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Carmen Salinas: El Asqueroso Secreto que Escondía y un RECLUSO Destapó

acabar con su dolor. Este expediente tiene más sombras que luces y nadie las ha investigado. Yo llevo semanas cruzando testimonios, sest y registros que la prensa solo tocó como nota de espectáculos. Suscríbete a este canal porque aquí no hacemos chisme, aquí abrimos los expedientes que el poder quiere mantener cerrados para siempre.

Y para entender por qué la acusación de un recluso sacudió a todo México, primero hay que entender que era realmente Carmen Salinas. No, la Carmelita simpática que salía en las telenovelas, la viejita graciosa que imitaba a Celia Cruz. La otra, la que se codeaba con presidentes, producía el espectáculos más taquillero de México y acumuló una fortuna que nadie puede explicar con puras regalías de telenovelas.

Pero quédate conmigo porque lo que viene ahora es mucho más oscuro que cualquier personaje que Carmen Salinas haya interpretado en su vida. Carmen Salinas Lozano nació el 5 de octubre de 1939 en Torreón, Coahuila. Desde niña mostró un talento natural para la imitación y la actuación.

Pero aquí está el primer dato que nadie menciona. Carmen Salinas solo terminó la primaria. 6 años de educación formal. En un país donde millones de personas con títulos universitarios pues no logran salir de Blaps, una mujer con solo la primaria terminada se convirtió en actriz, productoreba, empresaria, dueña de un estudio de grabación, propietaria de un restaurante, diputada federal y acumuló una fortuna de 20 millones de dólar 20 millones de dólares.

¿Cómo? Esa pregunta nadie la hizo mientras estuvo viva y ahora que está muerta, nadie la quiere responder. Y aquí es donde esta investigación se pone realmente perturbador, porque la carrera de Carmen Salinas no fue un cuento de hadas, fue un ascenso brutal por los escalones más sucios del entretenimiento mexicano. Empezó como imitadora en bares y cabarés de Torreón cuando era apenas una adolescente.

Después se mudó a Guadalajara, donde conoció al pianista Pedro Placencia Ramírez y de ahí saltó a Ciudad de México, donde se abrió camino en el cine de ficheras. Ese género de películas de los años 70 y 80 que mezclaba comedia, desnudos y ambientes de prostíbulos y cabarets, Bellas de noche, La pulquería, películas donde Carmen Salinas interpretaba a la madama, a la señora del bar, a la mujer que manejaba el negocio detrás del escenario, películas que se filmaban en semanas, que costaban poco y que recaudaban millones en

taquilla, porque el público mexicano las consumía como palomitas. Y en ese mundo del cine de ficheras, Carmen Salinas aprendió algo que le serviría para el resto de su vida. ¿Cómo funciona el negocio del espectáculo por debajo de la mesa? ¿Cómo se mueve el dinero en efectivo? ¿Cómo se hacen tratos sin contratos? ¿Cómo se protege un secreto? La las y con ese apodo, con esa imagen de mujer del pueblo, fue construyendo una carrera que la llevó de los cabarets de Torreón a Hollywood, donde 2004 actuó junto a Denzel

Washington en la película Hombre en llamas, de ficheras a Hollywood, sin estudios, sin representante internacional, sin hablar inglés. ¿Quién le abrió esas puertas? Nadie ha respondido esa pregunta. Pero la historia de Carmen Salinas no empieza en los escenarios, empieza en el dolor, un dolor tan profundo que marcó cada decisión que tomó durante los siguientes 60 años de su vida.

En 1956, Carmen se casó con el pianita Pedro Placencia Ramírez. Estaban enamorados, querían formar una familia grande, pero el destino tenía otros planes. Carmen Salinas tuvo abortos, cinco hijos que no nacieron, cinco tragedias que la fueron endureciendo por dentro hasta convertirla en la mujer imparable que México conoció después.

En uno de esos abortos, el más devastador, el bebé nació prematuro a los 7 meses. Carmen lo tuvo en sus brazos, lo vio intentar respirar, lo vio luchar por vivir y lo vio morir entre sus manos sin poder hacer nada. Lo alcancé a bautizar con el nombre de Jesús, contó ella misma años después en el programa de primera mano. Quería revivir a mi hijo y desecía que me trajeran botellas de agua caliente, pero no sabía que tenía que quitarle flemas, meterlo en una incubadora.

Se me murió en las manos. Un bebé muerto en sus manos. Ese es el punto de partida de la mujer que después acumularía una de las fortunas más grandes del espectáculo mexicano. Y ese dolor no terminó ahí porque Carmen finalmente tuvo dos hijos que sobrevivieron. Pedro Ernesto Placencia Salinas, nacido en 1956 y María Eugenia.

Pedro heredó el talento musical de su padre. Se convirtió en pianista, compositor y arreglista. Musicalizó telenovelas emblemáticas como Cuna de Lobos. El extraño retorno de Diana Salazar y en carne propia compuso el himno del club Necaxa. Trabajó con Juan Gabriel. Tenía un futuro inmenso por delante. Pero eso no es lo más grave.

Lo que viene ahora es todavía peor. El 19 de abril de 1994, Pedro Placencia Salinas murió de cáncer de pulmón. Tenía 37 años. La misma enfermedad que había matado a su padre y a sus abuelos. El cáncer se lo había llevado todo. Su familia paterna entera, generación tras generación, como una maldición que se transmitía por la sangre.

Y lo que Carmen Salinas contó sobre los últimos días de su hijo es algo que ninguna madre debería tener que narrar jamás. Pedro suplicaba que lo mataran. El dolor de la quimioterapia era tan insoportable que le pedía a su madre que le consiguiera una pistola. Él quería que le dieran una pistola porque se quería dar un balazo.

No aguantaba los dolores”, contó Carmen con la voz quebrada, todo hinchado por la quimioterapia. Su amigo músico Pancho Sainz lo tenía agarrado de la mano. Mi nuera le puso un tocadiscos chiquito con una música relajante y de pronto estaba agachada y me dice el padre, “Carmelita, ya se fue, Pedrito.

Caí al suelo desmayada y me pusieron el oxígeno que tenía mi hijo, el oxígeno que tenía su hijo, el mismo oxígeno que ya no necesitaba porque estaba muerto. Se lo pusieron a la madre que acababa de perder a su único hijo varón. a los 37 años, en la plenitud de su carrera, cuando acababa de componer la música de Cuna de Lobos, la telenovela más exitosa de la historia de la televisión mexicana.

Cuando el futuro parecía infinito, el cáncer de pulmón se lo llevó en 7 meses, del diagnóstico a la muerte 7 meses. El mismo tiempo que dura un embarazo de los que Carmen perdió cinco veces, antes de morir, su madre le construyó un estudio de grabación. Se llamaba Caina. Lo inauguraron en 1988, 6 años antes de la muerte de Pedro.

El objetivo era sacar a su hijo de la improvisación casera y darle un espacio profesional para componer ese estudio sobrevivió a Pedro, sobrevivió a Carmen y sigue en pie hoy como un monumento silencioso a todo lo que pudo ser y no fue. Pedro Placencia Salinas fue cremado. Sus cenizas se colocaron en un mausoleo familiar dentro del panteón español de la Ciudad de México en 1996, 2 años después de su muerte.

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