuela.
Los sobrinos de la primera combatiente negociaron personalmente el [música] trato. Hablaron de cantidades concretas, hablaron de rutas, hablaron de la protección que podían ofrecer gracias a sus conexiones en el gobierno venezolano. Y todo quedó grabado. La DEA tenía el audio, tenía el video, se tenía las conversaciones completas.
[música] Francisco y Efraín fueron trasladados a Nueva York, juzgados en el distrito sur de Nueva York. El mismo tribunal donde hoy están siendo juzgados sus familiares más poderosos y condenados en 2016 a 18 años de prisión por conspirar para importar cocaína a Estados Unidos. [música] La Fiscalía demostró que habían ofrecido mover cientos de kilogramos de cocaína utilizando el nombre de la primera familia venezolana como escudo de [música] impunidad.
Cilia Flores calificó el arresto como un secuestro de estado. Maduro salió en televisión a defender a los sobrinos y a acusar a Estados Unidos de montar [música] una operación para desestabilizar al gobierno bolivariano. Ninguno de los dos concedió ni un milímetro. Ninguno hizo ni el gesto más mínimo [música] de distanciarse de Francisco y Efraín.
Y eso en sí mismo. Era dice algo muy importante sobre cómo esta familia entendía el poder y la lealtad. El apellido protege a todos o no protege a nadie. En 2022, después de 6 años en una prisión federal estadounidense, Francisco y Efraín fueron liberados en un intercambio de prisioneros entre Washington y Caracas.
El gobierno de Biden los entregó a cambio de ciudadanos estadounidenses retenidos en Venezuela. Para la oposición venezolana, ese intercambio fue una confirmación de que el narcotráfico había llegado al corazón mismo del poder chavista. Brasilia y Maduro fue presentado como una victoria de la revolución.
Sus sobrinos habían sido secuestrados por el imperialismo y habían sobrevivido. Pero hay que detenerse aquí y pensar en lo que este episodio significó para la DEA y para la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York. Eh, porque los narcosobrinos no fueron solo un escándalo político, fueron una prueba, una demostración de que era posible penetrar la red de protecciones del régimen venezolano.
Una confirmación de que cuando se llegaba al sistema judicial estadounidense con evidencia suficiente, ni el apellido de la primera combatiente era suficiente para parar una condena. Lo que nadie sabía entonces es que mientras los narcosobrinos cumplían su condena, los fiscales federales en Nueva York estaban construyendo un expediente mucho más grande, uno que iba más arriba, mucho más [música] arriba.
Pero antes de llegar al momento de la captura, necesito contarte lo que Silvia Flores era en la Venezuela del siglo XXI. Porque si no entiendes el poder que tenía, no puedes entender la magnitud de lo que perdió. Cristian Serpa era magistrado del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela hasta enero de 2019, cuando decidió desertar y huir a Estados Unidos.
En una entrevista al canal EVT Quit en Miami, Serpa hizo declaraciones explosivas bajo su propio nombre y con cara visible. Dijo que Silvia Flores era quien dirigía y controlaba a los magistrados del Tribunal Supremo de Venezuela. Que en el país no existía independencia judicial. real, porque las sentencias importantes se consultaban con la presidencia antes de dictarse, [música] que su propia designación como magistrado había sido decidida por Maduro y comunicada por Silvia Flores personalmente.
Piensa en lo que eso significa. En Venezuela había formalmente tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. [música] Y según el testimonio de un hombre que estuvo adentro del sistema, los tres respondían: “Eton de una forma u otra a la misma pareja. El ejecutivo era maduro, el legislativo, cuando no estaba en manos de la oposición pasaba por CIA.
[música] Y el judicial, según CERPa, también respondía a la casa de gobierno. En otras palabras, Venezuela tenía tres poderes formales, pero un solo poder real y ese poder pasaba siempre por Cilia Flores. Los analistas políticos venezolanos la describían como el poder detrás del trono, como la jefa del ala civil del PSV, como El contrapunto a los militares de Diosdado Cabello.
[música] Una periodista española que la cubrió durante años la definió como un animal político y lo dijo como el mayor de los cumplidos en ese contexto. Funero porque en la política latinoamericana sobrevivir durante décadas en el centro del poder, sin ser el nombre en la papeleta electoral requiere una inteligencia táctica que muy [música] pocos tienen.
Mientras el chavismo se peleaba internamente por espacios, mientras figuras como Diosdado Cabello construían su propio poder paralelo en los militares, Cileia Flores tejía silenciosamente la red civil que mantenía el PSUV funcionando como maquinaria. Y para darle imagen pública accesible. Para humanizar a la primera combatiente, Cilia Flores tuvo su propio programa de televisión llamado Concilia en familia, donde hablaba de temas cotidianos, de valores, de la vida doméstica, de la revolución bolivariana en términos cálidos y accesibles para el
público popular. El contraste entre esa imagen televisiva y lo que ocurría en los pasillos del poder venezolano es uno de los contrastes más brutales y más reveladores de esta historia. En la pantalla, Silita, como la llamaba Maduro, hablando de los niños venezolanos y de los valores revolucionarios.
Detrás de las cámaras, la mujer que según la fiscalía de Nueva York facilitaba el tráfico de cocaína y aceptaba sobornos de cientos de miles de dólares. Y aquí es donde necesitas prestar mucha atención porque este es el momento donde los dos mundos se encuentran. El expediente que la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York fue construyendo durante años no empieza en 2015 con los narcosobrinos.
empieza antes, mucho antes. Según la acusación formal, los hechos que se le imputan a Silia Flores directamente datan de 2007, [música] eh cuando ella era todavía presidenta de la Asamblea Nacional y no la primera dama, sino la primera figura femenina del poder venezolano por derecho propio. Ese año, según los fiscales, Cilia Flores actuó como intermediaria entre un narcotraficante de gran escala y el entonces director de la Oficina Nacional Antidrogas de Venezuela, [música] Néstor Reverold Torres. El mecanismo del
trato, según la acusación, fue directo al hueso. El traficante pagaría $100,000 por cada vuelo de cocaína que Reverol Torres permitiera pasar bajo su supervisión institucional. Y Silia Flores, según los fiscales, no solo organizó ese encuentro, sino que aceptó personalmente cientos de miles de dólares en sobornos por su rol como facilitadora, $100,000 por vuelo.
Para que tengas una idea de escala, según el indignment, la operación de la que hablamos involucraba miles de toneladas de cocaína transportadas a lo largo de años. No un vuelo, no 10 vuelos. Una operación sostenida en el tiempo, protegida por las instituciones del Estado venezolano, que convirtió a Venezuela en uno de los principales puntos de tránsito de cocaína colombiana hacia los mercados [música] de Estados Unidos y Europa.
Lo que pinta ese cuadro es una Venezuela donde la institución creada para combatir el narcotráfico, la Oficina Nacional Antidrogas funcionaba en realidad como facilitadora del narcotráfico, donde la persona a cargo de conectar a esa institución con los narcotraficantes era, según la acusación, la presidenta del Parlamento y donde los beneficios económicos de esa operación fluían directamente hacia las personas que controlaban el estado.
Y si eso te parece difícil de creer, recuerda los narcosobrinos, recuerda que dos jóvenes con el apellido Flores pensaron que podían sentarse con representantes de un cartel a negociar el movimiento de cientos de kilos de cocaína y que lo pensaron porque ese apellido en Venezuela los hacía intocables. Ese nivel de impunidad no se construye en el vacío, se construye cuando el sistema lleva años funcionando de una manera determinada y todos los que participan en él saben que las reglas normales no aplican para ellos. Eso es lo que el
indignment llama el cartel de los soles, la red de oficiales militares venezolanos cuyas insignias incluyen soles dorados en los uniformes y funcionarios civiles que convirtieron las instituciones del Estado en instrumentos del narcotráfico [música] internacional. Y según la acusación, Cilia Flores era uno de los nodos civiles de esa red.
Recuerda el nombre que te menciono aquí porque lo que [música] viene después lo cambia todo. El expediente también menciona algo más que resulta fundamental para entender la dimensión del caso, [música] que la cocaína que el régimen venezolano transportaba no era cocaína comprada en el mercado libbre, era en muchos casos cocaína que previamente había sido incautada por la propia policía venezolana.
El Estado venezolano confiscaba la droga y luego la volvía a vender. Usaba sus propios operativos antidroga como parte del negocio. La ironía sería casi cómica si las consecuencias no hubieran sido tan devastadoras para millones de personas. Para finales de 2025, la presión sobre el régimen venezolano ha llegado a un punto de quiebre.
Trump ha vuelto a la Casa Blanca y desde el primer día ha dejado claro que su tolerancia con Caracas es cero. La recompensa por información sobre Maduro asciende a 25 millones dó. Las sanciones son totales. El aislamiento internacional es casi completo. El país ha perdido por emigración a más de 7 millones de personas en el transcurso de una década.
Y las elecciones de julio de 2024, donde el candidato opositor Edmundo González obtuvo victorias aplastantes, según los datos de las actas que la oposición logró recopilar, fueron declaradas ganadas por Maduro en medio de condena internacional masiva. En diciembre de 2025, según reportes de Reuters, Trump llama directamente a Maduro y le da un ultimátum.
Tiene una semana para dejar el poder voluntariamente. [música] Maduro no se va. Quizás no creyó que el ultimátum era real. Quizás pensó que había sobrevivido tantas amenazas que esta también pasaría. Quizás simplemente no podía imaginarse que la Fuerza Delta iban a aparecer en Caracas. Se equivocó. En la madrugada del 3 de enero de 2026, mientras la ciudad duerme, la operación Absolute Resolve se ejecuta.
Helicópteros, [música] equipos de asalto, movimientos coordinados en puntos múltiples de Caracas. [música] Nicolás Maduro y Silia Flores son capturados en Fuerte Tiuna y trasladados al USI Wojima, fondeado en Aguas del Caribe. Desde allí, un avión los lleva a la base de la Guardia Nacional Aérea de Stewart en el estado de Nueva York.
Es literalmente el mismo tipo de operación que en 1989 capturó al General Manuel Noriega en Panamá. Y el paralelo no es accidental. Los [música] fiscales de Nueva York lo mencionan explícitamente al describir el caso. Esa misma noche del sábado 3 de enero, la fiscal general Pan Bondi aparece en los medios para hacer el anuncio.
Esa Maduro y Silia Flores han sido imputados en el distrito sur de Nueva York. Cargos de conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, posesión de armas automáticas y artefactos destructivos contra los Estados Unidos. Pronto enfrentarán la plena ira de la justicia estadounidense en suelo estadounidense y en cortes estadounidenses.
Maduro llega al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, el MDC, a las 8:52 de la noche del sábado. no tiene celda propia ni tratamiento especial. El mismo reclusorio que alberga a Luigi Mangione, que albergó a Sean Didy Comms, que albergó a Gislane Maxwell, el hombre que se autoproclamó presidente de Venezuela, que habló durante años de soberanía bolivariana y dignidad latinoamericana, que sancionó a ciudadanos, encarceló opositores y expropió empresas, cual está en una cárcel federal en Brooklyn. Y Silia
Flores está en el mismo edificio. El lunes 5 de enero de 2026, bajo custodia pesada, los dos son llevados al Tribunal Federal de Manhattan en el edificio Daniel Patrick Moinihan en el bajo Manhattan. Afuera hay venezolanos en la cera en dos grupos separados por vallas, los que celebran con banderas y carteles y los que protestan con pancartas que hablan de soberanía imperialismo.
Adentro el contraste es [música] igualmente dramático, pero más silencioso. El juez Alvin Hellerstein preside la audiencia. Tiene 92 años. Fue nombrado por Bill Clinton en 1998. [música] ha visto de todo en ese banco, pero es difícil imaginarse que haya visto algo exactamente como esto. Maduro se presenta a sí mismo en el tribunal como el presidente de Venezuela [música] y como prisionero de guerra.
Dice que es inocente. Dice que es un hombre decente. Cilia Flores se presenta como la primera dama de Venezuela. Su abogado Mark Donelly, especialista en delitos económicos con experiencia previa como fiscal federal en Texas. [música] Le pide al juez atención médica para su cliente. Puede tener costillas fracturadas.
El ojo [música] izquierdo está vendado, la 100 también. El juez ordena que se le proporcione cuidado adecuado. Ambos se declaran no culpables de todos los cargos. La próxima audiencia queda fijada para el 17 de marzo de 2026. Y si son condenados, enfrentan cadena perpetua. Detente un momento, piensa en eso. Cadena perpetua. la primera combatiente de Venezuela, la niña de Tinaquillo, que estudió derecho en una universidad de clase media que construyó su carrera desde cero, que llegó a presidir el congreso de un país, so que durante más de una década fue
descrita como la mujer más poderosa de Venezuela, enfrentando cadena perpetua en una corte federal de Nueva York, con el ojo vendado, con las costillas rotas o casi rotas, representada por un abogado al que conoció días antes. ¿Cómo se llega hasta aquí? Hay varias respuestas posibles y todas son verdad de manera simultánea.
La primera respuesta es la del poder absoluto. [música] Cuando tienes el control total de un estado durante suficiente tiempo, empiezas a creer que eres intocable. [música] El régimen venezolano lleva más de 25 años en el poder. Sobrevivió el golpe de 2002. Sobrevivió el paro petrolero. Sobrevivió las sanciones de Obama.
sobrevivió al Guaidó y al reconocimiento internacional de un gobierno alternativo. Sobrevivió a elecciones fraudulentas, una inflación que llegó al% la emigración de más de un cuarto de la población. Cada vez que los que pronosticaban la caída del régimen se equivocaban, la convicción de ser intocable crecía un poco más.
Y esa convicción es, en última instancia, la que los mató políticamente. Si Maduro hubiera tomado el teléfono de Trump en diciembre de 2025 y hubiera aceptado negociar su salida, hoy no estaría en Brooklyn. Si en algún momento entre 2020 y 2025 el régimen hubiera encontrado una salida negociada al poder, quizás Cilia Flores estaría viviendo en alguna capital amiga, no en un reclusorio federal, pero no buscaron salida porque no creían necesitarla.
La segunda respuesta es más estructural y más reveladora. Cilvia Flores y Maduro construyeron un sistema que dependía absolutamente del control del Estado venezolano. La ley venezolana era lo que ellos dijeran que era. El Tribunal Supremo votaba como ellos necesitaban. La Fiscalía perseguía a quien ellos señalaban.
vivieron durante décadas en un ecosistema donde la ley era su herramienta, no su límite. Y ese ecosistema funcionó perfectamente mientras ellos controlaron todas las piezas del tablero venezolano. El problema es que ese tablero tiene fronteras y al otro lado de esas fronteras existe una jurisdicción que no controlan, [música] una ley que no pueden manipular, un juez que no les debe nada y que fue nombrado por Bill Clinton cuando ellos todavía eran militantes políticos en los barrios del oeste de Caracas.
La tercera respuesta es la más incómoda, la que más debería hacernos reflexionar y es la que tiene que ver directamente con Venezuela y con los venezolanos. Porque el precio de este sistema no lo pagaron solo Maduro y Silia Flores. Y ahora lo pagaron los 7 millones de personas [música] que tuvieron que emigrar y construir sus vidas en países que no eran los suyos.
Lo pagaron los periodistas perseguidos, los opositores presos, los activistas desaparecidos, los estudiantes que fueron reprimidos en las calles. Lo pagó [música] un país entero que vio como sus hospitales se vaciaban de medicamentos, como sus supermercados se vaciaban de comida, como sus universidades perdían a sus mejores profesores que se iban a buscar un futuro en otro lado.
Y mientras todo eso pasaba, el régimen hablaba de revolución, de dignidad, de soberanía, de la lucha del pueblo venezolano contra el imperialismo. Mientras Silvia Flores aparecía en su programa de televisión hablando de familia y valores, Venezuela se desangraba. Necesito que prestes atención a esta última revelación porque es la que resume todo.
El indignment de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York dice en su apertura que durante más de 25 años, los líderes de Venezuela abusaron de sus posiciones de confianza pública y corrompieron instituciones que alguna vez fueron legítimas para importar toneladas de cocaína a los Estados Unidos. Ese ciclo de corrupción llenó los bolsillos de los funcionarios venezolanos y sus familias, pero también benefició a narcoterroristas violentos que operaban con impunidad en suelo venezolano y que contribuyeron a producir, proteger y transportar
toneladas de cocaína hacia el norte. toneladas de cocaína, 25 años, instituciones del Estado como herramientas del tráfico. Y en el centro de ese sistema, según la acusación, no solo Maduro, sino también Silvia Flores, la abogada que empezó su carrera defendiendo derechos humanos y que según la fiscalía terminó facilitando uno de los esquemas de narcotráfico más audaces de la historia latinoamericana.
El contraste es tan brutal que [música] resulta casi imposible de procesar. Una mujer que estudió derecho laboral y penal, que defendió militares presos por intentar derrocar a un gobierno corrupto, que fue la primera mujer en presidir un congreso, que durante años fue aplaudida como símbolo del avance político femenino en Venezuela, acusada de actuar como intermediaria de narcotraficantes y cobrar sobornos para que sus vuelos de cocaína pasaran sin problemas.
[música] ¿Cómo pasan 30 años si alguien llega a ese punto? No hay una respuesta sencilla, pero hay un patrón que sí es visible. Cada vez que Silia Flores usó el poder para beneficio personal o familiar, [música] los 40 empleados con su apellido, la defensa incondicional de los narcosobrinos, el control de los magistrados del [música] Supremo, la línea entre lo público y lo privado se hizo un poco más borrosa y cuando esa línea desaparece completamente, cuando ya no hay distinción entre el poder del Estado y el beneficio personal, todo es posible,
todo se vuelve permisible, todo se puede justificar. Hay algo irónico, casi cinematográfico, en que sea la DEA, la misma agencia que arrestó a los narcosobrinos en 2015, el mismo organismo que Silia Flores acusó de secuestro cuando capturó a Francisco y Efraín, la que construyó durante años el expediente que la tiene hoy en el MDC de Brooklyn.
Porque los narcosobrinos no fueron solo un escándalo, fueron la primera demostración de que era posible, que incluso el apellido más protegido de Venezuela no era escudo suficiente en Manhattan. Y en un sentido muy real, la caída de Cilia Flores empezó ese día de noviembre de 2015 en Puerto Príncipe, cuando dos jóvenes con su apellido creyeron que podían hacer cualquier cosa porque eran familia de la primera combatiente y resultó que no.
Y 10 años después, la primera combatiente está en el mismo tribunal donde ellos fueron condenados, la rueda completa. Hoy, mientras escribo este guion, Cilia Dela Flores de Maduro tiene 69 años y está detenida en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, esperando su próxima audiencia el 17 de marzo de 2026.
Está representada por Mark Donnely, abogado especializado en delitos económicos. Se ha declarado no culpable de todos los cargos. Si es condenada, enfrenta cadena perpetua. Dels Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela, asumió como presidenta interina tras la captura. Las instituciones del chavismo siguen funcionando por ahora sin sus dos figuras más importantes y más de 7 millones de venezolanos siguen en el exilio construyendo sus vidas en Argentina, Colombia, España, Chile, Estados Unidos, mirando los titulares de enero de 2026 con una mezcla compleja de
emociones que no tienen nombre exacto en ningún idioma. No es solo satisfacción, no es solo alivio, es también la constatación de que 30 años de un sistema que destruyó un país no se resuelven con un arresto, por espectacular que sea ese arresto. Las instituciones que Silvia Flores ayudó a vaciar no van a llenarse de contenido de un día para otro.
Los millones que emigraron no van a volver simplemente porque sus captores están en Brooklyn. Venezuela va a necesitar décadas para reconstruir lo que se destruyó y ese proceso va a ser infinitamente más difícil que cualquier operación militar. [música] De Tinaquillo a Miraflores, de Miraflores al USS Iochima, del Iochima al MDC de Brooklyn.
Esa es la trayectoria completa de la mujer que alguna vez fue llamada la más poderosa de Venezuela. Y lo que la define no es solo la caída, sino la distancia que existe entre lo que pudo haber sido y lo que eligió ser. Si esta historia te impactó, si crees que estas verdades tienen que contarse completas y con rigor, dale like a este video y suscríbete al canal.
Aquí hay decenas de investigaciones así, dinastías caídas, legados destruidos, verdades que los protagonistas prefieren que nadie cuente. Cada una más reveladora que la anterior. Para entender completamente la magnitud de lo que ocurrió con Cilia Flores y con Venezuela, necesitas entender cómo era ese país antes de que ella y Maduro llegaran al poder.
Y más importante aún, ¿cómo era el país mientras ellos gobernaban? Porque hay una diferencia brutal entre las promesas de la Revolución Bolivariana y la Venezuela que existió realmente bajo el chavismo. Venezuela en 1998, [música] cuando Chávez gana las elecciones por primera vez con el 56% de los votos.
Es un país que vive una crisis [música] profunda, pero que todavía tiene sus instituciones funcionando. Tiene universidades de alta calidad, [música] tiene hospitales equipados, tiene una clase media numerosa, tiene una economía que, aunque dependiente del petróleo, genera ingreso suficiente para sostener servicios públicos de calidad razonable.
La gente vota por Chávez no porque sea un lunático, sino porque el sistema político anterior, la alternancia entre los dos grandes partidos tradicionales, [música] Acción Democrática y COPE, ha demostrado ser profundamente corrupto e incapaz de resolver los problemas [música] reales de la mayoría de los venezolanos.
Chávez prometió algo diferente y durante sus primeros años, con los precios del petróleo subiendo y los recursos fluyendo, pudo ofrecer programas sociales reales, las llamadas misiones, que llegaron a sectores de la población que los gobiernos anteriores habían ignorado sistemáticamente. Esa es la parte de la historia que los defensores del chavismo siempre mencionan. Y no es mentira.
En los primeros años con petróleo caro, el chavismo mejoró algunos indicadores de pobreza y alfabetización. El problema es lo que vino después. Eh, y lo que vino después tiene mucho que ver con Cilia Flores. Cuando Chávez empieza a concentrar el poder, a debilitar las instituciones independientes, a nombrar jueces obedientes y funcionarios leales por encima de todo criterio técnico, Cilia Flores no solo está presente en ese proceso, es una de sus arquitectas.
[música] La reforma de la ley de administración financiera que aprobó en 2009 desde la presidencia de la Asamblea Nacional, siendo presidenta del Congreso, aprobó cambios que permitieron al gobierno de Chávez un endeudamiento acelerado sin [música] los controles normales. Es un ejemplo perfecto de cómo funcionaba la ley formal de un país democrático usada para eliminar los límites que esa misma ley imponía al poder ejecutivo.
Y ese patrón se repitió una y otra vez durante dos [música] décadas. usar las instituciones formalmente respetando los procedimientos en la superficie, pero vaciándolas de sustancia real. Nombrar magistrados del Tribunal Supremo que votaran como el partido necesitaba. Crear la Asamblea Constituyente de 2017 para bypasear al Congreso electo por la oposición, usar a la fiscalía como instrumento de persecución política.
Todo perfectamente legal en el papel, todo funcionalmente autocrático en la práctica. Cilia Flores entendió ese juego mejor que nadie porque era abogada. Sabía exactamente cómo funcionan las instituciones jurídicas, cuáles son sus límites formales y cuáles son sus vacíos reales. Eso que aprendió defendiendo a Chávez en Yare, ese conocimiento íntimo de cómo el sistema legal puede usarse tanto para proteger como para perseguir se convirtió en la herramienta central de su poder político durante tres décadas.
Eh, hay una pregunta que mucha gente se hace cuando escucha esta historia y es legítima. ¿Cómo es posible que un sistema tan corrupto funcione durante tanto tiempo? ¿Cómo puede un gobierno que, según la Fiscalía de Nueva York usaba su aparato antidrogas para facilitar el narcotráfico, sobrevivir durante décadas sin colapsar? La respuesta tiene varias capas y entenderlas es fundamental para entender no solo a Venezuela, sino para entender por qué este tipo de situaciones se repite en distintos países y distintos
momentos históricos. La primera capa es económica. Venezuela durante los años de boom petrolero, especialmente entre 2005 y 2014, cuando el precio del barril estuvo consistentemente por encima de los $100, generó cantidades astronómicas de dinero. Según el Banco Central de Venezuela, los el país recibió durante esos años ingresos petroleros históricos que superaron cualquier periodo anterior de su historia.
Ese dinero permitió financiar programas sociales reales que generaron lealtades reales. Cuando tienes suficiente petrodólar, puedes comprar suficiente lealtad como para que el sistema se sostenga incluso con niveles enormes de corrupción. La corrupción y los programas sociales coexistieron durante años y esa coexistencia explica por qué el chavismo mantuvo [música] apoyo popular genuino incluso mientras sus élites se enriquecían de formas que contradecían abiertamente sus principios declarados.
La segunda capa es institucional. Un estado capturado no es simplemente un estado corrupto. Es un estado en el que los mecanismos que normalmente controlan y limitan al poder han sido desactivados sistemáticamente. No hay Tribunal Supremo Independiente, no hay Fiscalía Autónoma. No hay prensa libre que pueda investigar y publicar sin consecuencias.
No hay oposición que pueda [música] competir en condiciones justas. Cuando todos esos mecanismos están desactivados, la corrupción no tiene límites porque tampoco tiene consecuencias. Y eso es exactamente lo que Silvia Flores y Maduro construyeron durante dos décadas. La tercera capa es internacional. Venezuela no estaba sola. tenía aliados Cuba, Rusia, China, Irán, que por razones propias tenían interés en que el régimen sobreviviera.
Cuba en particular tenía una presencia institucional en Venezuela que va [música] mucho más allá de la ideología compartida. Miles de asesores cubanos en distintas ramas del gobierno, de las fuerzas armadas y de la inteligencia venezolana. Ese apoyo externo fue un factor de estabilización que ningún análisis honesto del chavismo puede ignorar.
Y la cuarta capa, quizás la más importante para entender el caso específico de Cilia Flores y el narcotráfico es criminal. Cuando un estado capturado decide entrar en el negocio del tráfico de drogas, tiene ventajas que ningún cartel privado puede igualar. Tiene el control de las fronteras, tiene el control de las fuerzas de seguridad, tiene el control de los tribunales, tiene cobertura diplomática, puede mover cocaína en aviones con bandera oficial, puede usar las instalaciones militares como puntos de almacenamiento, puede
usar a la policía para eliminar [música] a los competidores. Es, en términos criminales, el negocio perfecto. Y eso es lo que la Fiscalía de Nueva York dice que construyeron en Venezuela durante 25 años. Eh, desde 2017 en adelante, la situación de Cilia Flores en el ámbito internacional empieza a cambiar de manera dramática.
Las sanciones se acumulan de manera sistemática y coordinada. En 2018, el gobierno de Canadá sanciona a Cilia Flores junto a otros 13 funcionarios venezolanos vinculados a la Asamblea Nacional Constituyente. Ese organismo paralelo al Congreso que el régimen creó para bypasear a la oposición que había ganado el Parlamento en 2015.
Otag afirma que la crisis venezolana ha ido empeorando a medida que el país se acerca cada vez más a la dictadura [música] total. Canadá no es un adversario histórico de Venezuela, ni un país con agenda regional propia en la zona. Cuando Canadá sanciona a Flores, es una señal de que la preocupación internacional por el régimen va mucho más allá de Washington.
Ese mismo año, ECONE Colombia sanciona a Flores. Panamá sanciona a Flores y a 16 empresas vinculadas a la familia Malpica Flores en negocios que, según las autoridades panameñas, [música] estaban siendo usados para lavado de capitales. Las empresas de reciente creación y con varios miembros de la familia Flores en sus juntas directivas fueron identificadas como instrumentos financieros del régimen.
El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos la sanciona a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros. O FAC. Sus activos en jurisdicciones estadounidenses quedan congelados. Las transacciones con ella quedan prohibidas para cualquier persona o empresa sujeta a la ley norteamericana. Para Silia Flores, el efecto práctico de estas sanciones fue un aislamiento creciente.
Et no podía viajar a la mayoría de los países del mundo occidental sin arriesgarse a un arresto. No podía hacer transacciones financieras en los sistemas bancarios internacionales normales. No podía acceder a los mercados de lujo que el poder venezolano había colocado a su alcance. Las sanciones no derrocaron al régimen, pero construyeron el cerco que eventualmente haría posible la caída.
Y hay una ironía notable en todo esto. Cilia Flores, la abogada especializada en derecho penal, [música] la mujer que pasó su carrera estudiando cómo funciona el sistema legal para usarlo en beneficio propio, terminó atrapada por ese mismo sistema, [música] solo que esta vez el sistema que la atrapó no era el venezolano que controlaba, sino el estadounidense que no podía controlar.
Y los detalles del operativo del 3 de enero de 2026 todavía no están todos disponibles públicamente. [música] Lo que se sabe viene de declaraciones oficiales del gobierno estadounidense, reportes de medios como AP, Reuters y CNN y la información que los propios abogados de Maduro y Flores han revelado en corte. Lo que se sabe es esto.
La operación fue nocturna. [música] involucraron fuerzas especiales, la fuerza delta, según múltiples reportes atribuidos a fuentes de inteligencia estadounidense con apoyo de la CRA y el Departamento de Justicia. Maduro y Flores estaban juntos en su residencia cuando ocurrió el arresto.
No hubo resistencia armada extendida, o al menos no una que haya trascendido públicamente. Ambos fueron trasladados a Lucy Wojima, el buque de asalto anfibio que estaba fondeado en el Caribe es de allí en avión a la base de la Guardia Nacional Aérea de Stewart en el estado de Nueva York. Las imágenes que circularon ese día y que fueron distribuidas por autoridades estadounidenses mostraban a Maduro, siendo escoltado del helicóptero, al vehículo blindado que lo llevaría al tribunal de Manhattan, esposado, con ropa que no era la de un presidente, con la mirada de alguien que
todavía no puede creer lo que está pasando. Decir a Flores, las imágenes en corte eran igualmente impactantes, pero de manera diferente. Así en vendada, el ojo izquierdo morado e hinchado, con el párpado también vendado. Su abogado explicó en el tribunal que podría tener costillas fracturadas o severamente golpeadas.
El juez Hellerstein, el magistrado de 92 años que ha visto de todo en ese banco, ordenó que se le proveyera atención médica adecuada. No hay información verificable sobre exactamente cómo se produjeron esas lesiones, si ocurrieron durante el operativo de captura durante el traslado o de otra manera. Lo que sí es verificable es que cuando Silvia Flores apareció ante el juez, no lucía como la primera combatiente de Venezuela.
Lucía como alguien que había sido capturada en una operación de fuerza [música] en la madrugada, sin tiempo para prepararse ni para las apariencias. Eso también es parte de la historia. El contraste entre la imagen controlada que proyectó durante décadas, el programa de televisión, los actos oficiales, la compañera de Maduro, siempre presentable en los eventos del estado y la mujer que apareció ante el tribunal de Manhattan esa mañana del lunes 5 de enero.
Es uno de los contrastes más reveladores de toda esta narrativa. El Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, el MDC, es uno de los recintos de detención preventiva más conocidos de los Estados Unidos. No por sus condiciones lujosas, sino exactamente [música] por lo contrario. A lo largo de los años, el MDC ha estado en el centro de múltiples investigaciones y reportes periodísticos sobre sus condiciones.
En 2019, un corte de energía dejó a los detenidos durante semanas sin calefacción en pleno invierno neoyorquino en temperaturas bajo cero. Los abogados defensores han documentado en múltiples casos problemas de acceso a la atención médica, condiciones de habitabilidad deficientes y dificultades para la comunicación entre los detenidos y sus abogados.
Es el mismo reclusorio donde estuvo detenido Sean Didy Comms mientras esperaba su juicio, donde estuvo Gislein Maxwell antes [música] de ser trasladada, por donde ahora está Luigi Manguione. Es el reclusorio donde el gobierno federal de los Estados Unidos manda sus detenidos de alto perfil en Nueva York cuando no hay base de máxima seguridad disponible de [música] inmediato.
No hay datos públicos sobre las condiciones específicas de detención de Maduro y Silia Flores dentro del MDC. Lo que sí es público es que Maduro no fue ubicado en una ala separada cuando llegó [música] el sábado por la noche. Estaba en las instalaciones regulares del reclusorio. Y eso para alguien [música] que durante 12 años vivió en el Palacio de Miraflores, en uno de los edificios más protegidos y mejor equipados de Venezuela, es [música] una diferencia que va más allá de lo físico.
Es una diferencia simbólica que es difícil de sobreestimar. Siliaflores por su parte está en el mismo edificio, [música] la primera combatiente de Venezuela, la mujer que Maduro llamaba Silita, la que presidió el Congreso, la que según el exmistrado Serpa controlaba el Tribunal Supremo, la que construyó un sistema de nepotismo con 40 familiares en nómina.
La que según la Fiscalía Federal cobró cientos de miles de dólares en sobornos. Está en el MDC de Brooklyn esperando una audiencia el 17 de marzo con lesiones que requieren atención médica. No hay glamur en eso. No hay revolución. No hay primera combatiente. Hay una mujer de 69 años en un reclusorio federal en Brooklyn.
El proceso judicial que viene es, en términos legales, extraordinariamente complejo. No hay precedentes exactos para este tipo de caso. La última vez que algo remotamente similar ocurrió fue con Manuel Noriega en 1989. Esto ni las circunstancias son suficientemente distintas como para que esa comparación [música] tenga límites claros.
Las defensas de Maduro y Silia Flores tienen varias líneas posibles. La primera es cuestionar la legalidad del arresto. Maduro fue capturado en territorio venezolano por fuerzas militares de otro estado. Hay argumentos serios de derecho internacional sobre si eso es compatible [música] con las normas establecidas. Su abogado Barry Polac ya ha señalado en declaraciones públicas [música] que hay cuestiones profundas de legalidad que deben ser examinadas.
[música] La defensa de Silia Flores, llevada por Mark Donelly, probablemente siga una línea similar. La segunda línea defensiva es fáctica, negar los cargos [música] específicos. La acusación se basa en testimonios de cooperantes, grabaciones, documentos financieros y operativos encubiertos. La defensa va a impugnar la credibilidad de los testigos cooperantes, algunos [música] de los cuales son ellos mismos criminales convictos que negociaron rebajas de pena a cambio de testimonio [música] y la interpretación de la
evidencia documental. La tercera línea es política, [música] aunque los abogados cuidadosos la presentarán de manera legal. argumentar que el proceso tiene motivaciones políticas, [música] que Trump usó el poder militar de Estados Unidos para derrocar a un gobierno elegido de un país soberano y que, por tanto, el juicio no es legítimo bajo ningún estándar de derecho internacional.
Maduro ya usó esta narrativa cuando se presentó en corte como prisionero de guerra. No es una defensa legal en términos técnicos, pero es una narrativa que va a resonar en ciertos sectores de la política internacional y que la defensa puede usar para crear contexto favorable. Lo que los fiscales tienen del otro lado es considerable.
El indctment tiene 25 páginas. incluye testimonios de múltiples cooperantes, algunos de ellos con conocimiento directo del funcionamiento interno del régimen. Incluye Hugo Carvajal, el exjefe de inteligencia militar venezolano apodado El Pollo, que fue extraditado a Estados Unidos desde España y que en junio de 2025 se declaró culpable de narcoterrorismo y tráfico de drogas.
También incluye a Cliver Alcalá Cordones, otro general venezolano que se entregó voluntariamente en Colombia en 2020 y que se declaró culpable de proporcionar apoyo a las FARC. Esos dos testimonios son potencialmente devastadores para la defensa, [música] e porque vienen de personas que estuvieron adentro del sistema y que ya aceptaron su propia responsabilidad criminal.
son lo que en el sistema judicial estadounidense llama testigos cooperantes [música] con conocimiento de primera mano. Si la evidencia que tienen los fiscales es tan sólida como la acusación insinúa, las posibilidades de una absolución son limitadas. [música] Lo que es más probable es que el proceso se extienda durante meses o años con múltiples impugnaciones legales, mientras Maduro y Silia Flores permanecen detenidos en el MDC o en algún otro reclusorio federal.
Y si son condenados, cadena perpetua. Hay una pregunta que queda flotando cuando uno termina de revisar toda esta historia [música] y es una pregunta que no tiene una respuesta fácil. Silvia Flores creyó alguna vez en lo que decía creer. ¿Fue ella una verdadera creyente en la revolución bolivariana que se corrompió con el tiempo? ¿O fue siempre una operadora política que usó la ideología como herramienta de poder? O, y esta puede ser la respuesta más incómoda.
Las dos cosas son verdad al mismo tiempo porque hay algo [música] que es indudable. Ciliaflores tuvo una carrera genuina antes del poder absoluto. Defendió a presos políticos [música] en los años 90. Construyó una base electoral propia. Fue la primera mujer en presidir el Congreso venezolano y eso fue real.
Hubo un momento en que esas cosas importaban por sí mismas, no solo como escalones hacia otro lugar. El problema es lo que el poder absoluto hace con las personas. Y el poder absoluto, sin límites, sin contrapesos, sin nadie que pueda decirte que no, es especialmente corrosivo. E cuando llegas a un punto en que el Estado es tuyo, cuando la ley dice lo que tú necesitas que diga, cuando los jueces votan como tú necesitas que voten, cuando la policía hace lo que tú necesitas que haga, la distancia entre lo correcto y lo conveniente desaparece. Y esa
desaparición no ocurre de golpe, ocurre gradualmente, decisión tras decisión. cada una de las cuales parece justificable en su contexto, pero que juntas forman un patrón que visto desde fuera resulta [música] inequívoco. El nepotismo es una forma de empezar ese camino. Cuando contratas a 40 familiares porque tienes el poder de hacerlo y porque estás convencida de que son personas capaces y de que el sistema anterior también favorecía a los suyos.
Eso es el primer paso cuando defiendes a tus sobrinos acusados de narcotráfico sin dejar espacio a la duda. Eso es el segundo. Eh, cuando, según la fiscalía, facilitas reuniones entre narcotraficantes y funcionarios antidrogas y cobras sobornos por ello, eso es el final de ese camino. Cada paso justifica el siguiente y para cuando llegas al final ya no puedes ver claramente la distancia que recorriste desde el principio.
más que cualquier otra cosa es lo que hace que esta historia sea tan universal. No es solo la historia de Silia Flores, es la historia [música] de lo que el poder hace con las personas cuando no tiene límites. Es la historia que se repite en distintos países, en distintos idiomas, con distintos nombres, pero con el mismo arco narrativo.
El idealista que llega al poder, el poder que lo corrompe, la corrupción que se vuelve sistema y el sistema que eventualmente colapsa. La diferencia en este caso es la diferencia que lo hace extraordinario y no meramente típico. Es que el colapso llegó de una manera tan dramática y tan literal. una operación de la fuerza delta en la madrugada, un barco de guerra en el Caribe, un tribunal federal en Manhattan, una celda en el MDC de Brooklyn y el ojo vendado de la primera combatiente ante el juez Hellerstein.
Cuando Trump anunció la captura de Maduro y Silia Flores en la madrugada del 3 de enero de 2026, las reacciones en Venezuela fueron instantáneas [música] y divididas de una manera que revela perfectamente las dos Venezuelas que han coexistido durante décadas en ese territorio. En Caracas, en los barrios populares, que son la base histórica del chavismo, la confusión fue el primer [música] sentimiento.
Muchos de esos venezolanos habían crecido políticamente bajo el paraguas del chavismo. habían recibido las misiones sociales, habían construido su identidad política alrededor de la figura de Chávez y después de Maduro. Para ellos, la narrativa de que sus líderes eran narcotraficantes era exactamente lo que el régimen les había dicho durante años que el imperialismo iba a inventar, una excusa para intervenir Venezuela.
En las comunidades venezolanas de Miami, de Bogotá, de Madrid, de Buenos Aires, [música] la reacción fue radicalmente diferente. Las escenas de celebración que circularon en redes sociales fueron tan espontáneas como reveladoras. Venezolanos que salieron a la calle con banderas del país, que lloraron de emoción, que llamaron a sus familias todavía en Venezuela para compartir la noticia.
Para muchos de ellos, el arresto de Maduro y Silia Flores era el final de algo que habían esperado ver durante años o décadas de exilio. Pero tanto la celebración como la confusión tienen una limitación [música] común. Ninguna de las dos resuelve los problemas estructurales que dejó el régimen en Venezuela. El sistema de salud venezolano está en colapso.
Hospitales que en los años 90 eran referencia en América Latina, ahora carecen de medicamentos básicos. de equipamiento funcional, de personal médico suficiente. La gran mayoría de los médicos venezolanos que se graduaron en las últimas dos décadas emigraron. Los que se quedaron trabajan con recursos mínimos en condiciones que en cualquier país con instituciones funcionales serían inaceptables.
La economía venezolana es una sombra de lo que fue. La hiperinflación de los años entre 2017 y 2021 destruyó los ahorros de toda una generación. El Bolívar, la moneda nacional, perdió tantos ceros y tantas veces que los venezolanos terminaron adoptando informalmente el dólar estadounidense como moneda cotidiana en una ironía perfecta.
El país que más retórica antiimperialista y antidólar produjo en la historia latinoamericana reciente, terminó dolarizando su economía de facto porque su propia moneda había colapsado completamente. Las universidades venezolanas, que alguna vez fueron centros de excelencia académica en la región, han visto una emigración masiva de docentes e investigadores.
La Universidad Central de Venezuela, fundada en 1721 y considerada históricamente una de las mejores de América Latina, e [música] opera hoy con una fracción de sus recursos históricos y una planta docente diezmada por la inmigración. Y los servicios básicos, agua, electricidad e internet son irregulares en la mayoría del territorio nacional.
Caracas, la capital tiene cortes de electricidad frecuentes. El interior del país mucho más. Los acueductos no recibieron la inversión necesaria durante años y el acceso al agua potable es intermitente en amplias zonas del país. Todo eso es el legado del sistema que Silia Flores ayudó a construir y a sostener. No es solo que el régimen fue corrupto y se benefició económicamente de esa corrupción, aunque eso también es cierto, es que mientras construía ese sistema de enriquecimiento personal e institucional, don des financió y destruyó
sistemáticamente los servicios que la mayoría de los venezolanos necesitaban para vivir una vida digna, ese es el costo real de lo que ocurrió en Venezuela. No se miden los millones de dólares que circularon en los sistemas de narcotráfico que describe el indctment. Se miden los 7 millones de venezolanos que tuvieron que dejar su país en las familias separadas, en los niños que crecieron sin ver a sus padres porque esos padres tuvieron que emigrar para sobrevivir, en los pacientes que murieron porque no había medicamentos,
[música] en las generaciones que perdieron oportunidades que debieron haber tenido y que simplemente no existieron porque [música] el sistema que debía crearlas estaba demasiado ocupado en otra cosa. Ese es el juicio que importa más allá del que ocurrirá en el tribunal del distrito Sur de Nueva York.
Soberos el juicio de la historia [música] que no espera ni a los abogados, ni a los testigos cooperantes, ni a los jueces federales, que ya está escrito en la experiencia de millones de personas. [música] y Silia Flores, la niña de Tinaquillo que estudió derecho para defender los derechos humanos y que terminó en el MDCE de Brooklyn, acusada de narcoterrorismo.
es un personaje central de ese juicio, también no el único, pero uno de los más [música] importantes, porque es posible, y aquí hay que ser honestos, que en algún momento de su vida ella creyó genuinamente en lo que hacía, que la abogada que fue a Yare a defender a Chávez en 1992 tenía [música] convicciones reales, que la diputada que fue que elegida en el año 2000 sentía que estaba representando algo genuino.
que incluso la presidenta de la Asamblea Nacional, que fue en 2006, tenía una visión de Venezuela que iba más allá de su propio beneficio. [música] El problema es que en algún punto del camino esa convicción sí existió. fue reemplazada por otra cosa, por la convicción de que el poder merecía ser preservado a cualquier costo, por la certeza de que las reglas normales no aplicaban para quienes estaban haciendo la revolución por la creencia fatal, como siempre es fatal, de que ser intocable no es solo una circunstancia

temporal, sino un estado permanente. Y no lo es, nunca lo es. Tinaquillo a Miraflores, Miraflores a Brooklyn. Esa es la línea completa y en esa línea está contenida no solo la historia de Silia Flores, sino la historia de Venezuela, de la revolución bolivariana, del chavismo y de lo que el poder hace con las personas cuando nadie puede decirles que no.
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