Porque en lugares donde el miedo gobierna las calles, ni siquiera los ídolos están a salvo. Medellín no olvida aquel fatídico 2 de julio de 1994 fue el día en el que se cometió el atroz crimen que dividió en dos la historia del fútbol nacional y que además dejó una onda herida en el balonpié mundial. Aquel año, Colombia no había llegado al Mundial de Estados Unidos como una selección más.
llegaba como una promesa. Después del histórico 5 a0 contra Argentina en Buenos Aires, el país entero creía que aquella generación podía conquistar el mundo. Y en el centro de ese sueño aparecía Andrés Escobar, un jugador elegante, sereno y respetado por todos. Le decían el caballero del fútbol porque parecía distinto al resto.

Mientras Colombia se hundía en la violencia del narcotráfico, él representaba algo limpio. Pero el 22 de junio de 1994 todo cambió en segundos. Estados Unidos atacó por la izquierda. El centro atravesó el área. Escobar intentó cortar la jugada deslizándose sobre el césped. Entonces ocurrió el silencio. La pelota terminó dentro del arco colombiano.
Un gol en contra. Él se sentía frustrado porque era estar como en el cadalzo después del autogol. donde vimos eh la cara de Andrés de sufrimiento, de dolor. Eh cuando estábamos en la tribuna, pues todos estbamos muy tristes. Una imprecisión por la que Andrés Escobar tendría que pagar un precio jamás imaginado.
Durante un instante, el estadio quedó suspendido en una mezcla de incredulidad y horror. Los relatores no podían creerlo. Las cámaras enfocaban rostros congelados. Colombia perdió 2 a 1 y quedó eliminada del mundial. Para millones de personas fue una tragedia deportiva. Pero en una Colombia contaminada por el dinero narco, las derrotas no se quedaban solamente en el fútbol.
Detrás de clubes, apuestas ilegales y negocios clandestinos, el narcotráfico llevaba años infiltrando el deporte colombiano. Los capos apostaban fortunas. La presión sobre los jugadores era asfixiante. Perder significaba humillación y también dinero. Escobar regresó a Medellín intentando recuperar la normalidad.
Incluso escribió una columna pidiendo calma y recordando que la vida no termina aquí, pero la ciudad que lo recibió seguía dominada por la violencia. La madrugada del 2 de julio, Andrés salía de un restaurante en Medellín. En el estacionamiento comenzó una discusión. Algunos hombres lo insultaban por el gol en contra.
Escobar intentó mantenerse tranquilo, pero entonces aparecieron los disparos. Seis tiros y según los testigos, cada detonación fue acompañada por un grito cruel. Golazo. El futbolista cayó sobre el asfalto mientras los agresores escapaban. Tenía apenas 27 años. Con el tiempo aparecieron nombres, teorías y conexiones con mafiosos ligados al narcotráfico y a apuestas ilegales.
Había información de que tenían algún tipo de vínculos eh con grupos armados de la región, especialmente de el suroeste Antioqueña. Habían sido socios de los Ochoa, negocios de caballos y mire cómo es la vida. Terminan de socios del cartel de Cali, no de los Rodríguez Orejuela. Pese a la investigación y la aparición de culpables, para Colombia ya era demasiado tarde.
Andrés Escobar se había convertido en el símbolo más oscuro de una época, donde el fútbol dejó de pertenecer a los hinchas y empezó a convivir con el miedo. Así, un defensor elegante terminó ejecutado como si hubiera cometido un crimen cuando su único error había sido desviar una pelota. Desde siempre esa combinación de narcotráfico y fútbol ha sido un cóctel explosivo.
El poder del dinero que proviene de la mafia, unido a la pasión que desata el balón sobrepasa todo límite imaginar. Y hemos vinculado a los equipos Atlético, Nacional y Deportivo Independiente Medellín a esta noble campaña. Todo en el país estaba cruzado por el narcotráfico, incluyendo al fútbol. Otro claro ejemplo de cómo llegaron a convivir estos dos mundos fue el de Albeiro Usuriaga.
En Colombia, el Palomo nunca fue solamente un delantero, era una figura popular, de esas que parecían pertenecer más al barrio que a los estadios. Alto, carismático, siempre sonriente, se ganó el cariño de miles de personas con goles, fiestas y una personalidad imposible de ignorar. fue campeón de la Copa Libertadores con Atlético Nacional.
Brilló en Independiente de Avellaneda y recorrió medio continente jugando al fútbol, pero jamás dejó de sentirse cercano a la gente común. Por eso su muerte golpeó de una manera distinta. Señor Albeiro Usuriaga, quien fue asesinado a quemarropa enfrente de su mamá y de su hermana en Cali. Y el muchacho no paraba de disparar y disparar y disparar.
Y yo gritaba un cro y un cro y todo el mundo se quedó paralizado. Después del retiro, Uzuriaga volvió a Cali, la ciudad donde había nacido. Caminaba por las calles como uno más. Entraba a negocios donde todos lo conocían. Los vecinos se acercaban para pedirle fotos o simplemente saludarlo. Pero Cali ya no era solamente una ciudad futbolera, era también un territorio marcado por bandas criminales, sicarios y disputas violentas por el control de los barrios.
Según su familia, tiempo antes de morir recibió amenazas. Hubo llamadas perturbadoras, advertencias, gente diciendo que lo iban a asesinar. Posteriormente me dijeron así con la voz fingida, vamos a matar a Albeiro, vamos a matar Usuriega, pero yo te lo juro y muero en mi ley que, o sea, yo pensé que era una broma.
Sin embargo, pese a todo esto, el palomo seguía moviéndose por el barrio como siempre. Algunos creen que se negó a quedarse callado frente a los delincuentes que imponían terror en la zona. La noche del 11 de febrero de 2004 estaba en un negocio del barrio 12 de octubre. conversaba con conocidos mientras varios hinchas se acercaban a saludarlo.
Fue entonces cuando apareció una motocicleta. Un hombre descendió lentamente y acto seguido los disparos comenzaron a retumbar por toda la calle. 13 balazos. La gente comenzó a correr desesperada. Algunos vecinos se escondieron detrás de los autos. Otros quedaron paralizados. mirando como el cuerpo del exfutbolista caía frente al local.
Su hermana gritaba mientras todo alrededor se convertía en caos. Siendo como las 7:30, 8, cuando de un momento a otro comienzan a sonar unos disparos y noto que la gente sale corriendo y en eso yo me paro, me aferro a las rejas del balcón. Yo tenía una taza de avena y la taza se me cae al ver que mi hermano intenta como salir y y y no pudo porque aérea que le estaban disparando.
