No bombardeaban ciudades, no mataban ministros, no asesinaban candidatos presidenciales, no salían en las portadas. Los cuatro hermanos Rodríguez Orejuela, Gilberto, Miguel, Jorge, Elieer y Humberto operaban como una corporación. Tenían contadores, abogados, asesores públicos, redes de droguerías legales en toda Colombia, presidencia de un equipo de fútbol y una relación cordial con varios sectores del gobierno colombiano y de la DEA estadounidense.
El periodista colombiano Fernando Rodríguez Mondragón, hijo de uno de los capos, escribió años después que en el cártel de Cali preferían comprar a la policía que matarlos, comprar a un juez que extorsionarlos, comprar a un periodista antes que callarlo. Ese era la diferencia operativa con Medellín. Y esa pequeña y leve diferencia fue la que ganó la guerra.

[música] En 1985, Colombia tenía dos modelos de negocio del narcotráfico. En Medellín, Pablo Escobar había construido el modelo del capo, visible, político, ostentoso. Compraba mansiones, prensa, fútbol, una candidatura al Congreso. Quería ser respetado, quería ser amado a la fuerza cuando no lo era.
Y cuando esto no sucedía, evidentemente mataba. En Cali, los Rodríguez Orejuela habían construido el modelo del empresario. Discretos, corporativos, patriotas de fachada. Pagaban impuestos en las empresas legales, donaban a causas sociales, tenían contadores que registraban cada movimiento. [música] Cuando alguien estorbaba, no lo liquidaban públicamente, lo sobornaban, los extorsionaban en silencio, lo arruinaban legalmente.
Durante años, los dos carteles convivieron en una paz tensa pero funcional. Se repartieron los mercados. Medellín dominaba la ruta de Florida y el Caribe y Cali dominaba la ruta de Nueva York y California. compraban cocaína a los mismos productores en Bolivia y Perú, compartían rutas y a veces personal, pero esa paz tenía una fecha de caducidad.
En la fecha empezó a contar el día en que Gilberto Rodríguez Orejuela, el mayor de los cuatro hermanos, también conocido como el ajedrecista, por su forma metódica de planear cada movimiento, decidió que el modelo de Pablo Escobar era una amenaza existencial para todo el narcotráfico colombiano. El razonamiento de Gilberto era simple.
Cada bomba de Escobar atraía a la DEA. Cada ministro asesinado activaba la extradición. Cada candidato muerto despertaba al gobierno estadounidense. Si Escobar seguía operando de esta manera, terminaría destruyendo el negocio para todos. Para Cali, eliminar a Escobar no era un tema de venganza, se volvió un tema de supervivencia. El 13 de enero de 1988, una bomba de unos 8 kg de dinamita extrayó frente al edificio Mónaco, en el barrio El Poblado de Medellín.
El Mónaco era el lugar donde Pablo Escobar vivía con su esposa María Victoria, su hijo Juan Pablo de 11 años y su hija Manuela, de apenas cuatro. Nadie pereció esa noche en la familia, pero Manuela sufrió daños auditivos permanentes por dicha explosión. Pablo Escobar, que no estaba en casa esa noche, vio el rostro de su hija llena de sangre y decidió que iba a destruir a quienes la habían atacado.
La autoría del atentado nunca fue oficialmente reconocida, pero la inteligencia colombiana lo atribuyó al cártel de Cali en coordinación con un grupo paramilitar antinarcóticos llamado El Galán. Era la primera vez que Cali atacaba directamente a la familia de Escobar. La respuesta de Escobar fue inmediata.
En la semana siguiente ordenó dos atentados contra Gilberto Rodríguez Orejuela en Bogotá, ambos fallidos. Después ordenó el asesinato sistemático de los incarios, contadores y testaferlos del cártel de Cali en Medellín, Bogotá y el Eje cafetero. Entre 1988 y 1992, según el documento desclasificado del Comando Sur de Estados Unidos, la guerra silenciosa entre estos dos carteles dejó más de 3,000 muertos.
La mayoría jamás aparecieron en estadísticas oficiales porque eran asesinatos disfrazados de ajustes de cuentas comunes. La guerra encontró un campo de batalla simbólico inesperado, el fútbol colombiano. El cártel de Medellín controlaba al Atlético Nacional de Colombia. El cártel de Cali controlaba al América de Cali. Cada partido entre estos dos equipos era literalmente un enfrentamiento entre los dos imperios del narco.
Los árbitros recibían amenazas de muertes. Los jugadores sabían que aquel cartel pertenecía a cada club. Cuando Andrés Escobar, lamentablemente, metió el gol en propia puerta contra Estados Unidos en el mundial de 1994 y fue asesinado pocas semanas después en Medellín, varios investigadores sostuvieron que fue una represalia de apostadores conectados al cártel de Cali, pero el verdadero campo de batalla no estaba en las canchas, estaba en Washington.
Gilberto Rodríguez Orejuela había hecho lo impensable, convertirse en informante voluntario de la DEA. Durante años, el abogado del cártel de Cali entregaba información detallada sobre las rutas, los laboratorios, los pilotos y los socios de Pablo Escobar a agentes estadounidenses asignados a Colombia. La información era oro puro. Permitió capturar a varios lugarenientes del cártel de Medellín.
permitió rastear envíos enteros, permitió ubicar refugios. A cambio, la DEA y el gobierno colombiano se hacían los distraídos con las operaciones del cártel de Cali. No fue un acuerdo escrito, fue una omisión sistemática. Esta es la parte que casi nunca aparece en los documentales sobre Pablo Escobar.
Una parte significativa de la inteligencia que terminó cazando a Escobar venía directamente del cártel de Cali, su archiemigo. Sin Cali, el bloque de búsqueda nunca habría tenido nombres, direcciones y números de teléfono. En julio de 1992, cuando Pablo Escobar escapó del penal la catedral, el cártel de Cali entendió que era el momento preciso.
Escobar estaba acorralado, debilitado y, sobre todo, sin opciones políticas. Esto se volvió un tema de ahora o nunca. Como te conté en el video anterior sobre los Pepes, y si no lo viste, te lo dejo acá arriba o al final del video para que lo puedas ver. La familia Galeano y la familia mucada, traicionadas por Escobar dentro de la catedral, llegaron a Cali pidiendo apoyo.
Los hermanos castaño llegaron buscando aliados para crear el grupo paramilitar que finalmente caería sobre Escobar. El cártel de Cali fue quien puso el dinero, millones de dólares para armamento, vehículos, refugio, sobornos, sicarios. El cártel de Cali fue quien puso la inteligencia, nombres, ubicaciones, contactos dentro del cártel de Medellín.
El cártel de Cali fue quien puso sobre todo la coordinación política, contactos en el gobierno colombiano y en la DEA que aceptaron mirar hacia otro lado durante 6 meses. Todo con un objetivo en común, desaparecer a Pablo Escobar. Los Pepes formalmente fueron la creación de los castaños, operativamente fueron una creación del cártel de Cali.
