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Carlos Villagrán el personaje más cabr*n de Chespirito sin querer queriendo

 El público lo amaba más que al chavo del  Quizá eso le enfermó la mente. El quinto Beitle sentía que ya era tiempo de volar, dejar el Chavo del Ocho. ¿Y Roberto? ¿Qué dice? Roberto, que te joda, Roberto. Pero no podía hacerlo solo o por lo menos no estando ahí en Acapulco, así que fue a reclutar al mero mero. Oye, Ramón, ¿y si yo te dijera que tú puedes ser el protagonista de mi programa? A, ¿qué programa o qué? Por debajo del agua el cachetón andaba negociando con Venezuela, su propio show.

Yo voy a dejar el Chavo para tener mi programa y quiero que vengas conmigo. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? Vamos. Ahí no más que yo le voy al necaxa, maestro. Eh, desafortunadamente la lealtad y la heterosexualidad del moncho estaban con Cirito. No, Ramón, no. Sí, sí. Mejor acábate el coquito con Ginebra, cabrón.

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 A esta hora dices puras incoherencias. Lo que para algunos podría parecer el villano. Tenía una motivación. Yo ya no estoy a gusto aquí. Roberto se cree la gran estrella y no me deja brillar. No estaba tan equivocado. Estamos reciclando sketches viejos. Estamos en una crisis de creatividad. Cielos, qué basado. Eres un personaje, hijo, no un escritor.

 Alegó Florinda Mesa. Cállate y chambea. Carlos Villagrán de algún modo había presagiado la decadencia del programa. A mí me suena más a que estamos desempolvando guiones porque a Roberto no se le ocurre nada nuevo. Y que dijera la verdad, además de incomodar, molestaba al jefe. Pero hubo un tiempo en el que no siempre fue así.

A la maleta. Entonces, sí, vámonos. Según el Antiguo Testamento, un joven y atolondrado, Carlitos, mientras hacía de Pinoco, llamó la atención del avaricioso sin pirito. Lo haces muy bien, estás muy chistoso. Y eso también lo que haces con los cachetes y así está genial. Vente a chambear conmigo, dijo el chaparro. Mi tío es Gustavo Díaz Oraz.

¿Qué te parecería un personaje de niño? Aquello era el equivalente al día en que John Lennon conoció a McCarney. Eran uña y mugre. Silencio. Mis antenitas de vinil están detectando la presencia del enemigo. Chanfle. Pero como en toda buena tragedia griega, el dúo dinámico se fracturó. Como el primer álbum sigue siendo un éxito, discos Musicana quiere grabar el segundo.

 Esta vez con la colaboración de toda la vecindad. Eso, amigo. No cuentas.  Ay, tesoro, ¿por qué tan envidioso? Al ver que Cirito se había lanzado como solista, el chamaco ahora también quería su propio disco y vaya que lo hizo. A mí no me simpatiza mu. Así suena el purgatorio. ¿Por qué no nos consultaste, tesoro? Tú tampoco nos consultaste cuando hiciste tu primer disco, campeón.

Uno pensaría, “¡Qué  En realidad este hombre sabía cosas, no tenía elección. Y ahora sí nos van a pagar lo justo, ¿o no? Quien portaba el traje de marinero no se iba a quedar callado. ¿Y qué es lo justo para ti? Pues algo parejo, porque a mí me da la impresión de que ustedes están haciendo millonario. Ya párale a tu carro.

Aquello le valió el desprecio absoluto de la vecindad. Tú eres un malagradecido. Ah, encima me insultas. No. Y fue tachado injustamente como un hambreado. ¿Qué pasa? Otra vez hiciste negocio con nuestros personajes. Para variar, el Nicolás Maduro mexicano tenía al pueblo de su lado. Mis personajes son en beneficio de todo el equipo.

Les había prometido la tierra de la leche y la miel. Todos salimos ganando. Sí, cómo no. Chingada estos  Lo siento, mi niño, en estabas solo. Mientras tanto, la fiebre vitalmaníaca arrasaba con todo, llevando al elenco hasta la mismísima tierra de Pablo Escobar. Podía ser tan diplomático y encantador si se lo proponía.

No, bueno, yo desde que nací mucho emocionado. Solo venlo ahí fingiendo que le debe todo al Woody Allen mexicano. Sí, sí, todo un éxito, pero sí te fijaste a quién buscaban más. A M. campeón. Así que por un buen tiempo se quedó. No, hombre, hermano, somos la sensación de algún lado tenía que sacar para la papa. Lo que yo le digo.

El señor fatica se mi bien cochinito. Pues mira lo que hago yo con tu cochino. No, mamá. Su tremenda habilidad de ser basado y bailar el ashi equilibrada con su obvia tendencia a persignarse al revés. Este nene le dio a H Spirito los mejores años de su vida, al menos hasta llegar a Acapulco.

 Pues bien lo dicen las Sagradas Escrituras, si una serie graba un episodio en Acapulco es porque todo se fue a la mona. Todo habría de terminar aquí. Sobre la playa de Acapulco, el inminente Armagedón se veía caer como la luna en la máscara majora. Para este punto, Villagrán ya había ganado suficiente poder. Hablando de miedos, allí hay uno que tengo que ir enfrentado de una vez.

Chespirito habría de ir y calmarlo, o el tesoro acabaría emancipándose a Alaska. Mira, te veo desde ayer con tus amigos. ¿Qué pasaito? Aprovechando que andaba con su banda malandra, no tuvo pedo en revelar su plan. Venezuela me ofrece chamba y yo me largo cuando se me pegue mi regalada gana. Nada más porque puedo.

 ¿Cómo ves? ¿Cómo ven a este cesárea trunca?”, dijo Cirito. Nada más que aquí tienes un compromiso, cachetón. Nada más que tú no me pagas y no eres mi jefe, así que no me quieras intimidar que no te tengo miedo.  Con permisito dijo Monchito, me iré a jalar el prepito. Pero el chanfle no era tonto.

 Sabía que el gran talón de aquiles de mi niño. Es que no era escritor, no tenía otro personaje. Porque no basta con inflar nada más los cachetitos. Pero en fin, mucho gusto. Con permiso. Un placer. Tremendo cabrón. Solo quería su propio show, solo quería una oportunidad. ¿Y tu contestación, ¿cuál fue? No basta con inflar nada más los cachetitos.

Eso lo destruyó. Bien pudo haberle dicho, “Anda, vete. Y si quieres volver, las puertas están abiertas.” Eso hizo con Rubén Aguirre. Tú tienes el derecho de construir tu carrera como a ti más te convenga. Si quieres regresar conmigo, siempre tienes las puertas abiertas. Lo mismo hizo con la Chilindrina.

 Eres libre. Aquí las puertas siempre están abiertas. ¿Qué te costaba? El niño no tenía papá. Simpirito había dejado claro que podía ser más que un  un capoculero, hasta con su propio director. Dirección Enrique Segoviano. ¿A quién en una jugada muy sucia le bajó la novia? A solas y muy cariñosos. Déjame recordarte que aquí el genio ser.

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